Estas son hojas de árboles y plantas que por alguna razón me hacen recordar ciertas cosas, pensamientos, lugares, personas de mi vida...
La Equidad que siempre deseo.
La infancia, las hojas del otoño rumbo a la escuela.
La parra del fondo de mi casa, que se llenaba de pajaritos que se servían las uvas apenas estaban.
Hoja del manzano que aún está a un lado de la puerta de mi casa.
Las hojas que se sembraban en el patio de casa despues de una tormenta con viento, que las traía del árbol del vecino.
Hojas de la higuera que también en mi patio es atacada por los pajaritos, cuándos los higos están madurando.
Así pasaban su estado, de verdes a marrones, las hojas que recogía en el camino a la facultad, y me servía después de marcadores naturales, de cada tema que ya había leído.
La hoja de la enredadera que tantas veces Papá plantó y no quería prender, hasta que a fuerza de insistir, le hizo caso nomás, y ahí está ahora por todos lados, hasta saliendo sola.
Las hojas verdes del Tilo de enfrente de mi casa, que en pleno verano alverga un fresco envidiable, dando una sombra que no deja pasar ni un rayo del sol abrasador.
La hoja del Alámo que se erige en el medio del patio, mirando todo lo que pasa desde esa formidable altura que tiene, desvistiéndose en invierno para dejarnos calentar con los tibios rayos del sol.
La hoja en forma de estrella, que tienen todos los árboles en la vereda de la Iglesia Santa Ana de mi ciudad, que tapizan el suelo de estrellas doradas en el otoño.
Las hojas lustradas de esos árboles que en medio de la gran ciudad parecen ajenos a la contaminación, aún cuando están secas ella mantienen esa pulcritud que las caracteriza dandole, esa sensación de poder respirar oxigeno a uno, con sólo mirarlas.
La hoja de menta que aromatiza el jardín de mi casa.
La hoja de Roble, ese árbol noble, del que tantas historias me contó Papá, y que a el le hacía viajar viéndolo hasta su Galicia querida. Árboles frondosos que no podían abrazar aún estirando los brazos en su deredor dos personas, y que en el patió y jardín de mi casa Mamá plantó, y yo les suelo decir enanos de jardín, ya que a pesar de tener hasta ocho años, aún son niños facilmente abrasables y que apenas me pasan en altura.
La hoja del Potus, esa planta que tanto hace renegar a Mamá, prende, se va desaparece, y vuelve a aparecer a gusto propio, y ella la cuida y la quiere tanto.
El trebol de 4 hojas que alguna vez en mi adolecencia, compré creyendo que mientras estuviera en mi casa, esa suerte en la que vivía se mantendría, ella se fue, vino otra planta, siempre hay una de tréboles, no es la anterior, pero está presente y me recuerda, que por más que cambia, su esencia está siempre...
Espero alguna de estas hojas también le recuerden algo...