Artigas me calienta Rodolfo B. Jenkins ¿Fuiste a ver Peñarol-Miramar Misiones el domingo 23 de setiembre? A lo mejor vos me podés explicar. Te adelanto que no es una encuesta sobre lo horrible que es el manya, ni sobre la suerte que tiene. Mi pregunta es más sencilla. ¿Tenés idea de por qué te hicieron cantar el himno y, como broche de oro, te soltaron unas palomas blancas? ¿No? Paso a explicarte. Las palomitas eran por el Día Internacional de la Paz y con el himno estaban conmemorando los 157 años de la muerte del General José Gervasio Artigas. Si, ya sé, es una de esas fechas absolutamente intrascendentes, de la que nadie se acuerda. Pero a una mente brillante, todavía no sé si de la AUF o del gobierno, se le ocurrió festejarlo. ¿Para qué? Nadie sabe. Y escribo esta nota precisamente porque me calenté. Domingo al mediodía. Me levanto medio atolondrado. Una noche medio movidita. Prendo la radio y pongo 13 a 0. De pronto, un poco alejado de la radio, escucho el Himno Nacional. Le grito a mi mujer por qué carajo pasan el himno. No tiene idea. Le pregunto qué fecha es y me dice que es 23 de setiembre. –Ahhhhhh –le grito después de unos minutos– es la fecha de muerte del prócer – ¿De quién? –De Artigas –pienso dos minutos– Pero no pueden estar recordando esa fecha… Cuando el infierno termina el Profe Piñeyrúa me da la razón. Y ahí me viene la primera calentura. ¿Quién me manda acordarme de la fecha? ¿Puedo ser tan tarado? Lo que me calienta es que la escuela me formateó. Y ahí me vienen recuerdos de la niñez. Aquellos cuadernos grises que nos daban en la escuela, todavía en dictadura, que reproducían (mal) el cuadro “Artigas en la Ciudadela” de Juan Manuel Blanes pintado en la década de 1880 y comprado por el Estado uruguayo. Era cuando empezaban a crear el mito. Y ahí estaba el tipo como una estatua, limpito, pulcro, pelo recién cortado, traje recién salido de la tintorería. ¡Por favor! El tipo andaba todo el día a caballo, guerreando, matando porteños, portugueses, españoles, rodeado de soldados pobres, sucios, negros, indios y gauchos. ¡Las moscas seguro que se mareaban cuando le pasaban por al lado! Pero ahí está “El” prócer, durito, tratando de parecerse a la estatua de la Plaza Independencia. Como en aquella novela de Amir Hamed – Artigas Blues Band (1994) – que se reeditó hace un par de años y que tenía un personaje, argentino creo, que le preguntaba sorprendido a un uruguayo por qué había tantas estatuas e imágenes de Artigas en todas partes. Al comienzo de la novela Ansina se encuentra con Artigas en la Plaza Independencia y ambos conversan indignados sobre el mausoleo que construyeron los milicos en la dictadura. Pero todo parece indicar que desde 1994 nadie aprendió nada. Porque dos años después Agapo Palomeque, un insignificante diputado del Partido Nacional – ¿alguien se acuerda de él? – denunció al Cuarteto de Nos por una canción que se llamaba “El día que Artigas se emborrachó”. Este buen patriota acusaba al Cuarteto de “vilipendio a los símbolos nacionales”, y gracias a su muy poco sentido del humor tuvimos que comprar el disco con la cédula en la mano porque estaba prohibido para menores de 18 años. No contento con eso la canción tenía dos versos, por cierto no los mejores – “Y mamado hasta las patas dijo: "Me gusta esa china", / y en realidad no era otro que el negro Ansina.”– que ofendió también a los afrodescendientes. Pero yo me imagino que alguna borrachera Artigas se habrá agarrado y que los adolescentes que compraron el disco, como compran cigarros y bebidas alcohólicas prohibidas para menores de 18 años, habrán aprendido algo del ciclo artiguista. Por lo menos algo más que con los libros de Barrán y Nahum. Me acuerdo de todo eso y pienso: ¿Para qué? ¿A quién se le ocurrió la idea de la conmemoración un domingo a las tres de la tarde, con los manyas y en el medio del Estadio Centenario? ¿Será la misma mente brillante que le tiró el pique a Tabaré para juntar el “nunca más dictadura” con el nacimiento de Artigas el 19 de junio? Lo pienso dos veces y me caliento, me caliento con mi maestra, me caliento con el diputado desconocido, me caliento con Tabaré, me caliento con el manya, me caliento conmigo mismo… Pero lo que más me hace hervir la sangre, lo que me saca de quicio, es que todo el mundo sabe que Artigas era bolso. Fuente: http://www.45rpm.com.uy/200710/21.html
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