InicioFemmeLa última batalla feminista: el porno daña el cerebro
Expertos advierten en EE UU de que los contenidos sexuales son tan adictivos como el juego o la cocaína y afectan a las relaciones de pareja Culpable. Culpable de hacer a los chicos insensibles ante los encantos eróticos de sus parejas, de arruinar las relaciones sexuales de los adolescentes y de condicionar la actitud con la que ellos se acercan al sexo. Todo eso es la pornografía. Culpable de ser tan adictiva como la cocaína o las apuestas, según el último debate abierto en Estados Unidos y el Reino Unido. La última batalla feminista: el porno daña el cerebro masculino Varios expertos advierten de que la pornografía es tan dañina como la cocaína o el juego Buscar sexo por internet, ver películas porno o navegar en la red en busca de fotos de mujeres desnudas es, hoy en día, tan sencillo que se ha convertido en todo un hábito para muchos hombres. Tanto que algunos expertos han lanzado una campaña para concienciar de los efectos adictivos que tiene el exceso de esta práctica. El pistoletazo de salida para este debate lo ha lanzado la escritora y activista feminista y política Naomi Wolf, quien alertó estos días en su blog de la CNN “Global Public Square” de lo que ella bautizó como “problema del porno”. Wolf, autora hace seis años del ensayo “El mito del porno”, alertaba de que los terapeutas sexuales habían detectado una relación entre el notable incremento del consumo de pornografía entre los chicos jóvenes y el “aumento entre la impotencia y la eyaculación precoz entre esa misma población”. Ante estos datos, la conclusión de los expertos, recordaba Wolf, era clara: “La pornografía está desensibilizando sexualmente a los hombres”. Fetichismo sexual En esta línea, la bloguera feminista Sady Doyle admite su preocupación por que el incremento del tiempo que los hombres emplean en buscar porno en internet les esté llevando a exigir más sumisión sexual a sus parejas femeninas en la “vida real”. “Creo que algunas veces -explicó Doyle a la revista del "The New York Times"- es más duro para una mujer decir ‘Yo no entro en este juego’ o ‘Por favor, no quiero hacer eso, hagamos otra cosa’, que decir ‘Por supuesto’. Trasladar toda la responsabilidad a la parte de la pareja que no tiene un deseo o un fetichismo, especialmente si esa persona es la mujer, resucita un montón de viejos comportamientos que suponen la opresión de la mujer”. Del porno por internet a las relaciones sexuales reales El planteamiento de Naomi Wolf ha sido corroborado por una reciente encuesta llevada a cabo por BBC Radio y los expertos de la Clínica Portman, realizada entre más de mil jóvenes británicos de entre 18 y 24 años, según la cual ocho de cada diez hombres buscaban porno en internet, frente al 33% de las mujeres en esa misma franja de edad. Y no sólo eso: mientras ellos empleaban una media de dos horas a la semana consultando vídeos y fotos X en internet, las mujeres lo hacían una media de 15 minutos. El resultado es que frente al 61% de los consumidores habituales de este tipo de contenidos que decía que ver películas X en internet o cualquier otro contenido similar le hacía posponer el deseo de tener relaciones sexuales reales, este porcentaje se reducía al 27% entre los consumidores “moderados” y el 24% de los más ocasionales. En estos casos, tres de cada cuatro preferían la experiencia real al sucedáneo virtual. Los efectos de las imágenes de sexo en el cerebro Según las declaraciones a la BBC del médico de la Clínica Portman Dr. Heather Wood, recogidas por el "Daily Mail", las horas que se pasan viendo imágenes de sexo en internet “pueden tener efectos horribles”. El estudio sostiene que cuatro de cada cinco clientes habituales de porno online, aquellos que superan las 10 horas semanales, es más probable que padezcan un comportamiento “problemático y potencialmente compulsivo”. “Se pasan muchas horas viendo pornografía, pero no se lo pasan bien. Están más preocupados de sí mismos y de cómo les ven los demás, y dan lugar a más problemas de relación con los demás”, aseguró Wood. Además, los expertos a los que alude el estudio afirman que la pornografía desata intensas conexiones emocionales, biológicas y químicas entre la mente y el cerebro, entre otras cosas liberando dopamina, oxitocina, serotonina y norepirefrina, que pueden convertir esta actividad en adictiva. Tan adictivo como la cocaína o el juego Según la escritora Naomi Wolf, esto explica que, al igual que ocurre con el juego o con la cocaína, los pacientes que consumen pornografía en grandes cantidades se sientan siempre insatisfechos y atrapados por la necesidad de seguir accediendo a este material y, sobre todo, ir ascendiendo a la intensidad de las imágenes hasta llegar al porno duro. “Las imágenes sexuales normales pierden pronto su atractivo -señala Wolf en su blog- y se hace necesario buscar otras que rompan tabús para encontrar satisfacción, con lo que aumentan las posibilidades de que se hagan adictos al porno extremo”. “Los habituales del porno se hacen cada vez más adictos, al igual que los jugadores o los cocainómanos necesitan apostar o consumir más y más para satisfacer las mismas dosis de dopamina. En todos estos casos, cuando se libera al consumidor le entra el bajón, se siente irritable, ansioso e impaciente por un nuevo consumo”, concluye la experta en su blog de la CNN.
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