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¿Quién compuso el Greensleves?

Arte2/12/2017
De todos es sabido que el Greensleves es una canción y melodía tradicional del folklore inglés, básicamente sobre un motivo que sigue la forma denominada romanesca. Aunque existe una leyenda, muy extendida, que asegura que fue compuesta por el Rey Enrique VIII de Inglaterra (1491-1547) para su amante y futura reina consorte Ana Bolena. Ana, que era la hija más joven de Tomás Bolena, primer conde de Wiltshire, rechazaba los intentos de Enrique de seducirla. A este rechazo aparentemente se alude en la canción, cuando el autor escribe «cast me off discourteously» («me repudias descortésmente»). No se sabe si la leyenda es cierta, pero la canción todavía se asocia comúnmente a dicha dama en la opinión pública. Probablemente circuló en forma de manuscrito, como mucha música de uso social, mucho antes de que fuera impresa. Una canción con este nombre se registró en la London Stationer’s Company (Compañía de Impresores de Londres) en 1580, como A New Northern Dittye of the Lady Greene Sleeves. No se conoce ninguna copia de esa impresión. En la obra conservada A Handful of Pleasant Delights (1584) aparece como «A New Courtly Sonnet of the Lady Green Sleeves. To the new tune of Green sleeves». Es discutible si esto sugiere que había en circulación una vieja canción de «Greensleeves» o cuál de ellas es la melodía que nos es familiar. Sea quien sea el autor, hablamos de una de las piezas más conocidas del Renacimiento. Aquí dejo una versión del maestro Savall. Una delicia, diría yo. En cuanto a la letra, hay muchas versiones, como un lamento convencional de amante, a menudo variando simplemente en la densidad silábica. Esta es la primera versión impresa: Alas my love, ye do me wrong, to cast me off discourteously: And I have loved you so long Delighting in your companie. Muchas versiones usan una gramática puesta al día, o bien una mezcla. He aquí la misma estrofa en una versión más ligera: Alas, my love, you do me wrong To cast me out discourteously, For I have loved you for so long, Delighting in your company. Letra renacentista: Alas my loue, ye do me wrong, to cast me off discurteously: And I haue loued you so long Delighting in your companie. Enrique VIII Enrique fue coronado Rey de Inglaterra en 1509, casándose con la viuda de su hermano, Catalina de Aragón, la primera de las seis mujeres que le acompañarían durante su vida. Desde el momento de ascenso al trono la música pasa a ocupar un lugar prominente en la corte. Tratándose de un rey joven (apenas tenía 17 años) y con gusto por la diversión y el ambiente cortesano, la música aparece en todo tipo de ceremonias: reuniones con jefes de estado y embajadores, procesiones, banquetes, justas… El incremento de músicos en la corte es otro factor que habla por sí mismo de la creciente importancia de la música: si apenas 60 años antes, en época de Eduardo IV, eran 5 los músicos permanentes en la corte, con Enrique VIII el número asciende a 58, entre los que hallamos documentados ocho violas, siete sacabuches, siete flautas, dos laúdes, un virginal y un rabel, entre otros. Impresiona también la gran colección de instrumentos de que disponía, inventariada en 1547, tras su muerte. Como cuentan las fuentes, gustaba de oír a los demás, pero también se recoge que él mismo fue intérprete al laúd, al órgano y también al virginal, incluso de cornetto y otros instrumentos como el gitteron-pipe y el flute-pipe, todos ellos de viento. Y sobre todo, estas mismas fuentes inciden en cómo el monarca escribía sus propias canciones para después interpretarlas. Hemos llegado al Enrique VIII compositor. Al laúd y también a la pluma Al Enrique VIII compositor se le ha tratado de las maneras más contrapuestas: desde poco más que un farsante, por copiar completamente obras continentales y sólo añadirles su firma, a la visión del genio que revolucionó la música de su tiempo en Inglaterra, acuñando la intemporal “Greensleeves”. Como suele ocurrir en estas ocasiones, el término medio suele llevarnos a la opción más cercana a la realidad: es cierto que sus obras se inspiraron en música continental europea y que algunas de ellas se construyeron sobre piezas prexistentes –una costumbre muy común– pero no sería correcto afirmar que la mayoría de su obra es pura copia. El único caso demostrable de plagio es “Gentil prince de renom”, una chanson donde las tres voces principales se recogen en un manuscrito veneciano publicado en 1501 (Enrique tenía apenas 10 años de edad). Su contribución a estas fue una cuarta voz, sin letra (quizás con vistas a una posible interpretación puramente instrumental), que los teóricos definen como extremadamente débil. Ah, y por supuesto, su firma. Tanto esta chanson como el resto de piezas atribuidas al monarca se conservan en el conocido como “Manuscrito de Enrique VIII”, compilado en 1518 y que incluye también obras de otros compositores contemporáneos, como Cornysh, Cowper o Fairfax, o continentales, como Barbireau o Compère. Además de las piezas recogidas en este manuscrito, se sabe que Enrique escribió dos misas en cinco partes, que hoy se encuentran perdidas, y un motete religioso, “Quam pulcra es”. Que sepamos esta fue toda su aportación a la música sacra. El nivel de estas composiciones ha sido muy discutido. En algunos casos, parece ser que las piezas han llegado hasta nosotros más por el renombre de su autor que por su calidad musical, pero sobre todo es innegable que las piezas en lengua inglesa tienen interés por sí mismas, que enganchan. No hay más que ver el caso de “Pastime with good company” (de donde proviene el título de este artículo), una obra donde se refleja la juventud del rey y su gusto por la diversión, tal como reza el título, en buena compañía. Ciertamente, Enrique VIII no fue un compositor revolucionario, ni su producción musical marcó un antes y un después.3 Pero su legado en este campo fue más allá: su interés por la música le proporcionó a músicos y compositores un lugar destacado en su corte y en las que le sucedieron, creando un espacio que, marcado por la Reforma religiosa del rey, sería caldo de cultivo para los grandes nombres en la música de la era Tudor, como Christopher Tye, Thomas Tallis o William Byrd. Y cierto es, no hemos vuelto a hablar de “Greensleeves”. Probablemente fuese de origen isabelino y basado en un estilo de composición italiano que no llegó a Inglaterra hasta mucho después de la muerte de Enrique.
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