Contras o contra (acortamiento de contrarrevolucionarios o contrarrevolución) es el nombre dado a los diferentes grupos insurgentes opuestos al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en el poder en Nicaragua desde la derogación, en julio de 1979, del gobierno del dictador Anastasio Somoza. Aunque el movimiento de la Contra agrupaba diferentes organizaciones con objetivos diversos y poca unidad ideológica, la Fuerza Democrática de Nicaragua, FDN, era su facción más importante. En 1987 prácticamente todas las ramas que formaban la Contra se unieron, al menos nominalmente, en la Resistencia Nicaragüense. Su líder principal era el coronel Enrique Bermúdez
El papel de Estados Unidos en la existencia de las contras fue probado por la Corte Internacional de Justicia en 1984 revelando que el gobierno de los Estados Unidos (durante Ronald Reagan) entrenaba, armaba, financiaba y abastecía a las Contras, principalmente a través de la CIA.1 Precisamente, el escándalo Irán-Contra se desató debido a que EE.UU. vendía armas a Irán para financiar las Contras.
La lucha del Frente Sandinista
En 1962 Carlos Fonseca, Tomás Borge y Silvio Mayorga fundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), una organización armada que pretendía acabar con la dictadura de la familia Somoza. Los inicios de la lucha del Frente Sandinista estuvieron plagados de dificultades, pero poco a poco fue logrando implantación, sobretodo entre jóvenes estudiantes de la Universidad y obreros.
La oposición a los Somoza fue creciendo en los años 70 y las acciones de los sandinistas cada vez se hicieron más audaces. Así, por ejemplo, en 1974 una fuerza sandinista tomó como rehenes a importantes funcionarios del régimen que se habían dado cita en la casa de José María Castillo, un hombre de negocios amigo de Anastasio Somoza. Los sandinistas consiguieron en aquella ocasión que fuesen liberados numerosos prisioneros políticos, a la vez que su causa era difundida por todo el mundo.
En 1976 Carlos Fonseca murió en un combate con la Guardia Nacional. El Frente Sandinista se dividió en varias tendencias a la vez que el apoyo popular a su causa crecía.
En 1978 una fuerza sandinista ocupó el Palacio Nacional de Managua (sede del congreso somocista) y consiguió la liberación de más presos políticos. La situación se hizo cada vez más tensa y estalló una insurrección popular que, finalmente, fue aplastada.
Fue en junio de 1979 cuando el FSLN se lanzó a la ofensiva final. De nuevo estalló la insurrección en toda Nicaragua y de nuevo fue reprimida por las tropas de la Guardia Nacional que no dudaron en bombardear a la población civil y en asesinar a cualquier sospechosos de apoyar a los sandinistas. Tras varias semanas de intensos combates que causaron numerosas víctimas, Somoza fue derrocado y huyó al extranjero. El 19 de julio de 1979 los sandinistas celebraron, por fin, el triunfo de su revolución.
En este sentido, van a buscar ese apoyo internacional, por un lado, en la solidaridad de los países latinoamericanos más independientes, caso de México; por otro lado, en los países no alineados, caso de Libia; y en las socialdemocracias europeas que en estos años van a subir al poder en algunos de los países de la Europa Occidental, caso de Francia, España y Suecia, entre otros.
De hecho, la primera muestra de reconocimiento hacia el gobierno sandinista nicaragüense, es la declaración franco-mexicana de 1981, en la que se reconoce a la insurgencia salvadoreña como actor político, y se invita a Daniel Ortega a Francia, a una entrevista con Mitterrand, lo que le supone al régimen nicaragüense el tan ansiado reconocimiento internacional. Tras esta visita, Daniel Ortega va a prolongar su viaje por Europa, contactando con otros líderes social-demócratas, como el sueco Olof Palme, y el español Felipe González, que subirá al poder en 1982, y mantendrá unas excelentes relaciones con el presidente sandinista.
Los nicaragüenses van a ver una ayuda real a través de las aportaciones de países como Francia, que les da créditos por valor de 30 millones de dólares, como Libia, que les hace un préstamo de 100 millones, de las socialdemocracias Europeas, un 32% de su ayuda, y de los países socialistas que conforman el CAME, les van a aportar un 21% de la ayuda que reciben. Aún así, el comercio con los EE.UU. les supone un 31% del total. Con Europa, el volumen de negocios es del 29%, frente al 20 de los países latinoamericanos. Con los países socialistas, tienen un 6% de comercio, y con Japón, y Canadá, un 14%.
Pero estas ayudas de poco les sirven ante la guerra que está promoviendo el gobierno norteamericano a través de la CIA, y que está siendo ejecutada por oficiales de la dictadura de los generales argentinos, así como por oficiales Hondureños, soldados de Nicaragua, y armas de Israel y de los EE.UU. Todo este conglomerado va a conformar lo que se ha denominado la Contra Nicaragüense, que actuó con bases en Honduras y Costa Rica desde 1981 a 1989. Pese a la línea de la política exterior nicaragüense de no alineación y diversificación en la búsqueda de ayudas del exterior (no querían supeditarse al imperialismo del bloque socialista ni al de los norteamericanos...), la administración Reagan va a contribuir a desatar una cruenta Guerra Civil en la que no quieren intervenir de manera directa, tal y como habían ideado en manuales de Guerra de Baja Intensidad.
La guerra dificultaba las comunicaciones, consumía recursos ingentes y ocasionaba una gran escasez en el país. El gobierno de Estados Unidos fue condenado por el Tribunal Internacional de la Haya y requerido, sin éxito, para que cesase en su guerra de agresión contra Nicaragua. En 1984 los sandinistas vencieron en unas elecciones supervisadas atentamente por observadores internacionales y Daniel Ortega fue elegido presidente.
Cartel contra la intervención norteamericana en Nicaragua
La guerra de agresión continuó y en 1985 los Estados Unidos decretaron un embargo comercial contra Nicaragua. Estalló el escándalo Irán-Contra cuando se descubrió que la CIA vendía armas a Irán (contraviniendo el bloqueo decretado por las Naciones Unidas) y con el dinero obtenido apoyaba a la "contra" nicaragüense. También se descubrió el pago de armas con cocaína y el desvío de armamento supuestamente destinado a otros países hacia la "contra" nicaragüense.
Para financiar la guerra, el gobierno sandinista recurrió a la devaluación de la moneda, lo que provocó una espiral inflacionista sin precedentes. Los precios subían día a día y la escasez aumentaba, mientras el país dedicaba a veces hasta la mitad de su presupuesto a la guerra.
Historia de la contra
Nacimiento de la Contra
Durante el primer gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua (1979-1990), los diarios oficialistas del FSLN (Barricada y El Nuevo Diario) no podían hacer caber la palabra contrarrevolucionarios en los encabezados de primera plana; contra, o contras, fue entonces el término usado. El término contra (o Contra) se refiere a la organización que se formó como brazo armado de la oposición a la revolución sandinista en Nicaragua, en contraposición del término "compa", procedente de "compañero" que era la forma que los sandinistas se denominaban entre si.
El gobierno de Estados Unidos, por medio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), organizó y financió, a partir de la antigua Guardia Nacional (somocista), y con ayuda de otros países, como Argentina (en plena dictadura militar), un ejército irregular que, con base en los países vecinos, Honduras y Costa Rica, intervino en acciones de guerra de guerrillas contra el gobierno sandinista, presidido por Daniel Ortega, con el objetivo de desestabilizar al gobierno y eventualmente derrotarlo y sustituirlo.
La construcción de un ejército rebelde, llamado la resistencia, se va a comenzar a hacer a partir de los grupos armados denominados MILPAS, y de los restos de los oficiales de la Guardia Nacional somocista en el exilio. En un principio, las armas las va a poner el Estado de Israel, y los oficiales que van a entrenar a los guerrilleros, van a ser argentinos, pero tras la Guerra de las Malvinas, los argentinos van a perder la confianza de los EE.UU., que van a confiar los entrenamientos a oficiales hondureños y ex oficiales de la Guardia Nacional. Tanto Honduras como Costa Rica van a servir de base de operaciones a la Contra, como auténtico santuario. Pero los campamentos de entrenamiento van a estar principalmente en las sierras hondureñas cercanas al norte de Nicaragua.
Tras los primeros años de guerra, los norteamericanos van a aumentar la presión, interviniendo directamente mediante un embargo económico, mediante el cerco a los puertos atlánticos nicaragüenses, que fueron cerrados al tráfico marítimo, y que incluso llegaron a ser minados, y mediante maniobras militares en los países vecinos, en las que se aprovecha para desembarcar armamento para la contra.
Pronto empezaron los problemas. Una parte importante de la Guardia Nacional se refugió en Honduras y Costa Rica y, ayudada y financiada por Estados Unidos, inició una guerra contra el régimen sandinista. En el curso de esta guerra las atrocidades fueron enormes y los recursos dedicados a la misma cada vez eran mayores. Fue necesario instituir un servicio militar y eso causó descontento de muchas personas en Nicaragua. Las cooperativas de campesinos fueron el blanco preferido de los contrarrevolucionarios (o "contras" y los errores de los sandinistas hicieron que una parte de la población que inicialmente apoyaba al gobierno se decantase por la "contra".
Una ola de solidaridad mundial fue la respuesta a la agresión. Se formaron numerosos comités de solidaridad con Nicaragua y los gobiernos europeos desarrollaron importantes proyectos de colaboración con el pequeño país que pugnaba por salir de su atraso. Muchos nicaragüenses fueron enviados a estudiar a universidades extranjeras y brigadas de cooperantes y voluntarios acudían a poner su grano de arena.
Estados Unidos financió a la Contra para combatir al Ejército Popular Sandinista (EPS), financiado por la URSS y Cuba y derrocar el gobierno sandinista, incluso después de su victoria electoral en el 1984, con la supuesta intención de evitar la expansión del comunismo a la mayoría del pueblo nicaragüense. El apoyo se incrementó con la ayuda del presidente Ronald Reagan durante la década de los '80.
En noviembre de 1981, la administración Ronald Reagan inició su guerra contra el sandinismo y autorizó a la CIA 19,5 millones de dólares para crear la Contra, fuerza paramilitar, compuesta básicamente de antiguos miembros de la Guardia Nacional de la derrocada dictadura de Anastasio Somoza Debayle. La CIA, con ayuda de agentes argentinos, puso en marcha campos de adiestramiento en el territorio de Honduras y suministró alimentos, ropa, armas y supervisión a los Contras.
En 1982, el Presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara, Edward P. Boland, presentó una enmienda a la Factura de Defensa de los Presupuestos para el año fiscal 1983 que limitaba la ayuda financiera de Estados Unidos a la Contra. Esta enmienda prohibía a la CIA utilizar ningún dinero «para el propósito de derrocar el gobierno de Nicaragua». Aún así, el Congreso autorizó la ayuda a esta organización con 24 millones de dólares para el año de 1984.
Miembros del personal del Consejo de Seguridad Nacional, institución asesora de la Casa Blanca, cuyo ámbito de operaciones había sido doméstico hasta entonces, se convirtieron en los cerebros para continuar con el apoyo a la Contra. El Teniente Coronel Oliver North, ayudante del Consejero de Seguridad Nacional Robert McFarlane, se hizo cargo de la operación, que buscaba financiación secreta de fuentes privadas americanas y la canalizaba a las manos de la Contra.
En 1984 se supo que la CIA había tomado parte en el minado de puertos nicaragüenses sin notificarlo de forma adecuada al Congreso y este aprobó una versión más dura de la Enmienda Boland que prohibió a la CIA, al Departamento de Defensa y a cualquier otra agencia estadounidense involucrada en actividades de inteligencia proporcionar ningún apoyo a operaciones militares y paramilitares en Nicaragua.
No obstante, North y el Consejo Nacional de Seguridad continuaron recabando y desviando secretamente fondos a la Contra, y la Contra comenzó a recurrir a ellos cada vez más para solicitar orientación.
En 1985, varios funcionarios del gobierno, incluyendo a McFarlane y North, se implicaron en un plan para vender secretamente armas a Irán, a cambio de la liberación de los siete americanos retenidos por simpatizantes iraníes en Líbano, con la intención de hacer virar la política exterior de Irán en una dirección más prooccidental. Israel actuó en principio como intermediario de los envíos de armas. Aunque este plan violaba el Acta de Control de Exportación de Armas, un embargo armamentístico contra Irán, y la política estadounidense de no tratar con gobiernos que apoyasen el terrorismo internacional, Ronald Reagan dio su autorización para que McFarlane procediera a la venta de las armas. Los beneficios excedieron a lo esperado, y en 1986, North desarrolló un plan para desviar millones de dólares a la financiación de la Contra, un movimiento aprobado por el sucesor de McFarlane, John Poindexter.
En 1986, fue derribado un avión de carga sobre la selva nicaragüense. Un pasajero americano que saltó en paracaídas y cayó en manos de los sandinistas reveló que el avión formaba parte de una operación de suministro de armas a la Contra dirigida por Estados Unidos.
El presidente norteamericano dijo públicamente que el gobierno de Estados Unidos no tenía conexión con el avión derribado, y el Asistente del Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos y otros altos cargos dieron versiones similares al Congreso. Un mes más tarde, el diario libanés Al-Shiraa expuso el comercio secreto de armas con Irán.
El fin de la guerra civil
En 1988 estalló el escándalo Irán-Contra (o Irangate en inglés): se descubrió la venta de armas de forma ilegal a Irán para conseguir fondos de financiación para la Contra, cuando Irán estaba en guerra contra Irak en el conflicto de 1980-1988; este escándalo demostró la injerencia de los EE.UU. en la agresión a Nicaragua que motivó la resolución del Tribunal Internacional de La Haya, el cual condenó a los Estados Unidos a indemnizar a Nicaragua con 17,000 millones de dólares. Ese mismo año fue lanzada por el EPS la ofensiva Danto 88 (llamada así por el comandante Germán Pomares Ordóñez “el Danto”) hacia el departamento de Jinotega, empujando a los contras a territorio hondureño. La perestroika promovida por Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética y las presiones de la Organización de Estados Americanos (OEA) obligaron al gobierno del presidente de Nicaragua Daniel Ortega Saavedra y al FSLN convocar a 21 partidos políticos a un diálogo nacional, en agosto de 1989, y se firmaron los acuerdos de Managua, que contemplaban la celebración de un proceso electoral democrático y la desmovilización de la Contra; poco después los cinco presidentes centroamericanos firmaron los acuerdos de Esquipulas V, en Guatemala, creando la Comisión Internacional de Apoyo y Verificación CIAV, para supervisar el desarme de los 22.000 combatientes activos de la RN.
En ese mismo mes fue creada la coalición Unión Nacional Opositora (UNO), la cual aglutinaba a 14 partidos opuestos al FSLN entre liberales, conservadores, democratacristianos, socialcristianos, socialdemócratas, socialistas y comunistas, que tenía como candidatos a la presidencia y la vicepresidencia a doña Violeta Barrios de Chamorro (conservadora y viuda de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director del diario La prensa) y Virgilio Godoy Reyes (liberal independiente), respectivamente. El 25 de febrero de 1990 se celebraron las elecciones, las que dieron la victoria a la UNO con el 54% de los votos, mientras que el FSLN quedó con 40%
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