
Este es un relato que se me ocurrió así sin más. Espero que os guste. Gracias por leer.
Pesadillas.
Buscaba una salida. Corría todo lo rápido posible mientras veintinueve locuras me perseguían, y sin darme cuenta entré en un callejón sin salida. Frente a mi un mugriento muro, grisáceo casi negro, se alzaba imponente. Miré a mi alrededor en el desesperado intento de encontrar algún hueco por donde escabullirme, pero estaba enclaustrado en aquel callejón de muros infranqueables. En donde se encontraba mi única salida, el lugar por el cual entré, la manada de locuras me esperaba sedienta de sangre. Eran bestias deformes, de afilados colmillos amarillentos y carentes de ojos. Nunca me había enfrentado a alguna de esas criaturas, y esperaba no tener que hacerlo, pero la situación se tornaba cada vez más complicada y mi vida corría peligro.
El cielo, teñido de gris ceniza, presagiaba la llegada de una fuerte tormenta inminente y en la lejanía, grandes truenos partían el cielo con un bello azul eléctrico. Me percaté de que a unos metros de mi, se hallaba tirado en el suelo una gruesa barra de metal. Con cuidado me fui acercando a ella poco a poco para que las locuras no saltasen sobre mi y me hiciesen pedazos en un abrir y cerrar de ojos. Me agaché con total lentitud agarrando la barra con fuerza y me preparé para lo que venía a continuación.
Inspiré aire profundamente llenando mis pulmones. El cielo se rompió y comenzó a llover. Frente a mi, las repugnantes locuras babeaban. Un trueno, esta vez mucho más cercano, iluminó todo. La adrenalina se deslizaba por mis venas inundándome de sensaciones. Me preparé y corrí contra aquellas bestias. Con la barra de metal golpeé a varias locuras haciéndome pasó y pudiendo escapar de aquella jaula, pero comenzaron a perseguirme con rapidez. La lluvia dificultaba la visión y tropecé cayendo de bruces al suelo.
El sonido del despertador de sacó de aquel sueño como cada noche. Me incorporé en la cama. Deslicé mis pies dentro de las zapatillas y caminé hasta la ventana. Llovía y a lo lejos, truenos partían el cielo con un bello azul eléctrico.
