Mi viejo solia llevarme de chico al hipódromo de Palermo. Me acuerdo como si fuese hoy, que me alzaba cerca del Disco y me decia "ves ese enáno que esta arriba de ese caballo?, ese enáno es el que se lleva la plata de papá" tambien me diecia que él no jugaba plata en los caballos de carrera, si no que la estaba "depositando" en la cuenta del hipodromo y que algún día la iba a ir a retirar.
La verdad que cuando me acuerdo de estas frases me da mucha risa pero en el fondo pienso lo enfermo que estaba y está este tipo.
Hoy pasaron mas de 20 años y mi viejo te apuesta hasta los segundos que quedan para que cambie la luz del semáforo.
En lo que va de su vida perdió mucha guita, a su mujer y algunos amigos. No es una mala persona, todo lo contrario, pero necesita ayuda.
Buscando un poco de información en la web, descubrí este sitio. Lo quiero compartir con ustedes por si tienen a algún familiar o amigo con este problema.
www.adictosaljuego.com.ar
¿Que es la adicción?
onsideramos a la adicción al juego como una enfermedad de carácter psicológico y no orgánico, aunque el cuerpo se vea comprometido en ella, tanto durante el tiempo de la adicción como de la abstinencia.
Los factores familiares, históricos, personales y las situaciones de pérdida importantes, se tejen para desembocar en esta pasión irrefrenable y devastadora.
El adicto al juego pierde sus bienes y afectos, pero especialmente pierde su capacidad de decidir y llevar adelante acciones responsables.
El jugador compulsivo no puede parar de perder y se envuelve en un círculo fatídico; cree que va a ganar y si gana quiere volver, y si pierde quiere volver a recuperar.
Comprueba que si gana no para de jugar hasta perder todo, luego los reproches y la culpa lo torturan y lo empujan a volver a recuperar lo perdido y lograr cierto alivio.
Dice un paciente "Cuando estoy adentro me olvido de todo, me olvido de mí, no soy, no sé quien soy. El tiempo y el dinero dejan de tener sentido. Es algo que me lleva y que no puedo controlar"
Ese algo lo llamamos la impulsión, la cual no es domesticable y no puede torcerse o convencerse mediante la razón o la voluntad.
El jugador sabe que jugar lo conduce a perder, pero reniega de lo que sabe y sigue creyendo en la magia.
Es importante saber que una vez que se instala este circuito repetitivo el jugador no puede parar aunque quiera. Ya no jugará porque quiere o por placer, sino que necesita jugar y necesita perder.
En este sentido estamos en contra de la opinión popular que considera al jugador como un vicioso; se trata de una enfermedad y hay que tratarla como tal.
Fue recién en 1992 que la ludopatía se incluyó como enfermedad en los manuales de psiquiatría, a pesar de que juegos de azar y apuestas hubo desde siempre y por lo tanto jugadores patológicos también.
La verdad que cuando me acuerdo de estas frases me da mucha risa pero en el fondo pienso lo enfermo que estaba y está este tipo.
Hoy pasaron mas de 20 años y mi viejo te apuesta hasta los segundos que quedan para que cambie la luz del semáforo.
En lo que va de su vida perdió mucha guita, a su mujer y algunos amigos. No es una mala persona, todo lo contrario, pero necesita ayuda.
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onsideramos a la adicción al juego como una enfermedad de carácter psicológico y no orgánico, aunque el cuerpo se vea comprometido en ella, tanto durante el tiempo de la adicción como de la abstinencia.
Los factores familiares, históricos, personales y las situaciones de pérdida importantes, se tejen para desembocar en esta pasión irrefrenable y devastadora.
El adicto al juego pierde sus bienes y afectos, pero especialmente pierde su capacidad de decidir y llevar adelante acciones responsables.
El jugador compulsivo no puede parar de perder y se envuelve en un círculo fatídico; cree que va a ganar y si gana quiere volver, y si pierde quiere volver a recuperar.
Comprueba que si gana no para de jugar hasta perder todo, luego los reproches y la culpa lo torturan y lo empujan a volver a recuperar lo perdido y lograr cierto alivio.
Dice un paciente "Cuando estoy adentro me olvido de todo, me olvido de mí, no soy, no sé quien soy. El tiempo y el dinero dejan de tener sentido. Es algo que me lleva y que no puedo controlar"
Ese algo lo llamamos la impulsión, la cual no es domesticable y no puede torcerse o convencerse mediante la razón o la voluntad.
El jugador sabe que jugar lo conduce a perder, pero reniega de lo que sabe y sigue creyendo en la magia.
Es importante saber que una vez que se instala este circuito repetitivo el jugador no puede parar aunque quiera. Ya no jugará porque quiere o por placer, sino que necesita jugar y necesita perder.
En este sentido estamos en contra de la opinión popular que considera al jugador como un vicioso; se trata de una enfermedad y hay que tratarla como tal.
Fue recién en 1992 que la ludopatía se incluyó como enfermedad en los manuales de psiquiatría, a pesar de que juegos de azar y apuestas hubo desde siempre y por lo tanto jugadores patológicos también.