Pasaba a menudo cerca de los hornos crematorios, donde había cuatro metros de cadáveres. Un amigo checo me decía: ‘Ves, mañana o pasado mañana saldremos por la chimenea. Jamás podrá volver a suceder algo parecido. Somos los últimos en ver una cosa así’. Más adelante, cuando la carga interior se hizo demasiado fuerte, cuando los recuerdos del campo resurgieron en mí, empecé a pintarlos, años más tarde, y me di cuenta de que no era cierto. No somos los últimos. (…) Todo lo que tenía dentro tenía que surgir algún día. El detonante fueron los sucesos del mundo que se empezaron a repetir por todas partes, las guerras, las matanzas. (…) Cosas parecidas a las que nosotros, en Dachau, creíamos que no era posible que se repitieran jamás, todavía se repiten. Lo horrible es innato en el hombre -no sólo en una sociedad que fuera aberrante- y he sentido el deber de decirlo así.
Zoran Mušič

La Historia, ese fragmento en la vida de cada uno de nosotros que se extiende inevitablemente por los senderos de todo nuestro andar, forjando así, innumerables memorias, recuerdos y fracciones de todas y cada una de las experiencias que lo conforman.
Inevitablemente muchos de esos recuerdos se encuentran incrustados en la memoria presente de nuestros días, llevándonos así a recrear de manera casi real lo que en un pasado ya hemos vivido y que no siempre es grato recordar. Muchas de las heridas de nuestra vida yacen incrustadas en estos fragmentos de recuerdos que han ido marcando nuestra historia. A ellos les debemos, en repetidas ocasiones, largas noches de desvelo, pesadillas y una profunda inconsistencia emocional.

Para Zoran Mušič su historia fue sin duda un extenso manantial del que brotaron muchas cosas que lo marcaron de por vida. Pintor esloveno que gastó más de la mitad de su vida radicando y trabajando en Venecia y París.

La segunda Guerra Mundial, marcó rotundamente la historia de la humanidad y sobre todo la vida de cada persona capturada y violentada por los nazis.
Dentro de un grupo de personas que fueron detenidas en Venecia y posteriormente destinadas a un campo de concentración en Dachau estaba Zoran Music, quien fue torturado, privado de su libertad, condenado por su cultura y creencia religiosa y que padeció -junto a otros miles de rehenes- las iniquidades de algunos jefes políticos y militares.

Zoran necesitaba expresar lo que no podía sacar de su mente, y fue a través del dibujo y bocetos que plasmaba su estar en aquel campo de concentración; los realizaba a escondidas de los guardias nazis: robando, escudriñando y mendigando encontraba la manera de obtener el material suficiente para realizar sus dibujos. Su permanencia en Dachau le bastó para realizar alrededor 150 dibujos, los cuales 25 años después de haber sido liberado, le abrirían paso a componer una de sus más aclamadas series llamada No somos los últimos, en la que logra proyectar a través de sus recuerdos la desastrosa experiencia de vivir el largo holocausto de 1939-1945.

Su arte hace mucho más que expresar el recóndito dolor y desesperación de las personas que sufrían todo tipo de maltrato. Su arte es un fuerte grito de persistencia, de lucha, de levantarse cada día aún sabiendo que la realidad seguía siendo la misma.

Los trazos de sus dibujos recorren el ancho espacio de la poca luz de las celdas del campo de concentración, cada línea, cada curva, cada recta conoce perfectamente -y de memoria- los tétricos pasillos de la maldad, de la vergüenza y de la cobardía. Su lápiz aniquila toda presencia de pantomimas políticas y raciales, rompe con la cohibido de la imaginación y despierta en todos la capacidad de crítica, protesta y de negación ante la muerte y la decadencia humana.

Basta detenerse a mirar cada cuadro pintado, cada persona proyectada, para encontrarse con el atónito grito de desesperación que yace intacto y petrificado en las paredes de la memoria de cada una de las personas que viven inmersas en la dinámica del recuerdo, del dolor y la búsqueda de la sanación de sus heridas.

Muchas personas encuentran en el arte la manera de exorcizar aquellos monstruos y voces que se han incrustado en su mente, este pintor logró plasmar aquello que, probablemente, lo despertó más de una vez a causa de las pesadillas que le causaba.
