Registrate y eliminá la publicidad! La caída del tipo de cambio nominal, combinada con el aumento de la inflación y la suba de las retenciones le deja al campo un dólar real por debajo del que tenía en la convertibilidad. Cómo impacta en el resto de los sectores. La persistente pulseada que el Banco Central libra día a día con el mercado financiero para demostrar el poder que tiene para poner el dólar donde lo decida, ha provocado la paradoja de que el Gobierno, que ya no cuenta con el monitoreo del FMI, lleve a cabo una política de bajar el dólar como la que en su momento el organismo recomendó para luchar contra la inflación. De hecho, con el tipo de cambio actual y, considerando la inflación – la que verdaderamente se palpa en los bolsillos de la gente, no la del INDEC–, el tipo de cambio real bilateral con el dólar ha llegado a un valor muy cercano al llamado "dólar de Remes" ($ 1,40). Por estos días, con el BCRA haciendo que la divisa llegue a $3,07 en el mercado mayorista y con tasas de incremento de precios que superan el 20% anual de acuerdo con la mayoría de los analistas, el tipo de cambio real contra el dólar se ubica en $ 1,50 (comparado con $1 de diciembre de 2001). Pero ese valor no es para todos igual. Cada sector, e incluso cada producto, que se exporta se rige por un valor real diferente. Esto por el esquema de retenciones, cuya variación de alícuotas implica imponer la diferencia entre unos y otros. De esta manera, el campo y el sector petrolero son los dos sectores que, en términos reales, menor valor real perciben del dólar. Del otro lado, la industria y particularmente la industria automotriz, son los que mayor tipo de cambio reciben. En términos nominales llegan, incluso, a superar el valor de las pizarras, dada la política de reintegros e incentivos. La apreciación del peso y la decisión oficial de bajar el tipo de cambio nominal deja ahora la divisa en un valor real muy similar al $1,40 que el primer ministro de Economía de Eduardo Duhalde quiso imponer en los agitados días de febrero de 2002. Pero la competitividad que otorgaba el tipo de cambio alto, el pilar fundamental que proponía el modelo K, ha sido primero recortada por la velocidad con la que los precios se dispararon en los últimos dos años a la luz de una política inconsistente en el frente inflacionario. A ese dato se suma el nuevo precio elegido por el Gobierno para el dólar, que a priori parece generar alguna incompatibilidad con el modelo de tipo de cambio alto que parecía haberse instalado para siempre. Por lo pronto, la foto de los últimos días indica que, en términos reales, el "dólar agrario" se encuentra por debajo del 1 a 1 de diciembre de 2001. De acuerdo con el informe mensual de la Bolsa de Cereales, la soja y el girasol cuentan con un tipo de cambio real de $ 0,90. A este precio se llega descontando del valor nominal del dólar (el que figura en las pizarras de las casas de cambio) el porcentaje de retenciones aplicable según la escala de retenciones móviles impuestas el 11 de marzo y el aumento de precios acumulado. En términos nominales, en tanto, el valor del dólar para las oleaginosas es de $ 2, es decir, una vez descontados los impuestos. En el polo opuesto se encuentra la industria y puntualmente el sector automotor que, una vez descontados los impuestos perciben, nominalmente, un dólar cercano a los $ 4. Esto porque cuentan con regímenes especiales y reintegros. Sin embargo, en términos reales el valor es mucho menor ya que también han sufrido el avance de la inflación como en todos los sectores. Una situación similar a la del campo es la del sector petrolero. Con retenciones que alcanzan hasta 65%, el dólar nominal que perciben oscila entre $ 1,70 y $ 1,90, dependiendo el producto de exportación y también el mecanismo de negociación entre refinadoras y petroleras ya que la resolución que impuso sobre los combustibles el último aumento de las retenciones a principios de este año generó una zona gris respecto de los valores del petróleo para tener en cuenta a la hora de aplicar la alícuota correspondiente de retención. INTERÉS. En términos generales, las expectativas de devaluación que se han sembrado en el inconsciente colectivo del público atentan contra la posibilidad de que las tasas de interés bajen ya que cualquier inversor minorista saca sus cuentas rápidamente con este tipo de cambio y, bajo la presunción de que el dólar nominal volverá a subir, no son pocos los que dudan en comprar dólares antes que hacer un plazo fijo. Esto porque, si el dólar volviera al nivel de $3,16 (el valor que tenía antes del conflicto con las retenciones) la rentabilidad contra el tipo de cambio actual será del 23% en términos anuales mientras que, aunque las tasas que ofrecen los bancos son ahora mucho más altas que en el pasado reciente, aún no alcanzan semejante nivel. La apuesta, entonces, es segura. Más allá del desconcierto y desconfianza que genera en el mercado y particularmente entre los ahorristas minoristas, parece poco probable que el Gobierno decida apostar a un dólar más bajo al nivel previo al inicio del conflicto con el campo. De hecho, por esos días el debate se centraba en la expectativa de un retoque hacia arriba, para acercarlo a una cotización de $ 3,20. Claro que el frente inflacionario debía atenderse y eso demoró la intervención del Banco Central, a pesar del reclamo de amplios sectores de la industria, aquejados por la caída de su competitivdad. La tensión con el sector agropecuario, sin embargo, lo cambió todo. Una medida inimaginable como forzar una baja del dólar se convirtió en realidad en cuestión de días, profundizando la preocupación de aquellos que piden un "service" del modelo pero en sentido contrario. Con todo, nadie cree realmente que el Gobierno decida un cambio de modelo que deposite a la administración kirchnerista en un esquema de tipo de cambio real bajo similar al de la convertibilidad. Sin embargo, esto no sería preocupante en un contexto administrado: lo que parece muy distinto del panorama actual, en el que la velocidad de los acontecimientos mandan. El escenario es confuso. Así lo explica el economista Marcelo Lasacano, para quien el problema es que las señales que emite el Gobierno son cada vez más contradictorias y eso incrementa la desconfianza. "Indudablemente que de la manera que el Gobierno ha manejado este conflicto, más ciertas deficiencias en cuanto al tratamiento de temas urgentes como la inflación ha llevado cada vez más intranquilidad a los mercados", señala el economista. INFLACIÓN. Las protestas del sector del agro y las voces que se escuchan del sector industrial pidiendo un tipo de cambio más competitivo tienen una raíz común: la inflación. Esta corroyó las rentabilidades de todos los sectores a punto tal que el dato de recaudación de impuesto a las Ganancias de mayo conocido en la primera semana de junio, por primera vez en mucho tiempo registró una caída interanual en términos nominales. Se trata de un síntoma más del grado de deterioro que ha comenzado a mostrar el modelo K. fuente:http://www.revista-fortuna.com.ar/ed_0262/eco01.html
El dólar que cada uno tiene y nadie quiere
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