La locura no sólo como enfermedad sino como manifestación libre de otros sistemas de comunicación con el mundo. Resulta que hasta finales del siglo XIX la acepción “locura” se definía como el determinado comportamiento que de una manera u otra rechazaba las normas sociales que se establecían, generalmente motivada por cierto desequilibrio mental que impedía a la persona actuar con raciocinio, y le incitaba a actuar de una manera extraña y también agresivamente. Por ello había síntomas como los de la epilepsia que eran tratados como locura. De todas formas, dependiendo de la zona geográfica donde se viviera, el contexto social y dependiendo también de la época (anterior al siglo XIX), una reacción simplemente extravagante podía ser tratada como una forma de locura. Actualmente la terminología médica prefiere englobar el término dentro de las manifestaciones de la esquizofrenia. Denominadores comunes Sean cuales sean las diferentes manifestaciones, existe un denominador común que es el desplazamiento del entorno social del individuo, derivado de la falta de percepción real que le lleva a actuar sin control sobre sus actos, que pueden ir desde perturbaciones comunicativas, actividades repetitivas y frenéticas hasta aislamientos extremos. Maniacos, depresivos, catatónicos, frenéticos, apáticos, todos los supuestamente englobados en este término demuestran una disfunción que les impide transmitir, de una manera normal, sensaciones, sentimientos y pensamientos. La locura es la “privación del juicio o del uso de la razón”, pero a lo largo de la Historia la lectura de muchos de sus síntomas eran tomados como castigos divinos o señales del diablo a través del individuo, como algo externo y siempre debido a la debilidad del ser humano frente a la concepción sobrenatural que, en muchas épocas, se tenía del propio mundo. No sólo se les excluía socialmente sino que se les encerraba en lugares aislados y horribles donde se trataba a los enfermos como animales, se les dejaba a su suerte en la mayoría de los casos, o se investigaba con su cerebro con medios realmente escabrosos. Razón y locura Evidentemente, sin la razón la locura no existiría porque para que una sea clasificada debe referenciarse en la otra, como si tomando conciencia del extraño mundo en el que habita la locura, el raciocinio se fortaleciera y así entendiéramos la importancia del mundo real. De todas formas el tratamiento de la locura ha dependido de nuestra evolución como seres humanos (como prácticamente en todo lo demás), así que a medida que nos acercamos a la Edad Moderna el trato a los enfermos de locura va escalón a escalón siendo más comprensible y humano, aunque hasta bien entrado el siglo XX, tanto las prácticas como las condiciones con las que se trataba al loco no eran muy profesionales. Es a partir de dotar a la locura de una explicación científica, como un desequilibrio o trastorno de las facultades y las funciones mentales, cuando los modos de abordarla comienzan a ser resolutivos, y la víctima empieza a ser un paciente. Locura y creatividad Pero ¿dónde se encuentra el límite entre locura y normalidad? Quizás exista un espacio mental y conductual donde estos dos conceptos convivan en cierta armonía. Y a lo mejor ese estado intermedio lo podríamos englobar dentro de lo que entendemos por creatividad. Resulta que la creatividad ha ido siempre de la mano de la cultura, del arte, y antaño se consideraba al arte sinónimo divino, que derivaba de las musas y de los propios dioses, y también que provenía de la locura. Muchas de las manifestaciones creativas que hemos aprendido a admirar podrían haber sido clasificadas de locuras en otras épocas. Y otra paradoja: muchas de las terapias actuales para tratar a pacientes se desarrollan por medio de su propia creatividad. Sin duda la creatividad, la locura y la razón tienen un maravilloso y difícil de explicar hilo de conexión. Sin contar con que existen estudios científicos que han encontrado asombrosas similitudes entre los procesos neuronales de las personas creativas y de aquellas que padecen algún tipo de esquizofrenia. Se habla de la baja densidad de receptores de dopamina en el tálamo, que es la parte del cerebro que se encarga de filtrar todo lo relacionado con la información. La locura puede ser tomada con una forma de expresarse libremente sin reglas, sin compromisos sociales, ni siquiera individuales y la creatividad es el medio de expresión por el cual un artista desarrolla un tema libremente. Sin duda razón, creatividad y un ligero toque de locura pueden comunicarse entre sí. Pero, sea lo que sea hay una constante humana que para lo bueno y para lo malo cumplimos a rajatabla: “cada loco con su tema” .
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