En el año 2002 National Geographic se gasta millones de dólares en investigar el caso de la mano del Dr. Mark Benecke, forense alemán, quien visitó Moscú y decidió consultar los famosos archivos del Kremlin. Inesperadamente, un empleado le mostró una pequeña caja que había pertenecido al KGB y que ahora era propiedad de los Archivos de Estado rusos. En su interior se conservaba una parte del cráneo quemado, con un evidente orificio de bala y parte de los dientes con un puente muy particular. Benecke observó: "Hitler tenía una pésima dentadura. Antes de la guerra le pidió a su dentista, el Dr. Blaschke, que le asegurase definitivamente los dientes flojos. Él le construyó un puente un tanto insólito, muy sólido pero de enormes proporciones". De todos modos, Benecke lo comparó con una radiografía dental de 1944, recuperada por los servicios secretos rusos. El puente era el mismo. Era la prueba final: aquel era el cráneo de Hitler.
Sin embargo, el médico alemán no pudo obtener el material genético necesario para un examen del ADN. De todos modos, en base a su experiencia como forense afirmó: "En lo que a mí respecta, la historia acaba aquí porque si bien podría haber dudas por un cráneo, un puente dental es la prueba definitiva. Hitler murió por un disparo que se descerrajó en la boca; el caso está cerrado". FUENTE