¿Qué nos pasa a los hombres con las tetas? En serio. No lo tengo claro. ¿Estamos realmente tan embelesados con esas dos piezas de carne femenina? Y si es así ¿por qué?
Podemos dejarlo sin respuesta como muchas cosas en la vida que no tienen explicación. Por ejemplo, cómo algunos incapaces llegan a ser presidentes de gobierno o cómo determinados actores o cantantes tienen trabajo. Pero créeme cuando te digo que si, que absolutamente todos los hombres estamos totalmente cautivados con esas dos piezas de carne.
No, en serio. Lo estamos. Unos más que otros ―o al menos unos de forma más evidente que otros― pero lo estamos.
Te preguntarás por qué, bien, es una pregunta con varios niveles de respuesta y probablemente es mejor que la responda un antropólogo o un psicólogo. Hay muchas teorías, tantas como estrellas en el cielo...
Algunos dicen que nuestra atracción por las tetas comienza cuando tu madre te da de mamar al nacer, responderá de un psiquiatra. Otros en cambio dicen que es porque nosotros no las tenemos, dirá un psicólogo. He oído también que es porque siempre están visibles pero ocultas, argumentará un creativo publicitario, pero la que más real me parece es la de los antropólogos, según la cual esa atracción tiene que ver con el hecho de que el escote femenino nos recuerda a las nalgas y nos retrotrae a la época de las cavernas y anteriores en las que el sexo femenino quedaba expuesto a nuestra visión como en la inmensa mayoría de los primates. ¿Quién lo sabe con seguridad? Yo no. Todo lo que sé es que a todos los hombres que conozco les gustan y todo lo que puedo decirte es cómo lo siento yo:
- Son bonitas
- Son cálidas
- Son blandas pero turgentes
- Son sexies
- Me gusta acariciarlas
- Responden cuando las acaricio
- Se mueven como dos apetitosos flanes
- Se sacuden y giran cada una hacia un lado
- Me fascina como huelen
- Es divertido jugar con ellas
- Disfruto adivinándolas debajo de la ropa
- Me excitan
- Es agradable manosearlas durante ciertas actividades
- Me hacen sentir como un niño
- Representan la vida, la salud y la maternidad
Yo no las tengo
- No hay dos pares iguales
Después de esto, pues... quién sabe, vete tu a saber. También muchas mujeres se pasan horas en una tienda de ropa y nunca he entendido el porqué. Pero parece que las hace felices. ¿Qué más me da?
Algunas cosas no necesitan explicaciones. Simplemente son así.
Podemos dejarlo sin respuesta como muchas cosas en la vida que no tienen explicación. Por ejemplo, cómo algunos incapaces llegan a ser presidentes de gobierno o cómo determinados actores o cantantes tienen trabajo. Pero créeme cuando te digo que si, que absolutamente todos los hombres estamos totalmente cautivados con esas dos piezas de carne.
No, en serio. Lo estamos. Unos más que otros ―o al menos unos de forma más evidente que otros― pero lo estamos.
Te preguntarás por qué, bien, es una pregunta con varios niveles de respuesta y probablemente es mejor que la responda un antropólogo o un psicólogo. Hay muchas teorías, tantas como estrellas en el cielo...
Algunos dicen que nuestra atracción por las tetas comienza cuando tu madre te da de mamar al nacer, responderá de un psiquiatra. Otros en cambio dicen que es porque nosotros no las tenemos, dirá un psicólogo. He oído también que es porque siempre están visibles pero ocultas, argumentará un creativo publicitario, pero la que más real me parece es la de los antropólogos, según la cual esa atracción tiene que ver con el hecho de que el escote femenino nos recuerda a las nalgas y nos retrotrae a la época de las cavernas y anteriores en las que el sexo femenino quedaba expuesto a nuestra visión como en la inmensa mayoría de los primates. ¿Quién lo sabe con seguridad? Yo no. Todo lo que sé es que a todos los hombres que conozco les gustan y todo lo que puedo decirte es cómo lo siento yo:
- Son bonitas
- Son cálidas
- Son blandas pero turgentes
- Son sexies
- Me gusta acariciarlas
- Responden cuando las acaricio
- Se mueven como dos apetitosos flanes
- Se sacuden y giran cada una hacia un lado
- Me fascina como huelen
- Es divertido jugar con ellas
- Disfruto adivinándolas debajo de la ropa
- Me excitan
- Es agradable manosearlas durante ciertas actividades
- Me hacen sentir como un niño
- Representan la vida, la salud y la maternidad
Yo no las tengo
- No hay dos pares iguales
Después de esto, pues... quién sabe, vete tu a saber. También muchas mujeres se pasan horas en una tienda de ropa y nunca he entendido el porqué. Pero parece que las hace felices. ¿Qué más me da?
Algunas cosas no necesitan explicaciones. Simplemente son así.
No sé ustedes, pero a mi me encantan; soy estudiante de Psicología y por lo que tengo entendido es por la misma razón de la que habla el artículo, todos tenemos un "primer registro" por así decirlo de cada acción. Cuando de grandes tenemos contactos con ellos nos genera placer ya que al hacer ésto nos conecta a lo que sentíamos de niños, que es una sensación placentera y quizá de paz.