“Primero aconsejé a nuestro amigo que lo colgara en un buen lugar y por largo tiempo, y mientras se les buscaba por el mundo entero, nuestros devotos jueces reinaron en el Mexico-City, sobre borrachos y rufianes”.
En medio de la náusea y el existencialismo de Camus, el libro de “La Caída” guarda un interesante guiño a una de las obras más importantes en la historia del arte, la cual mantiene una estrecha relación con la historia del viejo continente. Censurada, casi quemada, desmembrada y robada, es una de las primeras joyas artísticas del Renacimiento, y fue objeto de deseo de los hombres más importantes de las esferas políticas y militares de más de cuatro siglos. ¿Cuál fue la obra que un borracho empeñó a cambio de ginebra en un turbulento bar de Amsterdam que lleva el nombre de la capital mexicana?
Un joven pintor flamenco, de nombre Jan van Eyck, se dio a la tarea de perfeccionar el trabajo de su recientemente fallecido hermano para terminar una de las obras más ambiciosas de la época que tenía como fin decorar la Catedral de San Bavón en la ciudad belga de Gante. Si el Panolíptico de Gante se mantiene abierto, el espectador observará en dos filas, 12 paneles con diferentes pasajes bíblicos que en conjunto conforman una peregrinación de jueces, caballeros, peregrinos y ermitaños para adorar al cordero divino. La muerte de Jesús es representada con una oveja que poco a poco vierte su sangre en un cáliz que dará pie al rito cristiano más importante: la comunión del cuerpo y sangre de Cristo. Desde las alturas una figura divina con la ambigüedad de representar a Jesús o Dios, rige el universo a sus pies junto a Juan el Bautista y la Virgen María, mientras un coro de ángeles ameniza el momento y, Adán y Eva miran desde fuera la escena.
Por el contrario, cuando el panolíptico se cierra, como permanece gran parte del año, la anunciación a la Virgen María recibe la atención, mientras que dos paneles representan a Juan el Bautista y Juan el Evangelista. Dos profetas y dos sibilas están representados en la parte superior mientras que los patrocinadores de la obra, Jodocus Vijd y Elizabeth Borluut concluyen la representación. ¿Cuál es la importancia de esta obra de carácter religioso?
Según la historia del arte, esta fue la primera gran pintura de aceite en el mundo, pues van Eyck fue el primer artista en explorar las capacidades de esta técnica en óleo y es el responsable de abrir camino en el realismo artístico hacia lo que más tarde se definió como el estilo renacentista. Actualmente, es estudiada como una llave para entender las representaciones cristianas y su capacidad de educar a quienes asistían diariamente a misa. El detalle de la pintura es tal que puedes observar los finos trazos que emulan los caballos de los corceles, las líneas que asemejan el pasto e incluso las marcas de edad entre los peregrinos.


La trágica historia que persigue a la obra tiene varios puntos claves que enarbolan el misterio de cómo ésta ha sobrevivido al tiempo y a la codicia. Por ejemplo, en 1566, una turba de protestantes irrumpió en la catedral con la intención de prenderle fuego por considerarlo objeto de idolatría y excesos cristianos para la población, pero no lo lograron porque había sido traslada a la torre de la catedral . Siglos más tarde, Napoleón ordenó que algunos paneles fueran trasladados a París, mismos que fueron devueltos tras el exilio definitivo del Emperador. Sin embargo, en el siglo XIX, el vicario de San Bavón decidió vender los paneles a los prusianos, por lo que algunos terminaron en Berlín. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, un canónigo ocultó los paneles que aún quedaban en Gante, mientras que los alemanes los buscaban para completar la colección. Con la derrota alemana y los subsecuentes Tratados de Versalles, las autoridades internacionales ordenaron que los paneles fueran devueltos en su totalidad a la Catedral de San Bavón. Y cuando parecía que la Humanidad podría disfrutar de la obra en su totalidad, cayó la noche del 11 de abril de 1934.
A la mañana siguiente, la gente se arremolinó frente al altar de la catedral , un tanto consternada por lo que sus ojos no veían, pues uno de los paneles del Prolíptico de Gante había desaparecido; los jueces habían dejado de cabalgar hasta el cordero sangrante. Un rumor cuenta que sólo se encontró una nota que decía “Tomado por Alemania por el Tratado de Versalles”. Uno de los policías, curioso ante el tumulto se acercó a preguntar, y al conocer el porqué de la parálisis social, prefirió atender una queja de robo en una tienda de queso frente a la Catedral . Años más tarde, el oficial confesaría que su decisión se basó en que “eran épocas de crisis y el queso era una cuestión fundamental en esos años”. La obra que había sobrevivido incendios, robos anteriores e incluso una venta poco esclarecida, volvía a estar en peligro.
Así comenzó un juego de cartas entre el ladrón y la policía. El sujeto que firmaba con la siglas D.U.A. (¿Deutschland über alles?) pedía 1 millón de francos belgas a cambio del cuadro, y aunque el clérigo pretendía reunir la cantidad, la policía los contuvo porque sospechaban que era una treta. El misterioso hombre respondió con una carta pidiendo que recogieran un paquete en la estación de trenes de Bruselas. Escépticos, encontraron un paquete envuelto que contenía la cara exterior del panel con el retrato de San Juan Bautista. La demanda, el ladrón y el misterio eran tan reales como la investigación que no llevaba hacia ningún lado.
Algunos señalaban a los alemanes, otros apuntaban a un simple oportunista y había quienes olían una teoría de conspiración por parte del clérigo por ocultar algo aún más grande. Era noviembre, y Arséne Goedertier, militante católico y corredor de bolsa, sufría un infarto mientras intentaba contactar a su abogado. En sus últimos suspiros, confesó ser la única persona en el mundo que conocía la ubicación del panel y detalló que el secreto se hallaba en una nota de su mesa de escribir. Tras su muerte, el abogado revisó sus papeles y encontró una nota que decía “[El panel] está en un lugar en el que ni yo ni nadie puede tomarlo sin llamar la atención de todo el público”. Conectando la relación de Goedertier y un posible escándalo financiero de la Iglesia oculto que uso el Prolíptico como cortina de humo, la historia apuntó a Goedertier como culpable. Sin embargo, el panel nunca fue encontrado.
Considerada la obra que marcó el camino hacia el realismo en el Renacimiento, la codicia voló de nuevo sobre los paneles de Gante, esta vez en figura del deseo nazi por complacer quizás la más grande obsesión de Hitler. El régimen ario, por instrucciones del máximo mandatario alemán, planeó la construcción de toda una ciudad cultura en Linz, próxima al pueblo natal del Führer. Coronando este enorme complejo a cargo de Albert Speer, se erigiría el “Führermuseum” que albergaría la más grande colección de arte en el mundo y que estaría coronada con el Prolíptico de Gante. Tras la ocupación nazi de Bélgica, los 11 paneles restantes fueron sustraídos por los nazis y almacenados con cientos de miles de obras europeas más. Sin embargo, en 1944, Goebbels mandó al detective del arte, Heinrich Köhn, a encontrar a los Jueces Justos para ofrecerlo como un regalo a Hitler.
Las conclusiones del enigmático personaje arrojaron que el panel había estado oculto en la Catedral pero fue cambiado de sitio para evitar que él lo encontrara. Incluso, consultando a la viuda de Goedertier, ésta confesó que su difunto esposo había comentado, a manera de acertijo: “Lo que no está en su lugar, no ha sido robado”. Köhn señalaba al mismo canónigo que había ocultado los paneles en la Primera Guerra Mundial, como el responsable del misterio. Quizás, había logrado una vez más esconder el panel en un camión de basura para sacarlo de la catedral . El sueño nazi terminó con la invasión aliada en Normandía y el repliegue alemán hasta Berlín. Los paneles que habrían de parar en el museo del Führer fueron rescatados por los mineros locales, agentes dobles y el Programa de Monumentos, Arte y Archivos en una mina de sal junto a otras 6 mil obras que iban a ser destruidas. La época de reconstrucción llegó a Europa, pero el misterio no cesó. Afortunadamente, un entusiasta y restaurador del arte decidió replicar el panel restante en 1939 y éste suple el espacio vacío desde 1945.
Han pasado 71 años desde el fin de la guerra y el hallazgo del Prolíptico de Gante en la mina austriaca, pero el misterio de los Jueces Justos permanece. Aunque hay múltiples investigadores involucrados en resolver el misterio, el ex jefe de policía de la ciudad de Gante, Karel Mortier, es uno de los más entusiastas en desvelar el misterio. Gracias a su investigación se ha esclarecido que la teoría que señala a Goedertier como autor físico es imposible debido a un problema en la vista que le impedía ver de noche, por lo que en todo caso hubiera requerido de un ladrón con pleno uso de su vista y quizás, la complicidad de uno de los custodios de la catedral . Sin embargo, la Iglesia le ha negado el acceso a todo documento concerniente al periodo de 1934 a 1945 y desde que inició su investigación en 1991, se le han presentado 350 posibles ubicaciones. Además, la catedral ha sido revisada seis veces desde 1945 y ha sido escaneada con rayos X en una ocasión a una profundidad de 10 metros.
El propio Goedertier ha sido objeto de misterio y ocultismo. Desde aquel fatídico día de 1934, su cuerpo fue exhumado por un detective amateur y más tarde un ladrón profanó el sitio de su cadáver para robar su craneo y dirigir una sesión de espiritismo con la esperanza de preguntarle al corredor de bolsa la ubicación del panel sin éxito alguno. Quizás la Humanidad esté destinada a nunca ver la pieza real que se rumora, tuvo la primera sonrisa en la historia del arte.
En medio de la náusea y el existencialismo de Camus, el libro de “La Caída” guarda un interesante guiño a una de las obras más importantes en la historia del arte, la cual mantiene una estrecha relación con la historia del viejo continente. Censurada, casi quemada, desmembrada y robada, es una de las primeras joyas artísticas del Renacimiento, y fue objeto de deseo de los hombres más importantes de las esferas políticas y militares de más de cuatro siglos. ¿Cuál fue la obra que un borracho empeñó a cambio de ginebra en un turbulento bar de Amsterdam que lleva el nombre de la capital mexicana?

Un joven pintor flamenco, de nombre Jan van Eyck, se dio a la tarea de perfeccionar el trabajo de su recientemente fallecido hermano para terminar una de las obras más ambiciosas de la época que tenía como fin decorar la Catedral de San Bavón en la ciudad belga de Gante. Si el Panolíptico de Gante se mantiene abierto, el espectador observará en dos filas, 12 paneles con diferentes pasajes bíblicos que en conjunto conforman una peregrinación de jueces, caballeros, peregrinos y ermitaños para adorar al cordero divino. La muerte de Jesús es representada con una oveja que poco a poco vierte su sangre en un cáliz que dará pie al rito cristiano más importante: la comunión del cuerpo y sangre de Cristo. Desde las alturas una figura divina con la ambigüedad de representar a Jesús o Dios, rige el universo a sus pies junto a Juan el Bautista y la Virgen María, mientras un coro de ángeles ameniza el momento y, Adán y Eva miran desde fuera la escena.

Por el contrario, cuando el panolíptico se cierra, como permanece gran parte del año, la anunciación a la Virgen María recibe la atención, mientras que dos paneles representan a Juan el Bautista y Juan el Evangelista. Dos profetas y dos sibilas están representados en la parte superior mientras que los patrocinadores de la obra, Jodocus Vijd y Elizabeth Borluut concluyen la representación. ¿Cuál es la importancia de esta obra de carácter religioso?

Según la historia del arte, esta fue la primera gran pintura de aceite en el mundo, pues van Eyck fue el primer artista en explorar las capacidades de esta técnica en óleo y es el responsable de abrir camino en el realismo artístico hacia lo que más tarde se definió como el estilo renacentista. Actualmente, es estudiada como una llave para entender las representaciones cristianas y su capacidad de educar a quienes asistían diariamente a misa. El detalle de la pintura es tal que puedes observar los finos trazos que emulan los caballos de los corceles, las líneas que asemejan el pasto e incluso las marcas de edad entre los peregrinos.


La trágica historia que persigue a la obra tiene varios puntos claves que enarbolan el misterio de cómo ésta ha sobrevivido al tiempo y a la codicia. Por ejemplo, en 1566, una turba de protestantes irrumpió en la catedral con la intención de prenderle fuego por considerarlo objeto de idolatría y excesos cristianos para la población, pero no lo lograron porque había sido traslada a la torre de la catedral . Siglos más tarde, Napoleón ordenó que algunos paneles fueran trasladados a París, mismos que fueron devueltos tras el exilio definitivo del Emperador. Sin embargo, en el siglo XIX, el vicario de San Bavón decidió vender los paneles a los prusianos, por lo que algunos terminaron en Berlín. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, un canónigo ocultó los paneles que aún quedaban en Gante, mientras que los alemanes los buscaban para completar la colección. Con la derrota alemana y los subsecuentes Tratados de Versalles, las autoridades internacionales ordenaron que los paneles fueran devueltos en su totalidad a la Catedral de San Bavón. Y cuando parecía que la Humanidad podría disfrutar de la obra en su totalidad, cayó la noche del 11 de abril de 1934.
A la mañana siguiente, la gente se arremolinó frente al altar de la catedral , un tanto consternada por lo que sus ojos no veían, pues uno de los paneles del Prolíptico de Gante había desaparecido; los jueces habían dejado de cabalgar hasta el cordero sangrante. Un rumor cuenta que sólo se encontró una nota que decía “Tomado por Alemania por el Tratado de Versalles”. Uno de los policías, curioso ante el tumulto se acercó a preguntar, y al conocer el porqué de la parálisis social, prefirió atender una queja de robo en una tienda de queso frente a la Catedral . Años más tarde, el oficial confesaría que su decisión se basó en que “eran épocas de crisis y el queso era una cuestión fundamental en esos años”. La obra que había sobrevivido incendios, robos anteriores e incluso una venta poco esclarecida, volvía a estar en peligro.

Así comenzó un juego de cartas entre el ladrón y la policía. El sujeto que firmaba con la siglas D.U.A. (¿Deutschland über alles?) pedía 1 millón de francos belgas a cambio del cuadro, y aunque el clérigo pretendía reunir la cantidad, la policía los contuvo porque sospechaban que era una treta. El misterioso hombre respondió con una carta pidiendo que recogieran un paquete en la estación de trenes de Bruselas. Escépticos, encontraron un paquete envuelto que contenía la cara exterior del panel con el retrato de San Juan Bautista. La demanda, el ladrón y el misterio eran tan reales como la investigación que no llevaba hacia ningún lado.
Algunos señalaban a los alemanes, otros apuntaban a un simple oportunista y había quienes olían una teoría de conspiración por parte del clérigo por ocultar algo aún más grande. Era noviembre, y Arséne Goedertier, militante católico y corredor de bolsa, sufría un infarto mientras intentaba contactar a su abogado. En sus últimos suspiros, confesó ser la única persona en el mundo que conocía la ubicación del panel y detalló que el secreto se hallaba en una nota de su mesa de escribir. Tras su muerte, el abogado revisó sus papeles y encontró una nota que decía “[El panel] está en un lugar en el que ni yo ni nadie puede tomarlo sin llamar la atención de todo el público”. Conectando la relación de Goedertier y un posible escándalo financiero de la Iglesia oculto que uso el Prolíptico como cortina de humo, la historia apuntó a Goedertier como culpable. Sin embargo, el panel nunca fue encontrado.

Considerada la obra que marcó el camino hacia el realismo en el Renacimiento, la codicia voló de nuevo sobre los paneles de Gante, esta vez en figura del deseo nazi por complacer quizás la más grande obsesión de Hitler. El régimen ario, por instrucciones del máximo mandatario alemán, planeó la construcción de toda una ciudad cultura en Linz, próxima al pueblo natal del Führer. Coronando este enorme complejo a cargo de Albert Speer, se erigiría el “Führermuseum” que albergaría la más grande colección de arte en el mundo y que estaría coronada con el Prolíptico de Gante. Tras la ocupación nazi de Bélgica, los 11 paneles restantes fueron sustraídos por los nazis y almacenados con cientos de miles de obras europeas más. Sin embargo, en 1944, Goebbels mandó al detective del arte, Heinrich Köhn, a encontrar a los Jueces Justos para ofrecerlo como un regalo a Hitler.

Las conclusiones del enigmático personaje arrojaron que el panel había estado oculto en la Catedral pero fue cambiado de sitio para evitar que él lo encontrara. Incluso, consultando a la viuda de Goedertier, ésta confesó que su difunto esposo había comentado, a manera de acertijo: “Lo que no está en su lugar, no ha sido robado”. Köhn señalaba al mismo canónigo que había ocultado los paneles en la Primera Guerra Mundial, como el responsable del misterio. Quizás, había logrado una vez más esconder el panel en un camión de basura para sacarlo de la catedral . El sueño nazi terminó con la invasión aliada en Normandía y el repliegue alemán hasta Berlín. Los paneles que habrían de parar en el museo del Führer fueron rescatados por los mineros locales, agentes dobles y el Programa de Monumentos, Arte y Archivos en una mina de sal junto a otras 6 mil obras que iban a ser destruidas. La época de reconstrucción llegó a Europa, pero el misterio no cesó. Afortunadamente, un entusiasta y restaurador del arte decidió replicar el panel restante en 1939 y éste suple el espacio vacío desde 1945.

Han pasado 71 años desde el fin de la guerra y el hallazgo del Prolíptico de Gante en la mina austriaca, pero el misterio de los Jueces Justos permanece. Aunque hay múltiples investigadores involucrados en resolver el misterio, el ex jefe de policía de la ciudad de Gante, Karel Mortier, es uno de los más entusiastas en desvelar el misterio. Gracias a su investigación se ha esclarecido que la teoría que señala a Goedertier como autor físico es imposible debido a un problema en la vista que le impedía ver de noche, por lo que en todo caso hubiera requerido de un ladrón con pleno uso de su vista y quizás, la complicidad de uno de los custodios de la catedral . Sin embargo, la Iglesia le ha negado el acceso a todo documento concerniente al periodo de 1934 a 1945 y desde que inició su investigación en 1991, se le han presentado 350 posibles ubicaciones. Además, la catedral ha sido revisada seis veces desde 1945 y ha sido escaneada con rayos X en una ocasión a una profundidad de 10 metros.
El propio Goedertier ha sido objeto de misterio y ocultismo. Desde aquel fatídico día de 1934, su cuerpo fue exhumado por un detective amateur y más tarde un ladrón profanó el sitio de su cadáver para robar su craneo y dirigir una sesión de espiritismo con la esperanza de preguntarle al corredor de bolsa la ubicación del panel sin éxito alguno. Quizás la Humanidad esté destinada a nunca ver la pieza real que se rumora, tuvo la primera sonrisa en la historia del arte.
