InicioParanormalLa Verdad Revelada
Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

Y tuve un sueño, y soñé que estaba en el medio de la cubierta de un portaaviones. Y conmigo había incontables personas, que estaban como desorientadas, sin saber qué hacer ni adónde ir.
Y mire hacia un extremo y vi enormes rascacielos y mucho lujo y poder y gente riendo y bailando; pero no había naturaleza, solo cemento y al ver, esto no sé porque, mi corazón entristeció.
Y mire hacia el otro extremo y vi multitud de gente desnuda, hambrienta y llorando, sin esperanza y sin futuro; y también vi bosques, flores y animales y cuando vi esto, no sé por qué, mi corazón se lleno de alegría.
Y en ese momento el suelo donde estaba comenzó a temblar, y de a poco empezó a inclinarse, y mire hacia los rascacielos, y cada vez estaban más altos, y mire hacia la multitud que sufría y vi que comenzaban a caer al agua.
Y vi correr a los que estaban a mi alrededor hacia los rascacielos, pero la mayoría, caía hacia el otro extremo. Y cada vez, la inclinación era mayor, y era mas difícil alcanzar las torres, todo se movía y no dejaba de temblar, escuché un estruendo y el suelo comenzó a quebrarse entre mis piernas.
Y de pronto se hizo un silencio y los rascacielos dejaron de ascender, y el suelo se habría más todavía, y delante de mí, vi a un Arcángel. Y me dijo que no temiera, que se llamaba Uriel y en su mano vi una espada de fuego, y desplegó sus alas ante mí, y juntos nos elevamos.
Y mire hacia abajo y vi que el portaaviones no era tal, sino toda la tierra que estaba sobre un balancín que ahora estaba partido por el enorme peso de los extremos y que era sostenido por miles de hombres, mujeres y niños encadenados, y las cadenas salían como tentáculos de los edificios y torres.



Y todos nosotros y los Ángeles y los Arcángeles volábamos alrededor de ellos y cantábamos. Y mire a Jesús, a los Apóstoles, a los Ángeles y Arcángeles y descubrí que sus cuerpos celestes estaban constituidos por pequeñas estrellas que eran las almas de los que ya no están. Y vi a mi padre como una estrellita blanca y a mi hermano como una estrellita azul.
Y Jesús se arrodillo a su lado, y vi como levantaba su puño derecho y lo descargaba sobre lo que llamamos América del Norte, y lo volvía a levantar, y lo volvía a descargar sobre lo que llamamos Japón, y lo levanto por última vez y lo descargo sobre lo que llamamos Europa; pero todo lo demás quedo a salvo. Y Uriel nos envolvía a todos con su espada de fuego y nos protegía.
Y los pozos que Jesús había hecho eran tan profundos que no se veía el fondo, y los rascacielos comenzaron a caer en ellos, y los miles que antes reían ahora lloraban y el dinero que tenían en sus manos y que casi no podían cargar, desaparecía en el aire aunque ellos intentaban evitarlo, y su poder también se esfumaba y muchos tenían armas en sus manos, pero no apuntaban a los demás sino a ellos mismos, otros se apuñalaban por la espalda y otros se quitaban los ojos entre sí. Y también vi una bola que iba creciendo y a su paso destruía todo y estaba hecha de películas y series violentas que se alimentaban de la realidad y esta de ellas y que a su pas iba envenenando las mentes de todos los que caían en ella.
Y el mar se enfureció e inundo los campos y ciudades, y la tierra se enfureció y hubo terremotos, y los volcanes enfurecieron y despidieron ceniza y lava, y el aire enfureció y hubo huracanes.



Y vi que esto sucedió a la hora ocho del primer tiempo.
Y trate de encontrar al enemigo que había causado esos desastres, pero no lo encontré, y entonces Uriel me dijo que el enemigo estaba dentro de ellos, que sus corazones estaban llenos y enceguecidos por la avaricia y la codicia, por eso no podían ser salvados, y que Dios solo había acelerado los tiempos.
Uriel me miro y dijo: “Este es el final de los tiempos, pero también es el principio de los nuevos tiempos”
Y cuando no quedo nada en pie, descendimos a la tierra y vi que a pesar de tantas catástrofes, nadie había muerto y los que antes habían sido asesinos, violadores y delincuentes descubrieron ante los demás su desnudez, pues ya no podía haber mentiras, y se arrodillaron y pidieron ser perdonados y sus corazones y los de sus víctimas se llenaron de amor y luz. Y ya no hubo necesidad de doctores, ni medicamentos, ni hospitales pues todos habían sanado. Ni tampoco hubo necesidad de policía, ni militares, ni armas pues todos sabíamos todo de los demás. Y todos conocimos la verdad y nos reconocimos iguales.Y vi que los milagros comenzaron a ser algo cotidiano. La energía era libre, ya no tenía sentido el dinero, la codicia y avaricia eran cosa del pasado. Ya no había accidentes y la muerte era vista como el cierre de una etapa y el comienzo de otra y todos conocíamos nuestras vidas pasadas y entendimos el rol que habíamos jugado en cada una de ellas. Las almas más viejas le enseñaban a las más jóvenes toda su sabiduría y la paz y alegría era el estado natural de todos.

Y vi que todo lo acontecido duró tres tiempos.

Y al despertar vi que no era un sueño.




SifonysII = SifonysIII


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