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Un pequeño paréntesis.

Arte5/10/2010
Un pequeño paréntesis.

Me quité la máscara. Por alguna razón esto confundió a los comensales. A mí me pareció totalmente normal. No podía ver con ella, mucho menos comer. Sólo podía oír pedazos de conversaciones en idiomas que apenas comprendía. Fragmentos.
Un cactus me miraba desde el plato, hojas en prosa hacían las veces de ensalada. Estaba muerto, el cactus, cortado al medio y sangrando sobre páginas que hablaban (Y aún hoy hablan) del camino y de la muerte. De cómo amar y digerir la vida.
El búho me miro a los ojos. Pelo escapaba detrás de las plumas.
-Aora entiende ¿Ya esta con nosotros?
-Apenas.- Respondí con naturalidad. En la mesa no había cubiertos.
-No pincha, al menos no tus manos.- Me dijo el Gato. Los recortes de diarios en su cara hablaban de odio y codicia. Aún lo hacen hoy.
Me encogí de hombros. Con sumo cuidado levante medio cactus y por un segundo nos miramos con una intensidad reservada para amantes y enemigos.
-¿No es triste?- Pregunté -¿No duele estar así?
-Pero claro.- Replicó el Cerdo. Llevándose a la boca, sin quitarse la máscara un puñado de billetes y cigarrillos aún encendidos. – No es natural. No es sano-.
El Búho le dirigió una mirada de reproche. Sólo uno dirigía este baile.
-Coma, ijo mío. Es bueno pa´usté.
-Pero ¿Y si no lo es? ¿Y si es nauseabundo y hace que mis entrañas me odien y me hagan dar vueltas o arrastrarme buscando un escondite?
-¿Y si…?´- El Búho se llevó a la boca una copa de gusanos. Cuando la hubo terminado el gato la llenó de con una jarra de plata. –No lo sabra asta provarlo.- Su voz era tranquila. Como uno se imagina que son las de los psicólogos. Y es que era, de hecho, un doctor de la Mente.
-¿Qué le ace pensar que es pior, que puede ser pior, que lo real? Mire al amigo Gato.- Su traje consistía de paneles radiográficos cubriéndolo hasta el cuello donde un moño corbatín parecía mantener todo en su sitio.
El Búho alargó una mano deforme, huesuda y con uñas crecidas sin el menor reparo, el índice señalando el hombro del Gato que temblaba en su sitio pero mantenía una sonrisa amplia. Parecía burlarse de mí.
-Sólo un toque de miedo…- Dijo el Búho tocando el hombro del Gato. Las radiografías se mancharon. Constelaciones de puntos y nubes cubriendo órganos y huesos. El Cerdo estalló en una profunda carcajada, ruidosamente salpicando el mantel de ceniza y colillas y cabezas de presidentes ya muertos.
-Bilis, cancer, mugre. Y todo eso solo po´el miedo.- El Búho dijo recogiendo la mano. El Gato tosió y su sonrisa se manchó de sangre. Cayendo por sus labios. Goteando de su barbilla.
-¡Basta! ¡No quiero ser partícipe de la diversión de los infames!
El Cerdo me dedicó una mirada severa y estalló nuevamente en risas. Una lágrima esquiando la mejilla del gato. Corriendo la tinta de sus noticias.
-¡Deshacelo ya!
-Ya no ay buelta atras. El Gato provo el miedo. Su unica salbasion es lo que usté condena. La infamia ¿Cree que no lo ubiera matado al Chancho mil veses si podria? Su infamia lo inmunisa.
-Exacto.- Rió el Cerdo, desbordando su boca con una copa de sangre.
-Yo solo quiero inmunisarlo a usté.
El Gato cayó de cara sobre su plato. Los dibujos de niños que estaba comiendo se tiñeron negros de petróleo.
Asustado le tendí mi plato al caído. –Hay dos mitades. Lo que me puede salvar a mí lo puede salvar a él.
-Esta comensando a conprender, segun veo. Somos solo ombres.- Las plumas del Búho se erizaron. –Si es menester…-
-¡No es menester!- Gritó el Gato, salpicando la mesa de sangre y aceite –No es menester, moriré como viví. No voy a rendirme ahora.
-¡Pues mirá si no es un boy scout! ¿Cómo va la iglesia, Minino?- El Búho le dirigió un ultimátum con los ojos.
-No olbide por que esta aquí Don Puerco. Usté es solo una erramienta mas de mi regalo para el chico y quiciera que concerbemos los modales en la mesa.
-Si es menester…- Se burló el Cerdo y comenzó a comer de un bowl de escarabajos.
-El tomo su desision, Don. No se lo puede forsar a la infamia.
-Pero aún se lo puede…
-¡No!- Interrumpió- No se lo puede salbar. Pero a usté si.
-No concibo que la infamia valga la pena.
-¡Pero si! Oserve. Si un dedo puede matar al sensato…- Se levantó de la mesa caminó hasta el Cerdo y lo golpeó de lleno en la cara. Un gancho que lo sacó de su silla y lo dejó plantado en el suelo donde siguió riendo atolondradamente, tratando de contrabandear escarabajos en su cara con cada bocanada de aire.
El Búho solo se paró allí. Enorme como era, mirándome con la Paz que solo tienen los iluminados.
-Y aún vive.- Dijo finalmente- No fue la careta lo que lo salvó, detrás de ella es solo un hombre.
Tomó al Cerdo por el cabello y lo alzó a la altura de mi cara. Con la mano que no era mano sino garra arrancó la máscara rosada y sólo había un hombre. Sólo un hombre infame.
El Búho caminó hasta su sitio y tomó asiento. El hombre se vistió de cerdo de nuevo y siguió comiendo.
-Puede tratar de ebitarlo, correr, como el amigo Gato. Pero si lo encuentra toda esa corrida va a aber sido al divino boton.- El Búho de apoyó en los codos y acercó su cara a la mía cuanto le fue posible. –O puede comer, y dejar que la infamia lo inmunise.
Lo pensé por un momento. Correr o luchar. Correr o esconderse es más apropiado. Pero entonces
-¿Qué es luchar?- Preguntaron los tres.
-Luchar es luchar- Susurré y me lancé sobre la mesa y hacia mi comensal. Caímos sobre el respaldo de la silla y quedamos cara a cara. Tomé su máscara por los lados y tiré. La cara detrás del Búho era la que hasta ese momento creía era mi cara. Sonriéndome con una paz de manicomio.
-Y entonces ¿Quién soy yo?- Me preguntó mi cara.
-Vaya a ver…- Dije, incorporándome del suelo y caminando hacia mi silla para ver por primera vez mi máscara.
Era un vidrio, una forma cóncava de cristal que de algún modo había albergado perfectamente mi rostro.
-Ya ve.- Dije una vez que había vuelto a ser búho. –No importa cuántas máscaras usemos, somos solo nosotros mismos.
-¿Y quién soy yo entonces?- Palpé mi cara pero era la mía propia. Sin plumas, sin nariz de barril, sin noticias.
-¡Que pregunta infame! Usté es usté.
-¿Y ustedes quiénes son?
-Somos solo nosotros.
-¿Y son todos yo…?
-En un modo.- Dijo el Gato.- Cuando es menester.
-¿Y quién escribe, entonces, esta historia? ¿Quién la lee?
-Usté sabe que es usté ¿O no esta lellendo acaso? Es solo que usté no es el mismo para escrivir que para leer. Usté es distinto cuando come, cuando fuma un sigarrillo…
-Cuando ríe y cuando llora- Dijiste vos.
-Le propongo algo.- Dijo el Búho, sacando un paquete de cartón de su saco. –Pienselo todo lo que quiera, el Cactus no se gua ir a ningun lao. Mientras tanto, juguemos un truco.
Comenzó a mezclar las cartas y repartió y por primera vez en mi vida le guiñé un ojo a un chancho, y me reí de un gato muerto y dormí afuera con un búho. Por primera vez las cartas jugaron y yo no tuve nada que ver.
Ahora, no sé que me va a tocar en la próxima mano pero me está dando hambre y esto ya parece lo suficientemente infame para curiosear como sería llevarlo un paso más allá.
Tengo la Hembra y el Búho me está retrucando por los cuatro que me faltan.

¿Usted en mi lugar que haría?
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