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Ruleta Rusa (Cuento Mio)

Arte12/25/2008
Registrate y eliminá la publicidad! les dejo este cuento que escribi hace un tiempo, como le prometi a iscariote.. no iba a subir otro de minas jajaja! es medio larguito espero se tomen el tiempo de leerlo... suerte! Ruleta Rusa ¿Cuánto vale una vida? Dicen que la vida humana no tiene precio, sin embargo acabo de gastar 3 dólares en una bala, que pienso utilizar para quitar una vida humana, aunque todavía no esta decidido la de quien. Anochece mientras camino rumbo a mi hogar, es invierno y las calles están desiertas, en esta época del año la gente desaparece junto con el sol y todos se sienten mas seguros estando en su casa. Allí es a donde me dirijo, a casa. Sigo pensando en la bala, 3 dólares me parece muy cara para ser una simple bala, teniendo en cuenta que la caja de balas sale 15 dólares, pero en fin, solo necesitaba una. Doblo la esquina y en la puerta de mi casa veo a un sujeto calvo, vestido con un traje negro, camisa blanca con el cuello abierto y sin corbata, esta esperándome, como estaba planeado. Sin saludos ni gestos, lo hago pasar, lo llevo hacia la cocina y lo invito a sentarse. Él no quita su vista de mí, no puede evitar mirarme con rabia, como si en cualquier segundo me lanzara un golpe. Me siento frente a él y lo miro a los ojos. Durante casi 30 segundos nos quedamos mirando sin emitir un solo sonido, solo se escucha el ruido de la canilla goteando sobre una cacerola sin lavar. -¿Quiere tomar algo?- Le digo -Quiero que me digas porque lo hiciste. ¿Eh? ¿Te gusto? ¿Lo volverías a hacer si yo no me hubiera enterado?- Me dice mientras golpea la mesa con el puño y enojándose aún mas. -No sabía que ella era casada. No hay un motivo en especial y no nos conocemos, así que sabrás que no es por venganza. Simplemente las cosas se dieron así.- Le Digo -Mentira! Te voy a matar!- Me grita parándose de golpe y tirando la silla al piso. -Mira, es simple. La conocí, nos gustamos y tuvimos sexo, nada más. Fue cosa del destino. Igual hay cosas peores que la infidelidad. ¿Quien cree en la fidelidad en estos tiempos? Seguramente vos le habrás sido infiel alguna que otra vez. – Le digo - Vos no me conoces, ni yo a vos. Así que no tengo porque creerte, solo se que si no hubiera contratado a alguien para que la siga. Podrían haberse acostado cien veces más y yo seria el rey de los cornudos. Y no creo en eso del destino, uno se hace su propio camino y decide que le toca y que no! - me dice sentándose de nuevo en la silla y empezando a transpirar. - Es verdad que no nos habíamos visto jamás, pero… ¿Ser infiel acaso es mejor o peor que espiar a tu mujer? ¿Quien decide que pecado es peor? –Le digo. - Yo decido! La espié porque ella me dio motivos para hacerlo! No fue tan simple como lo haces parecer, vos mereces morir por lo que hiciste! – Me dice muy enojado y con un tic nervioso que le hace guiñar y vibrar el ojo derecho. - Mira, yo puedo contarte como paso todo, con lujo de detalles, y puedo demostrarte que el destino no me juzga distinto a vos. – le digo poniéndome de pie y caminando hacia mi habitación - ¿De que me hablas?- me pregunta indignado - Esperame – le digo Me dirijo hacia mi habitación y 2 minutos después vuelvo a la cocina con un arma en la mano. La apoyo suavemente delante de él - ¿Alguna vez jugaste a la ruleta rusa? Le pregunto - No – me dice tomando el arma con cautela, observándola y dejándola nuevamente sobre la mesa. - Ya note que te crees mejor persona que yo y pensas que el destino no nos juzga por las cosas que hacemos. Este juego es simple: -le digo mientras abro la rueda y la hago girar- se gira la rueda con una sola bala dentro del arma. Yo confieso algo malo, que hice en mi vida, pongo el arma sobre mi sien y gatillo. Si el destino decide que lo que cuento merece la muerte, el arma se dispara y tenias razón. Pero si no es así, si no merecía morir por esa confesión, es turno de que vos me cuentes tu pecado y gatillas. Pueden ser seis confesiones, cinco, una. Las que el destino quiera. ¿Sos capaz de confiar en tu creencia de que sos mejor persona que yo y que merezco morir? Si es así y tenes razón, me vas a poder ver muerto y sin tener que cargar con el peso de la ley, porque seria un suicidio. Pero si estas equivocado… - De acuerdo – me dice rápidamente – pero comenzas primero y quiero verte girar la rueda nuevamente! No confío en vos Sin decirle nada, abro la rueda, la hago girar tres veces y la cierro dando un golpe seco en el aire - Ya que soy el primero, y te noto tan seguro de vos mismo como yo de mí mismo, voy a dejar el asunto de tu esposa para mas adelante, empiezo- digo dejando el arma en el centro de la mesa y delante de ambos, mientras junto las palmas cruzando los dedos delante de mi barbilla: Cuando era un niño, tendría 8, 9 años. Vivía con mi hermana, mi madre, mi padre y un gato siamés llamado Omi que yo odiaba, Recuerdo que mi Padre me llevo a pescar un domingo, cosa que también odiaba. Pero lo hacia porque me gustaba alejarme de la ciudad, viajar en el auto solos, la tranquilidad que había en el río aunque mi padre siempre llevara a Omi. Mi padre siempre se preocupaba por la pesca, ponía carnada a su caña y a la mía y las controlaba. Podía estar horas sentado mirando como apenas se movía el río. Mientras yo jugaba tirando ramitas, tronquitos y lombrices vivas al fuego que prendía para el asado nocturno. Una vez queriendo molestar a Omi mientras dormía, tomé una ramita encendida, me acerqué lentamente y puse la ramita sobre su cola, en 5 segundos empezó a prenderse fuego y yo no sabia como controlarlo, el gato se desespero y yo instintivamente lo pateé hacia el río, para apagarle las llamas, y no volvió a salir. Nunca le comente a mi familia lo que había pasado, hasta lloré cuando mi papa decía que no podía encontrarlo ya que nunca se alejaba, aunque por dentro sentía una gran satisfacción de no ver a ese mugroso gato nunca más. -¿Merezco morir por ese acto? Era solo un niño, ¿que dirá el destino? – digo a mi contrincante que me mira con los ojos bien abiertos y sin decir una palabra. Tomo el arma, la apoyo sobre mi sien, cierro los ojos durante 10 segundos y aprieto lentamente el gatillo…. Click -Parece que no- digo sin abrir los ojos, y dejando el arma sobre la mesa – tu turno. Mirándome con desconfianza toma el arma con la mano izquierda y la acerca arrastrándola hacia él. -Es lógico- me dice- Nunca se juzgaría a un niño que todavía no conoce la diferencia entre una travesura y una maldad. Esa historia no es válida! – -Todas las historias son válidas- digo- si son verdaderas, podes contar una de tu niñez si lo deseas. - Esta bien, aunque lo veo sin sentido ya que nunca hice algo como lo que acabas de contar, este es mi relato: – dice Cuando era joven. También tendría 8 años. Mi padrastro me envió al almacén a comprar unos víveres. Al llegar a la tienda me gasté el dinero en golosinas, y me fui a comerlas a la plaza, masticando apurado y sin remordimiento por lo que hice. Volví a casa y le dije a mi padrastro que un compañero de escuela que siempre me molestaba me había robado el dinero. Al escuchar esto, se puso como loco e insistió que le diera el nombre y apellido de mi compañero. Hasta que le dije el nombre de un chico que me caía mal. Mi padrastro llamo por teléfono a sus padres y le contó lo sucedido, al colgar me dijo tranquilizándome que no me hiciera problema por él. Que no volvería a molestarme jamás. Yo me puse tan feliz. Mi plan había salido a la perfección, ni el chico supo que yo había tenido la culpa de los golpes que llevó en su rostro a la escuela el día siguiente. Rápidamente y con mucha confianza toma el arma, se apunta y gatilla, convencido de que no dispararía. Y no lo hizo. No menciona mas nada. Solo con su sonrisa desafiante me hace saber que era mi turno. Así que comienzo mi siguiente confesión: No recuerdo que edad tenía, pero no llegaba a los 16 años, volvía de la escuela que estaba a 10 cuadras de mi casa, siempre volvía solo, ya que todos mis amigos de clase vivían para el lado contrario de mi barrio. Ya conocía el camino de memoria, el baldío con los arcos de madera, el kiosco del viejo jacinto, cruzar el puente, meterme en el pasaje de tierra, siempre igual. Ese día llegue a casa y no había nadie, la puerta estaba cerrada, golpeé por media hora y nada. Me senté otra media hora esperando a mis padres hasta que me cansé, y fui hacia el puente. Sabía que para llegar a casa pasarían por allí, es la única entrada al barrio. Me apoye mirando los autos pasar debajo de mí, casi por 10 minutos hasta que me aburrí y empecé a escupir hacia abajo, tratando de darles a los parabrisas. Al cabo de un rato me desafié a mi mismo de tirar una roca. Sin pensar en las consecuencias lo hice. Lancé una piedra del tamaño de mi puño a la autopista y pegó contra el vidrio de un camión que perdió en control y bajo hacia la banquina volcando. Solo llegué a ver al conductor salir volando por el parabrisas y golpear sobre el asfalto. Mientras corrí hacia mi casa asustado, el corazón me latía como nunca. Allí encontré a mi hermana sentada en la puerta esperando a mis padres. Me senté a su lado y nunca comente lo sucedido. Tomo el arma esta vez la coloco a casi 10 cm. de mi sien y gatillo más lentamente que la ultima vez, el tambor del arma gira mientras el gatillo se hunde hacia mí. Lo sigo apretando lentamente mientras mi contrincante pone un rostro como si ve una bomba a punto de estallar. Click Ahora soy yo el que tiene la sonrisa desafiante, y la gota de transpiración que recorre su mejilla me hace notar su desesperación, sabe que cada vez quedan menos probabilidades de que le toque un espacio vacío, la bala se hace rogar. -Quizás ninguno de los dos merezca morir- dice -Veamos que dice su próxima confesión- le digo con una mirada penetrante. Tragando saliva, lentamente abre la boca y dice: Esto sucedió hace unos meses atrás. Era verano y hacía mucho calor, mi señora estaba tomando sol en la terraza, y yo sentado en la sombra leyendo el diario. Mientras estaba tirada en maya sobre una toalla mojada tirada en el piso, me contaba chismes que le habían contado en la peluquería, a los cuales yo no les prestaba mucha atención. Solo leía el diario atentamente y movía la cabeza asintiendo lo que ella decía. Cuando veo que de la ventana de enfrente un señor apoyado en su balcón con una pose muy canchera, lentes oscuros, miraba a mi esposa. Me paro con muy mala cara y me paro frente a él. Con la calle de por medio. Al seguir en su postura. le digo. ¿Que miras? Nada… sigue parado mirando fijo a mi señora. Así que decidí bajar, cruzar la calle y tocar el timbre. Cuando estoy por tocar una señora abre el ascensor y saca las llaves para abrir la puerta principal, deja pasarme. Tomo el mismo ascensor que no había cerrado la señora, subo hasta el 5 piso y toco el timbre. Al abrir la puerta golpeo instantáneamente al tipo, puñetazos, puntapiés en la cara. Mientras él me decía que me lleve lo que quiera, que no le haga daño. Pero lo callé de una patada que lo dejo inconsciente. Y me fui con una cara de satisfacción de nuevo a mi casa. A la mañana siguiente, en la misma situación del día anterior, mientras mi mujer me hablaba de cosas sin importancia, leo el titular del diario “Delincuente golpea a persona invidente en su propia casa sin robarle un centavo, posible venganza”. Mire para ambos lados y me fui a sentar al sillón del living. A seguir leyendo tranquilo el diario. Levantando el arma con la mano izquierda y temblando, noto también que la lleva a 10 cm. de su sien, y que media centésima antes de disparar, corre el arma levemente hacia atrás, haciendo que pudiera salir ileso. Solo que se escucho el Click de la rueda girar sin ninguna bala. -Bien- le digo- ahora es cara o cruz, es el momento de ver que tan valiente es cada uno. Y como es mi ultima oportunidad, te voy a contar la verdad que viniste a buscar. Y veremos si es tan malo como dices. Como te habrá contado el detective que contrataste para seguir a tu esposa, y por eso me contactaste para esta cita, hace una semana que tuve sexo con ella, pero nos conocemos desde hace ya 3 años. Se que vas a hacer tus cuentas, y te casaste con ella hace 2. Ya mientras estaban de novios, nosotros nos veíamos en secreto. ¿Por qué se caso contigo si deseaba estar conmigo? Eso se lo debes preguntar a ella. Yo no soy una persona celosa y se que ahora que te enteraste no voy a poder intimar nuevamente con ella. Yo siempre supe de vos. Mas de una vez estuve bajo tu cama, o escondido en tu placard cuando volvías temprano del trabajo. Hasta debo admitir que sabía que un detective nos estaba siguiendo, espero no te haya salido muy caro ya que no fue nada sutil su investigación. Y no te sientas mal, ni te sientas el rey de los cornudos, como estoy con tu esposa, tengo a muchas mas, no me considero un galán. Pero se darles a las mujeres lo que sus maridos o novios no les dan. Que quede claro que si disfruté tener sexo con tu mujer y que no me arrepiento para nada. Y si no te hubieras enterado seguirías siendo otro marido más del montón que todavía no conoce bien a su mujer, que no la escucha cuando ella le cuenta los “chismes de peluquería” como vos le llamas. - Eso es todo, ¿te parece tan malo? - Digo – ¿merezco morir por eso? Tomo el arma, abro mi boca y pongo el caño dentro de mi boca… sin cerrar los ojos y mirándolo fijamente aprieto el gatillo… Un suave Click, hace que mi contrincante se pare de repente -es mi turno!- dice. – Dame el arma! - solo queda una historia, una sola confesión, y una sola bala – digo – ¿sos lo bastante bueno para saber que te depara el destino o sos lo bastante malvado para usar esa última bala en la persona que tu mujer ama? - dame el arma! Y te mostraré lo valiente que soy! Me dice asustado Dejo el arma sobre la mesa, me paro y doy un paso atrás, me mira como esperando que la vuelva a tomar de golpe y le dispare. Pero me quedo inmóvil. Corre hacia la mesa y toma el arma y me apunta en el rostro. -¿Un marido mas del montón eh? Vamos a ver si el destino salva a la persona que mi mujer mas ama! – me dice Tomando el arma con las dos manos. Aprieta el gatillo lentamente, mucho mas lento de lo que yo logre hacerlo en mis oportunidades. En sus ojos veo la ira de un asesino, la tristeza de una persona que esta dispuesta a todo por tener razón y por no quedar como un cornudo ante sus compañeros de bar. Pareciera como si el tiempo se detiene y un segundo se hace una eternidad. Su cara esta inmóvil, su cuerpo fijo y lo único que veo moverse es el gatillo y su odio que me envuelve tomándome desde los hombros y sosteniéndome para que no pueda escaparme…Click Segundos de silencio.. y mas gatillazos, Click, Click, Click, Click, Click -el arma nunca tuvo balas- digo- espero que hayas aprendido bien el juego. Porque ahora ya tenes una cosa muy mala para contar la próxima vez que lo juegues, y un intento de asesinato, en algunos países se condena con la muerte, yo te conté cosas muy malas que hice en mi vida. Pero nunca asesine o quise asesinar a alguien a quemarropa. Dejando caer el arma al suelo, se arrodilla y tapándose la cara comienza a llorar. Me acerco, tomo el arma y la llevo hacia mi habitación, abro el primer cajón de la cómoda, y la coloco debajo de la ropa interior. Cierro el cajón y voy a la mesita de luz al lado de mi cama, saco la bala que compre hoy temprano de mi bolsillo y pienso… 3 dólares me parece muy cara para ser una simple bala, teniendo en cuenta que la caja de balas sale 15 dólares. Abro el cajoncito de la mesa de luz. Y la suelto dentro junto con algunas balas de mis juegos anteriores.
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