APOCALIPSIS
LA CARTA-APOCALIPSIS DE JUAN
Juan, en un éxtasis, contemplo la gloria de Cristo resucitado y en ella entendió el destino de la Iglesia ya amenazada por las primeras persecuciones. De ahí salió su libro: Apocalipsis de Jesucristo.
¿Por qué ahora el Apocalipsis tiene reputación de ser un libro misterioso y difícil de entender, y para muchos Apocalipsis tiene sentido de terrorífico? ¿Por qué algunos buscan ahí cifras y mensajes secretos que podrían adaptarse a acontecimientos de nuestro tiempo, como si Juan lo hubiera anunciado detalladamente?
Esto se debe en gran parte a que, en el tiempo de Jesús, los Apocalipsis eran una forma de literatura muy de moda. Así se conocen un Apocalipsis llamado de Isaías, un Apocalipsis de Moisés, uno de Henoc… Estos libros pretendían aclarar los acontecimientos de entonces, pero todo lo expresaban con visiones ficticias, con imágenes fantásticas, y era un juego para los lectores reconocer su propia realidad contada en forma sofisticada.
Ahora bien, si Juan quiso exponer su comprensión profética de la historia en forma de Apocalipsis, entenderemos su mensaje con tal de no tomar todo al pie de la letra; más bien debemos interpretar estas visiones, cifras y símbolos según las reglas propias de la literatura apocalíptica. Entonces veremos que el Apocalipsis de Jesucristo no es ni difícil ni terrorífico, sino lleno de esperanza:
Cristo resucitado es el centro de la historia; el mundo es el escenario de la lucha entre la Iglesia, encabezada por Cristo, y las fuerzas del demonio; los cristianos son llamados a dar valientemente su testimonio.
Se pueden reconocer en el Apocalipsis siete series de siete elementos cada una, distribuidas en cuatro grandes partes:
- Los siete mensajes a las iglesias, cap. 1-3.
- Balance del Antiguo Testamento, cap. 4-9.
- La Iglesia se enfrenta con el imperio romano, cap. 11,19-19,6.
- Los últimos tiempos y la Jerusalén celestial, cap. 20-22.
o 1 1 Apocalipsis de Jesucristo.
Dios le confió esta revelación para que enseñara a sus servidores lo que va a suceder pronto.
El envió a su ángel para que se lo transmitiera en forma de visiones a su servidor Juan,
2 el cual dice lo que vio, afirmando que ésa es palabra de Dios y testimonio solemne de Jesucristo.
3 Feliz el que lea públicamente estas palabras proféticas, y felices quienes las escuchen y hagan caso de este mensaje, pues el tiempo está cerca.
o El tiempo está cerca (3): para los lectores de Juan tanto como para nosotros.
Así quedan desvirtuados los cálculos de los lectores contemporáneos, que querrían ver en el Apocalipsis una descripción de los acontecimientos que vivimos.
+ 4 Juan, a las siete iglesias de Asia.
Reciban gracia y paz de aquel que es, que era y que viene,
de parte de los siete espíritus que están delante de su trono,
5 y de parte de Cristo Jesús, el testigo fiel,
el primer nacido de entre los muertos,
el rey de los reyes de la tierra, el que nos ama,
6 y nos purificó de nuestros pecados por su sangre,
haciendo de nosotros un reino y sacerdotes de Dios, su Padre.
A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. ¡Amén!
7 Miren que viene entre las nubes, y todos lo verán, aun los que lo hirieron, y llorarán por su muerte todas las naciones de la tierra. Sí, así será.
8 Yo soy el alfa y la omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que ha de venir, el Señor del Universo.
+ Juan saluda a sus lectores, deseándoles la paz que viene del Padre, de Cristo y del Espíritu Santo. En cuanto Juan nombró a las tres Personas, su alabanza va toda a Cristo: ésta era la novedad que tan poderosamente empujaba a los primeros cristianos: Cristo Dios, que vino como hombre.
Los siete espíritus quiere decir la plenitud del Espíritu de Dios.
El que es, el que era y el que viene, esa manera de designar a Dios amplía lo que había sido revelado a Moisés: <<Yo soy el que soy>> (Ex 3). El Dios vivo es un Dios que viene.
Después se representaba a Jesús como el Mesías y Juez esperado por los judíos. Viene entre las nubes. Jesús en su proceso también había hecho referencia a este texto del profeta Daniel (7,13).
Llorando por su muerte todas las naciones. Ver Zacarías 12,10 esta profecía del Mesías asesinado: <<el que traspasaron>>.
Alfa y Omega (o sea, a y z). Eso sugiere que Dios abarca toda la duración del tiempo.
El Apocalipsis se dirige a cristianos que empiezan a sufrir por su fe, y les muestra a Cristo como el modelo que están imitando. Cristo es <<el servidor y el testigo de Dios y del Padre>>. No olvidemos que mártir significa testigo.
9 Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las pruebas, el reino y la perseverancia en
Jesús, me encontraba en la isla de Patmos a causa de la palabra de Dios y por haber proclamado a Jesús. 10 Se apoderó de mí el Espíritu el día del Señor y oí a mis espaldas una voz que sonaba como trompeta: 11 <<Escribe en un libro lo que veas, y manda ese libro a las siete iglesias de Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.>>
12 Me volví para ver quién me hablaba; detrás de mí había siete candeleros de oro, 13 y en medio de los candeleros vi a uno que es como hijo de hombre, con un vestido que le llegaba hasta los pies y un cinturón de oro a la altura del pecho.
14 Su cabeza y sus cabellos son blancos, como lana blanca, como nieve, y sus ojos parecen llamas de fuego. 15 Sus pies son semejantes a bronce pulido cuando está en horno ardiente. Su voz es como estruendo de grandes olas. 16 En su mano derecha tiene siete estrellas, y de su boca sale una espada de doble filo. Su cara es como el sol cuando brilla con toda su fuerza.
17 Al verlo, caí como muerto a sus pies; pero me tocó con la mano derecha y me dijo: <<No temas nada, soy Yo, el Primero y el Ultimo. 18 Yo soy el que vive; estuve muerto y de nuevo soy el que vive por los siglos de los siglos, y tengo en mi mano las llaves de la muerte y del infierno.
19 Escribe, pues, lo que has visto, tanto lo presente como lo que debe suceder después. 20 Entiende el significado secreto de las siete estrellas que viste en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros son las siete iglesias.>>
Juan había sido condenado por su fe y vivía desterrado en Patmos, hacia el año 95.
Juan recibe su visión el día del Señor, o sea, el domingo o día de la resurrección. Por tanto, dicha visión será animada por el soplo triunfante de la resurrección.
Vi como un hijo de hombre. Es una visión simbólica de Cristo; va vestido como los sacerdotes y ceñido de oro como los reyes. Los cabellos blancos son símbolo de su eternidad. Los pies de bronce significan que nadie lo echará abajo. Cristo aparece tal como Daniel representa a Dios, Juez universal (ver 7,9).
Yo soy el primero y el último. Con estas palabras, Cristo se identifica con Dios mismo. Es una manera de hablar propia de Dios en la Biblia (ver Is 44,6 y 12).
En el momento de dar los siete mensajes a las iglesias, Cristo aparece no como un hombre del pasado, sino como el Señor que tiene en su mano los destinos de las iglesias. La espada de dos filos que sale de su boca es la palabra de Dios que penetra irresistiblemente en los espíritus y que siempre se cumple en los acontecimientos. Es eficaz tanto para dar muerte como para salvar.
Eran más de siete las iglesias de Asia. Pero siete designa una plenitud, y las siete representan, pues, a todas las comunidades cristianas. Siete es la cifra perfecta, y por eso en el Apocalipsis se nombra siete veces a Cristo, catorce veces a Jesús, veintiocho al Cordero (que es Cristo). Hay siete profecías de la victoria de Cristo con los suyos y siete Bienaventuranzas semejantes a las del Evangelio: <<Feliz quien…>>.
La estrella, el ángel y el candelabro: posiblemente esas tres imágenes se completan para designar una iglesia, obispos y creyentes juntos.
Los siete mensajes a las iglesias
2 1 Al ángel de la iglesia de Efeso escribe: Esto te manda decir el que tiene las siete estrellas en su derecha y camina en medio de los siete candeleros de oro:
Los siete mensajes que vienen a continuación empiezan con la palabra conozco. Cristo mira, conoce y ama a su Iglesia.
Empieza por subrayar lo positivo y después hace los reproches. Cristo permanece invisible, pero es Señor del universo y dirige la historia.
Los mensajes nos dan a conocer las dificultades que enfrentan estas iglesias de Asia:
- Por una parte, son hostilidades provenientes tanto de los judíos como de los paganos: vienen a probar la perseverancia de los creyentes.
- Por otra parte, son los <<nicolaítas>>, es decir, esos cristianos que, deseosos de no apartarse de los paganos, aceptaban incluso compartir con ellos los banquetes de los templos paganos, donde se comía la carne sacrificada a los ídolos: amenaza contra la fe.
- La última tentación es la que viene con el tiempo: se enfría el amor que se había despertado en los primeros momentos de la conversión.
o 2 Yo conozco tus obras y tus trabajos y sé que sufres pacientemente. No puedes tolerar a los malos,
sometiste a prueba a los que se llaman a sí mismos apóstoles y los hallaste mentirosos. 3 Tampoco te falta la constancia; has padecido por mi Nombre sin desanimarte. 4 Sin embargo, tengo en contra tuya el que has perdido tu amor del principio. 5 Mira, acuérdate de dónde has caído, y arrepiéntete, volviendo a hacer lo que antes sabías hacer. En caso contrario, iré a ti y removeré tu candelero de donde fue colocado; eso, si no te arrepientes. 6 Algo más: noto en tu favor que aborreces la conducta de los nicolaítas, que yo también aborrezco.
7 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias: <<Al vencedor yo le daré de comer del árbol de la vida que se halla en el paraíso de Dios.>>
o Efeso viene primero, por ser la Iglesia madre. Allí predicó Pablo durante dos años (Hechos 19,8). Ahí vino después a residir Juan, extendiendo su autoridad sobre las iglesias de la provincia de Asia.
Sé cómo sufres pacientemente. Estando ausente el apóstol, la iglesia supo rechazar a los falsos apóstoles y guardar la fe verdadera.
Perdiste tu amor del principio. ¡Cuántos detalles difíciles de precisar nos hacen sentir el fervor de una comunidad o, al contrario, muestran que falta lo esencial del amor auténtico a Dios, apasionado y constante! Removeré tu candelero: sancionaré a tus encargados.
El árbol de la vida es la vida eterna (ver Gén 2,9).
+ 8 Escribe el ángel de la iglesia de Esmirna: Así habla el primero y el último, el que estuvo muerto y volvió a la vida.
9 Yo sé que tú sufres y eres pobre. En realidad, eres rico. Yo sé cómo te calumnian los que pretenden ser judíos y que más bien son la sinagoga de Satanás. 10 No te asustes de lo que vas a padecer. El diablo meterá en la cárcel a algunos de ustedes para ponerlos a prueba. Serán diez días de prueba. Permanece fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida.
11 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias: <<El vencedor no tiene nada que temer de la segunda muerte.>>
+ La iglesia de Esmirna reúne hombres pobres en una ciudad riquísima. En realidad, es rica ante Dios, que la va a probar para que dé más frutos.
Serán diez días de prueba. Esa cifra diez es propia del tiempo en que dominan los malos. Así se anuncia una prueba de corta duración.
La segunda muerte. (Ver Apocalipsis 20,14). Es la condenación eterna, la que separa el alma, no del cuerpo, sino de Dios.
Los que pretenden ser judíos. Los cristianos, por ser creyentes y pueblo de Dios, son los verdaderos hijos de Abraham y los verdaderos judíos. Los judíos de raza que no creyeron, perdieron su derecho a ostentar ese nombre. Por tanto, su <<sinagoga>>, o sea, su asamblea, pasa a ser la de Satanás, al oponerse a la Iglesia.
12 Escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo: Así habla el que tiene la aguda espada de doble filo:
13 Sé dónde vives: allí donde está el trono de Satanás. Pero firmemente te aferras a mi Nombre; no has renegado de mí, ni siquiera en los días en que fue muerto Antipas, mi fiel testigo, ahí donde vives, en esa tierra de Satanás. 14 Es poco lo que tengo en contra tuya: toleras a los que tienen la doctrina Balaam, el que enseñó a Balac la manera de hacer tropezar a los israelitas comiendo carnes sacrificadas a los ídolos, y se hicieron adúlteros. 15 Asimismo soportas a los partidarios de la doctrina de los nicolaítas. 16 Por eso arrepiéntete; si no, iré pronto a ti para combatir a esa gente con la espada que sale de mi boca.
17 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias: <<Al vencedor le daré maná misterioso. Le daré también una piedra blanca que lleva grabado un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe.>>
Pérgamo tiene el privilegio de ser un centro importante del culto pagano: es <<el trono de Satanás>>.
Te aferras a mi Nombre. El nombre de Cristo es <<Señor>>. Es el momento en que los emperadores de Roma empiezan a hacerse llamar <<Señor>> y adorar como dioses, obligando así a los cristianos a escoger entre el culto al emperador, impuesto a todos bajo graves castigos, y la fidelidad a Cristo.
La iglesia de Pérgamo tiene el privilegio de haber tenido entre sus miembros al primer mártir de esta provincia, Antipas, del que aquí se habla. Su valentía en proclamar su fe frente a la persecución pagana no impide que la corriente pagana penetre en la misma iglesia con los nicolaítas, de que se habló anteriormente: al participar en ciertas ceremonias paganas y al volver a la libertad sexual de los paganos, amenazan destruir la iglesia.
Iré a castigar a esa gente. En la iglesia del primer tiempo, la acción del Espíritu Santo se hace sentir a cada momento. Los profetas hablan, designan al culpable, y las desgracias no tardan en suceder.
La piedra blanca es un presagio de felicidad. El nombre nuevo (ver Is 65,15) significa la renovación del cristiano en su ser profundo: al vivir y crecer en la fe, empieza una personalidad nueva que aparecerá a las claras en el cielo. El maná misterioso (17): para el que le es fiel, Cristo se hace fuerza y fuente de vida (Jn 6,48).
18 Escribe al ángel de la iglesia de Tiatira: Así habla el Hijo de Dios, cuyos ojos son llama ardiente y
sus pies semejantes a bronce brillante:
19 Conozco tu proceder: tu amor, tu fe, tu servicio, tu perseverancia y tus últimos trabajos más numerosos que los primeros. 20 Pero tengo en contra tuya que dejas actuar a tu Jezabel, esa mujer que se llama a sí misma profetisa y enseña engañando a mis servidores, llevándolos a la inmoralidad sexual y a comer carnes sacrificadas a los ídolos. 21 Le he otorgado tiempo suficiente para que se arrepienta, pero no quiere salir de su prostitución. 22 Por eso ahora la voy a arrojar en un lecho, y a los que cometieron adulterio con ella los arrojaré en una prueba terrible, a no ser que se arrepientan de sus maldades. 23 A sus hijos los heriré de muerte, y sabrán todas las iglesias que yo soy el que conoce hasta los rincones del corazón y de la mente; y a cada uno de ustedes le pagaré según como se porten. 24 Ahora escúchenme los demás de Tiatira, los que no siguen esa doctrina ni han conocido los <<misterios de Satanás>>, como dicen ellos. Para ustedes no habrá ningún castigo; 25 solamente conserven lo que tienen hasta que yo venga.
26 Al que venza y se mantenga en mis caminos hasta el fin le daré poder sobre las naciones, 27 las dirigirá con vara de hierro y las quebrará como vasos de barro, haciendo igual que yo, que recibí de mi Padre este poder. 28 Además le daré la estrella de la mañana.
29 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias.
Jezabel es en la Biblia el nombre de la mujer impía (Ver 1 Re 19), y designa aquí a alguna profetisa nicolaíta. Sus amantes e hijos son sus seguidores.
En la Biblia, la idolatría es llamada muy a menudo <<adulterio>> o <<prostitución>>: el pueblo creyente pertenece a Dios como la esposa a su esposo, y serle infiel es prostituirse. En realidad, los que adoran a los ídolos habitualmente no respetan la disciplina sexual impuesta por la fe. Por eso, al hablar el Apocalipsis de la prostitución, debemos entender a la vez la idolatría e inmoralidad sexual.
Las dirigirá con vara de hierro. Con esas palabras se promete al vencedor que compartirá la victoria de Cristo (Ver salmo 2). El vencedor recibirá la estrella de la mañana, es decir, a Cristo mismo (ver Apocalipsis 22,15).
o 3 1 Escribe al ángel de la iglesia de Sardes: Así habla el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas:
Yo sé lo que vales; te crees vivo, pero estás muerto. 2 Despiértate y reanima lo que todavía no ha muerto. En realidad, delante de mi Dios encuentro muy imperfectas tus obras. 3 Recuerda la enseñanza que recibiste; guárdala y cambia de conducta. Pues, si no estás despierto, vendré como un ladrón, sin que tú sepas a qué hora. 4 Con todo, en Sardes quedan algunos que no mancharon sus ropas; éstos me acompañarán vestidos de blanco, pues ellos lo merecen.
5 El vencedor vestirá de blanco. Nunca borraré su nombre del libro de la vida; más bien lo proclamaré delante de mi Padre y de sus ángeles.
6 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias.
o Es un mensaje breve a una iglesia que se muere. La Iglesia universal tiene las promesas de la eternidad. Sin embargo,
cualquier iglesia particular puede desaparecer.
El manto blanco significa vida interior: ser revestido de Cristo (ver Ef 4,24). A lo largo del Apocalipsis, el color blanco significa gozo, fuerza, victoria, gloria eterna.
+ 7 Escribe al ángel de la iglesia de Filadelfia: Así habla el santo, el verdadero, el que guarda la llave de David; si él abre, nadie cerrará, y si cierra, nadie abrirá.
8 Yo sé lo que vales; he abierto delante de ti una puerta y aunque eres débil nadie la podrá cerrar, porque has guardado mi palabra y no has renegado de mí. 9 Yo te voy a dar a algunos de la sinagoga de Satanás, de esos que se proclaman judíos, pero es pura mentira. Los haré venir a postrarse a tus pies y reconocerán que yo te he amado. 10 Y porque guardaste con perseverancia mis palabras, yo por mi parte te protegeré en la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra. 11 Yo vendré pronto, guarda lo que tienes, no sea que alguien te arrebate el premio.
12 Al vencedor lo pondré como columna en el Templo de mi Dios, de donde no saldrá nunca jamás. En él grabaré el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la que viene del Cielo, obra de Dios, y mi propio nuevo nombre.
13 El que tenga oídos, que escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias.
+ Este es un mensaje de consuelo y optimismo para el obrero fiel del Espíritu Santo, pero enredado en las mil dificultades del apostolado.
El que tiene la llave de David. (Ver Is 22,22.) Cristo tiene el poder absoluto sobre la <<casa de David>>, o sea, sobre su pueblo. El prepara un apostolado fecundo a los que supieron perseverar en los tiempos difíciles y cuando no se veían los frutos de sus labores.
He abierto ante ti una puerta (v. 8) quiere decir: te he preparado un apostolado exitoso. Se indica la condición: guardar la palabra de Dios y serle fiel.
14 Escribe al ángel de la iglesia de Laodicea: Así habla el amén, el testigo fiel y verdadero, el
principio de las obras de Dios.
15 Yo sé lo que vales; no eres ni frío ni caliente; ojalá fueras lo uno o lo otro. 16 Desgraciadamente eres tibio, ni frío ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca. 17 Tú piensas: Soy rico, tengo de todo, nada me falta. ¿No ves cómo eres un infeliz, un pobre, un ciego, un desnudo que merece compasión? 18 Sigue mi consejo: cómprate de mí oro refinado para hacerte rico, ropas blancas para cubrirte y no presentarte más desnudo para tu vergüenza; por fin, pídeme un colirio que te pongas en los ojos para ver. 19 Yo reprendo y corrijo al os que amo. ¡Vamos!, anímate y conviértete.
20 Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entraré a su casa a comer, yo con él y él conmigo.
21 Al vencedor le concederé que se siente junto a mí en mi trono, del mismo modo que yo, después de vencer, me senté junto a mi Padre en su trono.
22 El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias.
No eres frío ni caliente. Ni el incrédulo que se queda frío frente a una fe que no comparte, ni el creyente que toma en serio el amor de Dios con una entrega real. Fácilmente nos imaginamos esta comunidad de gente simpática y cómoda. Eran un grupo religioso más, pero no los testigos de Cristo vencedor.
Laodicea tenía aguas termales, frías y calientes. También se fabricaba en esta ciudad un colirio famoso para mejorar la vista.
Amén quiere decir: es verdad, o también: así me comprometo. Cristo es el amén del Padre. Su compromiso con nosotros es el cumplimiento de sus promesas (ver 2 Cor 1,20). Y porque Cristo es amén, nos llama también a nosotros a un compromiso real con Dios, para realizar sus planes.
MIRADA ATRAS: CRISTO E ISRAEL
El trono en el cielo
4 1 Después de esto miré: había una puerta abierta en el cielo y la voz que antes había oído como una trompeta que me decía: <<Sube aquí y te mostraré los acontecimientos que vendrán en seguida.>>
2 En ese mismo momento se apoderó de mí el Espíritu y estuve contemplando esto: En el Cielo había un trono colocado y en el trono alguien estaba sentado 3 que tenía aspecto como de jaspe verde y de ágata.
Alrededor del trono un arco iris arroja reflejos de esmeraldas. 4 Veinticuatro sillones rodean el trono, en los que están sentados veinticuatro ancianos con blancas vestiduras y coronas de oro en la cabeza. 5 Del trono salen relámpagos, voces y truenos. Siete antorchas arden ante el trono, que son los siete espíritus de Dios. 6 Ante el trono se extiende un mar como de cristal transparente. A los cuatro lados del trono permanecen cuatro vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. 7 El primer viviente se parece a un león; el segundo, a un toro; el tercero tiene cara como de hombre, y el cuarto es como águila en pleno vuelo.
8 Cada uno de los cuatro vivientes tiene seis alas llenas de ojos por ambos lados y no cesan de repetir día y noche:
Santo, santo, santo es el Señor Dios, el Señor del Universo, aquel que era, que es y que viene.
9 Cada vez que los vivientes rinden gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, y que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se arrodillan ante él, adorándolo. Arrojan sus coronas delante del trono diciendo:
11 Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
Después de estos mensajes a las iglesias de Asia vienen visiones que encierran el sentido de la historia.
- En los capítulos 4-11 Juan descubre el sentido de la historia de Israel hasta la predicación del Evangelio.
- En los capítulos 12-21 nos prepara para comprender la historia que vivimos y las luchas de la Iglesia.
Para empezar, necesitamos saber a dónde vamos y por qué luchamos. El que no tiene un norte, pronto será barrido por las corrientes adversas. Por eso Juan, antes de desarrollar una visión de la historia, nos muestra el centro inmutable de donde provienen todas las cosas y los acontecimientos y a dónde vuelven.
En el cielo un trono, y en el trono alguien sentado. Ese alguien invisible del que irradian luz y vida es el ser divino contemplado en su fuente primera, que es el Padre. El no tiene rostro que se pueda describir, pero todos los elementos de la naturaleza están reunidos para expresar algo del ser divino: fuerza imponente del temporal, poder fascinante del fuego, pureza y frescura del agua.
Los ancianos son los santos del Antiguo Testamento que representan al pueblo fiel (ver Is 24,23). Los cuatro animales, o más bien seres, designan a los ángeles. Son figuras poéticas para expresar lo más noble, robusto, sabio y rápido. Fijan sus ojos, siempre despiertos, en el seno del Ser divino y derraman las energías de Dios por todo el universo (ver Ez 1).
No cesan de repetir: Santo, santo, santo (v.8). Este es el primero de los himnos que leemos en el Apocalipsis. Al centro, en que está Dios y de donde parte la historia del mundo, solamente vuelve la acción de gracias. Cuando haya transcurrido la historia y se acabe la vida de los mortales, todo se reunirá en una acción de gracias al Padre. ¿Qué haremos en el cielo? Todo será admiración, alabanza y descubrimiento asombrado de la infinidad de Dios.
Una puerta se abre en la bóveda del cielo (v. 7). Según las ideas de aquel tiempo, por encima de la bóveda están las <<aguas superiores>>, que son el piso de otro cielo, el verdadero, donde reside Dios. Esas son llamadas <<mar transparente como el cristal>>.
Se notará cómo Juan describe el misterio de Dios en la presente página, usando las imágenes de Isaías 6 y Ezequiel 1. En cuanto a los cuatro animales, el arte cristiano acostumbró a representar con ellos a los cuatro evangelistas: Mateo, el hombre; Marcos, el león; Lucas, el toro, y Juan el águila.
La entrada del Cordero
o 5 1 Vi entonces en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro en forma de rollo
escrito por ambos lados, sellado con siete sellos. 2 En ese mismo momento un ángel poderoso exclamó a toda voz: <<¿Quién es digno de abrir el libro y de romper los sellos?>>
3 Y no se encontró a nadie, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de ella (entre los muertes) que fuera capaz de abrir el libro y de leerlo. 4 Yo me quedé llorando al ver que nadie había sido hallado digno de abrir el libro ni de leerlo. 5 Entonces uno de los ancianos me dijo: <<No llores más; mira, ha vencido el león de la tribu de Judá, el brote de David; él abrirá el libro de los siete sellos.>> 6 Miré entonces: entre el trono con sus cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos, un Cordero estaba de pie, a pesar de haber sido sacrificado. Se le veían siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra.
7 El Cordero se adelantó y tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. 8 Cuando lo tomó, los cuatro vivientes se postraron ante el Cordero. Lo mismo hicieron los veinticuatro ancianos, que tenían en sus manos arpas y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos.
9 Este es el cántico nuevo que cantan ellos:
Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, ya que tú fuiste degollado y por tu sangre compraste para Dios a hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación.
10 Los hiciste reino y sacerdotes para nuestro Dios y dominarán toda la tierra
11 Yo seguía mirando; se oía el clamor de una multitud de ángeles reunidos alrededor del trono, de los vivientes y de los ancianos. Se contaban por millones y millones,
12 que gritaban a toda voz:
Digno es el Cordero que ha sido degollado de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, la honra, la gloria y la alabanza.
13 Entonces oí la voz de toda la creación, el cielo, la tierra, el mar y el lugar de los muertos, todos los seres que están en el universo clamaban:
Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos.
14 Y los cuatro vivientes decían el Amén, mientras los ancianos se postraban y adoraban.
o Sigue la visión. Dos elementos nuevos aparecen: el libro sellado y el Cordero. La historia de Israel (que se lee en el libro de la Biblia) y Cristo.
Los lectores de Juan tenían un libro, el Antiguo Testamento. Para los que entre ellos eran de origen judío, era la historia de su pueblo. Pero también era el libro de los demás cristianos, y de alguna manera contiene la historia de todos los hombres, ya que en ella se preparaba la salvación de toda la humanidad.
Hacía ya unos veinte años que la nación judía había sido destruida, según la profecía de Jesús (Mc 13), y los cristianos de origen judío se preguntaban:
Si Cristo es el Salvador prometido, ¿por qué la historia de Israel acabó en esos desastres? ¿Y por qué el pueblo judío, instruido por la Biblia, no reconoció a su Salvador?
Se les contesta que si bien los acontecimientos están en el libro, el libro es sellado. Nadie se encontró que fuera capaz de entender el plan de Dios respecto de su pueblo o que pudiera pedirle cuentas a Dios. Sólo Cristo nos revela el misterio de muerte y de resurrección que se cumple en la historia, y puede hacerlo, porque él mismo se entregó a la muerte por todos: digno eres de tomar el libro (9).
Cristo, ahora, puede leer el libro de la historia y del destino de los hombres (poder, riqueza y sabiduría: v. 12). Pero también se hizo dueño de este libro, y, al ser desconocido por Israel, pueblo sacerdotal (Ex 19,5), se hizo su propio reino y pueblo de sacerdotes, la Iglesia (1 P 2,9), como se dice en v.10.
El Cordero estaba de pie, a pesar de haber sido degollado (v. 6). La visión nos ubica en el momento de la resurrección. Mientras los evangelios relatan la resurrección de Jesús tal como la conocieron sus discípulos en la tierra, aquí estamos en el cielo para contemplar a Cristo resucitado, que hace su entrada en el mundo glorioso. Está de pie después de sacrificado, glorioso, pero marcado para siempre por su pasión entre los hombres.
Los siete cuernos y los siete ojos expresan la plenitud del poder y del conocimiento que tiene Cristo resucitado. En ese día, frente a todas las fuerzas del mundo y del cielo, viene con autoridad a tomar el libro de la mano del Padre.
Notemos cómo en el día de la resurrección la misma alabanza dirigida anteriormente a Dios va al Cordero: Cristo al resucitar aparece con la gloria que le corresponde, la de Dios.