Aqui veremos la historia y formacion de las comidas que mas no apetecen, en especial, a los argentinos
Por empezar, la querida pizza
Historia de la Pizza
Este plato no es muy antiguo, pese a ser uno de los máximos exponentes de la cocina italiana y quizá el más conocido en el mundo de ese país, en principio era un plato innoble y no existía constancia escrita de su existencia a finales del siglo XIX, el primero que nos habla de ella es Pellegrino Artusi en La scienza in cucina o lárte de mangiar bene, pero sólo de dos formas de hacerla y otras dos para postres a base de harina, almendras, vainilla, leche y huevos.
No nos cabe duda que en el siglo XVIII debió existir este plato, pero sólo es una suposición, aventurada por nuestra parte, ya que la base con la que se hace era popular en Italia en aquella época y asequible al pueblo llano que fue el que empezó a deglutirla.
El tomate llegó a Italia en el año 1.554 llevado por los españoles, era un fruto pequeño, del tamaño de una cereza y que llamaban los aztecas tomatí o tomahmac y que los italianos supieron sacar partido, hasta el punto de ser la base de casi toda su cocina; siendo la salsa de tomate el máximo exponente de su ingenio.
Sólo hay tres formulas básicas para hacerla, alla porta San Gennaro, alla marinera y a la margherita, todo lo que salga de estas formas sólo son puras imitaciones y sucedáneos que nada tienen que ver con este plato, por otra parte nada refinado dentro de la cocina. Recuerdo mi primera visita a Italia como en las panaderías vendían las pizzas sin todos los ingredientes superpuestos que se le pone en las llamadas pizzerías del resto del mundo, era una especie de pan aplastado y elaborado con los componentes que a continuación se exponen, esa es la auténtica pizza.
La de la porta de San Gennaro se hace sazonando la harina con aceite, sal, pimienta, queso y albahaca.
La marinera con aceite y tomate, queso y se le perfuma con orégano y ajo, hay quien le pone setas o champiñones y filetes de anchoas en conserva, esto es más moderno.
La margherita es muy parecida a la marinera pero con queso búfala o mozzarella y su nombre se debe a la reina Margherita, esposa del rey Humberto I de Saboya, que en el año 1.889 veraneaban en Capodimonte. Esta reina era bastante exigente en la comida, odiaba los alimentos con olores fuertes, como el ajo, así que le encargaron a un tal don Raffaele, que junto a su esposa, la signora Rosa, regentaban la mejor pizzería de la época en Nápoles, una pizza que tuviera unos componentes armónicos, de ahí nació este conocidísimo plato.
Ahora existen tantos tipos de pizza que son difíciles de enumerar, la tropical, de frutto di mare, cuatro estaciones, napolitana, etc., pero no nos engañemos, la base de la pizza siempre será una de las tres variantes que hemos dicho anteriormente, lo que se le pone encima es otra cosa, ahí está la imaginación del cocinero que las hace y del estómago de quien las come, no confundamos este sutil término, el de saber distinguir entre el continente y el contenido.
Algunos tipos de pizzas:
NAPOLITANA
TRADICIONAL
CON JAMON (AUNQUE ÉSTA NO ES TA MUY BIEN HECHA, JE JE)
FUGAZZA
CON ANCHOAS
CON ANANA
CON SALCHICHA
PIZZA CHATARRA, JA JA 
Salimos de la pizza y pasamos a la salchicha
Historia de la salchicha
Puesta a investigar un poco más a este ingrediente me encontré con que el origen del vocablo “salchicha”, se origina del Latín “salsus” y que su significado no seria otro que; “salteado o salado”, que no haría más que referirse a una de las primeras (sino la primera) formas que los hombres descubrieron para conservar sus alimentos. Homero, ya hacia mención de ellos en su Odisea y se tiene por sabido que mucho antes de Cristo, los chinos y los caldeos tenían conocimiento de ella.
Algo más que descubrí investigando es que, se comenzó a desarrollar en Europa, donde comienza a ser un popular bocadillo consumido en festivales. El cristianismo desaprobó su consumo y fueron prohibidos en todo el Imperio Romano. Pero estos grandes consumidores de embutidos no se resignaron y dió inicio el contrabando de las inocentes salchichas. Ante la imposibilidad de detener tremendo acto marginal, no quedo más que autorizar su libre consumición, con lo que se consiguió que proliferasen extendiendo su presencia al resto de los pueblos europeos.
El medievo diversificó sus embutidos
En el transcurso de la Edad Media, cada pueblo desarrolla un embutido con características e identidad propia. Tuve oportunidad de enterarme que por ejemplo; en el sur de Europa surgió lo que se conoce como “salchicha seca”, hecha de esa forma para impedir que las temperaturas elevadas las hicieran descomponer, al mismo tiempo, en el norte europeo incorporaban el proceso de “ahumado” al fabricarlas.
Tierra de salchichas
Los alemanes son quienes mejor reflejan la característica de su pueblo. Tienen, las famosísimas “Rostbratwurst”, unas pequeñas salchichas de Núremberg y que poco importa su pequeño tamaño, unos 7 o 9 centímetros y no más de 25 gramos de peso, pero que tienen un inmenso sabor. Su sabor tan particular se lo da la “mejorana” y son muy solicitadas desde el año 1462, cuando los carniceros fueron autorizados a fabricarlas y venderlas.
La ciudad de Múnich, hace también su humilde aporte a esta variedad culinaria con su especialidad, la “salchicha blanca”. Tuve oportunidad de conocer esta variedad de salchicha, tiene el grosor y la forma de un “chorizo” (otro embutido), para su preparación se utiliza carne picada de ternera, lomo de cerdo y cabeza de ternera. Se la hierve y al ser servida se agrega mostaza dulce. El origen de esta variedad de salchicha es un tanto curioso. Parece ser que como producto de un error de calculo, el cocinero del restaurante “Hacia la Eterna Luz”, de Múnich, siguiendo con su rutina diaria dió comienzo a la preparación de las salchichas, en ese momento tomo conocimiento de la falta de los pellejos para embutir su producto, obligado por las circunstancias debió recurrir a otros de menor espesor. Como la piel usada resulto ser mucho más fina que la habitual, decidó hervirlos en lugar de fritarlos como era costumbre. En un principio los parroquianos se mostraron sorprendidos, pero luego de probar aquella novedad quedaron satisfechos con esta variante.
Si seguimos hablando de carniceros que hicieron historia, como dejar de mencionar a Johann Georghehner, fue un famoso carnicero de la ciudad de Coburg que fabricó la primera salchicha alemana. Al hacerlo viajo a Frankfurt, ya en la ciudad el producto adopta el nombre de “frankfurter” en clara alusión a la ciudad. Con este nombre se la conoce en la actualidad en todo el mundo.
Haciendo las Américas
Hubo otro carnicero habitante de Brooklyn que también alcanzó su momento de gloria. En el año 1867, un inmigrante alemán que se ganaba la vida vendiendo salchichas por las calles de Nueva York, tuvo la genial idea de agregarle un pan, está demás aclarar que el éxito alcanzado supero las expectativas y el invento se convirtió en todo un éxito en poco tiempo. Así nace el Hot-Dog, algo tan estadounidense como lo es la hamburguesa. Como será el status de este producto, que existe un Comité Nacional dedicado a investigar científicamente la producción de las salchichas y los Hot-Dogs, se lo conoce con el nombre de “National Hot Dog and Sausage Council”.
En América Latina son conocidos como Perro caliente, pancho en Argentina y Uruguay, en España perrito caliente. El pan y la salchicha han formado una sólida pareja y según la cultura, es sazonada con diferentes aderezos. En México, le agregan palta en rebanadas, tocino frito, rodajas de chile jalapeño, chorizo, guacamole y todo tipo de salsas picantes. En Venezuela es costumbre agregarles repollo, salsa de ajo, queso rayado, paras fritas pai (esas pequeñitas) y zanahoria. Los chilenos carne y porotos verdes. Por Argentina, lejos son los más moderados, cuesta sacarlos de la mostaza y en ocasiones de una mezcla de ésta con mayonesa a la que bautizaron “mostaneza”.
www.saltamontes.es
La empanada
Salteña, tucumana, llaucha, pucacapa, pastel frito, allaca, arepa, empanada de pino, tamal, empanada argentina. Son muchas las variedades, muchos los rellenos, las formas de prepararlas, las razones de comerlas, pero sólo es uno el alimento. No importa dónde se la coma, la masa que envuelve y esconde el relleno, el corazón secreto de la empanada, la mezcla de sabores y la suavidad de la masa es sólo una y el afán de comerla y descubrir sus entrañas es el mismo que permitió a la humanidad descubrir el mundo y sorprenderse con el corazón verdadero de las cosas. Pero detrás de toda plato tenemos una historia que muchas veces desconocemos:
Las empanadas son originarias medio oriente, más precisamente de Arabia.
Algunas referencias sobre su existencia se encuentran también en la antigua Persia siglos antes de Cristo. Desde allí se puede imaginar su viaje hasta el pueblo árabe con sus tradicionales fatay o esfiha, con carne de cordero y trigo burgol. Es muy fácil imaginar la necesidad de una comida que alimente y que sea fácilmente transportable en las largas travesías de los viajeros.
En principio llegaron a la península ibérica en las alforjas de los invasores moros (siglo VIII), junto a los almíbares, los hojaldres, los alfajores, las almohadas, las álgebras e muchos otros elementos hoy día comunes en occidente.
Recuperada Granada y alrededores, la empanada se nacionalizo española y conoció versiones hispánicas muy similares a las argentinas, sólo que más chicas, llamadas empanadillas.
Luego los conquistadores y colonizadores españoles la trajeron a América.
Originalmente se asentó en la región andina y fue modificándose con los productos autóctonos de cada territorio. A lo largo de toda la cordillera latinoamericana esta exquisita y práctica comida presenta distintas variantes: es más o menos jugosa, más o menos picante, horneada en horno común o de barro, o frita, con repulgue arriba o al costado, cambiada por el aroma único del comino del noroeste argentino o ardiente por el ají que llegó del Perú, perfumada por la aceituna o por las pasas de uva, etc.
El relleno varía de región en región:
La empanadas "Salteñas" y las "Tucumanas" (de la provincia de Salta y Tucumán) sean tal vez las más famosas. Desde allí se expandieron tanto para el sur (otras provincias argentinas) como para el Norte, sobretodo en Bolivia donde también se las llaman "salteñas". Las típicas empanadas salteñas son bien jugosas, ya que la carne es picada a cuchillo en trocitos de 3 mm aprox. También llevan huevo duro, cebolla blanca, cebolla de verdeo, pimentón, ají molido grueso , comino y muchas veces pasas de uva. Una vez rellena la maza, se cocinan en horno de barro o se fritan y siempre se comen con la mano. Es tradicional en las peñas folclóricas comerlas con las piernas abiertas para nos mancharse con el jugo cuando son mordidas.
La empanada en La Rioja lleva, además de carne, cebolla de verdeo y papas, aunque existe otra variante de la misma provincia, un poco más picante, cuya clave radica en el ají que se añade a la preparación. En Mendoza y San Juan el secreto está en la sabia combinación por partes iguales de carne y cebolla.
En Córdoba se pinta con huevo y azúcar dándole un toque dulzón.
Por su parte, en Santiago del Estero, se caracterizan por el agregado de la arveja.
La tan famosa historia de la hamburguesa, y la discutida formación de la misma
La historia, propiamente dicha, de la hamburguesa comienza en el siglo XIII. Los bravos jinetes nómadas conocidos como Tártaros, que recorrían el Asia y la Europa Oriental, tenían como Snack predilecto, entre invasión e invasión, un puñado de carne molida y cruda, la tradicional “Carne Tártara”. Al crecer la influencia Tártara en las provincias bálticas de Finlandia, Estonia y Latvia fue introducido este platillo, agregando los locales un necesario aderezo de sal, pimienta y jugo de cebolla. Contra todo pronóstico, fue considerado un Delicado Manjar.
En el siglo XVIII, Hamburgo era el puerto más grande de Europa. Los mercaderes alemanes en sus viajes a través del Báltico rumbo a las ciudades rusas desarrollaron un gusto especial por aquella carne cruda que encontraron. Al regresar a Hamburgo trajeron consigo un apetito voraz por su nueva comida favorita. Afortunadamente, los curiosos Chefs alemanes experimentaron con algunas variaciones, añadiendo algunas veces un huevo crudo para enriquecer la pasta de carne molida. Finalmente, en uno de esos momentos de divina inspiración, la carne fue cocinada ligeramente con cebollas picadas, lo que mejoró significativamente el sabor.
A inicios del siglo XIX, Hamburgo fue el mayor punto de embarque para los inmigrantes alemanes en rumbo a los Estados Unidos. Junto a sus escasas posesiones trajeron sus platos típicos, incluyendo la popular carne molida, ahora cocinada. Esta variación de la original receta cruda fue conocida en el nuevo mundo como Carne al Estilo Hamburgo, y fue popularizada por los inmigrantes asentados en el valle del río Ohio. El debut en Nueva York de esta especialidad fue de la mano de marineros alemanes que instalaron puestos de comida en la zona cercana a los muelles. Desde este humilde inicio, la Carne Hamburguesa fue gradualmente trazando su camino hacia los menús de los restaurantes americanos, teniendo como el documento más antiguo, una carta del Restaurant Delmonico´s, que en 1834, ya la ofrecía a su clientela.
La Carne al Estilo Hamburgo no es para nada la Hamburguesa tal como la conocemos. El gran experimento que se inició varias centurias antes con las aventuras culinarias de los Tártaros, continuaría su evolución hasta la Absoluta Perfección. ¿En qué histórico momento adquirió la Hamburguesa sus dos inseparables y prácticos bollos de pan? Entrado el siglo XIX, las ciudades norteamericanas experimentaron un sostenido crecimiento impulsado por la rápida expansión industrial y la esforzada mano de obra inmigrante. Esta nueva clase trabajadora, caracterizada por la estrechez de tiempo y presupuesto, encontró mucho más conveniente y económico tomar una merienda rápida al paso, que regresar al hogar para disfrutar una comida casera. Los carritos y vagones de comida callejeros, algunos tirados por caballos, se convirtieron en protagonistas de esta época y precursores de los Fast Food contemporáneos. Instalados cerca de las fábricas, ofrecían a las masas hambrientas Hamburguesas, generalmente dos por un nickel. Junto a los vendedores ambulantes, otra institución americana estaba por alcanzar durante esa época popularidad: La Fuente de Soda. Descendientes de las antiguas farmacias que ofrecían helados y batidos a la concurrencia, servían un menú ligero que incluía sopa, sandwiches y por supuesto, Hamburguesas.
Existen muchas versiones acerca del origen exacto de la Hamburguesa. Una de las historias con mayor credibilidad afirma que nació en Seymour, Wisconsin, en 1885, producto de la visión de uno de sus hijos predilectos, Charlie Nagreen, de sólo quince años de edad. El buen Charlie trabajaba en su puesto de comida de la Feria Estatal, pero tenía un problema. Sus clientes querían pasear por la feria mientras comían, y necesitaban una forma práctica para hacerlo. Charlie, ahora toda una leyenda, resolvió el problema colocando la carne entre dos tajadas de pan, llamándola Hamburguesa. Sin embargo, más de uno se adjudica su invención, como Frank Menches, en 1892, durante la Feria del Condado Akron, Ohio, o en el modesto local de Fletcher “Old Dave” Davis en Athens, Texas. Lo cierto es que en la Feria Mundial de St. Louis de 1904, la Hamburguesa ya era toda una sensación gastronómica.
En 1916 abrió sus puertas la primera cadena que se tomó muy en serio la filosofía de las Hamburguesas. White Castle, Fundado por J. Walter Anderson, tenía ya cuatro locales en 1921. En 1930, tenía más de un centenar de establecimientos en diez Estados, y en un esfuerzo para promocionar los beneficios nutricionales de la Hamburguesa (puestos en duda por muchas madres) implementó un serio experimento científico. Se las arreglaron para que un estudiante de medicina permaneciera durante trece semanas en una dieta exclusiva de Hamburguesas White Castle y agua. Al parecer, el estudiante se mantuvo con buena salud durante todo el proceso, ingiriendo cerca de 24 Hamburguesas al día. El experimento recibió la aprobación de un nutricionista y fue todo un éxito para la empresa que buscaba promover la imagen de la Hamburguesa. White Castle no sólo fue la primera cadena de Hamburguesas, sino que fue pionera en los conceptos de estandarización, imagen, menú y servicio, prototipo de los modernos Fast Food actuales.
Los hermanos Richard y Maurice “Mac” McDonald abrieron su primer restaurant Drive-in en 1937, en Arcadia, California. Pronto descubrieron que los californianos preferían Hamburguesas a los hot dogs que acostumbraban ofrecer. Les costó aprender el negocio, pero en 1940 su operación era la más importante de la ciudad. Las Hamburguesas costaban 35 centavos. En 1948, ahora más cómodos financieramente, pero aburridos, intentaron un giro diferente y arriesgado. Si el 90% de las ventas correspondían a las Hamburguesas ¿Por qué no vender solamente Hamburguesas? El precio se cortó a 15 centavos, redujeron el personal de 15 a 5, eliminaron los platos, tenedores, cuchillos y las propinas. Un eficiente sistema en el que la gente no tenga que esperar, lo cual parecía a los McDonald sumamente descortés. El nuevo sistema fue llamado Self-Service: no lavaplatos, un menú a base de Hamburguesas, Hamburguesas más pequeñas, más baratas, pre-empacadas y sin posibilidad de añadir condimentos. Cuando la nueva operación abrió en Diciembre de 1948, reinó la confusión. Los clientes estacionaban sus autos y tocaban las bocinas esperando que apareciera alguien para atenderlos. Pero los furiosos comensales, nada emocionados por la idea de servirse solos y arrojar su propia basura, no tardaron en reconocer las ventajas de este nuevo experimento: lo excepcionalmente rápido que obtenían su Hamburguesa. En los meses siguientes, interminables filas de curiosos y obsesionados clientes se formaban frente al local de los hermanos en busca de las famosas Hamburguesas y las papas fritas a 10 centavos. Obreros, adolescentes y familias por igual. En 1951, McDonald´s vendió $ 275,000: más de un millón de Hamburguesas. Cuatro años y seis millones de Hamburguesas después de su desastrosa inauguración, los hermanos anunciaron sus ambiciosos nuevos planes para expandir su concepto Self-Service en un sistema nacional de franquicias. En mayo de 1953, la primera franquicia McDonald´s abrió en Phoenix, Arizona, utilizando los nuevos colores y un renovado diseño arquitectónico. En agosto, abrió la segunda en Downey, California.
El primer Burger King fue fundado por Keith Cramer en 1952, en Jacksonville, Florida. En cuatro meses vendieron 55,000 Hamburguesas de 18 centavos. En 1956, Burger King tenía 47 restaurantes operando en 22 Estados. En 1977, el establecimiento número 2000 fue inaugurado en Hawaii, y en 1991 se registraron 6,300 alrededor del mundo, sirviendo casi 2 millones de Whoppers al día.
PARA ACOMPAÑAR: PAPAS Y SALSAS.
La Mayonesa fue inventada en 1756 por el Chef francés del Duque de Richelieu, luego de que éste derrotara a los británicos en la batalla de Port Mahon (Menorca). Inspirado por la victoria, el Chef incluyó en el banquete de celebración una salsa que realizó con huevo y aceite de oliva, en reemplazo de la crema que no había podido conseguir.
Podemos rastrear el origen del Ketchup (Catchup o Catsup), aquel rojo condimento que se aloja en el 97% de refrigeradores norteamericanos, hasta la China de finales del 1600, en la forma de una salsa de especias llamada Ke-Tsiap, que luego pasó a Malasia como Kechap y finalmente transportada a Europa por exploradores ingleses y daneses. Por supuesto, la receta era muy distinta de la que conocemos hoy y ni siquiera llevaba tomate, ingrediente que fue añadido a su llegada a Nueva Inglaterra, en 1700. Yonas Yerkes fue quien la embotelló para su venta por primera vez en 1812.
La milenaria papa peruana fue utilizada de diversas formas por los Incas, sin embargo nunca la frieron. Aunque belgas y franceses se atribuyen por igual tal honor, lo cierto es que para 1839 las papas fritas ya eran un éxito gastronómico y en la actualidad un cuarto de las papas consumidas en el mercado norteamericano pasaron primero por un baño de aceite caliente.
La verdad de la milanesa
Luego de una extensa y victoriosa campaña militar, Radetzky se había retirado. Sin embargo, hacia 1848 fuerzas revolucionarias surgieron en el norte de Italia, donde el Mariscal ya había combatido unos años antes. Bajo su comando, el Imperio austríaco logró una nueva victoria y en 1850 Radetzky fue nombrado gobernador de los reinos austríacos de Lombardía y Venecia.
Radetzky era un hombre imponente, de gran porte, una personalidad distintiva por su valor, su espíritu y su alma de líder. A su vez, le gustaba la buena gastronomía. Así fue que en su paso por Milán, descubrió un plato muy sabroso que lo impactó tanto que pidió la receta y en una carta dirigida a otro militar la mandó hacia Austria. De esta manera, los austríacos también comenzaron a preparar el delicioso plato, jactándose de haberlo inventado, ya que la carta no salió a la luz hasta mucho tiempo después. A raíz de ello, austríacos y milaneses discutieron y pelearon durante muchos años por ser los inventores de la receta de la milanesa, cuya verdad fue motivo de discusión y polémicas durante mucho tiempo.
Surgió en Milán pero la receta fue difundida y desparramada por Europa por los austríacos a partir de la carta de Radetzky. Esa es la verdad de la milanesa y el origen de la frase, que hoy es utilizada para cualquier asunto que necesite aclaraciones.
La milanesa napolitana
Son muchos los que creen que este plato procede de Italia, debido a que su nombre parece evocar las ciudades de Milán y Nápoles. Pero no. La famosa milanesa a la napolitana, hija del azar, es tan Argentina como alambre de púa, la lapicera o el registro de las huellas dactilares
El cliente llegaba a un restaurante ubicado frente al Luna Park apenas pasada la medianoche y pedía una milanesa. El mozo lo atendía –el mismo siempre cumplía la comanda con la cordialidad acostumbrada, sin hacerle notar que ya había anticipado la
orden a la cocina con sólo verlo llegar. La escena se repetía, alla por los años 50, noche tras noche sin mayores sobresaltos hasta que un imprevisto modificó la secuencia y dió un giro sabroso a la historia de la milanesa.
Cierta noche el habitual comensal llegó más tarde de lo que acostumbraba, hizo su pedido y se entretuvo desmigajando un pancito. Un asistente, mas voluntarioso que hábil, tomó el lugar del cocinero que ya había concluído su servicio, con tan mala suerte que pasó de punto la fritura de la única milanesa disponible en el restaurante. Medio asustado y con ánimo de encontrar una solución rápida al asunto, consultó a don José Nápoli, el dueño, quien le respondió: “No te preocupes lo vamos a arreglar. Tapa la milanesa con jamón, queso, salsa de tomate y luego la gratinás.”
Mientras el asistente ponía esmero en disfrazar la milanesa en la cocina, don José en el salón, se acercó al cliente y lo predispuso a probar algo nuevo y especial. En minutos el mozo llegó a la mesa con la fuente humeante, que provocó un placer inmediato en el comensal.
Así en tanto lo veía devorar su más reciente creación, Nápoli se sentó en una de las mesas libres con el menú original, que por entonces se reproducía con gel en letras azules, y agregó al final de la lista, de puño y letra el nombre de su creación: Milanesa a la Nápoli.
Con el tiempo, y esa habilidad que tiene la lengua para esculpir nuevas palabras, el plato fue rebautizado como “ milanesa a la napolitana”, se hizo popular y todavía hoy sigue presente en la carta de los bodegones bohemios y no tanto, en los restaurantes porteños y en los bares que ofrecen minutas.
Para Dereck Foster, titular de la cátedra de Alimentos y Bebidas de la Escuela de Turismo de la Universidad Del Salvador, que nos brindó la historia, el nombre desvirtúa el origen del plato, y sugiere una procedencia equivocada. Las palabras Milán y Nápoli presentes en el nombre remiten a muchos a considerar este hito de la cocina porteña como a un plato de procedencia italiano. Pero la verdad de la milanesa es otra.
¿ A quién se le ocurre, además, que Milán y Nápoles –enemigos declarados en guerra cultural y económica que divide al norte rico y al sur pobre de Italia-podrían prescindir de sus diferencias- para confraternizar en un plato....? Sólo a don José . A Don José Nápoli.
HISTORIA DEL ASADO ARGENTINO
Los orígenes del asado se remontan a la Argentina o el Virreinato del Río de la Plata. La historia comienza, presumiblemente, cuando Juan de Salazar y Espinosa con los hermanos Goes trajeron desde Brasil a Asunción, un toro y siete vacas, aproximadamente en el año 1556.
A partir de ese momento las vacas se empezaron a reproducir y a vagar libres por la Pampa. Éste ganado era cimarrón, es decir que no era propiedad de nadie, cualquiera podía servirse de una vaca con la única condición de no pasarse de las doce mil cabezas.
Para llevar a cabo la cacería de este animal se organizaban las así llamadas vaquerías. Se juntaban de diez a quince paisanos que estuvieran dispuestos tanto a soportar una vida dura como a ganarse un par de reales. Cuando encontraban al ganado, le cortaban a cada res los garrones con una lanza y el animal caía al suelo, inmovilizado.
Cabe decir que durante las vaquerías, la carne que se aprovechaba de la vacas era muy poca, porque en general se las cazaba por su cuero, siendo así la primera industria argentina.
Ahora bien, en los pocos casos que se cazaba a una vaca solo por alimentarse, generalmente lo único que los gauchos consumían era la lengua, que asaban en el rescoldo, o los caracúes.
La compatibilidad que había entre el ganado y la Pampa era tal que se calcula que en el siglo XVIII habría en la Pampa unas 40 millones de cabezas de ganado.
Más tarde con la mezcla del criollo, el gaucho empezó a comer la carne asada. Con el facón realizaban un hoyo de unos veinte centímetros en la tierra, allí encendían una pequeña fogata y cocían la carne. Bueno, cocían es una forma de decir, ya que utilizando este método el exterior quedaba bien cocido, mientras que en el interior la carne estaba prácticamente cruda.
Lo que pasó después ya todos lo sabemos, o nos lo podemos imaginar. La industria del saladero empezó a crecer, y Argentina se termino convirtiendo en uno de los grandes exportadores de carne.
www.tiendabuenbife.com.mx
La torta frita
Esta palabra se fue decantando semánticamente hasta llegar al significado que está propuesto en la definición. El origen de estas pequeñas tortas es germano. Sin embargo, no fue a través de ellos que llegó a América en una primer etapa sino con los españoles y los árabes. Estos últimos llamaban "sopaipilla" a esta torta, que a su vez proviene del germano Suppa y significa "pan mojado en líquido". Los árabes habían tomado esta receta durante su tiempo en Europa Central y el vocablo fue traducido al español como "masa frita". Posteriormente, cuando la invasión árabe atacó a España, la costumbre fue adpotada y más tarde llevada a algunos sectores de América.
Posteriormente, los alemanes del Volga que emigraron a la Argentina y Uruguay a partir de 1878 llevaron exactamente la misma receta, aquella que habían aprendido de sus ancestros desde la Edad Media. Como consecuencia de esto, en las ciudades cuya población está compuesta por mayoría de descendientes de alemanes del Volga como en Coronel Suárez en la Provincia de Buenos Aires o Crespo en Entre Ríos entre otras, las tortas fritas son conocidas como Kreppel que es la forma en que se las denomina en el originario alemán.
La Kreppelfest de esta comunidad también fue adoptada por el resto de Argentina, e incluso se la organiza a nivel provincial. Su nombre fue traducido como la "Fiesta de la torta frita".

La curiosa formación de la medialiuna
En 1683, los turcos fueron derrotados, por los austríacos frente a Viena, en la batalla de Kahlenberg. En su desesperada huida dejaron tras sí una gran provisión de granos de café.
Un polaco de apellido Kolschitzky solicitó esta provisión e inauguró el primer café de la ciudad. Pero los vieneses no se entusiasmaron con la bebida, entonces Kolschitzky mezcló el café con crema y fue un éxito.
Pero por ser un hombre muy creativo se le ocurrió que la mejor forma de acompañar La melange, como se llamó a esta bebida, era ofrecer unas masas que tuvieran forma del símbolo del enemigo vencido y así nacieron las medialunas.
COMAN ALGO...
PERDON, QUISE DECIR.. COMENTEN ALGO
Por empezar, la querida pizza
Historia de la Pizza
Este plato no es muy antiguo, pese a ser uno de los máximos exponentes de la cocina italiana y quizá el más conocido en el mundo de ese país, en principio era un plato innoble y no existía constancia escrita de su existencia a finales del siglo XIX, el primero que nos habla de ella es Pellegrino Artusi en La scienza in cucina o lárte de mangiar bene, pero sólo de dos formas de hacerla y otras dos para postres a base de harina, almendras, vainilla, leche y huevos.
No nos cabe duda que en el siglo XVIII debió existir este plato, pero sólo es una suposición, aventurada por nuestra parte, ya que la base con la que se hace era popular en Italia en aquella época y asequible al pueblo llano que fue el que empezó a deglutirla.
El tomate llegó a Italia en el año 1.554 llevado por los españoles, era un fruto pequeño, del tamaño de una cereza y que llamaban los aztecas tomatí o tomahmac y que los italianos supieron sacar partido, hasta el punto de ser la base de casi toda su cocina; siendo la salsa de tomate el máximo exponente de su ingenio.
Sólo hay tres formulas básicas para hacerla, alla porta San Gennaro, alla marinera y a la margherita, todo lo que salga de estas formas sólo son puras imitaciones y sucedáneos que nada tienen que ver con este plato, por otra parte nada refinado dentro de la cocina. Recuerdo mi primera visita a Italia como en las panaderías vendían las pizzas sin todos los ingredientes superpuestos que se le pone en las llamadas pizzerías del resto del mundo, era una especie de pan aplastado y elaborado con los componentes que a continuación se exponen, esa es la auténtica pizza.
La de la porta de San Gennaro se hace sazonando la harina con aceite, sal, pimienta, queso y albahaca.

La marinera con aceite y tomate, queso y se le perfuma con orégano y ajo, hay quien le pone setas o champiñones y filetes de anchoas en conserva, esto es más moderno.

La margherita es muy parecida a la marinera pero con queso búfala o mozzarella y su nombre se debe a la reina Margherita, esposa del rey Humberto I de Saboya, que en el año 1.889 veraneaban en Capodimonte. Esta reina era bastante exigente en la comida, odiaba los alimentos con olores fuertes, como el ajo, así que le encargaron a un tal don Raffaele, que junto a su esposa, la signora Rosa, regentaban la mejor pizzería de la época en Nápoles, una pizza que tuviera unos componentes armónicos, de ahí nació este conocidísimo plato.
Ahora existen tantos tipos de pizza que son difíciles de enumerar, la tropical, de frutto di mare, cuatro estaciones, napolitana, etc., pero no nos engañemos, la base de la pizza siempre será una de las tres variantes que hemos dicho anteriormente, lo que se le pone encima es otra cosa, ahí está la imaginación del cocinero que las hace y del estómago de quien las come, no confundamos este sutil término, el de saber distinguir entre el continente y el contenido.
Algunos tipos de pizzas:
NAPOLITANA
TRADICIONAL
CON JAMON (AUNQUE ÉSTA NO ES TA MUY BIEN HECHA, JE JE)
FUGAZZA
CON ANCHOAS
CON ANANA
CON SALCHICHA
PIZZA CHATARRA, JA JA 
Salimos de la pizza y pasamos a la salchicha
Historia de la salchicha
Puesta a investigar un poco más a este ingrediente me encontré con que el origen del vocablo “salchicha”, se origina del Latín “salsus” y que su significado no seria otro que; “salteado o salado”, que no haría más que referirse a una de las primeras (sino la primera) formas que los hombres descubrieron para conservar sus alimentos. Homero, ya hacia mención de ellos en su Odisea y se tiene por sabido que mucho antes de Cristo, los chinos y los caldeos tenían conocimiento de ella.
Algo más que descubrí investigando es que, se comenzó a desarrollar en Europa, donde comienza a ser un popular bocadillo consumido en festivales. El cristianismo desaprobó su consumo y fueron prohibidos en todo el Imperio Romano. Pero estos grandes consumidores de embutidos no se resignaron y dió inicio el contrabando de las inocentes salchichas. Ante la imposibilidad de detener tremendo acto marginal, no quedo más que autorizar su libre consumición, con lo que se consiguió que proliferasen extendiendo su presencia al resto de los pueblos europeos.
El medievo diversificó sus embutidos
En el transcurso de la Edad Media, cada pueblo desarrolla un embutido con características e identidad propia. Tuve oportunidad de enterarme que por ejemplo; en el sur de Europa surgió lo que se conoce como “salchicha seca”, hecha de esa forma para impedir que las temperaturas elevadas las hicieran descomponer, al mismo tiempo, en el norte europeo incorporaban el proceso de “ahumado” al fabricarlas.
Tierra de salchichas
Los alemanes son quienes mejor reflejan la característica de su pueblo. Tienen, las famosísimas “Rostbratwurst”, unas pequeñas salchichas de Núremberg y que poco importa su pequeño tamaño, unos 7 o 9 centímetros y no más de 25 gramos de peso, pero que tienen un inmenso sabor. Su sabor tan particular se lo da la “mejorana” y son muy solicitadas desde el año 1462, cuando los carniceros fueron autorizados a fabricarlas y venderlas.
La ciudad de Múnich, hace también su humilde aporte a esta variedad culinaria con su especialidad, la “salchicha blanca”. Tuve oportunidad de conocer esta variedad de salchicha, tiene el grosor y la forma de un “chorizo” (otro embutido), para su preparación se utiliza carne picada de ternera, lomo de cerdo y cabeza de ternera. Se la hierve y al ser servida se agrega mostaza dulce. El origen de esta variedad de salchicha es un tanto curioso. Parece ser que como producto de un error de calculo, el cocinero del restaurante “Hacia la Eterna Luz”, de Múnich, siguiendo con su rutina diaria dió comienzo a la preparación de las salchichas, en ese momento tomo conocimiento de la falta de los pellejos para embutir su producto, obligado por las circunstancias debió recurrir a otros de menor espesor. Como la piel usada resulto ser mucho más fina que la habitual, decidó hervirlos en lugar de fritarlos como era costumbre. En un principio los parroquianos se mostraron sorprendidos, pero luego de probar aquella novedad quedaron satisfechos con esta variante.
Si seguimos hablando de carniceros que hicieron historia, como dejar de mencionar a Johann Georghehner, fue un famoso carnicero de la ciudad de Coburg que fabricó la primera salchicha alemana. Al hacerlo viajo a Frankfurt, ya en la ciudad el producto adopta el nombre de “frankfurter” en clara alusión a la ciudad. Con este nombre se la conoce en la actualidad en todo el mundo.
Haciendo las Américas
Hubo otro carnicero habitante de Brooklyn que también alcanzó su momento de gloria. En el año 1867, un inmigrante alemán que se ganaba la vida vendiendo salchichas por las calles de Nueva York, tuvo la genial idea de agregarle un pan, está demás aclarar que el éxito alcanzado supero las expectativas y el invento se convirtió en todo un éxito en poco tiempo. Así nace el Hot-Dog, algo tan estadounidense como lo es la hamburguesa. Como será el status de este producto, que existe un Comité Nacional dedicado a investigar científicamente la producción de las salchichas y los Hot-Dogs, se lo conoce con el nombre de “National Hot Dog and Sausage Council”.
En América Latina son conocidos como Perro caliente, pancho en Argentina y Uruguay, en España perrito caliente. El pan y la salchicha han formado una sólida pareja y según la cultura, es sazonada con diferentes aderezos. En México, le agregan palta en rebanadas, tocino frito, rodajas de chile jalapeño, chorizo, guacamole y todo tipo de salsas picantes. En Venezuela es costumbre agregarles repollo, salsa de ajo, queso rayado, paras fritas pai (esas pequeñitas) y zanahoria. Los chilenos carne y porotos verdes. Por Argentina, lejos son los más moderados, cuesta sacarlos de la mostaza y en ocasiones de una mezcla de ésta con mayonesa a la que bautizaron “mostaneza”.
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La empanada
Salteña, tucumana, llaucha, pucacapa, pastel frito, allaca, arepa, empanada de pino, tamal, empanada argentina. Son muchas las variedades, muchos los rellenos, las formas de prepararlas, las razones de comerlas, pero sólo es uno el alimento. No importa dónde se la coma, la masa que envuelve y esconde el relleno, el corazón secreto de la empanada, la mezcla de sabores y la suavidad de la masa es sólo una y el afán de comerla y descubrir sus entrañas es el mismo que permitió a la humanidad descubrir el mundo y sorprenderse con el corazón verdadero de las cosas. Pero detrás de toda plato tenemos una historia que muchas veces desconocemos:
Las empanadas son originarias medio oriente, más precisamente de Arabia.
Algunas referencias sobre su existencia se encuentran también en la antigua Persia siglos antes de Cristo. Desde allí se puede imaginar su viaje hasta el pueblo árabe con sus tradicionales fatay o esfiha, con carne de cordero y trigo burgol. Es muy fácil imaginar la necesidad de una comida que alimente y que sea fácilmente transportable en las largas travesías de los viajeros.
En principio llegaron a la península ibérica en las alforjas de los invasores moros (siglo VIII), junto a los almíbares, los hojaldres, los alfajores, las almohadas, las álgebras e muchos otros elementos hoy día comunes en occidente.
Recuperada Granada y alrededores, la empanada se nacionalizo española y conoció versiones hispánicas muy similares a las argentinas, sólo que más chicas, llamadas empanadillas.
Luego los conquistadores y colonizadores españoles la trajeron a América.
Originalmente se asentó en la región andina y fue modificándose con los productos autóctonos de cada territorio. A lo largo de toda la cordillera latinoamericana esta exquisita y práctica comida presenta distintas variantes: es más o menos jugosa, más o menos picante, horneada en horno común o de barro, o frita, con repulgue arriba o al costado, cambiada por el aroma único del comino del noroeste argentino o ardiente por el ají que llegó del Perú, perfumada por la aceituna o por las pasas de uva, etc.
El relleno varía de región en región:
La empanadas "Salteñas" y las "Tucumanas" (de la provincia de Salta y Tucumán) sean tal vez las más famosas. Desde allí se expandieron tanto para el sur (otras provincias argentinas) como para el Norte, sobretodo en Bolivia donde también se las llaman "salteñas". Las típicas empanadas salteñas son bien jugosas, ya que la carne es picada a cuchillo en trocitos de 3 mm aprox. También llevan huevo duro, cebolla blanca, cebolla de verdeo, pimentón, ají molido grueso , comino y muchas veces pasas de uva. Una vez rellena la maza, se cocinan en horno de barro o se fritan y siempre se comen con la mano. Es tradicional en las peñas folclóricas comerlas con las piernas abiertas para nos mancharse con el jugo cuando son mordidas.
La empanada en La Rioja lleva, además de carne, cebolla de verdeo y papas, aunque existe otra variante de la misma provincia, un poco más picante, cuya clave radica en el ají que se añade a la preparación. En Mendoza y San Juan el secreto está en la sabia combinación por partes iguales de carne y cebolla.
En Córdoba se pinta con huevo y azúcar dándole un toque dulzón.
Por su parte, en Santiago del Estero, se caracterizan por el agregado de la arveja.
La tan famosa historia de la hamburguesa, y la discutida formación de la misma
La historia, propiamente dicha, de la hamburguesa comienza en el siglo XIII. Los bravos jinetes nómadas conocidos como Tártaros, que recorrían el Asia y la Europa Oriental, tenían como Snack predilecto, entre invasión e invasión, un puñado de carne molida y cruda, la tradicional “Carne Tártara”. Al crecer la influencia Tártara en las provincias bálticas de Finlandia, Estonia y Latvia fue introducido este platillo, agregando los locales un necesario aderezo de sal, pimienta y jugo de cebolla. Contra todo pronóstico, fue considerado un Delicado Manjar.
En el siglo XVIII, Hamburgo era el puerto más grande de Europa. Los mercaderes alemanes en sus viajes a través del Báltico rumbo a las ciudades rusas desarrollaron un gusto especial por aquella carne cruda que encontraron. Al regresar a Hamburgo trajeron consigo un apetito voraz por su nueva comida favorita. Afortunadamente, los curiosos Chefs alemanes experimentaron con algunas variaciones, añadiendo algunas veces un huevo crudo para enriquecer la pasta de carne molida. Finalmente, en uno de esos momentos de divina inspiración, la carne fue cocinada ligeramente con cebollas picadas, lo que mejoró significativamente el sabor.
A inicios del siglo XIX, Hamburgo fue el mayor punto de embarque para los inmigrantes alemanes en rumbo a los Estados Unidos. Junto a sus escasas posesiones trajeron sus platos típicos, incluyendo la popular carne molida, ahora cocinada. Esta variación de la original receta cruda fue conocida en el nuevo mundo como Carne al Estilo Hamburgo, y fue popularizada por los inmigrantes asentados en el valle del río Ohio. El debut en Nueva York de esta especialidad fue de la mano de marineros alemanes que instalaron puestos de comida en la zona cercana a los muelles. Desde este humilde inicio, la Carne Hamburguesa fue gradualmente trazando su camino hacia los menús de los restaurantes americanos, teniendo como el documento más antiguo, una carta del Restaurant Delmonico´s, que en 1834, ya la ofrecía a su clientela.
La Carne al Estilo Hamburgo no es para nada la Hamburguesa tal como la conocemos. El gran experimento que se inició varias centurias antes con las aventuras culinarias de los Tártaros, continuaría su evolución hasta la Absoluta Perfección. ¿En qué histórico momento adquirió la Hamburguesa sus dos inseparables y prácticos bollos de pan? Entrado el siglo XIX, las ciudades norteamericanas experimentaron un sostenido crecimiento impulsado por la rápida expansión industrial y la esforzada mano de obra inmigrante. Esta nueva clase trabajadora, caracterizada por la estrechez de tiempo y presupuesto, encontró mucho más conveniente y económico tomar una merienda rápida al paso, que regresar al hogar para disfrutar una comida casera. Los carritos y vagones de comida callejeros, algunos tirados por caballos, se convirtieron en protagonistas de esta época y precursores de los Fast Food contemporáneos. Instalados cerca de las fábricas, ofrecían a las masas hambrientas Hamburguesas, generalmente dos por un nickel. Junto a los vendedores ambulantes, otra institución americana estaba por alcanzar durante esa época popularidad: La Fuente de Soda. Descendientes de las antiguas farmacias que ofrecían helados y batidos a la concurrencia, servían un menú ligero que incluía sopa, sandwiches y por supuesto, Hamburguesas.
Existen muchas versiones acerca del origen exacto de la Hamburguesa. Una de las historias con mayor credibilidad afirma que nació en Seymour, Wisconsin, en 1885, producto de la visión de uno de sus hijos predilectos, Charlie Nagreen, de sólo quince años de edad. El buen Charlie trabajaba en su puesto de comida de la Feria Estatal, pero tenía un problema. Sus clientes querían pasear por la feria mientras comían, y necesitaban una forma práctica para hacerlo. Charlie, ahora toda una leyenda, resolvió el problema colocando la carne entre dos tajadas de pan, llamándola Hamburguesa. Sin embargo, más de uno se adjudica su invención, como Frank Menches, en 1892, durante la Feria del Condado Akron, Ohio, o en el modesto local de Fletcher “Old Dave” Davis en Athens, Texas. Lo cierto es que en la Feria Mundial de St. Louis de 1904, la Hamburguesa ya era toda una sensación gastronómica.
En 1916 abrió sus puertas la primera cadena que se tomó muy en serio la filosofía de las Hamburguesas. White Castle, Fundado por J. Walter Anderson, tenía ya cuatro locales en 1921. En 1930, tenía más de un centenar de establecimientos en diez Estados, y en un esfuerzo para promocionar los beneficios nutricionales de la Hamburguesa (puestos en duda por muchas madres) implementó un serio experimento científico. Se las arreglaron para que un estudiante de medicina permaneciera durante trece semanas en una dieta exclusiva de Hamburguesas White Castle y agua. Al parecer, el estudiante se mantuvo con buena salud durante todo el proceso, ingiriendo cerca de 24 Hamburguesas al día. El experimento recibió la aprobación de un nutricionista y fue todo un éxito para la empresa que buscaba promover la imagen de la Hamburguesa. White Castle no sólo fue la primera cadena de Hamburguesas, sino que fue pionera en los conceptos de estandarización, imagen, menú y servicio, prototipo de los modernos Fast Food actuales.
Los hermanos Richard y Maurice “Mac” McDonald abrieron su primer restaurant Drive-in en 1937, en Arcadia, California. Pronto descubrieron que los californianos preferían Hamburguesas a los hot dogs que acostumbraban ofrecer. Les costó aprender el negocio, pero en 1940 su operación era la más importante de la ciudad. Las Hamburguesas costaban 35 centavos. En 1948, ahora más cómodos financieramente, pero aburridos, intentaron un giro diferente y arriesgado. Si el 90% de las ventas correspondían a las Hamburguesas ¿Por qué no vender solamente Hamburguesas? El precio se cortó a 15 centavos, redujeron el personal de 15 a 5, eliminaron los platos, tenedores, cuchillos y las propinas. Un eficiente sistema en el que la gente no tenga que esperar, lo cual parecía a los McDonald sumamente descortés. El nuevo sistema fue llamado Self-Service: no lavaplatos, un menú a base de Hamburguesas, Hamburguesas más pequeñas, más baratas, pre-empacadas y sin posibilidad de añadir condimentos. Cuando la nueva operación abrió en Diciembre de 1948, reinó la confusión. Los clientes estacionaban sus autos y tocaban las bocinas esperando que apareciera alguien para atenderlos. Pero los furiosos comensales, nada emocionados por la idea de servirse solos y arrojar su propia basura, no tardaron en reconocer las ventajas de este nuevo experimento: lo excepcionalmente rápido que obtenían su Hamburguesa. En los meses siguientes, interminables filas de curiosos y obsesionados clientes se formaban frente al local de los hermanos en busca de las famosas Hamburguesas y las papas fritas a 10 centavos. Obreros, adolescentes y familias por igual. En 1951, McDonald´s vendió $ 275,000: más de un millón de Hamburguesas. Cuatro años y seis millones de Hamburguesas después de su desastrosa inauguración, los hermanos anunciaron sus ambiciosos nuevos planes para expandir su concepto Self-Service en un sistema nacional de franquicias. En mayo de 1953, la primera franquicia McDonald´s abrió en Phoenix, Arizona, utilizando los nuevos colores y un renovado diseño arquitectónico. En agosto, abrió la segunda en Downey, California.
El primer Burger King fue fundado por Keith Cramer en 1952, en Jacksonville, Florida. En cuatro meses vendieron 55,000 Hamburguesas de 18 centavos. En 1956, Burger King tenía 47 restaurantes operando en 22 Estados. En 1977, el establecimiento número 2000 fue inaugurado en Hawaii, y en 1991 se registraron 6,300 alrededor del mundo, sirviendo casi 2 millones de Whoppers al día.
PARA ACOMPAÑAR: PAPAS Y SALSAS.
La Mayonesa fue inventada en 1756 por el Chef francés del Duque de Richelieu, luego de que éste derrotara a los británicos en la batalla de Port Mahon (Menorca). Inspirado por la victoria, el Chef incluyó en el banquete de celebración una salsa que realizó con huevo y aceite de oliva, en reemplazo de la crema que no había podido conseguir.
Podemos rastrear el origen del Ketchup (Catchup o Catsup), aquel rojo condimento que se aloja en el 97% de refrigeradores norteamericanos, hasta la China de finales del 1600, en la forma de una salsa de especias llamada Ke-Tsiap, que luego pasó a Malasia como Kechap y finalmente transportada a Europa por exploradores ingleses y daneses. Por supuesto, la receta era muy distinta de la que conocemos hoy y ni siquiera llevaba tomate, ingrediente que fue añadido a su llegada a Nueva Inglaterra, en 1700. Yonas Yerkes fue quien la embotelló para su venta por primera vez en 1812.
La milenaria papa peruana fue utilizada de diversas formas por los Incas, sin embargo nunca la frieron. Aunque belgas y franceses se atribuyen por igual tal honor, lo cierto es que para 1839 las papas fritas ya eran un éxito gastronómico y en la actualidad un cuarto de las papas consumidas en el mercado norteamericano pasaron primero por un baño de aceite caliente.
La verdad de la milanesa
Luego de una extensa y victoriosa campaña militar, Radetzky se había retirado. Sin embargo, hacia 1848 fuerzas revolucionarias surgieron en el norte de Italia, donde el Mariscal ya había combatido unos años antes. Bajo su comando, el Imperio austríaco logró una nueva victoria y en 1850 Radetzky fue nombrado gobernador de los reinos austríacos de Lombardía y Venecia.
Radetzky era un hombre imponente, de gran porte, una personalidad distintiva por su valor, su espíritu y su alma de líder. A su vez, le gustaba la buena gastronomía. Así fue que en su paso por Milán, descubrió un plato muy sabroso que lo impactó tanto que pidió la receta y en una carta dirigida a otro militar la mandó hacia Austria. De esta manera, los austríacos también comenzaron a preparar el delicioso plato, jactándose de haberlo inventado, ya que la carta no salió a la luz hasta mucho tiempo después. A raíz de ello, austríacos y milaneses discutieron y pelearon durante muchos años por ser los inventores de la receta de la milanesa, cuya verdad fue motivo de discusión y polémicas durante mucho tiempo.
Surgió en Milán pero la receta fue difundida y desparramada por Europa por los austríacos a partir de la carta de Radetzky. Esa es la verdad de la milanesa y el origen de la frase, que hoy es utilizada para cualquier asunto que necesite aclaraciones.
La milanesa napolitana
Son muchos los que creen que este plato procede de Italia, debido a que su nombre parece evocar las ciudades de Milán y Nápoles. Pero no. La famosa milanesa a la napolitana, hija del azar, es tan Argentina como alambre de púa, la lapicera o el registro de las huellas dactilares
El cliente llegaba a un restaurante ubicado frente al Luna Park apenas pasada la medianoche y pedía una milanesa. El mozo lo atendía –el mismo siempre cumplía la comanda con la cordialidad acostumbrada, sin hacerle notar que ya había anticipado la
orden a la cocina con sólo verlo llegar. La escena se repetía, alla por los años 50, noche tras noche sin mayores sobresaltos hasta que un imprevisto modificó la secuencia y dió un giro sabroso a la historia de la milanesa.
Cierta noche el habitual comensal llegó más tarde de lo que acostumbraba, hizo su pedido y se entretuvo desmigajando un pancito. Un asistente, mas voluntarioso que hábil, tomó el lugar del cocinero que ya había concluído su servicio, con tan mala suerte que pasó de punto la fritura de la única milanesa disponible en el restaurante. Medio asustado y con ánimo de encontrar una solución rápida al asunto, consultó a don José Nápoli, el dueño, quien le respondió: “No te preocupes lo vamos a arreglar. Tapa la milanesa con jamón, queso, salsa de tomate y luego la gratinás.”
Mientras el asistente ponía esmero en disfrazar la milanesa en la cocina, don José en el salón, se acercó al cliente y lo predispuso a probar algo nuevo y especial. En minutos el mozo llegó a la mesa con la fuente humeante, que provocó un placer inmediato en el comensal.
Así en tanto lo veía devorar su más reciente creación, Nápoli se sentó en una de las mesas libres con el menú original, que por entonces se reproducía con gel en letras azules, y agregó al final de la lista, de puño y letra el nombre de su creación: Milanesa a la Nápoli.
Con el tiempo, y esa habilidad que tiene la lengua para esculpir nuevas palabras, el plato fue rebautizado como “ milanesa a la napolitana”, se hizo popular y todavía hoy sigue presente en la carta de los bodegones bohemios y no tanto, en los restaurantes porteños y en los bares que ofrecen minutas.
Para Dereck Foster, titular de la cátedra de Alimentos y Bebidas de la Escuela de Turismo de la Universidad Del Salvador, que nos brindó la historia, el nombre desvirtúa el origen del plato, y sugiere una procedencia equivocada. Las palabras Milán y Nápoli presentes en el nombre remiten a muchos a considerar este hito de la cocina porteña como a un plato de procedencia italiano. Pero la verdad de la milanesa es otra.
¿ A quién se le ocurre, además, que Milán y Nápoles –enemigos declarados en guerra cultural y económica que divide al norte rico y al sur pobre de Italia-podrían prescindir de sus diferencias- para confraternizar en un plato....? Sólo a don José . A Don José Nápoli.
HISTORIA DEL ASADO ARGENTINO
Los orígenes del asado se remontan a la Argentina o el Virreinato del Río de la Plata. La historia comienza, presumiblemente, cuando Juan de Salazar y Espinosa con los hermanos Goes trajeron desde Brasil a Asunción, un toro y siete vacas, aproximadamente en el año 1556.
A partir de ese momento las vacas se empezaron a reproducir y a vagar libres por la Pampa. Éste ganado era cimarrón, es decir que no era propiedad de nadie, cualquiera podía servirse de una vaca con la única condición de no pasarse de las doce mil cabezas.
Para llevar a cabo la cacería de este animal se organizaban las así llamadas vaquerías. Se juntaban de diez a quince paisanos que estuvieran dispuestos tanto a soportar una vida dura como a ganarse un par de reales. Cuando encontraban al ganado, le cortaban a cada res los garrones con una lanza y el animal caía al suelo, inmovilizado.
Cabe decir que durante las vaquerías, la carne que se aprovechaba de la vacas era muy poca, porque en general se las cazaba por su cuero, siendo así la primera industria argentina.
Ahora bien, en los pocos casos que se cazaba a una vaca solo por alimentarse, generalmente lo único que los gauchos consumían era la lengua, que asaban en el rescoldo, o los caracúes.
La compatibilidad que había entre el ganado y la Pampa era tal que se calcula que en el siglo XVIII habría en la Pampa unas 40 millones de cabezas de ganado.
Más tarde con la mezcla del criollo, el gaucho empezó a comer la carne asada. Con el facón realizaban un hoyo de unos veinte centímetros en la tierra, allí encendían una pequeña fogata y cocían la carne. Bueno, cocían es una forma de decir, ya que utilizando este método el exterior quedaba bien cocido, mientras que en el interior la carne estaba prácticamente cruda.
Lo que pasó después ya todos lo sabemos, o nos lo podemos imaginar. La industria del saladero empezó a crecer, y Argentina se termino convirtiendo en uno de los grandes exportadores de carne.
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La torta frita
Esta palabra se fue decantando semánticamente hasta llegar al significado que está propuesto en la definición. El origen de estas pequeñas tortas es germano. Sin embargo, no fue a través de ellos que llegó a América en una primer etapa sino con los españoles y los árabes. Estos últimos llamaban "sopaipilla" a esta torta, que a su vez proviene del germano Suppa y significa "pan mojado en líquido". Los árabes habían tomado esta receta durante su tiempo en Europa Central y el vocablo fue traducido al español como "masa frita". Posteriormente, cuando la invasión árabe atacó a España, la costumbre fue adpotada y más tarde llevada a algunos sectores de América.
Posteriormente, los alemanes del Volga que emigraron a la Argentina y Uruguay a partir de 1878 llevaron exactamente la misma receta, aquella que habían aprendido de sus ancestros desde la Edad Media. Como consecuencia de esto, en las ciudades cuya población está compuesta por mayoría de descendientes de alemanes del Volga como en Coronel Suárez en la Provincia de Buenos Aires o Crespo en Entre Ríos entre otras, las tortas fritas son conocidas como Kreppel que es la forma en que se las denomina en el originario alemán.
La Kreppelfest de esta comunidad también fue adoptada por el resto de Argentina, e incluso se la organiza a nivel provincial. Su nombre fue traducido como la "Fiesta de la torta frita".

La curiosa formación de la medialiuna
En 1683, los turcos fueron derrotados, por los austríacos frente a Viena, en la batalla de Kahlenberg. En su desesperada huida dejaron tras sí una gran provisión de granos de café.
Un polaco de apellido Kolschitzky solicitó esta provisión e inauguró el primer café de la ciudad. Pero los vieneses no se entusiasmaron con la bebida, entonces Kolschitzky mezcló el café con crema y fue un éxito.
Pero por ser un hombre muy creativo se le ocurrió que la mejor forma de acompañar La melange, como se llamó a esta bebida, era ofrecer unas masas que tuvieran forma del símbolo del enemigo vencido y así nacieron las medialunas.
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