Con la nueva relación combustibles-precios de alimentos, el mundo asiste a una nueva forma de crueldad civilizatoria. No solo "capitalista" porque en ella participan también países "socialistas". Pero rigurosamente capitalista, sin comillas, porque se debe a una lógica de acumulación de capital, ´para la obtención de ganancias o de poder estratégico, sin importar las consecuencias sociales inmediatas para amplios sectores de la población y de largo plazo para todo el mundo
En la edición de ayer de El País de Madrid, el secretario de Agricultura español Josep Puxeu sostiene "Es verdad; desde Koto, debido a los biocombustibles, el percio de los cereales ya estará para siempre ligado al precio del petróleo, y esto cambia el juego". El comentario se debe a la disparada de los precios de los alimentos en España (30% anual para la leche, 14% el pan, 10% los huevos, lo que ponen esos animales que son maíz -insumo de biocombustibles- transformado en gallinas.
Lo mismo está sucediendo en toda Europa, afectada por una creciente inflación alimenaria
Pero el problema es mas grave. Puxeu refiere al inquietante artículo de The Economist (no de New Left Review) del 8 de diciembre, que especula que el tiempo de los alimentos baratos se acabó y que pueblos no productores, como muchos africanos, van a sentir el impacto, en muchos casos en la forma de hambre.
En la Argentina ese problema está relativamente contrapesado por que el país es productor y porque las retenciones desacoplan en alguna medida precios internos y externos
Pero para el país y el mundo el problema está planteado
Desde el punto de vista del desarrollo, y en términos globales, utilizar alimentos producidos con recursos no renovalbes o que se desgastan en el curso de la producción, para producir combustible sería razonable si semejante esfuerzo se dedicara a un proceso de acumulación de capital con distribución del ingreso y del progreso tecnologico.
Pero en la actualidad se usa básicamente para alimenar una acumulación concentracionista, formas de desarrollo destructivas del ambiente como las de China y Estados Unidos, en primer lugar, y el consumo irracional de combustible en automóviles o funcionamiento de aparatos eléctricos suntuarios o no indispensables.
Así vamos.
En la edición de ayer de El País de Madrid, el secretario de Agricultura español Josep Puxeu sostiene "Es verdad; desde Koto, debido a los biocombustibles, el percio de los cereales ya estará para siempre ligado al precio del petróleo, y esto cambia el juego". El comentario se debe a la disparada de los precios de los alimentos en España (30% anual para la leche, 14% el pan, 10% los huevos, lo que ponen esos animales que son maíz -insumo de biocombustibles- transformado en gallinas.
Lo mismo está sucediendo en toda Europa, afectada por una creciente inflación alimenaria
Pero el problema es mas grave. Puxeu refiere al inquietante artículo de The Economist (no de New Left Review) del 8 de diciembre, que especula que el tiempo de los alimentos baratos se acabó y que pueblos no productores, como muchos africanos, van a sentir el impacto, en muchos casos en la forma de hambre.
En la Argentina ese problema está relativamente contrapesado por que el país es productor y porque las retenciones desacoplan en alguna medida precios internos y externos
Pero para el país y el mundo el problema está planteado
Desde el punto de vista del desarrollo, y en términos globales, utilizar alimentos producidos con recursos no renovalbes o que se desgastan en el curso de la producción, para producir combustible sería razonable si semejante esfuerzo se dedicara a un proceso de acumulación de capital con distribución del ingreso y del progreso tecnologico.
Pero en la actualidad se usa básicamente para alimenar una acumulación concentracionista, formas de desarrollo destructivas del ambiente como las de China y Estados Unidos, en primer lugar, y el consumo irracional de combustible en automóviles o funcionamiento de aparatos eléctricos suntuarios o no indispensables.
Así vamos.