Acerco la mirada, una vez más, hacia el recuerdo tuyo pintado en el lienzo de mi memoria,
donde destrozado me doy cuenta que tu Ser no es mas que un anhelo latente del pasado.
Ahora no quedan recursos, faltan balas para evadir mi pensar y así reprimir mi vivir.
Me sitúo lentamente en donde no queda nada de mi, en ese punto, donde tampoco queda nada de ti.
En el suelo no encuentro tu sombra, en mis paredes no encuentro tu esencia
y es que lentamente te has vuelto solo un espejismo oculto detrás de las miradas,
donde estirar mi brazo para rozarte y nuevamente no poder alcanzarte es en vano.
Es que solo el pasar del tiempo no desclava la daga de tus ojos profundos en mi corazón.
El ruido del reloj no es mas que un patrón de lo que ya se estuvo repitiendo,
lo que dejo atrás no es mas que un testigo fiel de la aparición de mis heridas,
que gota a gota, cada lagrima teñida de rojo derramada en tu nombre, me devuelve tu voz,
dejando entre cicatrices un suspiro tuyo de primavera distorsionando el sonar del viento.
En una danza casi espectral donde nuevamente reposo en tu cuello, acariciando tu cabello,
rogándole al destino que el perfume no se desvanezca quitándome tu presencia abstracta.
Nuevamente todo cayó en el firmamento, deseoso por tener una parte de mi lamento ciego,
un acto involuntario, un momento perdido en mi mañosa forma de hacerme daño, sin saberlo.
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