Este segundo texto lo rescaté de mi correo electrónico, hace año y medio se lo escribí a un buen amigo que vive cruzando el gran charco. De igual forma lo comparto ahora porque deseo experimentar para saber que cosas positivas produce está acción.
Pienso en muchas cosas
Te conté alguna vez que he estado pensando en que: como fulgor de llamas extensas, deslumbra mis ojos la alegría ajena, y el desconocimiento se vuelve el humo mismo, que emana cual si de una suave brisa de afectos se tratare.
Pues soy un ser alejado de sí mismo, me convierto a ratos en aquello que traza sonrisas de rostros ajenos en lienzos sin tiempo.
Buscando lejos, aquello que se encuentra enterrado profundo en el abismo oscuro de mí ser, encuentro todo, y todo es insuficiente, vacío y vano; inútil.
Más, armo un hogar lleno de trastos viejos y oxidados que tomé prestado para aborrecerlos desesperadamente, obligados a estorbar el andar de quien se adelanta a preguntar, o a contar, o abrazar.
Quien sea, menos yo, logra ver aquello que cercano a mí está, aunque me rodee con sus brazos y agitándome pronuncie mi nombre desesperado. Todos aman quien no soy y soy aquellos estorbantes trastos que detesto. Búscame entre ellos hundido en mis pensamientos.
¿Te he dicho antes que pensaba demasiado en tantas cosas? Sí, te lo he dicho antes.
Otros dos post tienen otros textos míos si desean aquí pongo la dirección para que también los visiten:
Reconozco mi humanidad y deseo que pongan sus comentarios.
Pienso en muchas cosas
Te conté alguna vez que he estado pensando en que: como fulgor de llamas extensas, deslumbra mis ojos la alegría ajena, y el desconocimiento se vuelve el humo mismo, que emana cual si de una suave brisa de afectos se tratare.
Pues soy un ser alejado de sí mismo, me convierto a ratos en aquello que traza sonrisas de rostros ajenos en lienzos sin tiempo.
Buscando lejos, aquello que se encuentra enterrado profundo en el abismo oscuro de mí ser, encuentro todo, y todo es insuficiente, vacío y vano; inútil.
Más, armo un hogar lleno de trastos viejos y oxidados que tomé prestado para aborrecerlos desesperadamente, obligados a estorbar el andar de quien se adelanta a preguntar, o a contar, o abrazar.
Quien sea, menos yo, logra ver aquello que cercano a mí está, aunque me rodee con sus brazos y agitándome pronuncie mi nombre desesperado. Todos aman quien no soy y soy aquellos estorbantes trastos que detesto. Búscame entre ellos hundido en mis pensamientos.
¿Te he dicho antes que pensaba demasiado en tantas cosas? Sí, te lo he dicho antes.
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Reconozco mi humanidad y deseo que pongan sus comentarios.