Cuando era chico vivía en una estancia grande, “La Germania”, en la localidad de Germania, un pueblo de 1.200 habitantes y ubicado dentro del partido de General Pinto en la provincia de Buenos Aires. Su extensión era de 20.000 hectáreas de los mejores campos por lo productivos, que por entonces su producción era mayoritariamente ganadera con unas 15.000 cabezas de raza Aberdeen Angus. En este campo trabajaban unas 50 personas y aún mantenía las costumbres de las grandes y viejas estancias, en este caso desde 1890 en propiedad de las familias Lafuente y Mendiondo.
El casco contaba con varios galpones, casas para los peones, chalet de administración un gran parque y la vieja casona de los dueños. En uno de los potreros donde pastaban toros de plantel (seleccionados) y los mejores caballos, había un galponcito de chapas comunes, acanaladas; había sido construido bajo la sobre de un gran árbol y con un fin específico: lugar de paradero de los “linyeras”, o caminantes, o como se los denominó en Argentina por “Crotos”.
Porqué Croto al Linyera
El Croto viajaba a largas distancias sobre los vagones de los trenes de cargas. En las décadas del 20 y 30 era común que se trasladaran a distintos lugares para trabajar en las cosechas, y esto fue lo que les dio la denominación de “Crotos”, porque se beneficiaron de una ordenanza dictada en 1920 por el gobernador radical José Camilo Crotto, que permitió a los braceros viajar libremente en los trenes de carga cuando fueran a trabajar a las cosechas; así recorrían el país.
Héctor Woollands, un militante del "crotismo", ya muy anciano declaró hace unos años: "Durante la crisis del treinta campeaba la vocación por el anarquismo, y la FORA, Federación Obrera Regional Argentina, propiciaba la expropiación: "todo es de todos, y tenemos derecho a tomar lo necesario para subsistir". Entonces, si no había trabajo, antes que cometer la bajeza de pedir limosna era preferible correr el riesgo de salir de noche a manotear alguna gallina, para sobrevivir, no para acumular. Los delegados de la FORA, cuando salían de gira, iban de crotos en los trenes, no tenían viáticos. También era común que los crotos llevaran un par de libros en su mono, que intercambiaban en las "ranchadas"
La mayoría de los crotos, sin embargo, eran hombres marginados por la sociedad, muchos de ellos inmigrantes, sin familia, solitarios, que recorrían en los trenes los desérticos paisajes de la Argentina. Trabajaban en la cosecha de maíz, que se recogía a mano, y se hospedaban en los galpones donde se guardaba el cereal. "Pero en los tiempos de las crisis económicas, se agregaban miles de crotos nuevos. Pequeños comerciantes arruinados y hombres sin trabajo incrementaban el número. La Policía los llevaba como ganado por las calles del pueblo para interrogarlos, identificarlos, amenzarlos, maltratarlos y dispersarlos. La sociedad los rechazaba: la mayoría no se volvía a integrar", escribe Hugo Nario en El mundo los crotos, del Centro Editor de América Latina.
(diario Clarín – Historias de Crotos y Linyeras, edición del 27-10-2002).
El mismo artículo de Clarín señala: “Según una estadística oficial del Ferrocarril Sud, en 1936 había 350 mil crotos. A fines de la década del 40, con la industrialización, el croto pasó a ser un recuerdo. Una imagen, un pedazo de historia, una triste memoria
Los Crotos del 60
Durante la década del 60 fue cuando pude ver los crotos en la estancia, llegaban, pedían permiso al mayordomo para quedarse unos días, se ubicaban en el galponcito llamado “la crotera”, e iban a la cocina de los peones a pedir la comida que llevaban en alguna lata destinada a tal fin. Luego de dos o tres, a lo sumo cuatro días, partían hacia otra estancia. A veces eran dos los crotos que habitaban la crotera, pero generalmente si estaba ocupada, el otro linyera iba hacia el monte u otro lugar como alguna construcción destinada a albergar bombas de agua o las instalalciones de alguna manga donde se trabajaba con los animales. No eran de convivir entre ellos, eran muy solitarios.
Algunos, por sus reiteradas visitas a la estancia a través de los meses u años, resultaban conocidos a los peones, pero generalmente los crotos caminaban hacia otros rumbos y no siempre volvían. Todas las estancias les brindaban hospedaje en algún galpón con la condición que en dos o tres días partieran. En algunas ocasiones trabajaban algunos días para ganar algún dinero, pero no era lo que comúnmente ocurría.
Fui amigo de un Croto
Cuando tenía 17 años trabajé de inseminador artificial en una estancia por la zona de Laboulaye, al sur de la provincia de Córdoba, eran 5.000 hectáreas, pero a diferencia de La Germania, en la “Cabaña Epifanía” trabajaban no más de diez personas ”.
A ella llegaba una o dos veces al año “Remigio”, un hombre de entre 50 y 60 años, que se quedaba unos 15 a 30 días, algunas veces hasta 45; realizaba algunos trabajos y luego se iba hacia otras estancias, siempre las mismas y en todas trabaja.
Remigio almorzaba y cenaba en el comedor de los peones pero no hablaba con ninguno de ellos, no hablaba con nadie, excepto con el mayordomo cuando le pedía permiso, algún trabajo para hacer, y cuando se despedía. Y también conmigo, tal vez por el respeto con que yo lo trataba y por la atención con que lo escuchaba cuando me contaba historias de “apariciones” y vivencias de sus días de linyera.
Pude comprobar el aprecio que Remigio sentía por mi cuando trece años más tarde me envió saludos con una persona de mi pueblo, Manuel Amaya, con la que habló en otra estancia. Ese recuerdo me llenó de emoción porque supe que por un tiempo fui importante para él por lo bien que le habló de mi a Manuel.
Nunca le pregunté por sus orígenes, nunca él lo comentó; pero detrás de estas solitarias personas se ocultan pasados conflictivos, historias de familias, desencuentros, hasta algunos asesinatos. No digo que sea esto último el tema predominante; si lo eran los negocios en ruinas, el abandono por parte de sus mujeres o algún delito menor.
Lejos del mito romántico del vagabundo, de ideas libertarias o anarquistas, del ser libre que viaja en los vagones de los trenes de carga, levantado la cosecha, durmiendo a la intemperie y difundiendo su pensamiento; lejos del caminante austero que va imitando el ciclo migratorio de las golondrinas, los linyeras o crotos han trastocado su vuelo para convertirse en hombres y mujeres a los que, la feroz y perversa maquinaria globalizadora, les ha ensombrecido el alma, quitándoles de la mirada el brillo y arrojándolos al abismo de la precariedad y la desnudez, al delirio de las bellezas y fealdades que derriban las máscaras uniformes conque la memoria de una sociedad hecha para triunfadores, pretende desesperadamente, lavarse una vez más, las sucias manos de la indiferencia.
MONO Y BAGAYERA
Las mínimas pertenencias del linye cabían dentro de aquel atado que los caminantes italianos denominaron " linghera" y los crotos criollos comenzaron a llamar el " mono", quizá por llevarlo sobre el hombro, como los gitanos a sus pequeños simios.
La " bagayera", del italiano " bagaggio", equipaje, era una bolsa más pequeña, generalmente de lona o arpillera, y en ella se guardaban en éste orden, una ollita, en su fondo un plato hondo de lata, sobre él la pava para el agua. Dentro de la pava el jarrito o calabaza para el mate. Entre la olla y la pava, el tenedor, la cuchara, la bombilla y un cucharón de mango recortado. El cuchillo se llevaba en la cintura para tenerlo a mano en cualquier emergencia, trabajo o defensa personal. Muchos linyeras completaban sus enseres con una planchuela de hierro, con uno de sus extremos aguzados y el otro doblado en forma de gancho. El " fierrito asador" como le llamaban, servía para asar carne atravesándola o colgar la pava del doblez y calentarla sobre el fuego.
"El último Croto" (fragmento)
Un vientito libertario
cruzaba por mi moyera
cuando "cuadré" la "linyera"
con todo lo necesario.
A rumbos imaginarios
trazados en mis desvelos,
por las hueyas de mi suelo
partí con el "mono" al hombro,
como pichón con asombro
intentando el primer vuelo.
Felipe Olivera Moreno
LA RANCHADA : FUEGO Y COMIDA
Cuando un linyera se apeaba de un tren de carga lo hacía generalmente en las proximidades de las estaciones ferroviarias de campaña, allí donde la población era escasa. De inmediato buscaba con la vista donde se hallaba el embarcadero de hacienda. Allí o en la cabecera de uno de los galpones ferroviarios acamparía. Con la primera ubicación buscaban la proximidad del agua. Con la segunda, reparo de los vientos. Elegido el lugar, con ramas, bosta seca de vaca, tronlinyeras/fondocroto.jpgco de cardo o cualquier yuyo capaz de arder, iniciaba el primer fuego. Junto a la hoguera, clavaba el fierrito asador y colgaba de su extremo doblado, la pava o una lata con agua para tomar sus primeros mates. Ese sitio fundado y nucleado por las llamas sería su " ranchada". Allí permanecería mientras no tomase otro carguero, haría su comida y tendería las mantas para dormir.
Si posteriormente llegaba otro linyera, el nuevo nunca acamparía junto a su mismo fuego, sino separado por unos cuantos metros, aunque invariablemente recibiría del ya instalado la invitación: " Aquí tiene fuego, compañero"... .Ofrecer fuego y agua caliente al recién llegado era la primera ley de la ética linye.
Al divisar un molino,
y si leña había cercón,
solía parar tranquilón
sin cuerpiarle al "guardahilos".
Después ganaba el camino
y en tiempos de deschalada
dejé la espiga pelada.
por muy poquito dinero
y algún guiso chacarero
que me comí en la ranchada.
Felipe Olivera Moreno
EL CÓDIGO DE HONOR Y LA ÉTICA DEL LINYE.
Los crotos de juntada y los crotos de vía o permanentes, no se diferenciaban unos de otros sino en el nivel cultural o en los intereses. En las conversaciones era posible descubrir su naturaleza. El Linye de juntada tocaba pocos temas, volaba bajo, hablaba de maizales y bolsas recogidas. Si en cambio hablaba de teatro o poesía, de sindicatos, si dejaba de comer por leer un diario, si llevaba libros o papeles en su mono, seguramente era un croto de vía.
El primer territorio que para cada linye resultaba inviolable era la intimidad del otro.
La influencia de la ideología anarquista fue notoria. Así, muchos linyeras se convirtieron en difusores de la propaganda libertaria, distribuían entre una provincia y otra, libros, panfletos y folletos. A veces llegaba a una estación donde otros linyeras se hallaban entrando bolsas en los galpones. El croto recién llegado necesitaba unos centavos para comer ese día y no los tenía. Entonces, se le acercaba para preguntarle: - ¿me prestaría el sombrero, compañero?... .Pedir el" sombrero" o el " pañuelo" a otro, en la jerga linye era solicitarle el favor de un barato o sea trabajar algunas horas de esa jornada por aquél para ganarse los centavos que correspondieran.
"Rostro de mi país" - Fotografía de Carlos Alegretta
EPÍLOGO : DEL SER LIBRE A LA MASIFICACIÓN.
Fue un modo de vivir, un sentido de ser, una propuesta de sobrevivir. Fue una evasión de la agria realidad que lo circundaba.
Y por sobre todo, fue el único fenómeno socio-cultural individualista, fundado en la solidaridad y el respeto a la libertad en intimidad de sus iguales. Esto, en un tiempo histórico en que las tendencias colectivizantes desde la ideología o desde el consumo, todo lo masifican y despersonalizan.
De esta vida podría decirse lo que Karl Jaspers afirmó de la de Goethe: " no puede tomarse como modelo, pero sí como ejemplo".
EXTRACCIONES REALIZADAS DE "LOS CROTOS" DE NARIO HUGO, REVISTA "TODO ES HISTORIA" Nº.158 (JULIO 1980.)
LINYERAS : DEL DEVENIR HISTÓRICO A LA ACTUALIDAD.
Para el psicólogo Alfredo Moffatt el linyera era antiguamente un personaje rural, un andarín de las vías del tren. En general tenía una concepción anarquista, y eran, en muchos casos, componentes del viejo anarco-sindicalismo que proclamaba ideales de libertad. Eran respetados en el ambiente rural porque transmitían información y además se caracterizaban por su independencia. No mendigaban y hacían sus ranchaditas en las estaciones. Ese personaje fue muriendo: Sin las vías del tren y sin la solidaridad de las campiñas rupestres, se ha convertido en mendigo, lo cual representa una figura análoga. El viejo linyera no era alcohólico, en cambio, en la actualidad, el croto sí lo es. Sería como la sombra de un gaucho que queda atrapado bajo el puente de una ciudad.
Según Moffatt, otro factor de creación de nuevos mendigos es el empobrecimiento de la clase trabajadora - diría la desarticulación del movimiento obrero -, que junto a importantes pérdidas afectivas o carencia de un grupo familiar, ha empujado al mendigo a convertirse en un detrito social, fuera del circuito público.
Los primeros linyeras - afirma el psicólogo Alfredo Moffatt - estaban emparentados con los peones golondrina, que eran braseros. Lo que nunca formaban era una familia. En ese sentido hoy vislumbramos un personaje diferente, que es el cartonero, que sería algo así como un empresario familiar, el cual con un pequeño carrito, tirado a mano y con la ayuda de mujer e hijos, junta los cartones para luego venderlos.
Por otra parte, Moffatt, describe la figura tradicional del mendigo urbano, que surge en tiempos de la colonia y que ya en aquella época tenía patente de mendigo, con lugares fijos para mendigar, que generalmente estaban constituidos por las iglesias. Estos eran una pieza clave de la caridad cristiana, en el sentido de que cada Iglesia tenía su propio mendigo para que los feligreses pudieran convertirse en almas caritativas, dándoles una limosna.
A partir de los cambios sociales y las variaciones de las condiciones económico-políticas, estos personajes conservan algunas características propias de su origen, pero a su vez han sufrido una transformación, aunque estructuralmente continúan en el mismo lugar, es decir se convierte en un ser excluido de la rueda productiva, que queda enclavado en la calle.
MARCELO REBÓN Y CONRADO YASENZA.
"Amanece en el parque" Fotografía de Carlos Alegretta
TESTIMONIOS
ALFREDO : EL HOMBRE DEL SOL Y LA HOJA DEL TÁRTAGO.
Hace unas horas el sol se ha levantado, redondo y brillante como una gran bola de fuego. Es un día muy frío de junio y la estación de Avellaneda está, como ocurre a diario, plagada de personas que apuran el paso para llegar a sus trabajos cotidianos. Mis tareas también han comenzado y es por ello que me dirijo hacia las vías muertas que, en otros tiempos, antes de que las mismas se vieran obligadas a abrirse al " gran capital", supieron conducir trenes, chanchitas y obreros, hasta la fábrica de la empresa SIAM. SA. Argentina.
Busco encontrarme con lo que comúnmente se llama linyera. Camino durante un buen rato, entre piedras, durmientes y vías herrumbrosas, que se esconden bajo el pastizal silvestre. Tras haber recorrido un largo tramo, durante el cual el paisaje alterna casitas con descampados, un paredón de viejos ladrillos color naranja, se erige hacia el costado del terraplén. Allí lo veo, sereno, recostado contra el muro, dormitando mientras cuatro perros lo custodian. He dado con él. Sus guardianes comienzan a ladrar y él, todavía emborrachado por el sueño, se despierta y se incorpora con cautela. Intento destrabar mi lengua luego del susto causado por el acoso de los perros; propongo algún saludo amigable con el propósito de que el hombre me vea o escuche, y tranquilice de mi irrupción en su territorio, a la jauría protectora. Nos separa un terraplén en forma de hondonada y casi tres metros de distancia. Él se acerca lenta y cuidadosamente. Es un auténtico linyera, similar a aquellos a los que tanto temía de chico. Ya nos encontramos más cerca y gracias a esto, para hablarle, dejo de lado el grito. Tiene una barba profusa y muy blanca, una gorra que esconde su lacia y larga cabellera, también blanca, y se apoya en un palo que le sirve de bastón. Está abrigado; lleva un sobretodo que oculta sacos y pulóveres harapientos. Los zapatos son una suerte de borceguíes rotosos, con cordones desprendidos.
Los perros ya se han tranquilizado y andan por ahí jugueteando entre ellos, pero sin dejar de observarnos de refilón. El hombre ya esta casi frente a mí. Le comento que hace frío, que menos mal que el sol ha salido fuerte y que quisiera hablar con él de algunas cositas de esta vida. Acepta mientras mantiene su recelo. Me pregunta qué es lo que hago y algunas otras cuestiones.
La charla se desliza entre preguntas y breves comentarios, hasta que que me dice su nombre: " Yo soy Alfredo y Ud. cómo se llama". Le digo mi nombre y ya a esta altura la confianza se ha instalado entre nosotros. Saco la grabadora y se la muestro: " Es para guardar aquí lo que usted me cuente, si no le molesta". Accede, sin dejar de mirar ese pequeño y desconocido aparato, que es el grabador, y calor de la intimidad mediante, la charla se adueña de la mañana y de nosotros también.
-¿Cuántos años tiene Alfredo?
-65 años.
-¿Cómo vive Ud.?
-Abajo de una hoja vivo... de esa planta, del tártago. Adónde me agarra la noche duermo, gracias a Dios. Cuando cae el día uno come algo y descansa, va al sobre. Hay que hacerle un poquito de comida para los perros, porque ellos comen también y me cuidan a mí de noche.
-¿La gente lo agrede?
-Hay gente que, bueno más o menos, hay pibes sobre todo, que sí
Digo la palabra... andan tomando esa porquería ¿me explico?
-¿Drogas?
-Sí, drogas exactamente. Esos a veces te tiran piedras, están perdidos en la vida, no tienen nada y entonces se la agarran con uno. ¿Y de dónde sale todo eso?
Yo al mediodía gracias a Dios, y a la noche me tomo mi litro de vino, mirá que compré mi litrito y todavía tengo. Hoy hice un poquito de asado acá, con la compañía de siempre, que son mis perros, y después una siestita. Es eso nomás, yo no molesto a nadie.
-¿Es complicado conseguir la comida?
-Y más o menos. Junto botellas, junto cartón, un poquito que me da la calle y Dios y entonces vendo y con eso me las rebusco. Durante el día salgo a caminar y junto un poco más de botellas para ganarme el peso. ¡Qué va a hacer!.
-¿Ud. se considera linyera?
-No, linyera no. Un linyera, linyerita quiere decir que anda ya muy... ¿me explico?, anda volando muy bajo.
Linyerita tiene muchos significados; un dedo vale por los diez, y es mucho ya.
-¿Eligió, Alfredo, vivir a la intemperie o fue por otras razones, como por ejemplo, la falta de trabajo?
-No, no, yo ya tengo mi ciclo, hombre, 65 años que tengo ¡qué va a hacer!, mi batalla ya está lista.
-¿Pero, en otros años, trabajó en algún lugar?
-Trabajé en Mundita, un aserradero que queda acá en Valentín Alsina.
-¿Tiene familia?
-No sé, la verdad?...Mi padre falleció, Nicanor Romero, mi madre Rosal todos fallecieron.
-¿Desde cuándo vive al costado de la vía?
-Y hará más de seis años. Sí ,más.
-¿Y qué lo llevó a vivir al lado de la vía?
-Si vos me lo preguntas tranquilo, te voy a decir que ya falleció mamá, terminó todo, todo se terminó y que va hacer. ¿qué querés que haga?
-¿Ud. nunca pensó en tener su propia familia?
- No. Mujer sí, pero a la pasada, una buena compañera y libertad. Por eso nunca tuve hijos.
-¿Se siente libre?
-La verdad es que, como el pájaro me siento libre, yo no estoy enjaulado. La libertad no tiene plata para pagarse.
-¿Tiene amigos?
-Si, en la calle lógico, hay amigos que van para allá, vienen para acá, tienen la misma rutina, juntan papeles, botellas, lo que da la calle de Dios.
-¿Existen códigos en común para comunicarse?
-No, en ese sentido no. Cuando el tiempo está malo, de lluvia, nos ayuda el depositero con unos pesos.
-¿Cuándo llueve, dónde duermen?
-Paro en la bajada de allá, dónde está el puente. Ahí me tiro, ahí me cobijo.
-¿Qué importancia tiene el vino entre ustedes?
-El vino es relativo, hay que saberlo tomar. Es necesario de tomar el vino, comiendo lo lógico.
-¿Lo comparte?
-Lo comparto yo solo. A veces cuando estoy con mi amigo hago un bocadito, tomo un trago, y yo me voy después. Chau, listo.
-¿Cómo se llama su amigo?
-¿Cuál ?
-El que nombró recién.
-¡Ah ¡, José se llama, es un viejo como yo. Él para en la calle Chile
justo dónde está Sobral, y duerme ahí cómo duermo yo, con mis mantas, mi abrigo de noche.
-¿A Ud. le gusta compartir su lugar, con otra persona que esté en la calle también?
-Bueno, yo te digo mi rutina. Mañana yo me levanto a las 5 de la mañana y encuentro gente, gente y gente, pero si nos dedicamos toda la vida a buscar las personas ¿qué hacemos?.
-¿La gente les tiene miedo?
-¿A nosotros? No, gracias a Dios no, pero que son malos sí, en el sentido de que a veces te tiran cascotes y te lastiman pero ¿porque? Si yo no los molesto a ellos, ni les pido un pedazo de pan. Ellos a veces vienen se sientan un rato acá, y no se que toman, toman esa porquería ellos.
-¿Lo lastimaron alguna vez Alfredo?
-Claro que me pegaron, me tiraron una vez ladrillazos en la cabeza. Yo estaba comiendo, gracias a Dios, estaba haciendo un poco de comida en una ollita y justamente vinieron cinco, cinco vinieron y me tiraron el ladrillazo en la cabeza y toda la comida me tiraron ¿y yo que puedo hacer? Es mala gente. Yo no sé para que toman eso, carajo. Eso vale plata.
-El fuego ¿Qué importancia tiene?
-Y mucho, calienta las tabas. Eso es verdad y se puede cocinar. El fuego es lindo yo me lo resguardo para calentar de noche el agua y tomar mate. Siempre hay que tener un tizón y fuego.
-Cuénteme algo más.
-Puedo hablar toda la noche. Lo que te digo es que la gente que anda así como yo, es buena gente, no te va a molestar, al contrario puede pedirte, algo te va a pedir, pero molestarte eso no.
-¿Qué lleva en la bolsita, Alfredo?
-Llevo ropa, todo el equipo llevo; tenedor, cucharita, cuchillito para cortar la carne, para pelar una papa; el equipo de mate, bombilla, un poco de yerba, a veces una facturita que me dan para el desayuno a la mañana.
-¿Tiene algún estudio?
-Tengo sexto grado. Estuve en Infantería de Marina dos años.
-¿Le tiene miedo a la muerte?
-No, no hay que tenerle miedo a la muerte, cuando el Señor dice hasta acá llegaste, bueno hasta acá llegaste. Si me agarra el frío puedo quedar duro. Yo creo en Dios y en la virgen también.
-¿Ud. piensa que vivió mucho y bien?
-Mirá, cuando yo tenía 20 años anduve muy bien, gracias a Dios, ahora ya. En salud ando bien .Cuando se murieron los dos seres más queridos, yo tuve que salir, se acabó todo.
-¿Vivía en una casa, antes?
-Claro, acá en Castellino. Mi hermano Nito era el mayor y yo el menor. El se llevó su pluma, la de escritor, y no sé que hizo. Yo dije, me voy, y me fui, entonces listo a otra cosa.
-¿Siempre está con los perros?
-Si, ando siempre con los cuatro perros. Uno es Corchito, el otro el Orejón, aquél Chucarón y el otro no sé, el Cabezón le ponemos.
Esta es una vía muerta, no sé si la van a sacar, habrá que ver que quiere hacer el señor Méndez.
-¿Qué piensa del presidente?
-Ah... no sé, prometió tantas cosas. Él lo que tiene que fijarse es en el pueblo. Yo si agarro el mando no me voy a poner a jugar a la rasqueta y a la pelota. En el pueblo hay que fijarse. ¿Porqué no abre las fuentes de trabajo y las fábricas que están paradas?.Yo me voy a fijar en el pueblo primero, para que el pueblo no pase hambre, para que la gente no sufra. Yo veo en el mercado mujeres con criaturas juntando un tomate como lo hago yo, pero yo soy hombre, una mujer no puede hacer eso.
-¿Cómo es la relación que tiene con el barrio y con los vecinos?
-A mí me respetan todos, yo gracias a Dios no me meto con nadie, al contrario me alcanzan a veces un poco de comida, es gente buena. Hablando bien se entiende.
-¿Qué le gusta hacer a Ud.?
-Cuando está el solcito así, me pongo a leer unos libros, es importante eso. Hay muchas cosas escritas. En francés no sé leer, en americano tampoco, brasilero portugués más o menos se entiende, como gato entre la leña ¿viste?.
-¿Ud. viajó mucho?
-Sí, a la provincia de Santa Fe. Sí, viajé mucho en carguero. Pucha si viajé, mientras que no se vaya el poncho de nosotros que es el sol. Yo viajaba cuando estaba la de vapor, La Porteña, no era como ahora que son diesel, estas vuelan. Sabés que lindo que es eso, con el fueguito, ahí al lado de la máquina con carbón de piedra, tomando mate, ah.. Ponía un pedacito de churrasco al costado, solo se iba haciendo con los mismos fierros de la caldera, Ja. ! ¿sabés lo que es eso?. Anduve mucho por mi provincia, Santa Fe, por Misiones también estuve, pero ya fui de acompañante de un camionero que iba para entregar fuel-oil.
CARLOS VICENTE FREDES
DE LAS REVOLUCIONES AL CANTO Y LOS CONSEJOS.
Otra estación, Remedios de Escalada, y una nueva mañana, para mi suerte también de sol, aunque por momentos éste remolonea y amaga con ocultarse. El frío le dice nuevamente a los transeúntes, buenos días y se ríe de las siempre repetidas quejas por las temperaturas otoñales. El otoño tiene esa rara mezcla de timidez y melancolía, que a algunos seres parece incomodar como una espina. Quizás sea su filo tentador e incisivo, el que moleste.
Salgo de la estación y camino por la plaza. La situación me sorprende, dejándome entumecido. No muy lejos de mí, un hombre largo y flaco, de bigotes finos y grisáceos, revuelve con paciencia y técnicas casi científicas, un tacho de basura. Él no mira a nadie y nadie lo mira. Tampoco sospecha de mi mirada camuflada de distancia. Luego de husmear entre la basura se dirige hacia un banco de la plaza. Lleva en su mano derecha un bolso de tela de avión raída. Y aquí la gran sorpresa: se sienta, abre el bolso con lentitud, saca de él un zapato blanco de taco aguja, y con suma elegancia, comienza a comer, extrayéndolos del calzado, unos fideos manchados por algo que se parece a un tuco.
Trato de salir del asombro y me dirijo hacia él. Me divisa y rápidamente guarda todo en el bolso y se levanta para tratar de alejarse, antes de que llegue yo a su sitio. Mi arribo se produce justo cuando está por irse mientras yo, totalmente intrigado, lanzo frases tontas como " buen día", " cómo le va", " ¿puedo hablar con Ud. un minutito?". Su negativa es rotunda y se aleja hasta el próximo banco. Lo sigo e intento nuevamente: " discúlpeme, no quiero molestarlo, es para charlar un rato, nada más". El longilíneo hombre se distiende y recomienza su extraño desayuno. Insisto : " ¿puedo hablarle, charlar con Ud. ?". Acepta con muchísima desconfianza e imponiéndome un metro que lo separa de algún posible peligro y lo tiene preparado para la defensa. Pienso : " es obvio, no nos conocemos". Cuando quiero sacar la grabadora se ofusca y acentúa la distancia, alertándose por la rareza vista. Le explico de qué se trata y se calma. " Para guardar lo que digo es eso?", me dice.
Nos presentamos y entonces el hombre del cuerpo y los bigotes finos, se torna amigable. Sus formas de gesticular también son elegantes, y su proceder es el de alguien bien educado. Ya el diálogo es fluido, mas allá de que por momentos - quién sabe, a ciencia cierta, más allá de dónde - su discurso es poéticamente delirante o incoherente. Vuelvo a pensar: " quién no dirá, sin darse cuenta y más de una vez, incoherencias, aunque muchas de ellas no sean para nada, poéticas o fantásticas".
-Dígame, cómo se llama?
-Carlos Vicente Fredes, con ese al final.
-¿Ud. vive por acá?
-Sí, siempre por acá, en Remedios de Escalada ¿conoce Remedios de Escalada?.
-¿Cómo lleva adelante su vida?
-Yo soy retirado... de comercio. Ahora lo único que hago, para ayudarme un poco, son algunos jardines por ahí; tengo unos buenos clientes ¿sabe quién es Sánchez?. El cantor que vive por aquí; a veces voy a lo del gobernador, que es Duhalde, y otros clientitos más para ganarme el día.
-¿Vive con alguien?
-Vivo bien. Soy solo. Tengo hermanos ¿conoce Remedios de Escalada? Bueno, vio que hay un bar en la esquina, allá dónde está el local de compra-venta, bueno ahora no está más, pero en fin yo vivo en una pensión. Mi hermano tiene un bar a la vuelta, que antes se llamaba "El 14", enfrente al almacén de Pepe.
-¿Y cómo paga la vivienda?
-Es una pensión que pertenece al ferrocarril y ahí no paga nadie, basta pagar la luz y tenerlo limpio
-¿Vive con otras personas que, como Ud., están solas?
-No, hay matrimonios. Yo estoy solo actualmente pero tengo mi familia, mi madre, que están por ahí. Yo soy nacido en un pueblo que se llama Laprida, provincia de Buenos Aires. Mi madre también nació ahí, y tiene 95 años, se llama Eugenia Prátola. De diez hermanos quedamos siete vivos, no sé si vivos, ¡bah!.
-¿Qué sabe de los linyeras?
-Linyera es una palabra que se creó para el hombre que sale con la bolsita a la calle o camina por ahí, o va en trenes de carga. Pero ese no roba, ese es el verdadero linyera. Antes, en una época se permitía en los trenes, que toda esa gente que iba con el monito al hombro viajara en el tren de carga, no de pasajeros ¿eh?
-¿Se refiere a la ley de Crotto?
-¿Sabe porque se llamaba Crotto?. Porque en esa época el gobernador era Agustín Crotto. Debe haber sido en el ´20, más o menos, y él permitía a todos los que iban con el cosito al hombro, su ropita y esas cosas, viajar gratis en el tren.
-¿Es lo mismo un croto que un linyera?
-No, porque el croto es en general el que va a buscar trabajo, el linyera no. ¿Me entendió?. El linyera es el que va por la calle, duerme por allá, en cualquier parte y pide para comer.
-Carlos, ¿sabe qué es la linya?
-El linye le decimos nosotros, es el linyera. El linye era una palabra que en castellano no iba y por eso le pusieron linyera.
-¿Cuántos años tiene?
-Nací un 28 de enero de 1920. Soy signo acuario. Estamos en el ´96... ¿97?
-No, ´98.
-Entonces tengo 78 años.
-¿Qué cosas o acontecimientos importantes recuerda haber vivido?
-Y, hay muchos, empezando cuando vine acá en el ´43, vi la revolución del 4 de junio del ´43, vi las otras revoluciones también, porque no me fui más de acá. Vi también cosas lindas, me ha gustado ir al hipódromo, no soy jugador ¿eh? , pero como soy del campo, me gusta ver los caballos He ido a los bailes, todas esas cosas, los circos de los hermanos Ribero, que ahora no existen más. También llegué a trabajar un tiempo en el Bazar Dos Mundos, Florida 101, ¿conoce la Capital? Acá hay una sucursal.
-¿Sabe si los linyeras viven en comunidades, si viven solos, si comparten el fuego, los lugares?
-El linyera no roba, si no tiene para comer pide, y si va otro por la calle que él ve que anda mal, lo va a llamar para invitarlo a comer. Si tiene un pancito lo van a compartir entre los dos. El fuego lo hacen en cualquier lado y también lo comparten. El linyera, en general, va por la costa de la vía, no se retira para los campos, va por la vía ¿sabe que es la vía?. Ahí los peones siempre le dan algo para comer, y ellos bajan o suben a un tren de carga ¿eh?
-¿Es importante compartir el vino, Carlos?
-Compartir el vino entre dos personas que se entiendan es lindo, porque pueden conversar un poco. Tomarlo solo no tiene ningún sabor, bueno, tiene sabor a vino ¿no?. Pero conversando con otro, tomá una copita vos otra yo y así van charlando de fútbol o de lo que le guste, y usted en ese momento se olvidó de todos sus problemas. En cambio cuando uno está solo, los problemas los agranda.
-¿Se siente solo?
-No.
-¿Tiene amigos linyeras?
-Sí. Dos o tres. Ya no existen más los linyeras, hoy estamos en otra época, m´hijo, no necesita ser linyera, hoy mal que mal trabaja. Aquello del linye se terminó. Y ya ve, m´hijo, una muestra cabal es que ya no existen tampoco los trenes de carga.
-Cuándo intenté acercarme, Ud. me pidió distancia, ¿tenía miedo?.
-No, no. Es la forma de ser mía, y es mejor así, porque usted no sabe quién soy yo, ni yo quien es usted. Es una manera de resguardarme. No le voy a hablar de acá a aquella pared que está lejos, pero a dos metros podemos hablar.
Yo le diría a usted que tenga suerte; más le voy a decir, que cuide ese trabajito, que no tenga rencor ni ataque a nadie, y que trate a toda la gente por igual, que no porque alguno tenga un anillo y otro no tenga nada, lo achique o lo desmerezca.
-¿Sufre agresiones en la calle?
-Rara vez. Hay linyeras que van a pedir para comer, ese es el bueno, pero hay linyeras que van a sacar lo que no les corresponde. Ese no vale. Las agresiones son una brutalidad, golpear o matar no entra en mis cálculos como ser humano
-¿Lo molesta la policía?
-No. Nos piden los documentos y esas cosas. Nos dicen: Señor tiene que ir con documentos.
-Carlos, ¿existen códigos de entendimiento o códigos para comunicarse entre linyeras?
-Si, los hay. El linyera, uno con otro hasta se silban, y también se comunican con los dedos si hay peligro. Si levanto un dedo, todo bien; si levanto dos regular, y si levanto tres hay que andar con cuidado. Si extiendo el brazo hacia adelante, atento, puede haber un peligro mayor. Otros no me acuerdo. Sé que tienen palabras para usar entre ellos medios raras.
-Por ejemplo, le dicen a un policía, Juan Figura?
-Sí, también le pueden decir cabezón, es como sea la persona, es un apelativo, no es la forma de llamarse de él. Pero el tema pasa por un vocabulario propio, que no me acuerdo.
-¿Los linyeras, conocen el pasado, la vida de otro linyera?
-Sí, sí. El linyera tiene mucho tacto, mucho olfato y absorbe el aliento de otra persona. Por ejemplo, si se fue hace dos horas de su lugar, cuando vuelve sabe que otro tipo estuvo ahí.
-¿Hay algún requisito para que un linyera se acerque a otro, cómo es la aceptación?
-No, ninguno. Puede ser si llueve, vamos a ver el caso, que tenga la amabilidad de ir al encargado de la estación a pedir permiso para cobijarse debajo del corralón. Pero, por lo general, el linyera busca los galpones ¿sabe lo qué es un galpón?, para resguardarse del agua, del viento o para dormir. Pero hoy casi no existen los linyeras. Las cosas cambiaron, la juventud es distinta. Yo tengo hasta 5º grado primario, no estudié más porque en mi pueblo no había. En el quinto año falté 5 días. Yo vivía en un pueblo Laprida, al sur de Buenos Aires. Antes está Olavarría, Laprida, Pringles, y después Bahía Blanca. Pero hoy, el chico tiene más facilidad para estudiar, hay más medios. Yo tenía que caminar 15 o 20 cuadras en el barro para ir a la escuela; y había dos o tres libros para un montón de chicos, así que lo leía un rato yo y otro rato mis compañeros. ¿Entiende como es el asunto?. A uno le daban un cuaderno blanco tapa dura por año y lo tenía que cuidar.
-¿Cree que ser linyera es una cuestión de pocos recursos o es una elección de vida?
-Para mí es una elección de vida, porque al linyera le gusta andar. Ud. va en tren ¿y que ve?, nada. Viaja en avión ¿ y que ve?, nada. Anda en auto ¿y que ve?, nada otra vez. En cambio usted camina y ve, observa todo lo que lo rodea. Los linyeras han salido hasta en una canción que dice: (canta)
"Linyera soy,
voy por el mundo
y no sé dónde voy
no tengo punto,
no tengo día
para eso estoy,
no sé dónde voy"
-¿Es libre?
-Sí, soy libre. Hoy ya no existen. El linyera no roba, si tiene hambre va y pide, una galleta, un pedazo de carne, algo le dan y con eso se arregla. El linyera tiene que caminar, esa es una regla fundamental para la vida.
-¿El mendigo de ciudad se diferencia del linyera porque no viaja y vive en ella?
-No, para mí el mendigo es una mala cosa, porque hay mendigos que son jóvenes, que tienen medios acá, en la Capital, por lo menos para vender un diario o lustrar un zapato. Acá hay medios, no es como allá en el campo que si no sabés algo del tema estás listo. Ese que mendiga para no trabajar a mi no me gusta. El linyera es alguien noble, decente, no roba.
-¿Es difícil que una persona que no sea linyera, pueda hablar un rato con alguno de ellos?
-¡Ah!, eso es más difícil. Pero el hombre que anda por la calle enseguida entiende, se da cuenta más o menos, quién es uno y quién es otro ¿no?, ¿me entendió?. Ellos también se entienden por eso. En una época se decía: " hay que tener más olfato que un linyera", ¿sabe que es olfato?¿No?. Pero eso ya ha terminado. ¿Usted ha leído algo?. Lea "Los miserables".
-¿Hay alguna cosa más que quiera decir, Carlos?
-Sí señor. Voy a empezar: "Para abuelas y abuelos, padres y madres, novias y novios, los niños, todos, si han escuchado o leído reciban algo, un aliento, una escuela de dos amigos que estamos acá, que sirva para bien, que saquen buenas conclusiones de lo que han oído. La escuela más grande que hay en el mundo es la calle, que hay que saberla andar sin robar y sin matar. Nunca nadie rechace las palabras de los mayores o de los que han caminado, si disienten con él, digan por lo menos "vamos a ver", pero nunca las rechacen, porque de cinco o seis palabras pueden salir dos que valen. Las montañas no se encuentran, pero los hombres sí."
Bueno Hasta acá fue un post dedicado a "ellos"...Fuerza!
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