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Ojo con las histéricas, muchachos

Femme11/25/2010
Antes de empezar, un poco de rigor científico. La historia de la histeria se remonta a la antigüedad: fue descrita tanto por el filósofo Platón como por el médico Hipócrates, y se encuentra recogida antes en papiros egipcios. Un mito de la antigua Grecia relata que el útero deambula por el cuerpo de la mujer, causando enfermedades a la víctima cuando llega al pecho. Esta teoría da cuenta al origen del nombre, pues la raíz proviene de la palabra griega para útero: hystera.Galeno, importante médico del siglo II, escribió que la histeria era una enfermedad causada por la privación sexual en mujeres particularmente pasionales. La histeria se diagnosticó frecuentemente en vírgenes, monjas, viudas y en ocasiones mujeres casadas. La prescripción en la medicina medieval y renacentista era el coito si estaba casada, el matrimonio si estaba soltera y el masaje de una comadrona como último recurso. Aclarado esto, pasemos a la publicación.
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La mujer histérica necesita sentirse una Diosa para funcionar. Ese es el principio básico de lo que los hombres llamamos histeria. Sobre esa base he de edificar el siguiente texto.

Con sus sutiles encantos, las histéricas, retienen a aquellos que, mas de una vez, nos esforzarnos en hacerlas sentir como una deidad. Una sonrisa, una promesa, una llamada en medio de la noche para contarte lo sola que se siente; esas miserables migajas alcanzan para solventar el costo de los patético galanteos que son disparados a mansalva a fin de ganarnos aunque mas no sea, un instante de su mínimo cariño.

"¡Que lindo te quedo el pelo!" "No me mires de esa manera" "Si no fueras casada, serías mía" Inútiles intentos de atrapar a una fiera, a la que no solo tenemos cada vez mas lejos, sino que también, alimentamos y fortalecemos.

Una mujer de estas características (léase: son la mayoría, pero algunas, unas pocas, son "normales", es decir, son humanas) retendrá del modo que sea a su séquito de adoradores, aunque jamas los corresponderá, porque los necesita mas que al aire que respira, pero no desea tener a su lado a un imbécil que se rebaja a rendirle pleitesía, sino, por el contrario, querrá a su lado a aquel que se rehuse a idolatrarla de más.

Sépanlo, mis amigos, al primer halago, sonreirá. Al segundo, dirá gracias. Del tercero en adelante, comenzará la etapa mas prolongada y de la que la histérica no quiere salir jamas, la etapa de la correspondencia; a cada halago, vendrá uno de vuelta, hasta que las señales empiecen a parecer inequívocas. Allí, en ese punto, se producirá el quiebre. El incauto hombre, dejará escapar una propuesta y la histérica la descartará, aunque no rotundamente, porque sigue necesitando del incauto para sentirse una diosa. Y el incauto hombre seguirá haciendo su tarea de alabar al ídolo de barro, pretendiendo alcanzar la gloriosa cuarta etapa, la del contacto físico, mientras que para ella, lo mas bello está en el punto anterior, el del galanteo eterno. Es algo completamente válido, al fin y al cabo, si con nuestras palabras de aliento y halagos hacemos que su animo se exalte, su corazón vibré con mas fuerza y su sonrisa sea aun mas hermosa, es lógico que ella quiera que sigamos diciéndole cosas lindas; pero es nuestra culpa si, rayando el extremo de la imbecilidad, liberamos los cánidos al divisar la presa, sin percatarnos que pretendemos apresar a un tigre.

La histérica necesita sentirse halagada, pero mas aun, necesita sentirse competitiva frente a otras mujeres. La asidua práctica de esta inconducta comparte sus raíces con otras practicas destinadas mas a la respuesta femenina que a la masculina (dieta, moda, maquillaje, etc). Necesita medirse a si misma en la vara de otras mujeres. He ahí otro error de la conducta masculina; el uso de algún tipo de "aliada". Evitemos el uso de celestinas, solo hacen que la histérica se sienta en el camino correcto. Una madre, amiga, vecina, tía, prima o hermana de la histérica no hará un esfuerzo muy distinto de: "¿Por que no salís con Fulanito? Es tan buen tipo... Ojalá le gustase yo". ENORME ERROR. Solo alimenta mas el insaciable apetito de halagos de la histérica, que, a sabiendas de la dominación que ejerce en el o los sujetos de su encanto, no hará mas que seguir provocandolos.

Finalizando; lo mejor que se puede hacer en caso de toparse con una histérica es: reconocerla lo antes posible y dejarla pasar de largo, en lo posible sin mirarla de nuevo; por mucho que nos duela o nos tiente, la única forma de atraparla, es dejarla libre.
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