Uruguay Tropical
Delia y Christina conversaban dentro del pequeño almacén del barrio donde una buena parte de unas dos manzanas y media, incluidas unas viviendas y demás casas de hasta mediana clase circundante hacían sus compritas diarias. Pues es así era de tarde, ya empezando a amainar la vespertina calurosidad de septiembre que se hacía ya verano. Caminar lento, poca gente y alguna que otra brisa parecían detener el tiempo casi como en el campo pero con un toque digamos, un toque de preocupación colectiva por y sexto sentido de que a una localidad se perteneciera. Entrando ya en el almacén, no habían clientes y Delia, la dueña apoyada entre cajitas con cosas para comer que la gente lleva de aquí de allá siempre alguna cosita se llevaban como para el “postre” de todos los días; un codo sobre la mesa a media hasta diría, con el hombro caído diciendo querer una siesta de tanto que le dan. En tanto Cristina con su codo izquierdo apoyado también sobre el mostrador aún más enfrentándose a la puerta a la llegada de algún cliente, retirada hacia atrás descansando su quizá ya saciada sensación de pesadez. Así, esperaban siguientes vecinos y transeúntes clientes..
-Buenas tardes… Dije yo
-“Bueenas tardes “; que apoyado en sus consonantes de manera característica, me introdujo cual bienvenida marketinera a “este tipo de comercio”, atendido por ellas que tienen un “sheito” del pueblo de frontera mezclado con gestos propios y una sarta de cosas… En fin, por ahí lo dejamos…
Por favor señora me vende, eee se, tres coronas sueltos?
En un cambio de ritmo se abalanzó sobre la punta donde estaban los cigarrillos y tras un giro de esos que levantan polleras largas, tomo en sus manos esos tres coronillos para mi fumar.
Lo cierto de esto y la cuestión.
Entre cigarritos que pasaban a mi mano de manera semi –legal diría yo, irrumpió un tema traído de alguna noticia del informativo del día del mes del año.
-Ay mijo.!!. Delia, la dueña.
Usted no usa protector ni nada de “eso”? Por su expresión pareciese que me hubiera insolado en alguna playa y estuviera o enfermo o algo así cosa que me pareció raro de repente porque comúnmente no hasta hace poco estábamos en invierno.
En eso salta la otra; Cristina y como agarrando en la mitad de una noticia empieza que a comentar del agujero de la capa de ozono. Chan! Chan! Agujero y capa de ozono sonaron en mi como si de repente hubiera ido años atrás como cuando era un chiquillo y aparecían ese tipo de eventos masivos, del que todos se debían enterar. Que en el 2000 se termina, que el agujero que el calentamiento. Y todas las consecuencias nefastas que podrían traer esos males a nuestra tan preciada existencia llena de objetos superficiales creados artificialmente y no tanto, como para entretenernos mientras nos hacemos parte de esa construcción holográfica mutante en que se torna con tanta pantalla esto que llamamos realidad. En sí;
siguen sus comentarios mientras yo asiento con la cabeza haciendo como que presto toda mi atención al dato que sale de su boca que lo escuchó por ahí, y que entreverado en lo que dice pero sin expresarlo textualmente se leería que ella es una persona iluminada, solo que en una charla común y corriente del día a día no lo va a decir. Lo más común de esto es que nunca dicen lo que verdaderamente piensan y hablan como cuidando a ver que el otro o los otros vayan liberando mas aun que ellos sus bocas la boca, como temiendo de que al final se sepa que decís cosas raras en seguida su otra amiga del momento lo iría comentar haciéndole perder puntos en la social net. O sea saco un tema que todos vieron, ya viejo y gastado, digo lo mismo de la otra vez hace 20 años, y todavía no se nada ni porque se llama así, pero da para meterlo en una charla al pedo de una tarde de una almacén en el que entre por cigarros y les salí diciendo…
Año 2000 y tanto… Uruguay tropicaal! (con acento brasileño)
Delia y Christina conversaban dentro del pequeño almacén del barrio donde una buena parte de unas dos manzanas y media, incluidas unas viviendas y demás casas de hasta mediana clase circundante hacían sus compritas diarias. Pues es así era de tarde, ya empezando a amainar la vespertina calurosidad de septiembre que se hacía ya verano. Caminar lento, poca gente y alguna que otra brisa parecían detener el tiempo casi como en el campo pero con un toque digamos, un toque de preocupación colectiva por y sexto sentido de que a una localidad se perteneciera. Entrando ya en el almacén, no habían clientes y Delia, la dueña apoyada entre cajitas con cosas para comer que la gente lleva de aquí de allá siempre alguna cosita se llevaban como para el “postre” de todos los días; un codo sobre la mesa a media hasta diría, con el hombro caído diciendo querer una siesta de tanto que le dan. En tanto Cristina con su codo izquierdo apoyado también sobre el mostrador aún más enfrentándose a la puerta a la llegada de algún cliente, retirada hacia atrás descansando su quizá ya saciada sensación de pesadez. Así, esperaban siguientes vecinos y transeúntes clientes..
-Buenas tardes… Dije yo
-“Bueenas tardes “; que apoyado en sus consonantes de manera característica, me introdujo cual bienvenida marketinera a “este tipo de comercio”, atendido por ellas que tienen un “sheito” del pueblo de frontera mezclado con gestos propios y una sarta de cosas… En fin, por ahí lo dejamos…
Por favor señora me vende, eee se, tres coronas sueltos?
En un cambio de ritmo se abalanzó sobre la punta donde estaban los cigarrillos y tras un giro de esos que levantan polleras largas, tomo en sus manos esos tres coronillos para mi fumar.
Lo cierto de esto y la cuestión.
Entre cigarritos que pasaban a mi mano de manera semi –legal diría yo, irrumpió un tema traído de alguna noticia del informativo del día del mes del año.
-Ay mijo.!!. Delia, la dueña.
Usted no usa protector ni nada de “eso”? Por su expresión pareciese que me hubiera insolado en alguna playa y estuviera o enfermo o algo así cosa que me pareció raro de repente porque comúnmente no hasta hace poco estábamos en invierno.
En eso salta la otra; Cristina y como agarrando en la mitad de una noticia empieza que a comentar del agujero de la capa de ozono. Chan! Chan! Agujero y capa de ozono sonaron en mi como si de repente hubiera ido años atrás como cuando era un chiquillo y aparecían ese tipo de eventos masivos, del que todos se debían enterar. Que en el 2000 se termina, que el agujero que el calentamiento. Y todas las consecuencias nefastas que podrían traer esos males a nuestra tan preciada existencia llena de objetos superficiales creados artificialmente y no tanto, como para entretenernos mientras nos hacemos parte de esa construcción holográfica mutante en que se torna con tanta pantalla esto que llamamos realidad. En sí;
siguen sus comentarios mientras yo asiento con la cabeza haciendo como que presto toda mi atención al dato que sale de su boca que lo escuchó por ahí, y que entreverado en lo que dice pero sin expresarlo textualmente se leería que ella es una persona iluminada, solo que en una charla común y corriente del día a día no lo va a decir. Lo más común de esto es que nunca dicen lo que verdaderamente piensan y hablan como cuidando a ver que el otro o los otros vayan liberando mas aun que ellos sus bocas la boca, como temiendo de que al final se sepa que decís cosas raras en seguida su otra amiga del momento lo iría comentar haciéndole perder puntos en la social net. O sea saco un tema que todos vieron, ya viejo y gastado, digo lo mismo de la otra vez hace 20 años, y todavía no se nada ni porque se llama así, pero da para meterlo en una charla al pedo de una tarde de una almacén en el que entre por cigarros y les salí diciendo…
Año 2000 y tanto… Uruguay tropicaal! (con acento brasileño)