El otro lado de la colina
Cuenta el historiador inglés Croker que en sus viajes por Europa con el general Weillington (vencedor de Napoleón en Waterloo), solían adivinar qué país estaba detrás de la siguiente colina. Croker estaba asombrado de ver que el general siempre acertaba, y al interrogarlo sobre cómo lo hacía este le contestó: "No le extrañe a usted esto, me he pasado la vida adivinando lo que hay al otro lado de la colina", en obvia referencia a sus habilidades para imaginar lo que pensaban y planeaban sus enemigos en batalla.
Lidell Hart fue un general inglés, autor de múltiples y renombradas obras de estregia y táctica militar. Un pionero que se ganó fama y prestigio mundial con sus conceptos que extraían las enseñanzas de la Primera Guerra Mundial e introducían los más modernos elementos de lo que luego sería la guerra móvil que regiría la Segunda Guerra Mundial.
Muchos prestigiosos generales alemanes (como Guderian, Rommel y Manstein) leyeron sus libros en la pre-guerra, y usaron exitosamente en combate los conceptos de Hart, al tiempo que el resto de los ejércitos europeos (incluyendo el inglés) no los entendían ni tenían en cuenta.
Lidell Hart, general e historiador inglés
En 1948 Hart tuvo la oportunidad de entrevistarse reiteradamente con los más importantes generales del recientemente derrotado ejército alemán. Combinando su conocimiento militar con su experiencia como historiador, compiló las mismas y escribió "El otro lado de la colina", donde describe los dichos de los generales alemanes y sus impresiones sobre el transcurso de la guerra más grande que conoció el mundo, pero desde el punto de vista del lado perdedor. El libro es excelente y ha sido base única e imprescindible para todos los trabajos posteriores sobre esta guerra.
Aquí les resumo un capítulo del mismo, espero que les interese tanto como a mi.
La estocada del torero
Corría la primavera de 1940, y la invasión de Francia por parte de la Wehrmacht era total: los jefes alemanes apenas podían dar crédito a la suerte que habían tenido. El comandante en jefe de las tropas aliadas era el General Gamalin había cometido un error estratégico enorme al dejar la zona de las Ardenas casi totalmente desprotejida. Por ese hueco entre las fuerzas móviles franco-británicas y la sólida defensa estática de la línea Maginot se atacó sorpresivamente la formación acorazada más grande jamás vista hasta entonces: tres cuerpos panzer densamente unidos como una falange que en total tenían 100 km de largo de cabeza a cola.
Tropas de artillería del la Wehrmacht en el cruce de las Ardenas en 1940
Una vez roto el frente en las Ardenas, el ejército comandado por von Rundstedt tomó dos direcciones diferentes: hacia el norte Guderian correría con sus tanques hasta alcanzar el Canal de la Mancha tomando el puerto de Calais, mientras Kleist protejía el flanco sur de los contra-ataques franceses, que nunca llegaron porque estaban pasmados por la velocidad del avance alemán. Dice Kleist: "Me encontraba a mitad de camino del mar cuando uno de mis oficiales me enseñó un comunicado francés que se había difundido por radio, anunciando que el comandante del 6to ejército había sido despedido y reemplazado por el general Giraud. Lo estaba terminando de leer cuando de abrió la puerta de mi oficina y entró un general francés capturado, quien se presentó como Giraud... me explicó que estaba camino a su puesto de mando para tomar su función, pero de pronto se encontró en medio de las tropas alemanas que avanzaban y tuvo que rendirse."
Restos de un tanque francés destruído por el avance de la Wehrmacht en su ofensiva de 1940
La orden de "Alto!"
El estado de colapso del ejército francés era total, y la fuerza expedicionaria británica compuesta de 350.000 hombres con todos sus equipos y pertrechos quedó rodeada y sin chances en un pequeño puerto sobre el canal llamado Dunkerque. Dice Rundstedt: "en aquel momento llegó una imprevista llamada teléfonica ordenando que el avance de la ofensiva alemana debería detenerse al llegar al canal, y mantenerse a una distancia de Dunkerque de 15 kilómetros. Sólo se autorizaban movimientos de reconocimiento y protección." En aquel momento algunos oficiales alemanes juzgaron la orden como absurda, y continuaron su avance para arrollar a los británicos. El coronel Thoma llegó con su columna de tanques hasta Bergues, desde donde podía ver a simple vista la ciudad de Dunkerque, entonces se detuvo y pidió autorización para lanzar un ataque. Nunca recibió la misma, y se resignó a sentarse a ver cómo los ingleses escapaban. Según sus palabras: "Era inútil discutir con un estúpido, Hitler envió esa orden terminante y destruyó la posibilidad de la victoria completa".
Tanque alemán en el asalto a un poblado francés en 1940
A los 3 días terminó la prohibición de atacar y se reanudó el avance, pero entonces llegó una nueva orden, tal como la describe Kleist: "Apenas había empezado a mover mis tropas cuando Hitler nos ordenó cambiar la dirección del ataque al sur cruzando el Somme en dirección a París. La misión de ocupar Dunkerque se envió a las tropas de infantería que en ese momento estaban aún en Bélgica, y que para cuando llegaron los británicos ya se habían ido".
El primer ministro británico Chruchill activó el 26 de Mayo la operación Dynamo, en la que llamó a todo medio que pudiera navegar a ir a Dunkerque a rescatar a la fuerza expedicionaria inglesa. Las estimaciones iniciales del alto mando británico decían que se podrían salvar un máximo de 50.000 hombres, pero gracias a la detención de los alemanes más de 300.000 lograron ponerse a salvo en Inglaterra. Los esfuerzos de la Luftwaffe apenas dificultaron las operaciones de la improvisada flota, y el entusiasmo inglés por este éxito fue tan grande que Churchill debió enfriarlo diciendo que "Ha sido un gran logro, pero las guerras no se ganan haciendo evacuaciones exitosas".
El ejército británico evacuando Dunkerque bajo constantes ataques aéreos de la Luftwaffe
Tropas alemanas entran a Dunkerque. Se puede notar el equipo de la propaganda de guera alemana filmando
Las razones de Hitler: salvar al Imperio Británico
A los pocos días Kleist se reunió con Hitler y osó señalarle que no atacar Dunkerque había sido un error. EL Führer le replicó: "No quise mandar a nuestros tanques a la zona pantanosa de Flandes, y en cuanto a los británicos... no volveremos a oir de ellos en lo que resta de esta guerra". Todos los generales alemanes aceptaron la decisión con disciplina, pero nunca estuvieron de acuerdo con ella y desconfiaron siempre de las débiles explicaciones que les daba Hitler al respecto.
Tropas acorazadas Panzer avanzando en combate en Francia
El general RUndstedt (luego Mariscal de Campo) en operaciones
Rundstedt atribuyó la decisión de "Halt!" a razones muy diferentes y sorprendentes. El mismo citó una charla privada con Hitler en la que dictador alemán se mostró ebrio de alegría por la campaña, y afirmó que la guerra terminaría en 6 semanas. Su idea era alcanzar la rendición de Francia en ese período, y luego firmar una paz razonable con Inglaterra. Rundstedt agregó: "Estaba asombrado de escuchar a Hitler en términos elogiosos de Gran Bretaña, y de su importancia para la civilización occidental, comparando la misma con la Iglesia Católica como factores de poder esenciales para la estabilidad mundial. Dijo que sólo quería que Inglaterra reconociera a Alemania como potencia continental europea, y que incluso no pensaba exigirle que devuelva las colonias perdidas en la Primera Guerra Mundial, porque de todos modos casi ningún alemán se adaptaba a vivir en climas tropicales. Por eso pensaba en firmar un acuerdo de paz con los ingleses, compatible con el honor de ambas naciones." Rundstedt se sintió aliviado, diciendo que si eso era así entonces finalmente Alemania tendría paz.
Hitler, Mussolini y el general Runstedt
Según el general Blumentritt, quien era jefe del estado mayor, Hitler no quiso destruir el ejército inglés en Dunkerque para facilitar un entendimiento posterior con Gran Bretaña. Más aún, Blumenttrit sostuvo: "Cuando terminó la campaña en Francia comenzamos a planear la invasión de Inglaterra, en lo que se llamó la operación León Marino (Seelöwe), pero Hitler no se interesó en la misma y se comportaba de una forma muy diferente a la habitual, dilatando todas las decisiones y evitando poner presión en el desarrollo de los planes para que vayan a la menor velocidad posible. Esto era exactamente lo opuesto a lo que Hitler hacía en estos casos, como cuando planeamos la invasión de Polonia, Francia o Rusia".
Plan alemanán de invasión de Inglaterra, proyectado para el verano de 1940 y que nunca sucedió
Hitler discutiendo planes de batalla con integrantes del Estado Mayor
Las reflexiones que el dictador nazi manifestó en voz alta en su reunión con Rundstedt son perfectamente coherentes con lo que él mismo escribió en su libro "Mi Lucha" (Mein Kampf), 15 años atrás cuando estaba en prisión. Resulta curisoso a todos los historiadores ver cómo Hitler siguió al pie de la letra los dictados de su propio evangelio.
Edición en Francés del libro Mein Kampf de Adolf Hitler
En su postura se deja entrever que acariciaba la idea de política de terminar la guerra y formar una alianza con Inglaterra, y que en su interior mantenía los mismos sentimientos contradictorios de admiración-odio por el Imperio Británico que tuviera el Kaiser durante la Primera Guerra Mundial.
Cualquiera sea la verdadera razón, los ingleses siempre se han sentido felices de los resultados, porque en esa orden de "Halt!" salvó su nación en la hora más crítica de su historia.
Banderas del Imperio Británico en 1940
Les recomiendo este excelente documental sobre la Segunda Guerra Mundial:
http://www.taringa.net/posts/videos/9019132/2da_-Guerra-Mundial_-Equot_Apocalipsis_-la-agresionEquot_.html
Mis otros posts sobre la SGM:
Si llegaron hasta acá, gracias por la lectura !!
Aufwiedersehen / Nos vemos