InicioInfoAnibal Barca
Uno de los más grandes generales y estrategas de la historia mundial. "Somos soldados romanos, ataviados con nuestra indumentaria, el traje reglamentario, la pesada cota de malla, el casco, escudo, pilum, etc. etc, nuestros generales nos han avisado que el ejército cartaginés al mando de un joven General se aproxima hacia nosotros, debemos de impedirle el paso, ya que anteriormente han inflingido una derrota a nuestros compañeros en la batalla de Tesino, estamos dispuestos, adoptamos la formación de combate aprendida, se forman los manípulos, en perfecto cuadro, nos encontramos en primera línea y somos conscientes que entre nosotros y el enemigo solamente se encuentran nuestras tropas ligeras, que con total seguridad no serán capaces de aguantar el embiste del enemigo, pero cuando todo está dispuesto para la batalla observamos algo entre las filas enemigas, en concreto en su primera línea de ataque, ¡¡ son los elefantes!!, de los que ya habíamos oído hablar, pero que sorprendentemente nunca habíamos visto, y por Dios que son enormes, más aún con esas torres que portan en su lomo, el nerviosismo se empieza a apreciar entre mis compañeros, yo procuro mantener la calma ya que quizá sea lo único que me salve la vida, pero la verdad es que no se como vamos a poder hacer frente a semejantes colosos, van acorazados casi en su totalidad, espero poder encontrar un punto débil o que al menos uno de mis compañeros lo haga porque si no esta claro que no vamos a encontrar en clara desventaja. De repente suena la señal, comienza el ataque, nuestras tropas ligeras cargan con furia pero son repelidas por la rápida caballería enemiga, las bajas son numerosas, nos toca el turno, avanzamos en perfecto orden hasta que por fin tenemos al enemigo a la distancia suficiente como para arrojar nuestras jabalinas ligeras, pero de repente esos inmensos animales con sus soldados desde sus torres cargan contra nosotros, el choque es brutal, nuestras líneas quedan totalmente desorganizadas, el caos se apodera de nosotros y cuando queremos darnos cuenta nos hemos visto hostigados por sus tropas ligeras y su caballería,, los elefantes siguen causando estragos entre nuestras líneas, desorganizando la formación y causando numerosas bajas, pero lo peor aún estaba por llegar, de repente y bajo un estruendo atronador la falange africana y española de Aníbal carga con todas sus fuerzas hacia lo que queda de nosotros, a duras penas algunos de nosotros logramos salir de la masacre y ponernos a salvo, ha sido horroroso, han destrozado nuestras filas y han acabado con la mayoría de nosotros, pero el recuerdo que mantendré siempre imborrable en mi memoria será el de esos inmensos animales, esos invencibles colosos cargando hacia nosotros con todo su ímpetu y aplastando a nuestra formación como si fuéramos simples muñecos al antojo de un Dios." Su vida General y político cartaginés, hijo de Amílcar Barca, nacido en Cartago en el 247 a.C. y muerto en Bitinia en el 183 a.C. Aníbal tenía nueve años cuando su padre Amílcar le hizo jurar solemnemente ante el altar de Baal Shamin que nunca sería amigo de los romanos. Desde muy joven acompañó a su padre en sus campañas y, tras la muerte de éste, sirvió al lado de Asdrúbal, cuñado de su padre, que le había sucedido en el mando del ejército cartaginés en España. Con la muerte del general a manos de un soldado celtíbero, Aníbal fue elegido por los soldados cartagineses como general, ya que veían en él el vivo reflejo de su padre. Al año siguiente (221 a.C.) el Senado de Cartago confirmó esta decisión, a pesar de la oposición de parte de los senadores que consideraban que a sus veinticinco años no tenía la experiencia necesaria para tener el mando absoluto de las tropas. Segunda guerra púnica e invasión de Italia. En el 219 a.C., Aníbal atacó Sagunto, aliada de Roma, lo que provocó el inicio de la Segunda Guerra Púnica. Ante la sorpresa general, decidió invadir Roma por tierra partiendo desde España, en parte obligado por la inferioridad naval y las dificultades financieras para armar una armada. Lo primero que hizo fue asegurarse la neutralidad de los pueblos celtas que iban a encontrar en su camino. En los días previos a su partida recibió en Cartagena a los jefes de las tribus de la Galia Cisalpina, de los que obtuvo amistad e información fundamental para poder atravesar los Alpes. Antes de partir desde Cartago-Nova en el mes de mayo de 218 a.C., confió el gobierno de España a su hermano Asdrúbal, y para asegurarse la fidelidad de su retaguardia envió tropas iberas a África y tropas africanas a España. Aníbal partió con un ejército compuesto por 90.000 soldados de infantería, 12.000 jinetes y 37 elefantes. Al final del verano, tras vencer la resistencia que le habían ofrecido las tribus celtibéricas de Cataluña, consiguió cruzar el Ródano. La rapidez de la marcha logró evitar el enfrentamiento con dos legiones romanas que habían sido desembarcadas en Marsella al mando de P. Cornelio Escipión. El objetivo de Aníbal era llegar antes del final del verano al valle del Po para reunirse con sus aliados celtas. La presencia cercana de las tropas romanas obligó a Aníbal a entrar en Italia atravesando los Alpes con ayuda de guías indígenas. La travesía, que tuvo lugar en invierno, se desarrolló en quince días, pero el precio pagado en vidas humanas fue muy alto, ya que al llegar a la altura de Turín tan sólo quedaban vivos 20.000 infantes y 6.000 jinetes. Tras derrotar en las cercanías de Verceil a Escipión, que había regresado por mar a Italia, Aníbal pasó el invierno cerca de Bolonia, donde acudieron miles de galos dispuestos a ponerse bajo sus ordenes. Acabado el invierno, durante el cual habían perdido la mayor parte de los caballos y las mulas y todos los elefantes menos uno, el general cartaginés avanzó hacia la Toscana y se enfrentó en las cercanías del lago Trasimeno con el cónsul Flaminio, al que derrotó fácilmente. Ello permitió a Aníbal reequipar a su ejército. Pasó el invierno y la primavera del 216 a.C. en la Apulia, donde recibió las noticias de las victorias de Roma en España, lo que le aislaba por completo de su retaguardia. Mientras, los romanos habían reunido ocho legiones bajo el mando de los cónsules Pablo Emilio y Terencio Varrón, con las que pretendían expulsar al general invasor. Éste, en previsión del contraataque romano, se había apoderado de la ciudadela de Cannas, hacia donde se dirigieron las legiones dispuestas para el combate. La más famosa de las batallas de la antigüedad tuvo lugar el 2 de agosto del 216 a.C. Aníbal demostró ser el mejor estratega de su tiempo, al enfrentar a un ejército que le superaba en número y obtener una sonora victoria. Sobre el campo de batalla quedaron 70.000 romanos y unos 6.000 soldados cartagineses. La ciudad de Roma se encontraba en peligro, ya que Aníbal llegó hasta las orillas del río, a pocos kilómetros al este de la ciudad, pero el Bárcida sólo esperaba un tratado que devolviera a Cartago a la situación de privilegio perdida tras los tratados del 241 a.C. y del 236 a.C. Aníbal desplegó una intensa labor diplomática en el sur de Italia aprovechando el efecto de su victoria. En nombre de Cartago, el jefe púnico pactó con varias ciudades italianas y garantizó su autonomía con el fin de establecer un protectorado en el sur de Italia y Sicilia. En el 215 a.C. concluyó un pacto de alianza con el rey de Macedonia Filipo V, en el que se estipulaba el apoyo de los macedonios a los cartagineses, la obligación de ayuda mutua y el compromiso de no firmar una paz separada con el enemigo. Las negociaciones iniciadas con el tirano de Siracusa llegaron a buen puerto y se les prometió a los sicilianos que se quedarían con la mitad oriental de la isla. Los siracusanos atacaron entonces a los romanos, con lo que se vieron privados del trigo que obtenían de la isla. Mientras, Aníbal consiguió apoderarse de Tarento, lo que le permitía recuperar el control del estrecho de Messina. Pero los romanos lograron reorganizarse y fueron recuperando poco a poco las plazas perdidas. La primera en caer fue Capua en el 211 a.C., a esa siguió Tarento en el 209 a.C., mientras Aníbal se encontraba bloqueado en Calabria. Su hermano Asdrúbal, tras ser expulsado de España por Escipión el Africano, trató de unirse a él siguiendo la misma ruta a través de los Alpes. Los romanos consiguieron interceptar el mensaje que mandó a su hermano, indicando Umbría como punto de reunión, lo que les permitió enviar dos ejércitos consulares contra Asdrúbal, cuyas tropas fueron masacradas en la batalla de Metauro. La situación se volvió muy difícil para Aníbal, que se encontraba bloqueado por los hombres del cónsul C. Claudio Nerón en el Bruttium. Su última esperanza, la ayuda de Filipo V de Macedonia, se esfumó cuando éste se alió con Roma al año siguiente. Sus últimos años Cartago trató de aligerar la presión sobre él ordenando a Magón un desembarco en Liguria, pero la invasión de África llevada a cabo por Escipión obligó al Senado cartaginés a ordenar el regreso de Aníbal. Esta institución estaba liderada por su gran rival, Hannón, a quien culpaba de su fracaso en Italia. Esta circunstancia le llevó a establecer, tras desembarcar en Leptis Magna, su cuartel de invierno en Hadrumeto, en la región de Byzacena, donde su familia tenía sus propiedades. Con este movimiento pretendía alejarse de las intrigas de la capital y del ejército de Escipión. En la primavera del 202 a.C., Aníbal dejó su campamento y se dirigió hacia el oeste para estacionarse en las cercanías de Zama. Allí entabló conversaciones con Escipión y le propuso renunciar a todos los intentos de recuperar las posesiones de Cartago fuera de África. El rechazo del general romano a esta propuesta hizo inevitable la guerra. El enfrentamiento tuvo lugar en las cercanías del campamento cartaginés. El fracaso del ataque de los elefantes y la superioridad de la caballería romana, que estaba ayudada por la númida, acabó con una masacre y una desbandada entre las filas de los hombres de Aníbal. Esta derrota obligó a Cartago a firmar la rendición, en la que se incluían unas cláusulas humillantes para la ciudad. Aníbal, a pesar de todo, mantuvo el mando del ejército, además de conservar toda la estimación del pueblo. La presión de éste hizo que fuese elegido sufete para el año 196 a.C. Su primera medida fue la de revisar el estado de las finanzas y establecer una ley en la que se establecía que los jueces serían elegidos por un año y sin posibilidad de reelección inmediata. El Senado respondió acusándole ante los romanos de traición, a lo que éstos respondieron pidiendo su dimisión. Cuando acabó su mandato y perdió su invulnerabilidad en el verano del 195 a.C., para evitar males mayores, Aníbal abandonó la ciudad y se dirigió hacia el exilio, en el que permaneció hasta su muerte. BATALLAS Batalla de Tesino (218 A.C.) Encuentro bélico acaecido el año 218 a.C., junto al río del mismo nombre, afluente del río italiano Po, entre las tropas cartaginesas, comandadas por su general Aníbal, y las romanas, al mando de Publio Cornelio Escipión. La orografía del lugar es alpina, formada por lagos y profundos valles que permitieron a las tropas cartaginesas penetrar en el corazón de la llanura del Po y dominar así todo el norte de la península italiana. En el año 221 a.C., murió el jefe del pueblo cartaginés, Asdrúbal, asesinado por su siervo, y le sucedió al mando del ejército cartaginés el hijo de Amílcar Barca, Aníbal, considerado, junto con Alejandro Magno y César, como el general más importante de la antigüedad. Con Aníbal al frente de los designios de Cartago se produjo un cambio importante con respecto a la política exterior y concretamente en las relaciones con la otra potencia mediterránea del momento: Roma. Las intenciones de Aníbal no eran las de destruir Roma, sino lograr la reducción del estado romano hasta convertirlo en una potencia itálica media, para lo que necesitaba reducir, en la medida de lo posible, el sistema de alianzas de Roma con los diversos pueblos itálicos. En este nuevo enfrentamiento, ambas potencias preveían operaciones navales y terrestres combinadas. Aníbal era consciente de la enorme superioridad naval de Roma sobre Cartago, además de que ésta tenía que defender no sólo las costas de Hispania, sino también las de África. Aníbal, ante semejante situación, no tuvo más opción que centrar su principal esfuerzo en la invasión terrestre de Italia, por lo que cruzó los Pirineos, el Ródano y los Alpes, y dio lugar a la operación más audaz, militarmente hablando, que se había concebido hasta entonces. Publio Cornelio Escipión, al saber que Aníbal había llegado a las estribaciones del río Po, se dirigió, a marchar forzadas por mar hacia Italia y, tras desembarcar en la ciudad de Pisa, marchó a través de los Apeninos para encontrarse de frente con el invasor cartaginés, e intentar cortarle el paso hacia el interior de Italia. Ambos ejércitos se encontraron en los alrededores del río Tesino, en la actual ciudad de Verceil. El encuentro fue desfavorable para los romanos, que fueron destrozados por la poderosa caballería ligera cartaginesa, formada por hábiles jinetes númidas y beréberes. El propio Publio Cornelio Escipión fue herido de gravedad en el encuentro, por lo que no tuvo más remedio que replegarse hasta la ciudad de Plasentia (Piacenza), enclavada tras el río Trebia, y así esperar la llegada de refuerzos, al mando de Sempronio Longo. Cuando éstos llegaron, los romanos volvieron a ser derrotados gracias al genio militar de Aníbal y también a la precipitación del propio Sempronio Longo que se dejó conducir por el cartaginés a una emboscada suicida. No obstante, el grueso de la infantería romana, gracias a su especial preparación, pudo aguantar el envite y encontrar una salida airosa. La batalla de Tesino y de Trebia permitió que Aníbal pudiera penetrar, sin grandes complicaciones, en la península italiana. Aníbal podía marchar cuando quisiera sobre la indefensa Roma. Nunca antes la Ciudad Eterna se había encontrado tan amenazada por un peligro real como era Aníbal. Roma necesitaba imperiosamente un general audaz, con genio militar y capacitado para dirigir una guerra del calibre de la Segunda Guerra Púnica, y más para enfrentarse contra un jefe tan astuto como Aníbal. Ese hombre no fue otro que Publio Cornelio Escipión, el Joven, también conocido como el Africano. Batalla de Trebia ( 218 A.C.) Batalla acaecida en diciembre de 218 a.C. junto a las orillas del río Trebia, en la provincia itálica de Emilia, en la que el general romano Publio Escipión fue derrotado por el ejército cartaginés mandado por Aníbal, en uno de los sucesos bélicos más importantes de las guerras púnicas que enfrentaron a romanos y cartagineses. El paso de los Alpes por las tropas de Aníbal ha suscitado gran cantidad de literatura, mitificándolo y resaltando la particularidad del empleo de elefantes. Llegado el momento decisivo, el general cartaginés pudo tener bajo su mando unos veinte mil infantes y seis mil jinetes, así como quizás una docena de elefantes, que no tardarían en morir. Atravesar los Pirineos y los Alpes había supuesto para el ejército norteafricano un gran número de bajas. Por su parte, el ejército romano tenía que resignarse a aguardar los movimientos del cartaginés, en un mero papel defensivo. La situación de Escipión era muy comprometida, por cuanto la zona de las operaciones era un paso fronterizo en que las tribus celtas hostigaban continuamente a las legiones romanas. El general romano decidió que el río ofrecería la defensa más segura. Sin aguardar a que llegasen los refuerzos del cónsul Sempronio, cruzó el Po para buscar la batalla en campo abierto en su margen septentrional. Las tropas romanas acamparon en la orilla oeste del Tesino, afluente del Po, evitando las márgenes de este último río, habitadas por los ínsubres, que muy posiblemente apoyaban a Aníbal, quien se vio obligado a hacer avanzar sus tropas para conseguir el necesario avituallamiento, justo frente al campamento romano. El primer enfrentamiento fue totalmente fortuito. La caballería y las tropas ligeras romanas habían cruzado el Tesino por un puente de barcazas, con el fin de reconocer el terreno, de suerte que encontraron a la caballería de Aníbal que iba en avanzada. La huída no era posible, por lo que ambos ejércitos se enfrentaron, en una notable superioridad de las tropas cartaginesas, que tenían a favor el terreno. El triunfo cartaginés fue incuestionable. Escipión resultó herido en el combate y apenas tuvo fuerzas para volver a cruzar el Tesino y destruir los puentes. Tras su derrota, el general romano decidió aguardar en lugar seguro la llegada de los refuerzos de Sempronio. Pero, hostigado por los ínsubres, Escipión se vio obligado a retroceder, cruzando el Po para acampar al resguardo de los montes Apeninos, en la orilla izquierda del río Trebia. Mientras los romanos esperaban la llegada de Sempronio, Aníbal encontró refuerzos en las tribus galas que deseaban deshacerse del dominio romano, e incluso en un destacamento de galos del ejército de Escipión. Sempronio logró alcanzar las posiciones de Escipión en septiembre. Entretanto, el ejército cartaginés no se había detenido: había cruzado el Po, conquistado la fortaleza de Clastidium -almacén de aprovisionamiento del ejército romano- y acampado en las cercanías del campamento de Escipión. Las tropas romanas eran, pese a todo, superiores en número a las cartaginesas, quizás en varios millares de combatientes, por lo que Sempronio decidió emprender el ataque, confiado en que la superioridad numérica evitaría un desastre total. La infantería romana era en efecto muy superior a la cartaginesa; pero Aníbal contaba a su favor con una nutrida caballería de unos 10.000 jinetes (contra los 4.000 de sus oponentes) y con las dificultades de aprovisionamiento del ejército romano. Sempronio, urgido por las devastaciones que causaba el ejército cartaginés en la región, instó a Escipión a presentar batalla para evitar el alargamiento de las operaciones. En la madrugada de un día no determinado de diciembre de 218 a.C., Aníbal envió a su caballería siciliana a hostigar a las tropas enemigas al otro lado del río, con el fin de atraer al enemigo hacia un terreno favorable. La infantería y la caballería romanas respondieron al ataque, como si se tratara de una simple escaramuza. Los jinetes númidas fingieron la retirada y se hicieron perseguir hasta el lugar elegido por Aníbal, donde esperaba el grueso del ejército cartaginés listo para el combate. La celada y las malas condiciones en que los romanos emprendieron este inesperado ataque, jugaron a favor del cartaginés. Sempronio ordenó avanzar al grueso de sus tropas y se produjo un enfrentamiento extremadamente cruento. La primera línea romana, formada por la infantería ligera, fue deshecha por la metralla lanzada por los honderos de las Baleares al servicio del cartaginés. La caballería romana situada en los flancos sufrió las arremetidas de los jinetes númidas y de los elefantes, desbarantándose con gran desorden. A pesar de todo, el refuerzo de la segunda línea de la infantería romana permitió al grueso del ejército de Escipión resistir todavía, conservando durante largo tiempo sus posiciones. Finalmente, decidiría la batalla la intervención de un cuerpo de tropas mandado por Magón y compuesto por mil infantes y otros tantos jinetes de los mejores, que Aníbal había dejado en reserva. Éste cuerpo cayó sobre la retaguardia romana realizando una maniobra envolvente y asestando el golpe definitivo al ejército de Escipión. Los generales romanos consiguieron salvar la vida a duras penas y alcanzaron Piacenza junto a los restos de su ejército, unos diez mil hombres. Según las fuentes antiguas, en la batalla de Trebia perecieron alrededor de treinta mil soldados romanos, muchos de ellos en las aguas del río, empujados hacia allí por el cerco de los elefantes y la caballería númida y perdidos en la oscuridad y la nieve que arreciaba. Con todo, las malas condiciones climatológicas impidieron que las pérdidas fueran mayores, ya que hicieron a los cartagineses desistir de la persecución. Tras su fulgurante victoria en Trebia, Aníbal decidió retirarse a la Galia, a la espera de iniciar la próxima campaña con la llegada del buen tiempo. Para Roma, la batalla de Trebia resultó una derrota humillante, de cuyo recuerdo se dolerían los historiadores latinos para la posteridad. Así, Polibio culpó del desastre a las desmedidas ambiciones de Sempronio que, en contra de la opinión de Escipión de esperar nuevos refuerzos, aceptó el desafío que Aníbal le lanzaba, imprudencia que le llevó a perder la imbatibilidad del ejército romano. Batalla de Cannas ( 216 A.C.) FASE 1.- Al ver Aníbal a los romanos alineados envió a sus hombres y piqueros como fuerza de cobertura y formó al resto de su ejercito detrás. Colocó 6.000 celtas y españoles de caballería frente a los 1.500 romanos. En la otra ala situó a sus 4.000 númidas. En el centro formó a 16.000 celtas y españoles armados con espadas en compañías alternas, en una formación de media luna, más profunda en el centro que en las alas. Formó a sus piqueros en dos columnas detrás de la caballería. FASE 2.- La batalla comenzó con la intervención de las tropas ligeras que luego se retiraron a la retaguardia. La caballería española y celta cargó contra los jinetes romanos, haciéndolos retroceder a lo largo de la orilla del río. En la otra ala los númidas hostigaban a la caballería romana intentando separarla de las legiones. En el centro las legiones se lanzaron contra los celtas y españoles reduciendo el saliente de la formación enemiga. FASE 3.-Cuando la caballería romana hubo sido desperdigada, la mayoría de los jinetes celtas y españoles cruzaron por detrás de las legiones y cargaron contra le retaguardia de la caballería romana, la cual cedió bajo el doble asalto. las legiones siguieron presionando hacia delante hasta rebasar a los piqueros por ambas alas; éstas se volvieron entonces hacia el centro y cargaron contra el flanco de las legiones. FASE 4 .- La caballería celta y española se volvió una vez más para cargar contra las legiones por la retaguardia. Por las alas los piqueros se arrojaron sobre la infantería romana y extendieron sus líneas para rodear aún más las alas. Las tropas ligeras se habrían trasladado ahora a la retaguardia. Las legiones comenzaron a derrumbarse; fue eliminada la presión que ejercían sobre los celtas y españoles formados en el centro. Al final de la batalla 50.000 romanos sucumbieron en la lucha,10.000 fueron capturados y solo unos pocos escaparon.11 legiones fueron exterminadas sin ninguna piedad en el campo de batalla antes de finalizar el día. Batalla de Zama ( 202 A.C.) En el año 219 a.C. se inició la segunda Guerra Púnica, tras la toma de Sagunto por el general cartaginés Aníbal. Roma envió a la Península Ibérica contra Aníbal al general y procónsul Publio Cornelio Escipión, quien logró acabar con el dominio púnico en la península. Su victoria fue recompensada con su proclamación como cónsul del Senado romano y con la entrega del gobierno de Sicilia. Ello le permitiría llevar a cabo su proyecto de acabar definitivamente con la amenaza de Cartago, asestándole el último golpe en territorio africano. Mientras Escipión acariciaba su plan de desembarcar en territorio cartaginés, Aníbal continuaba luchando en Italia, invicto aunque acorralado. Era peligroso emprender una campaña contra Cartago mientras Aníbal amenazara Roma, pero los partidarios de Escipión veían en este golpe de efecto la posibilidad de que fuera Roma la que marcara el devenir de la guerra, obligando a Cartago a mantenerse a la defensiva. Escipión intentó utilizar en su favor la inestabilidad política de los reinos númidas que rodeaban Cartago. Dos grandes grupos dividían el extenso territorio númida: los masesilos en el oeste, gobernados por Syfax y eternos antagonistas de Cartago y, al este, los masilos, encabezados por el rey Gaia y aliados de los cartagineses. A la muerte de Gaia, sus herederos lucharon entre sí para hacerse con los derechos sucesorios. La confusión generada por la querella dinástica fue aprovechada por Syfax para ocupar el territorio masilo. Esta acción hizo que las alianzas tradicionales se trastocaran por completo. Syfax estableció una nueva alianza con Cartago al casarse con una hija del general púnico Asdrúbal. Por su parte, Masinisa, hijo de Gaia, pidió ayuda a Escipión para recuperar su trono. Dadas estas circunstancias, el Senado apoyó el proyecto de Escipión. En la primavera de 204 el cónsul inició su campaña norteafricana al frente de cuarenta navíos y unos 25.000 soldados. El ejército romano desembarcó en las cercanías de Útica, iniciando una difícil campaña. Escipión trató infructuosamente de tomar Útica, a la que acabó poniendo sitio. Entretanto, Syfax, comprendiendo que estaba en peligro su reino si continuaba la guerra, se esforzó por que ambos contendientes llegaran a un acuerdo. Se pactó finalmente una tregua. Durante las negociaciones de paz el general romano pudo infiltrar espías en los campamentos enemigos, por lo que estaba informado del emplazamiento de las tropas enemigas y de la disposición de sus distintas fuerzas. Esto hizo que estuviera en condiciones de lanzar un ataque nocturno al iniciarse la campaña del año 203. Cartago perdió alrededor de 40.000 soldados y Escipión obtuvo el control del territorio de Útica. Por suerte para Cartago tanto Syfax como Asdrúbal lograron escapar de las tropas romanas. Tras esta derrota, los cartagineses, comprendiendo que difícilmente podrían contener la embestida de Escipión, pidieron una tregua. Cuando ésta acabó, las tropas romanas se lanzaron contra los campamentos de Asdrúbal y Syfax, arrasándolos por completo. Esta era la segunda derrota consecutiva de los cartagineses a manos de las huestes de Escipión y Masinisa. Escipión amenazaba las puertas de Cartago. Abandonó sus posiciones en Útica y concentró sus tropas en Túnez, a 25 kilómetros de Cartago. Los cartagineses solicitaron nuevamente una tregua, que Escipión concedió a cambio de ciertas imposiciones: la renuncia de Cartago a sus aspiraciones territoriales en la Península Ibérica, el pago de 5.000 talentos y la reducción de la flota púnica a tan sólo veinte buques, y, por último, el reconocimiento de Masinisa como rey y la independencia de las distintas tribus africanas del territorio númida. La gravedad de la situación hizo a los cartagineses aceptar estas condiciones, a espaldas de Aníbal que, llamado a Cartago por los gobernantes de la ciudad, se encontraba de regreso a tierras africanas. El ejército de Aníbal desembarcó en el puerto de Leptis Magna, con el fin de evitar un enfrentamiento directo con las legiones de Escipión. Pero la sola noticia de que el gran general se encontraba de nuevo en suelo cartaginés hizo reaccionar a los habitantes de Cartago, que renegaron de lo pactado con el general romano. La asamblea popular decidió romper la tregua, mientras Aníbal se encargaba de renovar los antiguos pactos con los jeques de las tribus númidas. El barco que transportaba a los embajadores romanos que se dirigían a Cartago para cerrar el acuerdo fue atacado y los delegados romanos estuvieron a punto de perecer. A pesar de las amenazas del Senado, el pueblo cartaginés se levantó en armas para secundar a Aníbal. Como respuesta, Escipión convirtió en esclavos a todos los habitantes del rico valle del Bragadas. Las tropas romanas penetraron en el interior del país y acamparon en las proximidades de Naraggara, al oeste de Sicca, donde se encontraron con las huestes de Aníbal. El contingente cartaginés era de cerca de 50.000 soldados, muy superior al romano. Sin embargo, los cartagineses carecían de caballería que oponer a la romana. Aníbal, como prudente estratega, desplazó sus tropas hacia el oeste desde Hadrumetum, en cuyas cercanías había reorganizado sus fuerzas. Desde allí se encaminó a las proximidades de Zama. A pesar de esta maniobra de diversión, no consiguió impedir que el ejército de Masinisa se uniera al de Escipión. Tampoco llegaron los refuerzos que sus aliados númidas le habían prometido. Días antes de la batalla se entrevistaron los dos generales enemigos, el cartaginés exigió que Roma renunciase a las indemnizaciones estipuladas en los pactos anteriores, a lo que Escipión se negó. En octubre del año 202 tuvo lugar el enfrentamiento de ambos ejércitos, que concluyó con la primera derrota de Aníbal. El ejército cartaginés perdió a unos 20.000 hombres, entre muertos y prisioneros. Aníbal se vio obligado a huir a Hadrumetum. Cartago quedó avocada a aceptar una paz deshonrosa frente a su eterno enemigo. Las negociaciones tuvieron lugar en Túnez, donde Escipión había reorganizado a su ejército tras la batalla de Zama. Las imposiciones romanas fueron muy gravosas, tanto en lo en político, como en lo económico. Las fronteras de Cartago volvían a la situación anterior a la primera guerra púnica; los cartagineses tenían que renunciar a cualquier acción contra Roma, incluyendo el reclutamiento de mercenarios, tanto en África como en el resto del Mediterráneo, y tendrían que pedir autorización a Roma en caso de emprender algún conflicto bélico contra terceros. Otra de las exigencias de Escipión fue la entrega de toda aquella embarcación que pudiese ser usada militarmente, excepto diez, así como de todos los elefantes. La indemnización económica ascendía a 10.000 talentos a pagar en cincuenta años, pago que debía garantizarse mediante la entrega de 100 rehenes elegidos personalmente por el propio Escipión. Cartago debía evacuar el territorio africano al oeste de las Fosas Púnicas que servían como límite con los territorios númidas. Se estableció una tregua por un período de tres meses mientras se mandaban a Roma las condiciones del tratado para su aprobación por el Senado. Durante este tiempo, Cartago debía sustentar las tropas romanas. La vuelta a Roma de Escipión fue triunfal, allí recibió el apelativo de El Africano. Fuente: http://www.lilliputmodel.com/articulos/pedroadolfo/anibal_barca/anibal_barca1.htm Es mucho para leer pero creo que al que le guste la historia vale la pena tomarse el tiempo necesario. Y para el que le guste la novela historica o Anibal reccomiendo este libro: Saludos gente!
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