Ni bien te atreves a abandonar las fronteras de tu lugar de nacimiento, descubres enseguida que el mundo está lleno de personas muy distintas entre sí, que cada país, e incluso cada ciudad, posee grupos de personas moldeados por otras culturas, religiones, lenguas, costumbres, meteorologías y economías.
Una de las formas más profundas de advertir el inmenso abanico que comprende la especie humana pasa por interactuar con el mayor número de personas posible, lo que también permite que uno entienda otros punto de vistas que acaso enriquecerán el propio y, sobre todo, reparará en que los demás, los que viven lejos, hacen cosas raras o tienen la piel de otro color, en el fondo están impulsados por motivaciones, miedos y sueños muy similares a los nuestros.
Viajar no sólo es conocer, pues, sino también es dejar de tener miedo al extraño, aceptar otras maneras de pensar. De hecho, una asignatura por la que apostaría en los colegios sería la lectura de una novela de unas cuantas miles de páginas que contara cientos de miles de historias individuales de personas de todos los países, culturas, religiones, condiciones del ancho mundo. Simplemente para empezar nuestra vida ampliando un poco nuestros horizontes provincianos. Para ir empezando, aquí.
Por esa razón, veremos unas cifras y curiosidades sobre algunos tipos de personas y sociedades que se pueden encontrar por el ancho mundo, tal vez para incentivar que os mováis un poco, tal vez para que aceptéis que el mundo es mucho más grande y variopinto de lo que parece, y que es imposible acabárselo ni en una ni en diez vidas.
Riqueza y pobreza
Imaginad que ordenamos todos los países del mundo por sus ingresos per cápita. Descubriremos que en el 10% superior son por término medio aproximadamente 30 veces más ricos que los que se encuentran en el 10% inferior. También descubriremos que los países más ricos son 100 veces más ricos que los más pobres.
En los países más pobres viven más de 1.000 millones de personas, un 15% de la población mundial.
Los países más pobres son Zambia, Franja de Gaza, Zimbawe, Chad, Moldavia, Haití, Liberia, Guatemala, Surinam y Angola.
Somos muchos, pero también pocos
En el planeta somos siete mil millones de personas. Es una cifra tan elevada que ningún cerebro humano está capacitado para imaginarla (estudios psicológicos señalan que un cerebro puede imaginar de verdad apenas 150 individuos: el resto no deja de ser una montaña borrosa de caras).
Hay tanta gente que nunca podréis conocerla a toda. De hecho, mientras estoy escribiendo estas líneas están naciendo y muriendo docenas y docenas de personas, justo ahora, una, dos, tres, cuatro, cinco… a este ritmo. O incluso más rápido. Somos tantos que si todos los seres humanos se pusieran en hilera, como se hicieran cola para entrar en un evento deportivo o un concierto de masas, esa hilera recorrería más de 8 veces la distancia que hay hasta la Luna.
Sin embargo, a pesar de que somos muchos más de los que podemos asumir, también somos muy pocos, en realidad, lo cual debería hacernos tener en cuenta que cada vida vale, y que debemos luchar para que todo el mundo disponga de una vida digna y próspera. ¿No os lo creéis? Pues pensad en esto: si amontonáramos a todas las personas vivas que existen en el mundo como si fueran troncos, el resultado sería un cubo de poco más de un kilómetro de lado. Es decir, que toda la humanidad, bien juntita, podría ocultarse fácilmente en una sección del Gran Cañón del Colorado, una escarpada garganta excavada por el río Colorado en el norte de Arizona, Estados Unidos.
Y toda la sangre humana cabría perfectamente en Central Park, en Nueva York. Si tenemos en cuenta que el área de Central Park es de 334 hectáreas, esto es, unos 3,34 kilómetros cuadrados, basta con rodearlo con una pared para que contenga tal volumen de sangre. Y la sangre sólo alcanzaría unos 6 metros de altura.
No son como David el Gnomo
El asentamiento ancestral inuit de Shishmaref, una aldea situada en la isla de Sarichef en el mar Chukchi, al norte del estrecho de Bering y a pocos kilómetros de la costa de Alaska, es el hogar de una de las culturas que menos influencia ha recibido del mundo. Imaginaos que ellos creían, hasta principios del siglo XIX, que eran los únicos pobladores de la Tierra.
Mantienen una dieta basada en la ingesta de mammels del mar tales como oogruk (sello barbudo), pescado, pájaros o alces. Y aunque parezca raro, los inuit no beben alcohol.
Sin embargo, uno de los mitos más extendidos sobre esta tribu es completamente falso: no se besan frotándose la nariz, tal y como lo hacía David el gnomo, y ni se os ocurra mencionárselo porque la mera sugerencia de este gesto les enoja muchísimo.
Si queréis saber más de los esquimales, en concreto de un pueblo esquimal del Ártico Oriental canadiense, os recomiendo el documental galardonado como la Cámara de Oro de Cannes 2001 Atanarjuat, de Zacharias Kunuk.
Otro mito de los esquimales que también es falso se refiere a su idioma: no poseen muchísimas palabras para nombrar a la nieve, sólo cuatro, como máximo. De hecho, la mayoría de esquimales sólo admiten dos palabras equivalentes a “nieve”. Sin embargo, su idioma tiene otras cosas llamativas, como que nunca necesitan contar más allá del 12, pero si eso ocurre entonces emplean en idioma danés. Y cuenta sólo con tres vocales y carece de adjetivos.
Hablando raro
Pero si buscáis poblaciones que se comuniquen con idiomas realmente distintos a los mayormente conocidos, entonces el idioma inuit no resulta tan espectacular. Hay otros que lo son muchísimo más.
El nootka, una de las lenguas de la isla de Vancouver, tiene expresiones realmente curiosas, como la palabra tl´imshya´isita´itlma, que significa una idea tan compleja como “él invita a la gente a un banquete”, literalmente: “buscar a alguien que comer lo cocinado”.
Una de las lenguas más complejas sin duda es la lengua australiana llamada damin, cuya estructura es tan asombrosa como su sistema de sonidos. Mark Abley se refiere a ella en estos términos en su libro Así se habla:
Después de la pubertad, los chicos eran circuncidados (sin anestesia, por supuesto) y se les enseñaba el marlda kangka, un lenguaje de signos. Durante un año, sólo podían comunicarse con aquellos que hubieran estado presentes en su circuncisión. El marlda kangka era más que un simple código básico: sus signos permitían a un chico transmitir información como “anoche vi al hermano de mi madre y a mi padre peleando entre los arbustos”.
La comida más suculenta de las islas era el dugong, o morsa. Y el marlda kangka tenía signos distintos para “una hembra joven y grande de dugong”, “una hembra pequeña de dugong”, “un macho viejo de dugong”, etcétera. El marlda kanga era simplemente el comienzo. Después de un año o más, los jóvenes lo bastante valientes pasaban al segundo estadio de la iniciación: una subincisión en el pene (no preguntesn). La recompensa por soportar el dolor era una segunda lengua oral, el damin. A diferencia del marlda kangka, ésta era una lengua oral. Pero , como el marlda kangka (o el klingon o el élfico), el darmin erea una invención deliberada. Su sistema de sonidos forzaba un contraste con la lengua madre, el lardil. M, l, r y otras cuantas consonantes del lardil estaban ausentes del damin y a su vez, los ablandes del damin empleaban en 11 sonidos que no se encontraban en el lardil. Cuatro de ellos eran consonantes oclusivas que, por lo demás, solamente se emplean en el África meridional y oriental.
Cuántos somos?
Cada vez somos más personas porque no sólo ha descendido la mortalidad mundial, sino también nuestra esperanza de vida: se calcula que dicha esperanza de vida se incrementa 6 horas cada día. Por cada 6 meses que transcurren, la esperanza de vida aumenta 5 semanas. En 10 años, ganaremos 2 años y medio, siempre que no cambie esta progresión por algún problema sobrevenido.
Entre 2000 y 2050, la población mundial de más de 60 años se duplicará, y el número absoluto de personas mayores de 60 años pasará de 605 millones a 2.000 millones. El futuro, pues, estará dominado de una infinita variedad de personas… mayores.
Nuestra esperanza de vida sólo está determinada por los genes en un porcentaje muy pequeño: la mayor parte se la debemos a nuestro estilo de vida, es decir, que resulta determinante, también, dónde vivimos: Como grupo, las mujeres de Japón son las que más viven del mundo, con una media de 86 años. Los hombres que más sobreviven son los de San Marino, una república de 61 kilómetros cuadrados rodeada por Italia, donde la esperanza de vida es de 80 años. En lugar con la peor esperanza de vida es Suazilandia, al sur de África, con una media de 31,99 años. A continuación, vienen Angola, Zambia, Zimbabwe y Lesoto.
La escasez de alimentos es una de las principales causas de mortalidad. Según expertos de la Universidad de Columbia, uno de cada siete personas sufre inseguridad alimentaria. En la República Democrática del Congo, una persona muere cada 39 segundos, mientras que nace cada 10,5 segundos. En Etiopía, las cifras son similares: una persona muere cada 31.7 segundos, pero un bebé nace cada 8,3 segundos.
Las ciudades son el futuro
A pesar del tópico, los lugares más prósperos y más ecológicos del mundo son las ciudades. Somos demasiados, y la mejor forma de organizarse es el interior de ciudades bien diseñadas. Las ciudades, poco a poco, se convertirán en los destinos turísticos más interesantes y variopintos. Megaciudades, micromundos.
Como algunos autores señalan, tales como Matt Ridley, Edward Glaeser o Tim Harford, debemos empezar a olvidarnos de una existencia rural y bucólica al estilo Thoreau o de casas unifamiliares con jardines porque sencillamente este estilo de vida no es en absoluto sostenible: somos demasiadas personas en el mundo como para disponer todods de este estilo de vida (a no ser que aceptemos entre todos el regresar al nivel de vida de la Edad Media).
Problemas medioambientales
Con todo, los problemas medioambientales continúan siendo un problema debido a que cada vez somos más, y también consumimos más.
Reino Unido, es el país que más leyes medioambiental tiene en vigor, con un total de 22, según un estudio publicado por Globe International sobre las 16 principales economías del mundo. Por el contrario Sudáfrica es el que menos, sólo una.
En el siguiente mapa podéis ver todos los desastres naturales y artificiales en tiempo real. RSEO: Emergency and Disaster Information Service es una base de datos de desastres naturales y artificiales (desde terremotos, incendios, volcanes y demás hasta accidentes de tráfico o de avión, pasando por polución medioambiental y epidemias) plasmada en los mapas de Google para que veamos en tiempo real todo lo malo que ocurre en el mundo.
Pero quedan aún lugares intocados
Lugares prístinos e intocados, que se guían por costumbres que parecen haber sido inventadas por un autor de fantasía. Como los piraha.
De los 6.000 idiomas que se hablan en el planeta, el idioma de la tribu piraha, localizada en la ribera del río Maici, en Brasil, es el idioma más simple del mundo, según investigadores del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Lo hablan menos de 200 personas. Este idioma carece de palabras para expresar el concepto de un número específico, es decir, no tienen “uno”, ni “dos”. Las cantidades se expresan de manera relativa: “algunas”, “pocas” o “más”, por ejemplo.
Biodiversidad
Y también quedan lugares que promueven la vida, la diversidad y la riqueza en todas sus manifiestaciones. El Yasuní es una de las áreas con mayor biodiversidad a nivel mundial. Esta región selvática tiene una enorme significación para la conservación del agua y del clima.
Es además el hogar de los Waorani y de otros pueblos indígenas que aun viven en aislamiento voluntario.
Sin embargo, bajo tierra hay grandes reservas de petróleo que, finalmente, acaben con este refugio virgen. Protejámoslo para proteger la enorme variedad de personas que somos. Aunque sólo sea por el aliciente de seguir viajando y sorprendiéndonos con todo lo que nos sale al paso.
http://www.diariodelviajero.com/
Una de las formas más profundas de advertir el inmenso abanico que comprende la especie humana pasa por interactuar con el mayor número de personas posible, lo que también permite que uno entienda otros punto de vistas que acaso enriquecerán el propio y, sobre todo, reparará en que los demás, los que viven lejos, hacen cosas raras o tienen la piel de otro color, en el fondo están impulsados por motivaciones, miedos y sueños muy similares a los nuestros.
Viajar no sólo es conocer, pues, sino también es dejar de tener miedo al extraño, aceptar otras maneras de pensar. De hecho, una asignatura por la que apostaría en los colegios sería la lectura de una novela de unas cuantas miles de páginas que contara cientos de miles de historias individuales de personas de todos los países, culturas, religiones, condiciones del ancho mundo. Simplemente para empezar nuestra vida ampliando un poco nuestros horizontes provincianos. Para ir empezando, aquí.
Por esa razón, veremos unas cifras y curiosidades sobre algunos tipos de personas y sociedades que se pueden encontrar por el ancho mundo, tal vez para incentivar que os mováis un poco, tal vez para que aceptéis que el mundo es mucho más grande y variopinto de lo que parece, y que es imposible acabárselo ni en una ni en diez vidas.
Riqueza y pobreza
Imaginad que ordenamos todos los países del mundo por sus ingresos per cápita. Descubriremos que en el 10% superior son por término medio aproximadamente 30 veces más ricos que los que se encuentran en el 10% inferior. También descubriremos que los países más ricos son 100 veces más ricos que los más pobres.
En los países más pobres viven más de 1.000 millones de personas, un 15% de la población mundial.
Los países más pobres son Zambia, Franja de Gaza, Zimbawe, Chad, Moldavia, Haití, Liberia, Guatemala, Surinam y Angola.
Somos muchos, pero también pocos
En el planeta somos siete mil millones de personas. Es una cifra tan elevada que ningún cerebro humano está capacitado para imaginarla (estudios psicológicos señalan que un cerebro puede imaginar de verdad apenas 150 individuos: el resto no deja de ser una montaña borrosa de caras).
Hay tanta gente que nunca podréis conocerla a toda. De hecho, mientras estoy escribiendo estas líneas están naciendo y muriendo docenas y docenas de personas, justo ahora, una, dos, tres, cuatro, cinco… a este ritmo. O incluso más rápido. Somos tantos que si todos los seres humanos se pusieran en hilera, como se hicieran cola para entrar en un evento deportivo o un concierto de masas, esa hilera recorrería más de 8 veces la distancia que hay hasta la Luna.
Sin embargo, a pesar de que somos muchos más de los que podemos asumir, también somos muy pocos, en realidad, lo cual debería hacernos tener en cuenta que cada vida vale, y que debemos luchar para que todo el mundo disponga de una vida digna y próspera. ¿No os lo creéis? Pues pensad en esto: si amontonáramos a todas las personas vivas que existen en el mundo como si fueran troncos, el resultado sería un cubo de poco más de un kilómetro de lado. Es decir, que toda la humanidad, bien juntita, podría ocultarse fácilmente en una sección del Gran Cañón del Colorado, una escarpada garganta excavada por el río Colorado en el norte de Arizona, Estados Unidos.
Y toda la sangre humana cabría perfectamente en Central Park, en Nueva York. Si tenemos en cuenta que el área de Central Park es de 334 hectáreas, esto es, unos 3,34 kilómetros cuadrados, basta con rodearlo con una pared para que contenga tal volumen de sangre. Y la sangre sólo alcanzaría unos 6 metros de altura.
No son como David el Gnomo
El asentamiento ancestral inuit de Shishmaref, una aldea situada en la isla de Sarichef en el mar Chukchi, al norte del estrecho de Bering y a pocos kilómetros de la costa de Alaska, es el hogar de una de las culturas que menos influencia ha recibido del mundo. Imaginaos que ellos creían, hasta principios del siglo XIX, que eran los únicos pobladores de la Tierra.
Mantienen una dieta basada en la ingesta de mammels del mar tales como oogruk (sello barbudo), pescado, pájaros o alces. Y aunque parezca raro, los inuit no beben alcohol.
Sin embargo, uno de los mitos más extendidos sobre esta tribu es completamente falso: no se besan frotándose la nariz, tal y como lo hacía David el gnomo, y ni se os ocurra mencionárselo porque la mera sugerencia de este gesto les enoja muchísimo.
Si queréis saber más de los esquimales, en concreto de un pueblo esquimal del Ártico Oriental canadiense, os recomiendo el documental galardonado como la Cámara de Oro de Cannes 2001 Atanarjuat, de Zacharias Kunuk.
Otro mito de los esquimales que también es falso se refiere a su idioma: no poseen muchísimas palabras para nombrar a la nieve, sólo cuatro, como máximo. De hecho, la mayoría de esquimales sólo admiten dos palabras equivalentes a “nieve”. Sin embargo, su idioma tiene otras cosas llamativas, como que nunca necesitan contar más allá del 12, pero si eso ocurre entonces emplean en idioma danés. Y cuenta sólo con tres vocales y carece de adjetivos.
Hablando raro
Pero si buscáis poblaciones que se comuniquen con idiomas realmente distintos a los mayormente conocidos, entonces el idioma inuit no resulta tan espectacular. Hay otros que lo son muchísimo más.
El nootka, una de las lenguas de la isla de Vancouver, tiene expresiones realmente curiosas, como la palabra tl´imshya´isita´itlma, que significa una idea tan compleja como “él invita a la gente a un banquete”, literalmente: “buscar a alguien que comer lo cocinado”.
Una de las lenguas más complejas sin duda es la lengua australiana llamada damin, cuya estructura es tan asombrosa como su sistema de sonidos. Mark Abley se refiere a ella en estos términos en su libro Así se habla:
Después de la pubertad, los chicos eran circuncidados (sin anestesia, por supuesto) y se les enseñaba el marlda kangka, un lenguaje de signos. Durante un año, sólo podían comunicarse con aquellos que hubieran estado presentes en su circuncisión. El marlda kangka era más que un simple código básico: sus signos permitían a un chico transmitir información como “anoche vi al hermano de mi madre y a mi padre peleando entre los arbustos”.
La comida más suculenta de las islas era el dugong, o morsa. Y el marlda kangka tenía signos distintos para “una hembra joven y grande de dugong”, “una hembra pequeña de dugong”, “un macho viejo de dugong”, etcétera. El marlda kanga era simplemente el comienzo. Después de un año o más, los jóvenes lo bastante valientes pasaban al segundo estadio de la iniciación: una subincisión en el pene (no preguntesn). La recompensa por soportar el dolor era una segunda lengua oral, el damin. A diferencia del marlda kangka, ésta era una lengua oral. Pero , como el marlda kangka (o el klingon o el élfico), el darmin erea una invención deliberada. Su sistema de sonidos forzaba un contraste con la lengua madre, el lardil. M, l, r y otras cuantas consonantes del lardil estaban ausentes del damin y a su vez, los ablandes del damin empleaban en 11 sonidos que no se encontraban en el lardil. Cuatro de ellos eran consonantes oclusivas que, por lo demás, solamente se emplean en el África meridional y oriental.
Cuántos somos?
Cada vez somos más personas porque no sólo ha descendido la mortalidad mundial, sino también nuestra esperanza de vida: se calcula que dicha esperanza de vida se incrementa 6 horas cada día. Por cada 6 meses que transcurren, la esperanza de vida aumenta 5 semanas. En 10 años, ganaremos 2 años y medio, siempre que no cambie esta progresión por algún problema sobrevenido.
Entre 2000 y 2050, la población mundial de más de 60 años se duplicará, y el número absoluto de personas mayores de 60 años pasará de 605 millones a 2.000 millones. El futuro, pues, estará dominado de una infinita variedad de personas… mayores.
Nuestra esperanza de vida sólo está determinada por los genes en un porcentaje muy pequeño: la mayor parte se la debemos a nuestro estilo de vida, es decir, que resulta determinante, también, dónde vivimos: Como grupo, las mujeres de Japón son las que más viven del mundo, con una media de 86 años. Los hombres que más sobreviven son los de San Marino, una república de 61 kilómetros cuadrados rodeada por Italia, donde la esperanza de vida es de 80 años. En lugar con la peor esperanza de vida es Suazilandia, al sur de África, con una media de 31,99 años. A continuación, vienen Angola, Zambia, Zimbabwe y Lesoto.
La escasez de alimentos es una de las principales causas de mortalidad. Según expertos de la Universidad de Columbia, uno de cada siete personas sufre inseguridad alimentaria. En la República Democrática del Congo, una persona muere cada 39 segundos, mientras que nace cada 10,5 segundos. En Etiopía, las cifras son similares: una persona muere cada 31.7 segundos, pero un bebé nace cada 8,3 segundos.
Las ciudades son el futuro
A pesar del tópico, los lugares más prósperos y más ecológicos del mundo son las ciudades. Somos demasiados, y la mejor forma de organizarse es el interior de ciudades bien diseñadas. Las ciudades, poco a poco, se convertirán en los destinos turísticos más interesantes y variopintos. Megaciudades, micromundos.
Como algunos autores señalan, tales como Matt Ridley, Edward Glaeser o Tim Harford, debemos empezar a olvidarnos de una existencia rural y bucólica al estilo Thoreau o de casas unifamiliares con jardines porque sencillamente este estilo de vida no es en absoluto sostenible: somos demasiadas personas en el mundo como para disponer todods de este estilo de vida (a no ser que aceptemos entre todos el regresar al nivel de vida de la Edad Media).
Problemas medioambientales
Con todo, los problemas medioambientales continúan siendo un problema debido a que cada vez somos más, y también consumimos más.
Reino Unido, es el país que más leyes medioambiental tiene en vigor, con un total de 22, según un estudio publicado por Globe International sobre las 16 principales economías del mundo. Por el contrario Sudáfrica es el que menos, sólo una.
En el siguiente mapa podéis ver todos los desastres naturales y artificiales en tiempo real. RSEO: Emergency and Disaster Information Service es una base de datos de desastres naturales y artificiales (desde terremotos, incendios, volcanes y demás hasta accidentes de tráfico o de avión, pasando por polución medioambiental y epidemias) plasmada en los mapas de Google para que veamos en tiempo real todo lo malo que ocurre en el mundo.
Pero quedan aún lugares intocados
Lugares prístinos e intocados, que se guían por costumbres que parecen haber sido inventadas por un autor de fantasía. Como los piraha.
De los 6.000 idiomas que se hablan en el planeta, el idioma de la tribu piraha, localizada en la ribera del río Maici, en Brasil, es el idioma más simple del mundo, según investigadores del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Lo hablan menos de 200 personas. Este idioma carece de palabras para expresar el concepto de un número específico, es decir, no tienen “uno”, ni “dos”. Las cantidades se expresan de manera relativa: “algunas”, “pocas” o “más”, por ejemplo.
Biodiversidad
Y también quedan lugares que promueven la vida, la diversidad y la riqueza en todas sus manifiestaciones. El Yasuní es una de las áreas con mayor biodiversidad a nivel mundial. Esta región selvática tiene una enorme significación para la conservación del agua y del clima.
Es además el hogar de los Waorani y de otros pueblos indígenas que aun viven en aislamiento voluntario.
Sin embargo, bajo tierra hay grandes reservas de petróleo que, finalmente, acaben con este refugio virgen. Protejámoslo para proteger la enorme variedad de personas que somos. Aunque sólo sea por el aliciente de seguir viajando y sorprendiéndonos con todo lo que nos sale al paso.
http://www.diariodelviajero.com/