Hola a todos, me gustaría presentarles El Final del Camino, una historia que llevo escribiendo desde hace un par de meses. Se trata de un relato de un chico de 18 años, con tendencia a rechazar las relaciones sociales con las demás personas. Todo cambia un buen día cuando los muertos vuelven a la vida y él lucha por su supervivencia, notando lo importante que es relacionarse con las demás personas, sobre todo cuando se necesita a alguien cubriéndote las espaldas. Sin más preámbulos, les dejo las primeras diez entradas para que las disfruten, el resto está en el blog, cuya dirección la dejaré al final del post.
ENTRADA 1
Actualmente, nada del pasado importa. No queda nada, solo un puñado de locos que lamentablemente son los supervivientes a esta catástrofe: los últimos seres humanos de lo que queda de este lugar, y no se si del mundo. Aunque por lo que recuerdo haber visto en las noticias al comienzo, no debe quedar mucho de la civilización.
Me hubiese gustado no tener que morir virgen. No era muy social antes de esto, era el típico bicho raro del colegio, y no hablaba con nadie, me gustaba estar solo. Y creo que mi deseo se cumplió. Por fin paz y tranquilidad, pero no como quería. Recuerdo que antes de todo esto, antes de que el mundo se haya ido al infierno, me gustaba escribir, y ahora tengo mucho tiempo libre, por lo que, para no volverme loco, comenzare a hacer mas seguido. Voy a comenzar a relatar lo sucedido, desde que comenzó, hace casi ya dos meses, hasta hoy.
ENTRADA 2: Los Comienzos de la maldad
30 de noviembre del año 2011.
Odio mi despertador, todos los días a las 7 de la mañana. Solo para ir al colegio. Bien, un lugar que no me agrada mucho, ademas de la razón obvia, tengo que ir a soportar a toda la gente que me detesta, y que detesto. En resumen, odio el colegio y la sociedad, sobre todo a cuando hay muchas personas juntas.
Esa mañana hice lo mismo que hago todas las mañanas, a lo cual no entrare en detalles, simplemente no importa, por lo cual termine y me encamine hacia el colegio. Al llegar me senté en mi amado lugar, lejos, en un rincón del salón de clases al que asistí durante casi todo el año, esperando un par de días para no volver a ver a toda esta gente, jamas, en mi vida de nuevo. Estuve tranquilo durante un rato, sin prestarle atención al profesor que parecía algo asustado, tal vez por algo que vio en las noticias. Yo casi nunca veía tele, generalmente me quedaba escuchando algo de Nirvana o de Metallica en la parte de atrás de la tienda de armas de mi papa. Ese viejo siempre insistió en enseñarme a usar un arma, y yo nunca me negué. Es simplemente genial tener una entre tus manos, puedes sentir que tienes el poder de Dios entre ellas, pero nunca la dispararía contra una persona, por mucho que la deteste.
Un murmullo incesante entre mis compañeros de al lado me había hecho despertar de mi sueño. Era inquietante, estaban hablando sobre una ciudad de alguna parte de Asia o medio Oriente, tal vez haya sido Rusia, quien sabe. La noticia era escalofriante. Estaban hablando sobre como en una ciudad comenzaron a haber asesinatos pequeños, gente encontrada con mordeduras en los hospitales, que presentaban casos de violencia e ira. Algo inquietante, a decir verdad. Pude escuchar como decían sobre que ahora enviaron militares estadounidenses a la zona por una inexplicable ola de asesinatos, en todas partes de la ciudad, con cientos de personas atacando y siendo atacadas, todas a la vez. El caos reinaba en ese lugar, menos mal que queda lejos de mi ciudad. Estaré a salvo aquí en Sentel, Estados Unidos.
Esa mañana terminó como siempre, conmigo escapandome en la tercer hora de descanso, bajo un árbol en un refugio secreto que tengo a las afueras de la ciudad. Era simplemente perfecto. Nadie sabía donde estaba.
ENTRADA 3: Sobre mi refugio
Tal vez haya exagerado un poco. Son muy pocas las personas que conocen este refugio. Poco tiempo después de que mamá muriera, mi papá se volvió un loco con el tema del fin del mundo. Sobre todo con el 2012. Estaba fuertemente convencido de que algo malo ocurriría, así que se empeñó en construir este lugar, un maldito búnker en el medio de la nada, rodeado de árboles y lejos de las carreteras principales, por lo que es totalmente inexistente para el resto de la gente. Se encuentra cercado por paredes de concreto, y adentro de esta hay una edificación con paredes de concreto reforzado, totalmente cerrado para que nada pudiera entrar si no debiera. Por suerte tengo la llave a ese sofisticado sistema de seguridad que le puso mi papá. En fin, otra de las personas que conoce de su existencia era un gran amigo mío, un tal Kenny, con el que veníamos a fumar un poco, hasta que una tarde pensó que podía volar. Jodido idiota.
ENTRADA 4: Los comienzos de la maldad - parte 2
Retomando los inicios de esto...
El día siguiente del colegio no fue como todos los demás, ahora estaban todos los malditos alumnos hablando sobre lo que pasó en no se dónde, sobre un virus que hacía que las personas infectadas se vuelvan violentas y caníbales. Menuda estupidez. ¿Quién en su sano juicio hubiese creído eso? Es simplemente imposible. Aunque después de lo que he vivido, la idea no fue tan descabellada.
Según he escuchado las tropas estadounidenses fueron ineficaces contra la población, y la mayoría de los soldados ha vuelto en camilla y con alguna mordedura: una de las razones por las que este "virus" se había expandido por todo Estados Unidos tan rápido. Esa tarde fue una de las únicas veces en las que me había sentado a ver la vieja tele que hay en el refugio. Mi padre pensó que no iba a ver tele en el fin del mundo, por lo que la que está ahí es una que se encontraba en mi habitación antes; como nunca estaba en casa y pasaba la mayor parte del tiempo aquí, lejos de la ciudad, este lugar prácticamente se había convertido en mi hogar.
Las noticias eran escalofriantes. Ahora entendía a todos esos imbéciles de mis compañeros. Todo el continente asiático era una jodida zona de guerra. Los aeropuertos se encontraban cerrados, pero ya se empezaban a ver algunos brotes de esta infección en Europa...
Y en Estados Unidos también.
ENTRADA 5: [Paranoia Mode = ON]
Puede que haya faltado una semana de clases, pero no había excusas para que solo hayamos ido un par de chicos ese día. Creo haber contado 7 en total. Y de los profesores, ni hablar. No he visto casi ninguno en todo el día.
Me estaba empezando a hacer a la idea de que la paranoia comenzaba a acechar por la mente de toda esta gente. Hubiese sido una idea reconfortante pensar que el ejército podría defendernos si esto lo-que-sea llegase aquí, pero por lo visto en las noticias, no creo que ni este país (considerado la primer potencia del mundo) y con la moderna tecnología que poseemos sea capaz de combatir eso. Ahí supe que estábamos jodidos. Sé que a veces puedo parecer un pesimista, pero esto parece algo muy grave, capaz de extinguir a la raza humana. Sabía en ese momento que algo malo iba a pasar. Primera vez que le creo a mi viejo. Una pena, lo traté de loco y ahora ya no está como para pedirle perdón.
Los días siguientes ya no eran como los demás. Detestaba salir a la calle, pero desde la ventana de mi habitación (mi casa se encontraba arriba de la tienda de armas de mi papá) se podía ver como la gente usaba mascarillas. Todavía tengo en la mente un recuerdo de uno de los últimos días, una imagen totalmente perturbadora: en las noticias habían pasado como se discriminaba a la gente enferma, aún si fuese por un simple resfriado. Esta bien, la gente parece haberse descontrolado un poco últimamente, pero no se quién estará mas loco, si la gente que no está infectada o la gente que sí. He recolectado algo de la información sobre este virus, lo he escrito yo de acuerdo a lo que he visto en la televisión y en internet. Actualmente no queda ninguna de las dos en pie. Más adelante entraré en detalles en cuánto a este virus y terminaré de explicar como funciona mi refugio. Quiero terminar de contar hasta el día de hoy antes de explicar el "refugio" dónde me encuentro.
A partir de la vez que salí a la calle a ver, todo ha ido empeorando, he escuchado que hay reportes de la enfermedad en un hospital de una ciudad cercana a esta. No tardará mucho en llegar hasta Sentel.
ENTRADA 6: Los ojos de la maldad
5 de Diciembre de 2011.
Todavía recuerdo esa mañana...
Ese día me he despertado alrededor de las 5 de la mañana, había escuchado disparos. Ya estaba acostumbrado a esos sonidos, pero solo cuando yo los produzco. Estaba realmente asustado. Me había levantado y de un salto terminé asomado a la ventana. El escenario era escalofriante. Podía observar como se dirigían camiones del ejército en la dirección donde estaba el hospital. Y no era el mejor escenario como para ir a ver a los parientes que se encuentren ahí. El centro de la ciudad era una jodida zona de guerra.
Ahora que me doy cuenta, me he salteado una parte de la historia.
El día anterior había sido un total desastre. Había escuchado por la televisión que la ciudad cercana a esta había sido declarada en cuarentena, en conjunto a la Ley Marcial. Ahí realmente estaban en problemas. Pero ese lugar no era el que me preocupaba. La enfermedad había llegado a mi ciudad, según lo que había escuchado. Estábamos jodidos, realmente jodidos, fuese lo que fuese, en ese momento sabía que mi salvación sería ir directo al refugio. Con mi padre estábamos esperando hasta el día siguiente para dirigirnos hacia ahí. Esa noche había sido la peor de toda mi vida. Después de haber oído los disparos, me había encontrado a mi padre en el pasillo que conecta las dos habitaciones con el resto de la casa. Ambos sabíamos que no había tiempo que perder, así que rápidamente nos cambiamos de ropa, y empezamos a armar los bolsos. Después de una hora, habíamos dejado de escuchar disparos. Nuestra casa no quedaba muy lejos del hospital, estaba a tan sólo un par de cuadras, tal vez 7 u 8. Cuando estábamos terminando, la alarma de seguridad de la tienda de armas se había encendido. Ambos nos quedamos viéndonos un instante, cuando me dijo que espere aquí. Pasaron un par de segundos en silencio hasta que él bajó. De repente, había escuchado a mi papá gritar, y rápidamente bajé por las escaleras hasta llegar abajo. La escena no era realmente algo lindo para ver, era todo lo contrario: un hombre de unos posibles 30 y tanto de años, lleno de mordeduras. Sus ojos parecían estar reflejando maldad. Recuerdo haber visto lo mismo en una de esas viejas peliculas de clase B, esas de zombies. ¿Pero cómo hubiese sido posible que los muertos hayan vuelto a caminar sobre la tierra? Rápidamente empujé a esa criatura que se venía acercando, de manera lenta pero constante, le propiné una patada en el pecho y rápidamente agarré a mi padre del brazo, y lo llevé conmigo hacia arriba, no sin antes cerrar la puerta de abajo con llave.
No fue hasta que llegamos arriba que me mostró la mordedura de su brazo. Tantas películas de zombies y sabía lo que eso significaba. Estaba realmente jodida la situación.
Habían pasado un par de horas, la infección ya le empezaba a dominar. Sufría de dolor de cabeza, fiebre, la zona donde le había mordido esa criatura estaba realmente infectada. Ni amputandole el brazo sería capaz de revertir esa situación. Pero tampoco podría haberlo hecho, nunca quise ser doctor. En un momento dado, me llamó y me dijo que no me preocupara por él, que me vaya directo al refugio que construyó. Y ahí dejó de respirar. Ese fue el momento en que quedé realmente sólo en esta vida.
Salí de la habitación donde se encontraba el cadáver de mi difunto padre, con una lágrima recorriendo mi mejilla. Sabía que había poco tiempo hasta que el cuerpo se reanimara. Así que cerré la puerta de su habitación con llave, dejando el cuerpo ahí.
Estaba listo para partir. Había recogido todas mis cosas y me dirigía al garaje que se encontraba en la parte de atrás de la tienda. Mi viejo tenía un antiguo Humvee de sus épocas como militar. Debía apurarme. Cuando estaba subiendo mis cosas en la parte de atrás del vehículo, había sentido como si algo hubiese caído al piso en la planta de arriba, y si no me equivocaba, arriba mío se encontraba la habitación de mi padre. Como lo supuse, los muertos volvían a la vida.
Cuando me dispuse a hacer arrancar el vehículo, me había dado cuenta de algo: las llaves quedaron en el bolsillo del pantalón de mi papá. Mierda.
ENTRADA 7: De espalda al olvido.
En ese momento pude sentir como la frustración y el enojo circulaban por todas partes de mi cuerpo. Ya era suficiente haber visto morir a mi padre. Ahora lo más probable era que yo tuviera que darle el "toque de gracia", es decir, acabar con él dándole un fuerte golpe en la cabeza. Esperaba que las películas que había visto antes de todo esto me salvaran la vida.
Me encontraba aferrado a una 9 milímetros que encontré en la parte de atrás de la tienda y subí las escaleras hasta mi casa. Posiblemente esta sea la última vez que vuelva a caminar por estos lugares. Me encontraba a tan sólo un par de pasos de la entrada a la habitación. Parecía como que sentía que estaba cerca, golpeaba cada vez más fuerte la puerta, y hacía un aterrador gemido, un sonido sacado del mismísimo infierno. Sentía como mis manos empezaban a sudar. No podía hacerlo, pero debía. Me había recostado un momento en el piso tratando de mentalizarme, pero simplemente no podía. Era mi padre. No importa cuánto haya odiado a casi todo el mundo y lo sólo que me gustaba estar, él era una persona que me ha cuidado desde que mamá murió, cuando tenía solo 7 años.
En ese momento me había dado cuenta de que estaba llorando, primera vez en años, no sabía como hacer lo que debía hacer. Si no lo hacía, iba a morir en este lugar. De repente, sentí como la puerta cedió y se desplomó contra el piso, y mi padre cayó con ella. Me había quedado inmóvil viendo como el cuerpo de mi progenitor se levantaba lentamente, con la torpeza que nos presentaba las películas. Rápidamente me levanté y me hice un par de pasos para atrás, e hice un esfuerzo por poder apuntar a la cabeza. Era casi imposible mantenerme firme: apuntarle un arma a mi padre, no es algo de lo que me haya enorgullecido jamás. Todavía tengo pesadillas con ese momento. Las lágrimas me corrían por toda la cara, me temblaban las piernas. Apunté a su cabeza cuando estaba a tan sólo dos metros de mí. Recuerdo haber dicho "perdóname por esto", y disparé.
No me encuentro de ánimos para seguir escribiendo, después continúo relatando lo que pasó, recordar eso todavía sigue siendo muy fuerte, aún después de todo el tiempo que pasó.
ENTRADA 8: La caja de pandora
Me había quedado inmóvil al lado del cuerpo de él. Era un dolor inmenso, había quedado completamente sólo en este mundo. Creo que si nada de esto hubiese pasado, mis compañeros se hubiesen sorprendido de haber estado viendo a un chico de casi 18 años llorar así. Aunque en realidad sabía que ese ya no era el mismo que me había cuidado hasta el día de hoy, sabía que sólo era una criatura horripilante salida de la Caja de Pandora o de algún portal hacia el infierno. Sólo faltaba el fuego y un enorme y espeluznante demonio con un tridente y una cola. Espero no tener que cruzarmelo a ese también.
Finalmente, me sequé las lágrimas y me propuse seguir en marcha. Tuve que meter la mano en el bolsillo buscando las llaves del vehículo. Recuerdo haber gritado sumamente fuerte "lotería", y me empecé a reír como un loco, una risa histérica. Y volví a llorar.
El fuerte sonido de uno de las ventanas de la tienda me sacó de mi estado de trance y me hizo entrar en razón de nuevo. Ese disparo había atraído muchas de esas cosas. Debía apurarme. Me apresuré en bajar las escaleras, y cuando llegué al vehículo, rápidamente lo encendí. Llevaba solamente mis cosas y un par de armas, no creía que me iría a tomar mas de 20 minutos el viaje hasta el lugar seguro.
Había encendido el Humvee, y la puerta del garaje es automática. Seguía habiendo electricidad. Puse primera y emprendí rumbo hacia la autopista principal, que es la que me llevaría hacia mi refugio.
Lamentablemente, había ignorado el resto de los disparos. Y de lo que hace la gente en una película al tratar de escapar de las ciudades: amontonarse en las rutas principales, que es en donde termina muriendo la mayoría. No me di cuenta hasta que fue muy tarde.
ENTRADA 9
Así que ahí me encontraba, mirando atónito como había una columna de fuego más adelante y sin espacio para continuar en esa autopista. Todos los vehículos se encontraban abandonados, obstruyéndome el paso. Simplemente me había dejado caer sobre el volante, casi sin esperanzas. Era la única ruta que conocía perfectamente como para dirigirme hasta el refugio. Cuando me estaba proponiendo volver, miré por el retrovisor y sin darme cuenta, se me acercaba una horda de esos muertos vivientes. Había quedado sorprendido. Es abismal la diferencia entre verlo con tus propios ojos y verlo en una película.
Rápidamente puse la palanca de cambios en marcha atrás y a toda velocidad salí de esa autopista. No quería meterme en aprietos, no como aquella vez que terminé despierto en una fuente de la plaza principal y tuvo que venir la policía a sacarme. Creo que ese día Kenny pensó que era Superman y yo Aquaman. Menuda suerte la mía. Ese día había dejado de fumar mis "antidepresivos" naturales, como le llamábamos. Retomando el tema: Me había costado salir de ahí, tuve que esquivar a un par que salieron de entre los vehículos, pero había podido escapar de ahí.
Por un buen rato, me encontraba manejando sin dirección, no sabía adonde ir: mi casa no era segura, los centros comerciales no eran buena idea. El único lugar que se me ocurría por el momento era mi colegio. Odiaba ese lugar pero las cafeterías todavía deben de tener comida y las paredes altas podrían protegerme por un rato hasta que haya ideado una manera de llegar a mi refugio. Posiblemente haya un mapa en algún lugar. Ese iba a ser mi refugio ideal por un par de días.
Estaba a un par de metros y no sabía por dónde entrar. Entonces se me ocurrió: el gimnasio tiene puertas grandes hacia el exterior, podría entrar y guardar ahí el Humvee. Me acerqué y dejé el vehículo en la entrada, entonces me bajé a abrir la puerta. El portón se encontraba cerrado con un gran candado desde afuera. Me quedé meditando por un momento en dónde podría estar la llave. Entonces me acordé, en uno de los bolsos que traía como equipaje, que podría tener una solución mágica a todos mis problemas en ese momento. Me volteé hacia el vehículo y busqué por un momento preguntándome donde podría estar. Recuerdo haber gritado "Eureka" mientras miraba lo que sostenía en la mano: una Remington 870, la escopeta que los policías utilizaban. La cargué con un par de cartuchos que encontré y luego apunté al candado. Después de una fracción de segundo, le disparé, y rápidamente abrí el portón.Me subí al vehículo y lo volví a cerrar. El lugar se veía abandonado, pero igual tenía que investigar.
Había pasado un buen rato, me estaba acomodando en uno de los sillones de la oficina del director, cuando había escuchado un sonido en alguna parte del colegio. Posiblemente del ala oeste, ya que se encontraba cerrado el pasillo que comunicaba con ella, así que no podría averiguar que pudo haber sido hasta el otro día. Solo estaba seguro de algo: no me encontraba solo en ese lugar.
ENTRADA 10: La oscuridad.
No había podido dormir en toda esa noche. El ruido que había sentido me tenía despierto. Me había quedado con la escopeta conmigo hasta el amanecer, y cuando finalmente salió el sol, me aventuré por los pasillos del colegio. Había llegado hasta la reja que me separaba del ala oeste, y de un disparo en su cerradura, logré pasar. El lugar se veía vacío, si no hubiese sido por ese ruido, ni me hubiese molestado en venir hasta aquí. Caminaba sigilosamente, revisando salón por salón, cuando me di cuenta que el único lugar que me faltaba por revisar era la enfermería. Me había acercado hasta la puerta de aquel lugar, y cuando giré el picaporte, la puerta no abría. Estaba por pegarle una patada para que cediera, cuando escuche una voz desde adentro que me hablaba: "¿Hay alguien ahí?".
Era la voz de una mujer. Había alcanzado a responderle que sí, pero no se me ocurrió nada más para decirle. Nos habíamos quedado hablando por un momento a través de la puerta, cuando me dijo que se había encerrado ahí después de lo que vió, y que su hermano mayor todavía estaba por ahí afuera, que habían venido aquí porque también les pareció seguro. En un momento se me ocurrió preguntarle si podría abrir la puerta y me dijo que no podía, que sólo se podía abrir con la llave. En eso, le dije entonces que se haga para atrás y ahí fue cuando aplique el Kung fu sobre esa puerta (estoy exagerando, quería impresionarla). Al entrar, había quedado impresionado: era una hermosa chica de mi edad, de pelo oscuro y ojos celestes. Por fuera parecía débil, no sé como habría hecho para sobrevivir al principio sino fuese por su hermano. Al entrar le pregunté si se encontraba bien, y le dije que nunca me había dicho su nombre, pero ella sabía el mío. "Abigail" me respondió, "pero puedes decirme Abby".
Después de esa charla, le dije que me acompañara porque esa habitación no era segura y nos dirigimos hacia la oficina del director, ya que ahí habían un par de sillones cómodos donde podríamos pasar un par de noches. En el camino habíamos entablado una pequeña conversación.
- Me parece haberte visto antes. - me dijo - ¿No eras compañero mío antes de todo esto?
- Probablemente, pero nunca presté mucha atención a quiénes eran mis compañeros.
Es increíble como nos habíamos callado de nuevo hasta llegar a la oficina, donde después de cerrar las cortinas y poner un escritorio contra la puerta (por si acaso), nos volvimos a hablar.
- Ya me acordé, tu eras el que siempre se sentaba en una esquina - me dijo.
- Si, ¿y?
- Solo decía. No tenías muchos amigos, ¿verdad?
- No, nunca me interesó tener muchos.
El silencio había vuelto a reinar en el salón. De vez en cuando salía alguna pregunta por parte de ella, pero yo no estaba interesado en entablar una conversación. Solo una pregunta me cruzó por la mente al momento en el que estaba revisando las provisiones y el arma que tenía conmigo.
- ¿Te molesta si te puedo hacer una pregunta?
- No, para nada - me respondió
- ¿Que pasó con tu hermano?
- Fue al hospital que queda aquí cerca por un par de medicinas porque nos iban a hacer falta. No en todos lados se consiguen las cosas que se encuentran ahí.
- ¿No es ese el hospital en el que los militares estuvieron el día de ayer disparando? - le pregunté algo preocupado.
- Sí. Ya debería haber vuelto. Tengo miedo de que le haya pasado algo. - me respondió nerviosa y con una lágrima corriéndole por la cara.
Su respuesta me había dejado impactado. Ese lugar debía de estar infestado y sin embargo su hermano había tenido la valentía de ir hasta ahí solo para buscar, no se, penicilina para el hipotético caso de que lo llegaran a necesitar. Parecía un idiota. Después alcancé a decirle "tranquila, todo va a estar bien, iremos a buscarlo mañana por la mañana". Eso parecía haberla reconfortado un poco. Lamentablemente, nadie quiso volver a decir algo y el silencio había vuelto.
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Eso es todo gente, espero que les guste la historia . Abajo dejo la dirección del blog para que puedan continuar leyendo la historia.

