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La Batalla de Leonidas y sus 300 Espartanos

Info6/10/2011
T! Inteligencia Colectiva Todo el texto esta absolutamente resumido por mi asi como las imagenes y la info me costo mucho trabajo hacerlo ya que no es copy - paste ojala les guste. «Jerjes tiene muchos hombres, pero ningún soldado». Leonidas , Batalla de las Termopilas Durante la Segunda Guerra Médica se produjo un épico enfrentamiento entre persas y griegos en un estrecho desfiladero situado en la confluencia de varias pequeñas naciones griegas. Este frágil eslabón comunicaba el norte de Grecia (en aquellos tiempos Tesalia era el limite del mundo heleno) con el resto del territorio habitado por los griegos En su avance, el ejército invasor persa, que pretendía llegar a Atenas y Esparta, debía atravesar indefectiblemente aquella diminuta lengua de tierra. El consejo militar reunido por los griegos libres había decidido en primera instancia defenderse más al norte, en los pasos del Tempe , pero al final, se impuso como mejor y de más factible defensa el paso de las Termópilas. Paso de las Termopilas , donde se llevo a cabo la batalla de los 300 espartanos Esta elección entregaba a los tesalios a la alianza persa, pues abandonados por el resto de los griegos se rendirían al invasor, pero al menos sí que era este el lugar mejor dispuesto para llevar adelante la estrategia de contención que habían decidido practicar contra a las innumerables huestes atacantes. El Paso de las Termópilas era un largo y estrecho corredor. Delimitado a un lado por las montañas y a otro por el mar, se calcula que llegaba a medir, en su parte mas angosta, unos 15 metros de anchura. Hasta ese momento ninguno de los contendientes conocía una ruta alternativa ni cercana ni lejana por la que eludir aquel lugar de paso, así que sin duda era aquel el punto en el que los griegos detendrían a los persas , una posición en la que de nada serviría la aplastante superioridad numérica del adversario. Sin embargo, el plan tenía un punto débil, el mar. Efectivamente, si bien por tierra resultaba factible causar al invasor más de un contratiempo, las cosas estaban mucho más difíciles en el mar. Al tiempo que los griegos se fortificaban en las Termópilas, la flota estaba obligada a clavar también en el lugar a la ingente flota que acompañaba el avance del ejercito persa. Aunque los invasores no hubiesen podido expugnar el desfiladero defendido por los griegos, tarde o temprano la flota aliada tendría que haberse retirado ante las perdidas que día a día sufría en los combates navales. De todas formas, los dos días que como veremos resistieron los griegos en las Termópilas supusieron un terrible golpe moral para las heterogéneas huestes dirigidas en persona por el rey Jerjes. Decididos los griegos a detener el avance de Jerjes por tierra y mar, se fortificaron en el lugar previsto: el Paso de las Termópilas. Allí, un total de 10.000 griegos se dispusieron a hacer frente al adversario. Las ventajas del lugar ya las hemos expuesto: su estrechez y su, teóricamente, imposibilidad de flanqueo. La escuadra, al mismo tiempo, y posicionada al norte de Eubea, haría otro tanto contra la numerosa flota enemiga. Cuando tiempo después hizo acto de presencia el imponente ejército del Gran Rey, los griegos dudaron. Los procedentes del Peloponeso se preguntaron si no era mejor retroceder hasta el Istmo de Corinto, en donde se podrían defenderse en masa haciendo uso de todos sus recursos humanos. Sin embargo, esto provocaría la defección de todos los aliados situados allende del Peloponeso. Perdidos para la alianza los tesalios, a causa de su primera retirada en el Paso del Tempe, Leónidas no estaba dispuesto a renunciar a más contingentes helenos además de que, sin duda, la moral y el prestigio de los griegos en general se vería seriamente comprometida por este nuevo repliegue estratégico. Había llegado el momento de la lucha, no habría más retiradas. Cuando Jerjes llegó ante el desfiladero, ante el que lentamente se iban reuniendo sus ejércitos, descubrió la posición sus enemigos. Un explorador a caballo se adelantó entonces hasta el Paso tratando de averiguar algo sobre los hombres que lo defendían. Rey Xerxes II Los griegos se encontraban apostados en el interior del desfiladero; habían reconstruido deprisa y corriendo un antiguo muro que lo cerraba; allí se defenderían haciendo frente al invasor. El jinete persa se acerco todo lo que pudo con la intención de observar a los defensores del lugar y de hacerse una idea clara del número de los mismos En aquel momento los espartanos se lavaban y peinaban junto a la orilla, cosa que anotó sorprendido el persa, también pudo hacerse una imagen cabal de las dimensiones de las fuerzas griegas, datos todos ellos con los que corrió de vuelta al campamento que los invasores habían establecido más allá de la salida del Paso de las Termópilas. Para el orgullo del Rey, la descripción del tan poco heterodoxo comportamiento de los famosos espartanos y del exiguo número de las fuerzas totales reunidas por los griegos causo en el mismo una desmesurada confianza. ¿Esos eran los famosos espartiatas, los mejores soldados de Grecia? Defendida la posición por tan pocos hombres despreció a todos ellos. "¡Traedlos a mi presencia!" ordenó. Un fuerte contingente de hombres marchó entonces hacia la entrada del desfiladero. Y así, lo que a ojos de todos parecía un simple trámite, se convirtió en una autentica pesadilla para los asaltantes: la carga masiva de la infantería atacante se estrelló contra las primeras líneas de hoplitas que se defendían tras el muro focidio (los restos reforzados de la antigua construcción defensiva antes mencionada). Durante toda la jornada, una y otra vez, en masa o en grupos de apenas un puñado de hombres, los valientes medos atacaban hasta caer masacrados por los tenaces defensores. El armamento de los asiáticos lanzas cortas y escudos de mimbre, además de un arco y un puñal era del todo ineficaz en la lucha cuerpo a cuerpo contra las largas lanzas y los escudos de bronce que portaban los griegos. Las formaciones cerradas que los helenos oponían a los asaltantes se demostraban de esta forma absolutamente infranqueables. Este enfrentamiento se prolongó durante buena parte del día hasta que por fin, después de sufrir innumerables pérdidas, los atacantes se dieron por vencidos y, perdida toda su voluntad de lucha, no tuvieron más remedio que retirarse. Profundamente contrariado, Jerjes, que observaba detenidamente la lucha desde su posición, ordenó el avance de sus inmortales , no podía permitirse ningún fracaso, por corto que este fuera, y mucho menos a la vista de sus ingentes pero heterogéneas huestes. El ataque, pues, de sus mejores soldados era la mejor opción que podía en ese momento adoptar. Ya en la lucha, los inmortales , que vieron con impotencia como sus lanzas eran más cortas que las de sus adversarios, sufrieron de nuevo fuertes pérdidas en el combate contra los hoplitas. Los Inmortales del ejercito Persa , siempre mantenian la cantidad de 10,000 hombres y solo los que nacian en Persia podian alistarse en este ejecito de elite. Los espartanos emplearon con profusión la táctica de replegarse, simulando una huida, para luego revolverse y, rehaciendo inmediatamente la formación, contraatacar a sus desorganizados perseguidores; añagaza en la que estos caían continuamente y que les hacia sufrir un gran número de bajas a unos soldados, por otra parte, que reemprendían valientemente el ataque una y otra vez. Al terminar el día, y pese a que las pérdidas griegas habían sido relativamente sensibles, la debacle persa era evidente. Fue durante esa primera noche, después de una larga jornada de lucha, cuando Leónidas tuvo noticia de que había un camino de montaña que podía ser utilizado por los persas para flanquearle. Al lugar fueron enviados los hoplitas focidios, 1.000 hombres, con la intención de guarnecer el paso, aunque con la esperanza última de que el enemigo no supiese de su existencia. Al día siguiente, en cuanto las primeras luces lo permitieron, Jerjes ordenó un nuevo asalto en masa de la posición enemiga reuniendo para ello a los mejores hombres de cada nacionalidad. Tenía la esperanza de que los agotados griegos no soportarían un ataque como el precedente, pero se equivocó. Allí estaban de nuevo las cerradas filas de hoplitas esperando la acometida persa. Durante un nuevo día oleadas de feroces atacantes se estrellaron dramáticamente contra la cerrada formación de los griegos. Jerjes había amenazado a sus guerreros que de fracasar no tendrían lugar al que retirarse. Cuando los derrotados atacantes volvieron sobre sus pasos recibieron una lluvia de proyectiles de parte de las formaciones persas que se desplegaban fuera del desfiladero. Detenidos así en seco, los asiáticos no tuvieron más remedio que regresar e intentar batir de nuevo a los griegos, cosa que, evidentemente, no lograron. Fue tal el ímpetu de unos y otros que los espartanos que combatían en primera fila no dejaron que sus compañeros o aliados les relevasen del puesto como era habitual en este tipo de largos enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Después de dos días de lucha continuada el inmenso ejército de Jerjes no había avanzado ni un solo metro. La situación no podía ser más desconcertante para el orgulloso monarca cuando el destino vino a entregarle en bandeja la victoria. La tarde del segundo día del ataque, un lugareño indicó al mismo Jerjes que existía un paso entre las montañas (la llamada senda Anopea) que podía ser utilizado para llegar al otro lado de las posiciones que los griegos ocupaban en el desfiladero. Sin pérdida de tiempo el rey ordenó al persa Hidarnes, a la sazón al frente de los Inmortales, tomar aquella ruta con sus hombres para, al amanecer, confluir desde todos los lados a la vez sobre los defensores griegos. Cuando los focenses que defendían el paso se vieron aquella noche desbordados por una auténtica marea de persas, se replegaron confundidos hasta lo alto de una colina cercana aunque no sin enviar a la retaguardia en las Termópilas un emisario con la terrible noticia. En principio trataban los focenses de ganar tiempo atrincherándose en una posición fuerte, pero en realidad lo que hicieron fue dejar involuntariamente el camino libre a los persas que, sin dudarlo un momento, les dejaron inteligentemente de lado y prosiguieron con su avance en dirección al desfiladero. Según la historia contemporánea del siglo V a. C., Leónidas iba acompañado únicamente por una fuerza pequeña porque se dirigía deliberadamente a su muerte, ya que un oráculo había vaticinado que todos los estados griegos, incluyendo Esparta, sólo podrían ser salvados con la muerte de uno de sus reyes, a lo que Leónidas habría respondido: «Yo soy ese rey» Sin embargo, es probable que Leónidas no pudiera disponer de más hombres debido a la celebración de las fiestas Carneas, amén de que Esparta tenía un rechazo absoluto a sacar sus tropas fuera de su ciudad. Varias anécdotas denotan su valentía y el carácter lacónico atribuido a los espartanos. En el primer día del sitio (posiblemente el 9 de agosto de 480 a. C.), cuando Jerjes I exigió a los griegos la entrega de sus armas. Leónidas contestó: «Molon labe» (‘Ven a buscarlas’). Formacion de batalla de los espartanos y los persas Los hombres de Leónidas repelieron los ataques frontales de los persas durante cinco días. Las bajas hoplitas eran insignificantes, mientras que las bajas persas ascendían a 10.000 las primeras dos jornadas. Allí surge otra famosa frase, citada por Heródoto, cuando el rey espartano exhortó a sus hombres diciendo «Jerjes tiene muchos hombres, pero ningún soldado». El reducido ejército espartano, aparte de ser experto en la lucha cuerpo a cuerpo, estaba preparado física y psicológicamente, ya que habían nacido para vivir momentos como ese. Las armas eran livianas y efectivas: las lanzas de 2,50 m de largo pesaban apenas 1,5 kg, sus escudos y cascos de bronce no dejaban pasar ni flechas ni lanzas; de nada servían los escudos de mimbre que utilizaban solamente algunos persas, y sus puñales se veían ridículos ante semejante muralla metálica. Ya exacerbado, el rey Jerjes ordena enviar a sus «10.000 Inmortales», la guardia de élite persa. Casi la mitad de ellos fueron masacrados y arrojados al vacío desde el desfiladero. Al tercer día, el rey espartano envió a 4.500 soldados de vuelta a sus hogares, quedando sólo su guardia hoplita. Y dijo a sus hombres: «Desayunad bien, puesto que esta noche cenaremos en el Hades». Todo parecía en vano, cuando ese día, un traidor griego de nombre Efialtes, que significa 'pesadilla',condujo a Hidarnes, general persa, por un camino entre las montañas que conducía hacia la retaguardia de los griegos. Leónidas advirtió que esto podía suceder, por lo que había puesto 1.000 soldados voluntarios lugareños en este paso, pero ante el temor de tan vasto ejército, éstos se dispersaron, quedando los espartanos solos y rodeados entre dos flancos. Dividió a su ejército y permaneció en el paso con 300 espartanos; 700 tespios y 400 tebanos fueron mandados a sus hogares para contar la heroica historia de estos guerreros espartanos. Fue tal el ímpetu con el que los espartanos lucharon, que la máquina de matar espartana terminó cuando Jerjes decidió abatirlos de lejos con los arqueros medos para no seguir perdiendo más hombres. Leónidas fue alcanzado por una flecha y los últimos espartanos murieron intentando recuperar su cuerpo para que éste no cayera en manos enemigas. La batalla duró cinco días y los persas, que pese a derrotar a los temidos espartanos, habían perdido 25.000 hombres, la flota naval había colapsado, y se habían retrasado notablemente el avance, lo que permitió la evacuación de Atenas y la reorganización de las tropas y las fuerzas navales, diezmando la moral de los persas y provocando un buen número de bajas. Esparta lo enterró con todos los honores, incluyendo una exhibición de duelo no habitual entre los espartanos. En el lugar de su muerte se erigió un monumento con un león junto con una inscripción escrita por el poeta Simónides de Ceos que decía así: ? ?e??’, ??????e?? ?a?eda?µ?????? ?t? t?de ?e?µe?a, t??? ?e???? ??µas? pe???µe??? Oh, extranjero, informa a Esparta, que aquí yacemos, todavía obedientes a sus órdenes. Lápida conmemorativa escrita por el poeta Simónides de Ceos De todo el contingente espartano solo dos hombres sobrevivieron a la derrota. Los dos, enviados a Esparta poco antes por el rey para informar de sus últimas resoluciones, fueron acogidos en su patria como cobardes. Si bien en realidad no tenían culpa alguna, sufrieron injustamente el rencor de sus compatriotas, y hasta tal punto fue así que uno de ellos decidió poner fin a su vida suicidándose. El segundo, deseando resarcirse ante sus conciudadanos, lucho en la batalla de Platea, en donde murió. Era habitual entre los griegos elegir, tras la batalla, al combatiente mas arrojado en la lucha. En Platea, a decir de los testigos, fue este joven el más valiente de entre todos los espartanos, aunque también dijeron que busco abiertamente la muerte en el combate, lo que invalidaba su merito. El último de las Termópilas caía así frente al enemigo aunque esta vez su sacrificio no fue en vano, pues los persas fueron derrotados en aquel lugar de una manera absoluta y definitiva. Notas (1) Las cifras son siempre relativas. Los griegos casi nunca contabilizaban a los auxiliares. Solo los hoplitas merecían ser tenidos en cuenta, y de este número aproximado de 10.000 hombres unos 3.100 serían hoplitas. Soldados armados de escudo de bronce y lanza pesada. Las tropas ligeras (honderos, jabalineros y demás) en realidad no eran oponentes para los persas, todo lo contrario que los hoplitas. (2) Los contingentes medos y cissios. Eran estos, los medas, los principales protagonistas de la derrota en Maratón, siendo el mismo Datis, comandante en jefe de aquella desafortunada expedición, de origen medo. Jerjes les proporcionaba, de esta forma, la posibilidad de vengar tan humillante afrenta. No me cabe duda de que con la absoluta anuencia de los lideres de este contingente, pues como soldados eran valientes, aunque su armamento y mando, posiblemente, dejaba mucho que desear. (3) Se llamaban Inmortales porque cualquier baja entre sus filas era inmediatamente cubierta por un nuevo recluta. Eran todos persas y en número de 10.000. (4) Los griegos no se habían parapetado tras el Paso más angosto del desfiladero. Tal estrechez era perjudicial tanto para griegos como para persas, ya que en ese caso ninguno de los dos bandos podría hacer rotar a sus combatientes, cosa que era absolutamente indispensable en un tipo de lucha, cuerpo a cuerpo, como lo era aquel. Al desplegarse en una zona más amplia, la del muro focense, los griegos podían presentar un frente más extendido, lo suficiente como para permitir evolucionar tácticamente a sus filas. Las tácticas espartanas como vemos requerían de una cierta capacidad de movimiento, con una retaguardia abierta y espaciosa en donde retroceder y revolverse. (5) Los tebanos se quedaron en el lugar quizá porque se habían autoexiliado de su patria al escoger luchar del lado de los griegos. No tenían a donde regresar. La oligarquía tebana se había alineado con los persas y consecuentemente esperaban la llegada del Gran Rey para pasarse con armas y bagajes a su bando. (6) Adoptamos aquí la versión de Diodoro como más lógica. De haber atacado con las primeras luces del día, habrían sido vistos a tiempo por los persas y, al menos, les habría sido más fácil calibrar las dimensiones de la amenaza. La confusión inicial en el campamento persa es sin duda a causa de la oscuridad reinante. Otros ejemplos nos da la historia, como por ejemplo el ataque nocturno de Escipión contra Asdrúbal Giscón y que ahora se me viene a la mente. (7) La flota griega había sufrido un serio desgaste en las operaciones navales. Estaba condenada a una retirada más pronto que tarde, por lo que aunque los griegos hubiesen resistido firmemente en las Termópilas, deberían haber abandonado la posición tras el repliegue de su flota. Fuente 1 Fuente 2 Fuente 3 Espero que les haya gustado , Saludos
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