Las mujeres que se maquillan mucho no están bien de la cabeza
Sé que no se puede ignorar la historia del maquillaje que ha acompañado al hombre, y más a la mujer, desde tiempos inmemoriales. Siempre vinculado a lo mágico: cenizas, tierra y tintas, eran usadas para pintar la cara y el cuerpo, en general para rituales de guerra o de cortejo. Los egipcios fueron los primeros en ponerle color rojo intenso a los labios. Griegos y Romanos se blanqueaban la piel, y en la Francia medieval se llegaba a “esmaltar” la cara, que quedaba brillante, tersa y sin arrugas, que envenenaba con azufre y plomo al portador.
El mundo de la cosmética siguió desarrollándose y es una de las industrias más prósperas y menos comprometida con el medio ambiente, vendiendo sus “soluciones” imprecisas y falsas, en medio de la dictadura de “la belleza”, otra imposición de estos tiempos.
Qué trata de ocultar, qué quiere conservar, qué intenta decirnos?. En todas las propuestas publicitarias se le comunica que aparentará menos edad y será más seductora con el producto cosmético, todo se hace para quitar años y aproximar ese rostro al de la joven exitosa calienta braguetas. Sin embargo casi nunca se logra ese efecto y la mujer excesivamente pintada parece triste y más vieja. También he visto chicas jóvenes muy maquilladas, quizá para parecer de más edad – que ironía, ¿no? – o por seguir un dictado de la moda que resulta invasivo a la naturalidad, que suele ser garante de la belleza juvenil.
La búsqueda de transformación y belleza suele llegar a ser descontrolada y hasta una adicción que conduce al exceso. Todos los excesos estéticos terminan siendo un atentado contra la naturaleza y ni la costumbre de verlos me sacan la fea impresión que me causan. Llámese mentón de Ricardo Fort o pechos de Floppy Tesouro, lo que Dios no les dió, hoy es un aditamento estrafalario e inhumano que mutila el orden natural . Ni la industria del entretenimiento justifica esta transformación física tan esquiva al concepto más sensible de belleza.
Y corresponde agregar que los hombres también entramos en esa locura. Cuando la industria del producto de belleza llegó a su techo con las mujeres, desde hace años se intenta ganar mercado con los hombres: tinturas, cremas relajantes y hasta borradores de ojeras, se asoman sin pudor en la góndola del supermercado. Pero aún no hay lápiz labial ni colorete masculino, aunque se ven muchos jóvenes con los ojos delineados y algunos hombres entrados en años, teñidos y maquillados al estilo Berlusconi.
Para muchas mujeres y hombres verse lindos es una cuestión de autoestima, una de las formas que adopta la felicidad en estos tiempos. No podría criticar el bienestar de los demás al “arreglarse” excesivamente, sin duda será necesario que atiendan más profundamente su situación psíquica antes de ser atrapados por la industria de la estética. Las consecuencias suelen ser terribles sino se privilegia lo interior.