En mi constante lucha por devolver el crédito a quien lo merece, sin que eso suponga menoscabo de la persona que lo ostenta inmerecidamente, ya he comentado como la bombilla (y otros varios inventos) no fue obra de Edison, y como el teléfono tampoco nació del ingenio de Graham Bell. Lo que a lo mejor no es tan conocido es que Fleming no fue el primer humano en descubrir que la penicilina acababa con las infecciones. ¿Que no os lo creéis? Pues os dejo con un extracto de un artículo de Cracked que lo explica todo. Ah, ya sabéis que Cracked es esa revista estadounidense de humor más o menos grueso por la que de vez en cuando me dejo caer, así que no os escandalicéis por la forma en que se expresan. ¡Advertidos quedáis! Sir Alexander Fleming y el descubrimiento de la penicilina Alexander Fleming es el nombre que a todo el mundo se le viene a la cabeza cuando sale el tema de la penicilina. Incluso existe una pequeña y encantadora historia que acompaña a este hecho. Según la leyenda, el padre de Fleming salvó la vida de un pequeño niño en Escocia que estaba apunto de ahogarse, y el adinerado padre de este niño se ofreció a financiar la educación del pequeño Fleming como forma de agradecimiento. Finalmente Fleming se gradúa en la facultad de medicina y descubre la naturaleza curativa de la penicilina, la cual a su vez salva la vida de Wiston Churchill cuando cae enfermo de neumonía. Y ¿quién era aquel chaval al que salvó el padre de Fleming? El mismísimo y jodido Winston Churchill. Toda esta historia sería preciosa de no ser por el hecho de que se trata de una gilipollez por múltiples razones. Por citar una, Churchill nunca fue tratado con penicilina; y por decir otra, Fleming no fue el tipo que la descubrió, él simplemente fue un poco imbécil. [Entonces ¿quién la descubrió realmente? Es difícil de decir. Las tribus del norte de África usaban penicilina desde hace miles de años. Además, en 1897, Ernest Duchesne usó el moho penicillum glaucum (el mismo que se usa para elaborar el famoso gorgonzola) para curar la fiebre tifoidea en conejillos de indias (o cobayas), lo cual vale… fue una de las pérdidas de tiempo más estúpidas en la historia de la ciencia, pero al mismo tiempo prueba que Duchesne entendió las posibilidades de la penicilina. Otros científicos de aquella época no se tomaron en serio el trabajo de Duchesne, principalmente por lo viejo que era y por su extraña preocupación por los conejillos de indias. Este médico francés murió 10 años más tarde de una enfermedad que habría sido perfectamente tratable con la penicilina, pero por desgracia, las cobayas a las que él trató le sobrevivieron en salud. Incluso cuando Fleming descubrió accidentalmente la penicilina, años más tarde, no pensó que pudiera servir para ayudar a las personas, por lo que dejó de trabajar sobre ella. Mientras tanto, otros pocos científicos: Howard Florey, Norman Heatley, Andrew Moyer y Ernst Chain, comenzaron a trabajar con la penicilina y terminaron por dominar sus secretos y descubrir una técnica para producirla en masa. De modo que aunque Fleming no fue ni la primera persona en descubrir la penicilina, ni el primero en darse cuenta de que podría ser útil para la medicina, él ha sido desde entonces y para siempre, el histórico inventor de la penicilina y el genio salvador de Winston Churchill. FUENTE Cracked.com
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