Nunca me gusto caer con las manos vacías.
Toque el timbre y apenas entré, los vi a todos sentados a la mesa, charlando, hablando, compartiendo risas y complicidades…
El paquete era muy notorio. Y yo lo hacia resaltar aun más, levantándolo disimuladamente a la altura de la cintura como diciendo… “Traje el tesoro y lo pienso compartir con ustedes!!”. Ni si quiera se percataron.
Sin perder las esperanzas, apoyé la bolsa en el medio de la mesa, saqué el contenido y abrí cuidadosamente el paquete intentando hacer el mayor ruido posible…
Todos miraron pero sin ver. Miradas al infinito al compás de su filosofía berreta que envolvía cada charla. Vaya uno a saber los argumentos! Es uno de los castigos de llegar tarde a la reunión.
Quizás Fede me entendería. Después de haberme abierto la puerta, fue a la cocina, seguramente a buscar un plato para poner finamente la docena de medias luna.
Vino con las manos vacías. Era obvio que me había equivocado en la predicción de sus acciones.
Con la voz en alto, dejando lucir ciertas notas de enojo, dije: “Muchachos, traje facturas, coman che!”.
Todos estaban muy ocupados como para responder. El picadito de ayer demandaba mas atención que la comida. La hermana que tanto hacia enojar a Miguel, era uno de los temas de ese archipiélago de charlas independientes, solo por dar un ejemplo.
De repente, el gordo Pepe alinea su mirada con el centro del paquete. Se queda mirando no uno, no dos, sino tres segundos hasta que lo interrumpí…
Le hice gestos de “si querés agarrá” pero como si se tratase de un acto deleznable del cual avergonzarse, Pepe desvió unos milímetros sus ojos, simulando estar hipnotizado con la manchita del mantel.
Como si su mala actuación lo ameritara, empeoró las cosas con un exagerado rasqueteo de la manchita.
Un poco de dulce de leche seco, que incomodaba la simetría del mantel, parecía ser mas importante que mis facturas.
“Si querés agarrá”
“¿Por qué no agarran?”
“agarren por favor”
“coman una!!!”
No salió una palabra de mi boca, pero el mensaje era bien claro. Fede tampoco me respondió.
¿No haber almorzado me estaba volviendo paranoico? ¿¿Por qué todos conspiraban contra mí? ¿Qué ganarían con resistirse ante la extremadamente profunda atracción casi sublime que ejercían las facturas ante cualquier ser humano sano, en edad de merecer???
Por primera vez logré sacar la mirada de Juanito. Si, así bauticé a la medialuna quemadita de la derecha. Yo no discrimino, y menos ahora… Miré el reloj y recién habían transcurrido casi 7 minutos de mi arribo.
Tome un poco de coraje y por segunda vez en la tarde pregunté. Pero esta vez con mas objetividad y hacia una persona en particular: Miguel, famoso por comerse 32 panchos con mayonesa.
“¿Qué te pasa boludo, porque no comes?”
“Es que tomé unos mates antes de venir”
El mate no es comida, sino bebida. ¿Por qué no puede comer si tomó mate? Con más razón: Primero el mate, después las facturas; total en la panza se mezcla y ni cuenta se da.
¿Seria hora de romper mis inexorables modales y agarrar primero, mi propias facturas?
.
Mi timidez me lo impedía. Sería mucho mas fácil agarrar segundo, dejando pasar prudenciales 3 o 4 segundos para que nadie sospechara mi táctica.
Si no, van a pensar que soy un muerto de hambre ¿No? Se van a dar cuenta que sí!!
“Vamos Miguel, si estás cagado de hambre, agarrá una p**a factura, así agarro yo también” pensé para mis adentros con la voz de “el bananero”.
Ya se!!! Encontré la causa de todos los males! Seguramente todos estaban pasando por mi mismo infierno. Nadie quería ser el primero en agarrar! Pues seria condenado como muerto de hambre por la eternidad de la noche que durara la reunión de amigos…
Sin darme cuenta había entablado una charla con Miguel, pero en piloto automático. Seguramente le hablaba de motos, chicas, ferné o algo de eso, ni sabia. Mi mente estaba concentrada en otra cosa.
Voy, no voy, voy no voy? Voy!! Me paré sacando pecho como diciendo “miren que macho que soy que me animo a hacer esto” Durante la primer décima de segundo, se me cruzó por la cabeza arrepentirme y hacer de cuenta que me había parado para raspar la manchita de dulce de leche. En ese momento estaba a tiempo, pero luego no.
Miles de imágenes pasaron por mi mente hasta que las yemas de mis dedos hicieron primer contacto con la almibarada superficie de Juanito, la factura quemada. El aterrizaje fue un éxito, ahora había que volverlo a la silla. Pero eso fue mas fácil.
En dos mordiscos la terminé y mi panza enviciada con adictiva esponjosidad, me pedía otra. “Aguantá aunque sea 3 minutos más!”.
Para acelerar los tramites, volví a decir insistentemente: “Coman che”, de todas formas sabia que era al pedo, porque nadie iba a reaccionar de la manera que yo quería.
Los siguientes minutos me los pasé hablando con Pepe.
Si con Miguel había hablado de chicas, seguramente con Pepe hablaría de motos… Eso estimo, aunque el 90% de mi capacidad de razonamiento, estaba centrada en seguir puntillosamente el segundero del reloj.
Tiempo!!! Repetir el proceso fue mas fácil. Dicen que sucede lo mismo cuando matas por primera vez…
Volví a repetir la hazaña, con mayor facilidad.
Cuando me quise acordar, había 10 facturas….adentro de mi panza. Las otras dos todavía en la fuente.
No sabía como disimular. Puse parte del papel de estraza doblándolo a modo de techo para que no se viera el terrible vacío que entristecía el paquete. Tape parte de la base con el diario. Igual las migas me delataban.
De pronto suena el timbre. ¿Quién será muchachos, si ya estamos todos?
ERAN LAS 4 GRANDES DE JAMON Y MORRON QUE HABIAN PEDIDO ANTES DE QUE LLEGARA YO, LA p**a MADRE QUE LOS PARIÓ!!!