Se llama Willard Wigan, de Birmingham, Inglaterra, y aunque nació con problemas de aprendizaje y nunca aprendió a leer ni a escribir, tiene un talendo tan especial para hacer esculturas microscópicas que logró vender una colección de 70 microesculturas en 20 millones de euros en 2007.
El escultor afirma que fue retado por su novia Sarah Slade a que haga una escultura de la iglesia ubicada cerca de su casa. Se trataba de la Iglesia de San Bartolomé ubicada en Gloucester, Inglaterra.
Esculpir la obra demoró seis semanas. “Fue muy difícil porque tenía que establecer bien las proporciones”, afirmó Wigan. Él utiliza como herramientas pedazos minúsculos de vidrio pegados a una aguja y un pincel hecho con una de sus pestañas.
Lo que hace que estas esculturas sean sorprendentes es lo pequeñas que son. Desde Hulk hasta el alunizaje, Willard Wigan tiene el pulso y la paciencia para usar un diminuto espacio como lugar para expresarse. Dicen que es difícil pasar un camello por el ojo de una aguja, pero si alguien puede lograrlo es él.
“Me ha pasado varias veces cuando he hecho una obra tan pequeña que accidentalmente la he terminado inhalando” dijo el ingenioso artista que desarrolló esta habilidad de pequeño creando diminutas casas para hormigas en el jardín de su hogar de Birmingham. “Mi madre me dijo que mientras más pequeño sea mi trabajo, más grande se volverá mi nombre”, afirmó.
El escultor afirma que fue retado por su novia Sarah Slade a que haga una escultura de la iglesia ubicada cerca de su casa. Se trataba de la Iglesia de San Bartolomé ubicada en Gloucester, Inglaterra.
Esculpir la obra demoró seis semanas. “Fue muy difícil porque tenía que establecer bien las proporciones”, afirmó Wigan. Él utiliza como herramientas pedazos minúsculos de vidrio pegados a una aguja y un pincel hecho con una de sus pestañas.
Lo que hace que estas esculturas sean sorprendentes es lo pequeñas que son. Desde Hulk hasta el alunizaje, Willard Wigan tiene el pulso y la paciencia para usar un diminuto espacio como lugar para expresarse. Dicen que es difícil pasar un camello por el ojo de una aguja, pero si alguien puede lograrlo es él.
“Me ha pasado varias veces cuando he hecho una obra tan pequeña que accidentalmente la he terminado inhalando” dijo el ingenioso artista que desarrolló esta habilidad de pequeño creando diminutas casas para hormigas en el jardín de su hogar de Birmingham. “Mi madre me dijo que mientras más pequeño sea mi trabajo, más grande se volverá mi nombre”, afirmó.