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dionicio diaz, el niño de oro

DIONISIO DIAZ

HEROE DEL ARROYO EL ORO

Esta historia fue escrita en los campos de Treinta y Tres por la pluma de la realidad. Ninguno de los datos que en ella aparecen, pertenece a la ficción. Es la gesta del pequeño Dionisio, el niño que salvó a su hermanita de la locura homicida de su abuelo.

En el año 1902, una familia llega al Poblado Mendizabal, popularmente conocido como "EL ORO" por estar asentado a la orilla del arroyo homónimo, y el jefe de dicha familia, JUAN DÍAZ, decide comprar unas pocas cuadras de campo, edificando en ellas dos ranchos de terrón y paja que serían de allí en más, su nuevo hogar.

María Rosa, esposa de Juan, tenía cuatro hijos de un "matrimonio" anterior, llamados Felicia, Luis, Pedro y Marcelo, y una hija con Juan nacida dos años antes (1900) llamada María Luisa. Además en el grupo estaba Eduardo, hijo de Felicia, al cual Juan había reconocido como propio y llevaba su apellido.

Juan Díaz era un hombre trabajador que se ganaba la vida como carrero y contaba con la ayuda de Eduardo, quien pese a haber perdido una pierna por la mordedura de una crucera, trabajaba con ahínco. Las ocho leguas (casi 40 kilómetros) que separaban la capital Treinta y Tres del poblado El Oro, les significaban un buen trabajo ya que transportaban cueros y lana y de regreso traían comestibles.

El 8 de mayo de 1920 y fruto de los amores furtivos de María Luisa con su cuñado Quintín Nuñez, nace un varon a quien llaman DIONISIO. Juan Díaz no ocultó la alegría que la llegada del niño le produjo, a tal punto que lo inscribe con su apellido en el Juzgado de El Oro. Serafín J. García, que en esos tiempos vivía al lado del juzgado, escribiría poco tiempo más tarde el ROMANCE PARA DIONISIO.

El fallecimiento de María Rosa y la llegada de los primeros camiones, hizo que el humor de Juan Díaz fuera cambiando. María Luisa vivía un romance con Luis Ramos, lo cual trastornaba más aún a Juan, y de esos amores nace MARINA.

El 9 de mayo de 1929, al otro día de su cumpleaños, Dionisio y su familia terminan con las tortas fritas y pasteles que sobraron del día anterior y en la noche Juan manifiesta sentirse mal y le pide a María Luisa que duerma en su rancho por si la necesita, lo cual esta hace junto a sus dos hijos, Dionisio y Marina.

Al momento de ir a acostarse María Luisa, Juan, enloquecido, se abalanza con su facón sobre su hija y se traban en lucha. Testigo de lo que acontecía, Dionisio se interpone entre el abuelo y su madre y recibe del primero un corte en su brazo y un empujón que lo arroja en un costado del rancho. El facón hundiéndose en el pecho de su madre una y otra vez, hace que Dionisio se interponga nuevamente entre ambos y allí recibe varios cortes profundos en el vientre, mientras la madre, con su último aliento, aprovecha para quitar la traba de la puerta. El farol se apaga y Dionisio, herido ya de gravedad y con parte de los intestinos fuera del cuerpo, se arroja sobre su hermanita Marina, la toma y sale corriendo para el otro rancho donde estaba Eduardo.

Este ya salía alertado por los gritos y se traban en lucha. Con Juan armado de su facón y Eduardo sin nada, no tarda el primero en herir de muerte al segundo, y continúa en su locura, buscando a los dos niños para acabar también con ellos.

Dionisio, escondido en el rancho de Eduardo, cubría a Marina con su cuerpo para ocultarla del abuelo y darle calor en la madrugada fría. Así estuvo la noche entera, tal vez la más larga de la historia de la humanidad. Hora tras hora, escuchando la locura de su abuelo y temiendo que Marina llore y revele su escondite, temiendo que el viejo los encuentre y termine la macabra obra que comenzó después de la cena.

Durante esa terrible noche, Dionisio se da cuenta de que nadie puede ayudarlo, ya que los separan 7 kilómetros del pueblo y que él debe llevar a su hermanita que apenas comienza a caminar, atravesando alambrados y cañadas, y con el peligro de que el viejo lo descubriera, para salvarla de una muerte segura.

Hace un atado con ropa de la niña y con una tijera se corta un trozo de intestino que asomaba por una de sus heridas. Con una sábana forma un vendaje que se arrolla sobre su cintura, apretando lo más que le es posible. Toma en sus débiles brazos a Marina y sale al campo rumbo a la comisaría de El Oro.

Solo ese niño de cabellos color trigo podría contar lo que sufrió durante el trayecto.

Llega al pueblo y encuentra a don Lalo, el alcalde, y a su esposa Braulia a quien le entrega a Marina diciendo - El abuelo se enloqueció y mató a mamá y al tío Eduardo. Yo estoy herido - Y sigue hasta la comisaría donde cuenta con detalles lo ocurrido la noche anterior.

Perplejos ante la narración, nadie podía creer lo que estaba ocurriendo, y nadie reparó en las heridas del niño. Recién a las cinco de la tarde de ese terrible día, un médico de Vergara asiste a Dionisio, pero sin poder hacer casi nada debido al estado de tumefacción de las heridas. Y allí queda Dionisio, en la comisaría de El Oro, hasta que a eso de las ocho de la mañana del otro día, el policía detiene un auto que pasaba por la carretera y llevan al pequeño con rumbo al hospital de Treinta y Tres. Se divisaba la ciudad en el horizonte, cuando Dionisio dejó de respirar.

EL NIÑO HABÍA MUERTO - EL HÉROE HABÍA NACIDO

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