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HACETE EL FINO Y EDUCADO, VOS QUE SOS UNA BESTIA Primera parte: Empilcharse bien ¡Amigo Taringuero! Es bien sabido que la mayoría de los entes que pululan por este sitio distan de tener un gran conocimiento de cómo manejarse en circunstancias sociales, sobre todo cuando se requiere un cierto nivel de formalidad. Esta gente, por vaya a saber uno que designios del destino, acude a reuniones sofisticadas y queda como el cuatro de copas al exclamar “WTF!” cuando ve llegar a la horrible suegra del anfitrión, dice “Fail” a las carcajadas cuando alguien vuelca su copa de vino o ante cualquier chascarrillo de los comensales tuerce la boca, mira hacia ambos lados y grita “EEEEEEEEEEEEEEEEEHHHHHHH!!!!!”. ¡Pero no todo está perdido! Con esta guía vas a evitar el ridículo y lograrás ascender en la escala social. Satisfacción garantizada o te devuelvo tu ordinariez. En esta oportunidad, nos enfocaremos en lo previo a salir: arreglarse y vestirse. Cortarse el pelo: Si sos de los que todavía se hace la raya al costado con el peine como te enseñó tu mamá en tercer grado, es hora de actualizarte. Un buen corte de pelo siempre te favorece. No tengas vergüenza de ir a la peluquería y ojear el catálogo o caer con una foto de un corte que te guste de algún actor o músico. Es más fácil que tratar de explicarle al peluquero cómo querés que te corte y terminar con cualquier cosa en la zabiola. Obviamente, tenés que estar atento a tu tipo de cabello. Si tenés rulos o bucles no intentes un corte de pelo lacio y viceversa. “¡Pero Taringa es metalera y yo tengo el pelo largo!”. Ok, no hace falta que pierdas tu adorada melena, pero asegurate de que el largo no sobrepase los hombros. Peinándote para atrás, con gel y el pelo atado, podés ser elegante y melenudo al mismo tiempo. Negocio redondo. Si se te está cayendo el pelo, la solución es muy simple: asumilo y rapate. No vas a engañar a nadie haciéndote flequillos sospechosos o esa raya al costado que sale desde la oreja. Con esos malabares vas a quedar ridículo, con la bocha afeitada no. El aburrido corte raya al costado. Una buena opción para los que tienen rulos (la cara de bala no está incluída) El pelo largo permitido El dolape rapado y con onda Afeitarse: Así como las minas mejoran (o disimulan) su cara con maquillaje, vos podés hacer lo mismo con tu vello facial. Si tenés una cara redonda y gordita, una barba de bordes prolijos le dará un efecto adelgazante. Eso sí, olvidate de los bigotes y las patillas. No importa que seas fan de Frank Zappa, los 70 ya se fueron y no queda bien andar por ahí con un look Village People. La barba candado o la chivita son alternativas seguras, siempre y cuando te tomes el trabajo de mantenerlas cortas y prolijas. Siempre conviene afeitarse después de ducharse, porque los poros están abiertos. Candado clásico y corto Chivita Vestirse: Muy bien, ya estás limpito y acicalado. Ahora a vestirse. “Má, alcanzame los jeans y la remera de Ac/Dc o de Boca”. ¡NO! Ya estás grande y no vas a un recital o a la cancha todo el tiempo. Es importante vestirse de acuerdo a la edad y la situación. No hay nada más trágico que un tipo de 40 años vestido como un skater o un reggaetonero. Seguramente vos no tenés tantos años, pero es bueno darte cuenta que hay cosas que ya no queda bien usar. Un error común y muy grande es pensar que vestir elegante es calzarse un traje. Eso no queda bien en todos los ámbitos, al igual que el jean y la remera de fútbol o rockera. Para hacerla fácil, acá va una lista de lo que no hay que usar jamás, en ninguna circunstancia: Buzos con nombres de Universidades extranjeras a las que nunca fuiste (ni vas a ir) Chalecos de colores Pulóver con motivos navideños Cualquier tipo de prenda “nevada” Corbata con camisa de manga corta (“¡Pero así le hace Godinez!”, diría Homero Simpson. Ya saben la respuesta a esa exclamación) Zapatos con medias de toalla Minishorts Jeans pinzados o con botamanga Ropa sin planchar Sombreros de Cowboy (sí, me vas a decir que nadie usa eso, pero yo en una sola noche vi tres. Así que ya sabés) Vos no sos Bono, así que olvidate de usar algo así. ¡Ni a un modelo le queda bien este pulover! Después hay otros detalles que la mayoría desconoce, pero que llaman la atención. Por ejemplo, tus zapatos y tu cinturón deben hacer juego (lo más seguro es usar negro con negro) y no hay que ponerse cualquier zapato o cualquier cinturón. El cinto con tachas o de correa que usas con tus amados jeans o bermudas camufladas no sirve para un pantalón de vestir. Un cinto común te va a servir siempre. Respecto al reloj (sí, todavía se usa el reloj. No mires la hora en el celular), uno de malla metálica es lo mejor, ya que queda bien con cualquier ropa. Los relojes deportivos se usan sólo en ocasiones deportivas. Lo mismo va para las billeteras. Sacar esa cosa fluorescente que compraste en el subte de tu fino pantalón a la hora de pagar es un bochorno. Una de cuero marrón oscuro o negra es perfecta (y también te las venden en el subte ). Si no te querés romper el bocho, acá va una lista de cosas que siempre tenés que tener en el placard para salvarte de cualquier situación: Tres remeras negras y tres remeras blancas lisas, sin estampados. Dos pares de jeans diferentes Un pantalón de corderoy negro o marrón oscuro. Un traje oscuro Un saco corto, de cuero o gamuza. ¡Ojo! Un saco, no una campera Dos pulóveres de escote redondo Dos pares de pantalones de vestir oscuros, rectos y sin pinzas. Tres camisas de vestir de un solo color (una de ellas blanca) Dos pares de zapatos negros y clásicos. Quedan bien con pantalones y jeans. No tienen que llamar la atención, pero, por sobre todo, deben ser cómodos. No te fijes en que sean caros o baratos, sino cómodos. Las zapatillas están permitidas en ámbitos informales, pero cuidado, no usés las que llevás al gimnasio. Esas costosas Nike con resortes y colores plateados sirven sólo para entrenar o si sos un delincuente de poca monta. Para situaciones no deportivas, un lindo par de zapatillas de gamuza de Puma, Adidas, o Diesel son geniales. Una cosa más. El saco del ambo que se usa en la oficina no se puede usar con un jean en ocasiones más informales. Para eso están los sacos de corderoy, pana o gamuza. Zapatos clásicos que te salvan siempre Zapatillas elegantes "¡Eh, amego! Altas llantas". Éstas sólo en el gimnasio, por favor Los colores de la ropa: un detalle que varios pasan por alto es que no a todo el mundo le queda bien cualquier color en su vestimenta. La piel es el factor fundamental a la hora de elegir la coloración de una prenda, más allá de que los colores hablan sutilmente. Lo más seguro es ir a los tonos neutros y oscuros. Los colores chillones, estridentes y desagradables son para gente chillona, estridente y desagradable. Para que te sea más fácil, acá va una pequeña lista de colores y lo que transmiten: Rojo: Fuerte y apasionado. Por eso, siempre es bueno usar algo rojo en una situación romántica. Pero nada de aparecer como el Chapulín Colorado. Usá rojos oscuros y opacos y de manera moderada. En reuniones profesionales o de negocios, una corbata roja transmite audacia y confianza. Azul: Tranquilo y amigable. El azul oscuro indica convicción y el claro, simpatía. Si querés hacer sociales, ponete algo azul. Verde: el verde brillante o muy claro no le queda bien a nadie, pero el oscuro es una buena alternativa al azul. Una buena opción para situaciones informales. Amarillo: queda horripilante en la mayoría de los hombres. No, no es alegre ni divertido, es horrible. No uses nada amarillo, por favor. Violeta:Está bueno, pero en pequeñas dosis. Es agradable en corbatas o camisas (nunca en corbatas Y camisas), pero demasiado violeta es eso, demasiado. Naranja: El tono ocre queda bien en personas de tez y cabellos oscuros, siempre que no sea fuerte y chillón. Si sos pálido, olvidate. Marrón: Muy masculino, un color que tenés que tener, ya que le queda bien a la mayoría de los hombres. Lo mejor son los marrones oscuros, sobre todo si tenés la tez muy blanca. Gris: Al igual que el marrón, los tonos oscuros son lo mejor, ya que los claros hacen que parezcas insulso y aburrido. Es una buena alternativa al negro para trajes y pulóveres. Negro: El gran comodín que todo hombre debe tener. El negro sugiere poder, confianza, algo de misterio y, aparte, queda bien con cualquier otro color y es adecuado para cualquier situación. Esto no significa que debás andar por ahí como un darkie, pero una prenda negra siempre te va a favorecer, no importa tu tono de piel o pelo. El traje es para la oficina, un casamiento o un velorio. El perfecto look casual ¡Buenísimo, varón! Ya estás listo para ir a esa fiesta, cumpleaños o cena con tus suegros. O casi, porque más importante que vestir bien es saber cómo comportarse. Segunda parte: Portarse bien "Aunque la vistan de seda, la mona, mona queda", dice un viejo refrán. Y es así. Por más que hayas seguido al pie de la letra la sección anterior, si no sabés cómo comportarte en una reunión social, no habrá traje ni corte de pelo que te salve. Así que vamos a ver un par de tips para que aparte de elegante, seas educado. Si hasta ahora tus salidas consistían en ir a algún boliche a simular bailar y emborracharte hasta vomitar o juntarte con "lo' pibe' " en la plaza a bajarte un tetra, una birra o fumarte algún pastito loco y de repente te sorprenden con una invitación formal a una fiesta en una residencia o una cena en un restaurante, es mejor estar preparado. En una reunión: Te invitaron a una "fiesta" en una casa paqueta, y encima conocés a poca gente. Bueno, no dejes de ir. Podés divertirte y conocer nuevos amigos. No obstante, si bien no estás en el Palacio de Buckingham, debes recordar que sos invitado en una casa ajena y hay que estar atento a determinadas cosas para no quedar como una persona desubicada, descortés e indeseable. Ante todo, recordá que todas las reuniones sociales, más allá de su grado de formalidad o informalidad, se hacen para que los asistentes la pasen bien y se diviertan. Así que relajate y actuá con seguridad. Primero indagá qué clase de reunión es. Algunas veces, la invitación incluye algún código de vestimenta. Si no lo hace, repasá la sección anterior y optá siempre por inclinarte más a la formalidad. De última, siempre habrá ocasión de sacarte el saco y aflojarte la corbata que de tratar de ocultar esa remera con el escudo del Barça. Acordate del color negro si dudas qué pilcha ponerte. Llegar tarde es de mala educación, pero tampoco es conveniente llegar temprano. Entre quince y veinte minutos después de la hora fijada es un buen margen. Si bien en Argentina es muy común que los hombres nos saludemos con besos en la mejilla, esto sólo está bien con gente de mucha confianza. Besá todas las chicas que quieras, pero ante un individuo del sexo masculino, sobre todo si es de edad avanzada, extendé tu mano, dale un apretón firme (pero no uno de esos violentos, que hacen que las cabezas de ambos se sacudan), mirando a los ojos y sonriendo. "Mucho gusto ¿Cómo está?", y listo. Es mejor quedar parco que desubicado. Si sólo conocés al anfitrión, no estés todo el tiempo encima de él. Sé autosuficiente y ponete a hacer sociales. ¡Pero ojo! Una cosa es ser "social" y muy otra "confianzudo" o "pesado". No entrés en demasiada confianza con los otros invitados con mucha rapidez ni te les unas a menos que te den cabida. No te asustes si en determinado momento te encontrás solo. Simplemente paseá por el lugar, mirá el paisaje o admirá los cuadros y decoraciones (sin tocar nada), manteniendo tu postura relajada y digna. Pero a lo mejor te espanta más el hecho de que, efectivamente, te unas al grupo y no sepas cómo participar en la conversación. No te preocupes. Si la charla te abruma, mantené la boca cerrada, sonreí y escuchá atentamente. El papel de tímido puede salvarte y hasta jugarte a favor. Palabras como "perdón", "por favor" y "gracias" tienen que empezar a ser un acto reflejo en tu vocabulario. Tampoco abuses, pero sé atento y la gente va a empezar a querer estar en tu compañía. Conviene también moderar tu volumen de voz (no hables a los gritos, ya no estas en esos boliches con baffles), tu lenguaje (no putees, bajo ninguna circunstancia) y tu temperamento (nunca pierdas la calma si por algún motivo te encontraste en una situación tensa o difícil ni mucho menos vayas a las manos. Siempre dejá que el otro sea el que pierda el control y vas a salir ganando). "Con su permiso, voy a proceder a romperle la cara" Si ya entraste en conversación, nunca jamás interrumpas, por más que estés ansioso por comentar algo. Simplemente esperá tu turno. Otra cosa a tener en cuenta es la temática de la charla. Algunos tópicos son más ríspidos que otros, y es preferible evitarlos. A nadie le intersa saber de tu salud, tu vida sexual ni cuánto dinero ganás. Tampoco te pongas a discutir de fútbol ni de política o religión, aunque seas un bostero peronista católico y enfrente esté un gallina radical protestante. Hacete olimpicamente el burro y si el tema no te gusta, busca la forma de desviarlo sutilmente. Si te resulta imposible, excusate para ir al baño y esperá que se diluya. ¡Ah! Y por último, no bailes si no sabés. En una cena: Todo lo dicho arriba se aplica si te invitaron a una cena, pero hay un par de cosas más a tener en cuenta a la hora de comer. · Apagá tu celular y no recibas llamadas mientras comen. · Esperá a que el anfitrión te indique dónde podés sentarte y no empieces a comer hasta que él lo haga o les pida que lo hagan. · Si te sirven sopa, no la soples ni hagas ruido al sorberla. La sopa se toma como si comieras un postre, no como si te estuvieras bajando una lata de gaseosa con pajita. Cuando estés terminando, inclina un poco el plato hacia vos (ojo que no se vuelque) y recogé la cucharada final. · Ni se te ocurra hablar con la boca llena, no usar la servilleta o inclinarte sobre la mesa. · Tratá de ir al ritmo de los demás comensales. Nada es peor que quedarte con el plato vacío mientras los demás siguen comiendo o retrasar la llegada del postre porque vos todavía no terminaste. · Una vez que hayas terminado, dejá los cubiertos juntos sobre el plato (nunca sobre el mantel) como si fueran agujas de un reloj apuntando a las 11:55. Todo esto te hará quedar como un duque en una cena residencial, pero si la comida tiene lugar en un restaurante medio caretón, hay que saber un par de cosas más. El principal ítem a tener en cuenta es el alcohol. Las épocas de las borracheras devastadoras son cosa del pasado y es hora de que sepas cómo disfrutar verdaderamente de la bebida. En una cena de restaurante es poco frecuente que se acompañe la comida con cerveza, siendo el vino lo más tradicional. Y el vino, querido amigo, no es ese brebaje que viene en caja de cartón. Si te ves en la acuciante situación de tener que elegir qué vino tomar, conviene saber algunas cosas. Basicamente, hay tres tipos de vino: Vinos de mesa: Son los vinos tintos o blancos que se usan para acompañar las comidas. Los tintos son añejos y se sirven a temperatura ambiente, mientras que los blancos se sirven fríos y sin añejamiento. Se eligen después de decidir que se va a comer y esto es por una razón. El vino tinto acompaña carnes rojas, quesos, patés, estofados, pastas con salsa de tomate y faisán (igual, es mejor que no pidas faisán). En tanto, el vino blanco es para carnes blancas (pollo y/o pescado, bah), ensaladas, pastas servidas con crema y comida japonesa o tailandesa (que tampoco te conviene pedir). Vinos espumantes: Son vinos "burbujeantes", como el champagne, que se sirven en ocasiones especiales (como cuando una de las invitadas es Charlotte Caniggia). Salvo que estés en año nuevo, navidad o festejando algo que merezca un brindis, no lo pidas, ya que no es para acompañar el morfi. Vinos con cuerpo: Se elaboran agregando alcohol para vino o brandy. Son vinos algo más fuertes, espesos y pesados (un ejemplo es el Oporto) que se sirven durante el postre o después de la cena, para ayudar a la digestión. Bueno, entonces, basicamente, depende lo que pidas para comer, elegís vino tinto o blanco. Pero no es tan facil, ojo. Ahora tenés que decidir qué tipo de vino tinto o blanco preferís. Veamos algunos... Vinos Tintos Cabernet: Es suave y agradable al paladar, con ciertos toques de ciruela o cerezas. Menos ácido, pero más aromático. Son mejores los de origen francés. Chianti: Fresco y seco, algo más ácido pero liviano y de sabor definido. Son mejores los de origen italiano (ah, y se pronuncia "kianti", para no pasar papelones a la hora de pedirlo). Merlot: Parecido al Cabernet aunque un toque más suave, pero con más cuerpo. Son mejores los de origen francés. Pinot Noir: Liviano, de aroma natural y textura sedosa. Son mejores los de origen francés. (Se pronuncia "pinót nuá" ) Zinfandel: Es un vino rojo, de color brillante y sabor dulce y frutal. Constituye una extravagancia, más bien. No mucha gente lo pide. Son mejores los de origen australiano. Vinos blancos: Chardonnay: Es el más popular de los vinos blancos. Tiene mucho cuerpo y es frutado. Son mejores los de origen francés. (Se pronuncia "shardonéi" ) Chablis: Como el Chardonnay pero un poco más liviano. Son mejores los de origen francés. (Se pronuncia "kablis" ) Pinot Grigio: Liviano, seco, refrescante y de sabor fuerte pero agradable. Son mejores los de origen italiano. Riesling: Tiene menos graduación alcohólica y un sabor más dulce. Son mejores los de origen alemán. Con esto ya podés pedir un vino con confianza, pero si todavía tenés dudas, siempre podés preguntar a tu acompañante o al mozo cuál te recomendarían. Una vez que te sirvan la copa, no lo huelas ni lo veas a trasluz. Vos no sabés nada de enología, así que no trates de presumir, porque te va a salir el tiro por la culata. Si te toca llenar las copas, nunca lo hagas hasta el borde, llená sólo un tercio. Acordate que el vino es un acompañamiento de la comida y tenés que beberlo con calma. Para la sed, está la copa de agua. Una cosita más sobre el vino tinto: después de unas copas, una mancha negra en línea seguramente aparecerá en tu labio inferior. Ayudate con la servilleta o retirate al baño para deshacerte de ella. Una vez terminada la comida, seguramente vendrá el momento del postre o el café. En el primer caso, un flancito o pequeña porción de torta estará bien. En cuanto a lo segundo, no creas que porque ahora hay Starbucks por todas partes ya tenés idea del mundo del café. Un restaurante no es el lugar para pedir un frapuccino o un mocha blanco. Es mejor ir a las variedades clásicas: Expreso: Un café fuerte, al vapor, que se sirve negro y en tazas pequeñas. Capuchino: Es un expreso con leche caliente o crema y una pizca de canela o cacao. Café americano: Un expreso con agua caliente. Cortado: Es un expreso con un poco de leche. Café irlandés: Café mezclado con whisky. ¡Muy bien! Superaste con éxito la comida, la bebida, el postre y la sobremesa. ¡Pero ahora es hora de pagar la cuenta! Cuando la pidas, te van a traer una libreta con el ticket adentro. Simplemente, dejá el dinero o tarjeta de crédito en ese mismo lugar y poné la libreta al borde de la mesa. El mozo pasará a recogerla. Si se paga entre todos, se hace de forma equitativa, pero no te pongas a discutir porcentajes y regatear unos centavos. Siempre llevá plata suficiente para solventar la adición, aún cuando te hayan invitado. En cuanto a la propina, es un 20 por ciento del total de la cuenta. Genial. Ya sos todo un caballero, elegante, educado y hasta con uno o dos conocimientos sobre vinos. Pero de nada te servirá eso si seguís siendo un mamotreto aburridísimo sin temas de conversación, sobre todo si estás buscando conquistar a una mujer. Todo eso en la tercera entrega, que podés visitar haciendo click acá. FUENTE: Es un trabajo propio en base a mi experiencia y consejos de Michael Flocker.
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