El infinito se divide en mil fracciones, que son seducidas por las palabras tentadoras de la Muerte. Ninguna de ellas tiembla ante la posibilidad de dejar de existir. Conocen los términos de la vida y de la muerte, saben que no tienen chances de caer en el abismo oscuro de aquélla que los cautiva con sus tiernos alaridos.
No logran hallar la forma de explorar más allá de la eternidad, quieren experimentar la no existencia, están agotadas de tantas vivencias.
Son atemporales, ni siquiera tienen sentido de todo el tiempo humano que han existido, es algo inconcebible para la mente mortal.
El susurro grave y áspero de la Seductora les provee sobre sus "oídos", la fórmula perfecta que deberán aplicar, si es que desean sentir lo último de la Creación.
Tardaron, pero valió la pena.... Las fracciones infinitas volvieron a reunirse y decididas, cumplieron con las pautas que la muerte tan bondadosa les había obsequiado.
Nunca pensé que Yo sería el resultado de aquella fórmula, de aquella sublime reunión particular... que en algún momento del no-tiempo la Muerte había revelado, con la ambición envenenada de que todos permanezcamos eternamente a su lado....El engaño fue aplaudido por todos los astros, y nuevamente cayeron en las redes del sufrimiento mortal....Nunca, jamás, aprenderán la lección, y de forma cíclica, aunque al principio la evadan, siempre se hundirán en su dulce voz....
¡Gracias por pasar!