Dale play a la música para una experiencia mas aterradora.
Esta historia tiene lugar entre los años 60´ mas o menos. Le ocurre a una pobre chica de unos 17 años que se preparaba para una fiesta de graduación. Ya había conseguido una pareja para el baile y como era súmamente coqueta, como casi toda mujer de esa edad, se preparaba para la velada mas importante hasta ese momento de su vida. Se había comprado un lindo vestido, varios aros, un collar precioso, anillos, zapatos, etc. todo parecía perfecto, pero aún así no era suficiente. Ella quería algo aún mejor. ¿Que podría ser? ¿Que podría darle el toque final a su hermoso atuendo? La jovencita pensó y pensó, hasta que se le ocurrió una idea muy a la moda en ese entonces: hacerse un panal en el cabello. Los mas jóvenes se preguntarán, ¿Como que un panal? bueno, en esa época era un peinado muy de moda que consistía en parar el cabello con un gel en spray y darle forma de panal. Si lo desean pueden investigar mas de ello en el buscador de su preferencia. Peo eh aquí un pequeño predicamento: la jóven no podía arreglar otra fecha en la peluquería que no fuese sino 3 días antes del baile, y como se darán una idea ella no podía bañarse luego de hacerse el panal o su hermoso peinado quedaría deshecho. Así que sin mas opción, decidió que pasaría esos 3 días sin lavarse nada mas que el cuerpo para proteger el peinado, y llegado el día se perfumaría todo lo que pudiera para ocultar cualquier olor desagradable.
El primer día pasó sin pena ni gloría preocupandose más por el nerviosismo antes del baile que por su propia higiene corporal. Para el segundo día la cabeza le picaba un poco, pero no podía rascarse demasiado, o naturalmente podía deshacer el peinado. Al tercer día le picaba bastante. Empezaba a desesperarse por salir de ese baile y llegar a su casa a bañarse como corresponde, pero aún no podía.
Llegó el día del baile, y con el el nerviosismo absoluto. La pobre chica pasaba las horas entre una picazón infernal y la presión de ser la más popular del colegio y atraer todas las miradas. Esa noche su chico llegó a su casa en el auto que su padre le había comprado. La joven y el muchacho se dirigieron al baile con muchísima expectativa. Al llegar todo el mundo los veía con admiración. El plan parecía salir a pedir de boca: velada perfecta, pareja perfecta, atuendo y aspecto perfecto. Pero su cuero cabelludo ya no podía mas. La picazón que había disimulado con tanto esfuero empezaba a ser demasiado molesta como para no rascarse, así que con todo el decoro que le fue posible, la muchacha se dirigió al baño. Al entrar, se empezó a rascar frenéticamente. De arriba a abajo y de un lado a otro. A esta altura ya había mandado al diablo sus esperanzas de una velada mágica. Lloraba de la picazón y su maquillaje se corria por su cara, hasta que en un momento sintió que algo le corría por la cabeza, y no eran sus lágrimas: era sangre. El rostro de la chica se transformó en una mueca cada ves mas horrorizada al ver que se empezaba a lastimar la cabeza de tanto rascarse, y de la desesperación gritó. Grito con todas sus fuerzas pidiendo ayuda y sus gritos pronto atralleron a todos en el salón. En minutos todos los jovenes se apresuraron al baño y al entrar cada uno comtemplaba el horror. La jovencita que no se había higienizado la cabeza en 3 días se empezaba a arrancar el pelo a mechones llenos de sangre ya que para el terror de todos los presentes, la cabeza se encontraba llena de insectos.
El tiempo pasó. El panal pasó de moda. Los jovenes siguieron con sus vidas, y la pobre chica jamás volvió a priorizar la belleza a su higiene.
Esta historia tiene lugar entre los años 60´ mas o menos. Le ocurre a una pobre chica de unos 17 años que se preparaba para una fiesta de graduación. Ya había conseguido una pareja para el baile y como era súmamente coqueta, como casi toda mujer de esa edad, se preparaba para la velada mas importante hasta ese momento de su vida. Se había comprado un lindo vestido, varios aros, un collar precioso, anillos, zapatos, etc. todo parecía perfecto, pero aún así no era suficiente. Ella quería algo aún mejor. ¿Que podría ser? ¿Que podría darle el toque final a su hermoso atuendo? La jovencita pensó y pensó, hasta que se le ocurrió una idea muy a la moda en ese entonces: hacerse un panal en el cabello. Los mas jóvenes se preguntarán, ¿Como que un panal? bueno, en esa época era un peinado muy de moda que consistía en parar el cabello con un gel en spray y darle forma de panal. Si lo desean pueden investigar mas de ello en el buscador de su preferencia. Peo eh aquí un pequeño predicamento: la jóven no podía arreglar otra fecha en la peluquería que no fuese sino 3 días antes del baile, y como se darán una idea ella no podía bañarse luego de hacerse el panal o su hermoso peinado quedaría deshecho. Así que sin mas opción, decidió que pasaría esos 3 días sin lavarse nada mas que el cuerpo para proteger el peinado, y llegado el día se perfumaría todo lo que pudiera para ocultar cualquier olor desagradable.
El primer día pasó sin pena ni gloría preocupandose más por el nerviosismo antes del baile que por su propia higiene corporal. Para el segundo día la cabeza le picaba un poco, pero no podía rascarse demasiado, o naturalmente podía deshacer el peinado. Al tercer día le picaba bastante. Empezaba a desesperarse por salir de ese baile y llegar a su casa a bañarse como corresponde, pero aún no podía.
Llegó el día del baile, y con el el nerviosismo absoluto. La pobre chica pasaba las horas entre una picazón infernal y la presión de ser la más popular del colegio y atraer todas las miradas. Esa noche su chico llegó a su casa en el auto que su padre le había comprado. La joven y el muchacho se dirigieron al baile con muchísima expectativa. Al llegar todo el mundo los veía con admiración. El plan parecía salir a pedir de boca: velada perfecta, pareja perfecta, atuendo y aspecto perfecto. Pero su cuero cabelludo ya no podía mas. La picazón que había disimulado con tanto esfuero empezaba a ser demasiado molesta como para no rascarse, así que con todo el decoro que le fue posible, la muchacha se dirigió al baño. Al entrar, se empezó a rascar frenéticamente. De arriba a abajo y de un lado a otro. A esta altura ya había mandado al diablo sus esperanzas de una velada mágica. Lloraba de la picazón y su maquillaje se corria por su cara, hasta que en un momento sintió que algo le corría por la cabeza, y no eran sus lágrimas: era sangre. El rostro de la chica se transformó en una mueca cada ves mas horrorizada al ver que se empezaba a lastimar la cabeza de tanto rascarse, y de la desesperación gritó. Grito con todas sus fuerzas pidiendo ayuda y sus gritos pronto atralleron a todos en el salón. En minutos todos los jovenes se apresuraron al baño y al entrar cada uno comtemplaba el horror. La jovencita que no se había higienizado la cabeza en 3 días se empezaba a arrancar el pelo a mechones llenos de sangre ya que para el terror de todos los presentes, la cabeza se encontraba llena de insectos.
El tiempo pasó. El panal pasó de moda. Los jovenes siguieron con sus vidas, y la pobre chica jamás volvió a priorizar la belleza a su higiene.