Ya se que se habló y se recontraposteó de Jorge Ginzburg en las últimas horas.
Acabo de leer el homenaje de Olé y me emocionó mucho, quisiera compartirlo con ustedes...
Por MARIANO MURPHY
NO SE VA, JORGE NO SE VA
La noticia rebelde
Petiso picarón e irreverente, enamorado de su Vélez, capo del humor hasta para ponerse a jugar ¡al básquet! Un gigante de 1,59. Jorge Guinzburg perdió una final, pero ganó el Premio Maradona: la gratitud de la gente.
Parece joda pero no. Antes de ser capocómico, antes de ser productor y empresario exitoso, antes de ser bochado en la facu de Derecho y antes de manejar un taxi para ganarse la vida, Jorge Guinzburg jugó al básquet. Y eso que todavía no había llegado al 1,59 metro. Lo contó él mismo: "Vivíamos en Capilla del Monte, y cuando veníamos a Buenos Aires las vacaciones eran ir a Vélez, porque mi viejo era hincha. Ahí practiqué judo, ping-pong e incluso básquet, ja... Pero a los 12 años me di cuenta de que el resto pegaba el estirón y entonces dejé". Gigante (gigante no en el sentido, claro, de capturar rebotes en el poste bajo a lo Yao Ming), capturó lo mejor de nuestro humor y fue un jugador de toda la cancha. Trabajó en las célebres Satiricón y Humor (con nuestro Tomás Sanz); fue autor y guionista de la tira cómica Diógenes y el Linyera de Clarín; incursionó en el teatro, en la radio y en la tele fue autor, conductor y productor de infinidad de ciclos humorísticos y periodísticos, como La Noticia Rebelde, Peor es Nada, Guinzburg & Kids (programa con chicos, "donde por primera vez fui más alto que mis compañeros"
, La Biblia y el Calefón, y Mañanas Informales, donde perdió el bigote en una apuesta, pero no perdió las mañas al "reinventar", según sus propios colegas, el horario de la mañana. Con ese programa viajó al Mundial 2006 de Alemania y a la final de la Copa Davis en Rusia, donde lo vimos por la tele alentando al lado del mismísimo Diego. Ahora basta con prender esa misma tele, escuchar la radio o navegar por Internet para entender lo querido que Jorge Guinzburg es. Hay anécdotas, recuerdos, homenajes. Hay bronca y dolor. Voces quebradas. También hay rabia. Rabia y sabor a injusticia. Porque acaso como pasó con el Negro Fontanarrosa, con Castelo, es difícil no preguntarse por qué. Por qué se nos va tanto tipo lindo, tanta sonrisa y talento.
Petiso bendito. Hoy, como diría su amigo Sabina, la vida sabe a trucha. Sabe a mañanas que serán algo más formales, a Amalfitani sin petiso bendito. Bendito porque, fana como pocos, estuvo en las mayores gestas del Fortín. En cada foto en que Vélez esté con una Copa, Jorge aparece ahí. Poniéndose en puntitas de pie. Inflando el pecho con la V azulada. Cuando pocos creían, viajó a Brasil en el 94 y festejó en el Morumbí ante el San Pablo de Telé Santana. Y, somos locales otra vez, también sacó pasaje a Tokio. Todo por Vélez. Su Vélez. El cuadro que heredó de su papá y que dio en herencia. "Una vez, un amigo mío le regaló a uno de mis hijos una camiseta de Boca. Y yo le dije: 'Si llega a hacerse de Boca, nosotros dejamos de ser amigos'. Sentí que me estaba traicionando".
Cuál es el significado de ser del Fortín, le preguntó Olé alguna vez: "El tema es así. A determinados hinchas, el destino no les depara ser campeones. Siempre ganaban Boca, River, de vez en cuando Racing, Independiente o San Lorenzo. Entonces, cuando Vélez salió campeón, estoy seguro de que lo disfruté diez veces más que cualquier hincha de River o de Boca. Si Brad Pitt se levanta a Julia Roberts, y, bueno, es lógico... Ahora, si es el mecánico de la esquina el que se la levanta, para él es diez veces más placentero. Y cuando Vélez fue considerado como el mejor de la época, e incluso del mundo, fue como una fiestita con las diez mejores mujeres del mundo".
Si salvo Carlitos Bianchi, Margarita, los jugadores y el cuerpo técnico, casi nadie creía en que Vélez podía ganarle al San Pablo, lo de Japón fue aún más inverosímil. Tanto creyó que no sólo viajó sino que además, cuando en aquel entonces las apuestas futboleras no eran comunes, en Japón se jugó varios billetes por el equipo del Turco, el Turu, Chila, Trotta, Bassedas... Y ganó, claro que ganó. Fue en ese viaje, además, donde se afianzó la relación con Bianchi. "A partir de ahí --contó Jorge--, nuestras familias se empezaron a conocer. En ese viaje, entre jugadores, cuerpo técnico y dirigentes estaba copada la primera clase, y viajábamos en turista. Pero como iba el papá de Bianchi, Carlos le dejó el lugar y se sentó con nosotros. Fuimos de punto, nadie daba dos mangos. Y salvo los diez primeros minutos, los pasamos por arriba".
Petiso maldito. Entrevistó desde Diego hasta Pelé, pasando por los presidentes. Maldito e irreverente, se animó a preguntarle al reservado Bianchi su clásico: ¿cómo fue tu primera vez en el amor? Fue en 1996 (no la primera vez de Bianchi, sino cuando Guinzburg se lo preguntó). Era en la cena-despedida del técnico, que se iba a la Roma. Bianchi, tal vez sólo porque Jorge era el que se lo preguntaba, se animó a contar: "Fue en mi noche de bodas y tras cinco años de noviazgo. Esa contención desembocó en mi hijo que mide 1,96 y calza 46". Y apuntó a la altura de jockey del conductor: "Mirá si tus viejos se hubiesen contenido cinco años...".
Ayer, la noticia de su muerte conmovió a todos. Jorge estaba internado desde el jueves en el sanatorio Mater Dei. Sufría una afección pulmonar. En febrero había cumplido 59 años. Pocos. Muy pocos.
Parece joda, pero no.
PD: Si hay que eliminarlo, adelante. Con que alguien lo haya leido y se haya emocionado como yo me alcanza.
Chau Jorge, saludos a Adolfo y al Negro.
Gracias por tantas sonrisas...


Acabo de leer el homenaje de Olé y me emocionó mucho, quisiera compartirlo con ustedes...
Por MARIANO MURPHY
NO SE VA, JORGE NO SE VA
La noticia rebelde
Petiso picarón e irreverente, enamorado de su Vélez, capo del humor hasta para ponerse a jugar ¡al básquet! Un gigante de 1,59. Jorge Guinzburg perdió una final, pero ganó el Premio Maradona: la gratitud de la gente.
Parece joda pero no. Antes de ser capocómico, antes de ser productor y empresario exitoso, antes de ser bochado en la facu de Derecho y antes de manejar un taxi para ganarse la vida, Jorge Guinzburg jugó al básquet. Y eso que todavía no había llegado al 1,59 metro. Lo contó él mismo: "Vivíamos en Capilla del Monte, y cuando veníamos a Buenos Aires las vacaciones eran ir a Vélez, porque mi viejo era hincha. Ahí practiqué judo, ping-pong e incluso básquet, ja... Pero a los 12 años me di cuenta de que el resto pegaba el estirón y entonces dejé". Gigante (gigante no en el sentido, claro, de capturar rebotes en el poste bajo a lo Yao Ming), capturó lo mejor de nuestro humor y fue un jugador de toda la cancha. Trabajó en las célebres Satiricón y Humor (con nuestro Tomás Sanz); fue autor y guionista de la tira cómica Diógenes y el Linyera de Clarín; incursionó en el teatro, en la radio y en la tele fue autor, conductor y productor de infinidad de ciclos humorísticos y periodísticos, como La Noticia Rebelde, Peor es Nada, Guinzburg & Kids (programa con chicos, "donde por primera vez fui más alto que mis compañeros"

, La Biblia y el Calefón, y Mañanas Informales, donde perdió el bigote en una apuesta, pero no perdió las mañas al "reinventar", según sus propios colegas, el horario de la mañana. Con ese programa viajó al Mundial 2006 de Alemania y a la final de la Copa Davis en Rusia, donde lo vimos por la tele alentando al lado del mismísimo Diego. Ahora basta con prender esa misma tele, escuchar la radio o navegar por Internet para entender lo querido que Jorge Guinzburg es. Hay anécdotas, recuerdos, homenajes. Hay bronca y dolor. Voces quebradas. También hay rabia. Rabia y sabor a injusticia. Porque acaso como pasó con el Negro Fontanarrosa, con Castelo, es difícil no preguntarse por qué. Por qué se nos va tanto tipo lindo, tanta sonrisa y talento.
Petiso bendito. Hoy, como diría su amigo Sabina, la vida sabe a trucha. Sabe a mañanas que serán algo más formales, a Amalfitani sin petiso bendito. Bendito porque, fana como pocos, estuvo en las mayores gestas del Fortín. En cada foto en que Vélez esté con una Copa, Jorge aparece ahí. Poniéndose en puntitas de pie. Inflando el pecho con la V azulada. Cuando pocos creían, viajó a Brasil en el 94 y festejó en el Morumbí ante el San Pablo de Telé Santana. Y, somos locales otra vez, también sacó pasaje a Tokio. Todo por Vélez. Su Vélez. El cuadro que heredó de su papá y que dio en herencia. "Una vez, un amigo mío le regaló a uno de mis hijos una camiseta de Boca. Y yo le dije: 'Si llega a hacerse de Boca, nosotros dejamos de ser amigos'. Sentí que me estaba traicionando".
Cuál es el significado de ser del Fortín, le preguntó Olé alguna vez: "El tema es así. A determinados hinchas, el destino no les depara ser campeones. Siempre ganaban Boca, River, de vez en cuando Racing, Independiente o San Lorenzo. Entonces, cuando Vélez salió campeón, estoy seguro de que lo disfruté diez veces más que cualquier hincha de River o de Boca. Si Brad Pitt se levanta a Julia Roberts, y, bueno, es lógico... Ahora, si es el mecánico de la esquina el que se la levanta, para él es diez veces más placentero. Y cuando Vélez fue considerado como el mejor de la época, e incluso del mundo, fue como una fiestita con las diez mejores mujeres del mundo".
Si salvo Carlitos Bianchi, Margarita, los jugadores y el cuerpo técnico, casi nadie creía en que Vélez podía ganarle al San Pablo, lo de Japón fue aún más inverosímil. Tanto creyó que no sólo viajó sino que además, cuando en aquel entonces las apuestas futboleras no eran comunes, en Japón se jugó varios billetes por el equipo del Turco, el Turu, Chila, Trotta, Bassedas... Y ganó, claro que ganó. Fue en ese viaje, además, donde se afianzó la relación con Bianchi. "A partir de ahí --contó Jorge--, nuestras familias se empezaron a conocer. En ese viaje, entre jugadores, cuerpo técnico y dirigentes estaba copada la primera clase, y viajábamos en turista. Pero como iba el papá de Bianchi, Carlos le dejó el lugar y se sentó con nosotros. Fuimos de punto, nadie daba dos mangos. Y salvo los diez primeros minutos, los pasamos por arriba".
Petiso maldito. Entrevistó desde Diego hasta Pelé, pasando por los presidentes. Maldito e irreverente, se animó a preguntarle al reservado Bianchi su clásico: ¿cómo fue tu primera vez en el amor? Fue en 1996 (no la primera vez de Bianchi, sino cuando Guinzburg se lo preguntó). Era en la cena-despedida del técnico, que se iba a la Roma. Bianchi, tal vez sólo porque Jorge era el que se lo preguntaba, se animó a contar: "Fue en mi noche de bodas y tras cinco años de noviazgo. Esa contención desembocó en mi hijo que mide 1,96 y calza 46". Y apuntó a la altura de jockey del conductor: "Mirá si tus viejos se hubiesen contenido cinco años...".
Ayer, la noticia de su muerte conmovió a todos. Jorge estaba internado desde el jueves en el sanatorio Mater Dei. Sufría una afección pulmonar. En febrero había cumplido 59 años. Pocos. Muy pocos.
Parece joda, pero no.
PD: Si hay que eliminarlo, adelante. Con que alguien lo haya leido y se haya emocionado como yo me alcanza.
Chau Jorge, saludos a Adolfo y al Negro.
Gracias por tantas sonrisas...

