Me siento un pájaro, algo así como un cuervo… las demás personas dejan de ser tales, para convertirse en animales. Transformo a mi planeta en una selva inmensa –perversa-. Tengo un plumaje que me enreda con la noche. Debajo del mismo, demasiadas cicatrices, una más profunda que otra. Solo yo las siento. Lo mejor es que nadie las ve. Poseo alas, pero ellas solo funcionan si me atrevo a usarlas. Hay animales sin alas, que me atan al piso y me sirven de jaulas hermosas para que les haga companía . Entonces mi instinto se encoje, y por tontera o necedad los acompaño. Me privo de volar, lo único que sé hacer, lo único que me hace libre. Caigo rendido a sus defectos, convencido, de que saben el sacrificio que me cuesta no recorrer los cielos. Pero animales ellos, solo juegan con sus limitaciones. Si ellos no pueden correr, que nadie corra. Si ellos no pueden trepar, que nadie trepe. Si ellos no pueden saltar que nadie salte. Si ellos no pueden volar… YO NO PUEDO VOLAR_!. Nadie se puede destacar en sus tierras, se endiosan mintiéndoles a los demás –no se dan cuenta que se mienten a si mismos-. Los miro con temor, mantengo mis alas pegadas al cuerpo. Trato de mantenerme erguido, camino lo mejor posible con mis dos patitas pero no puedo ser tan rápido. Algunos se ríen de mi lentitud, pero no claudico y los alcanzo. Siempre termino dolorido, porque no sé caminar. Cuando todos duermen y nadie me ve, dejo la jaula. Me voy bien lejos –los animales son muy celosos de las virtudes de los demás- a donde nadie me conoce. Tomo carrera, a veces de la ansiedad, solo me basta con un salto. Me elevo. Siento el viento acariciar mis plumas. El aire se hace más liviano, puedo respirar mejor. Ahí solo hay paz, no ruidos. Siento el aire liviano. Tengo la facultad de planear, elevarme, descender e ir más rápido aún. Puedo ver los bosques tristes del norte o volar escasa altura y escuchar gritos –de combates ajenos-. Al principio lo hacía espaciado, cada dos inviernos o incluso más. Pero no pude contener mi instinto. Cada vez me escapaba con más frecuencia, hasta llegar a hacerlo todas las noches.
Pero un día hubo un quiebre. Alguien vio que huía, siguió las marcas y descubrió mi vuelo. Mucha envidia les dio, enterarse de que tenía alas. Estaba planeando en una forma frágil, a pocos pies de altura. En un descuido, me hirieron. Aguante lo más que pude, y luego caí en el desierto. Pegue de lleno contra el piso. Me vi abandonado, lleno de dudas y lloré. Los cuervos también lloran. A lo lejos retumbaban las voces de los que me ordenaban no volar, de los que me transformaban en un animal. Cuando uno cae, se pregunta si todos los esfuerzos que hace por planear valen la pena. Si todo el sudor y el dolor valen volar. No tenía fuerzas para levantarme. Mi cuerpo estaba muy pesado. El suelo estaba frio. Abrí las alas, hasta que me dolieron y me envolví en ellas. Seguía llorando. Recordé al que me enseño a volar -ya no está-. El cielo abrió sus brazos antes de tiempo, y se lo llevo. En ese instante no solo lloraba sino que sangraba. Me enteré de que los animales se lo devoraron tiempo atrás. No creía en esa noticia, por eso no lloraba. Pero en ese momento sentí que era verdad, tenía que dejar de buscarlo arriba. El río de lágrimas fue la última despedida, ya está. Lo dejé volar libremente en su cielo, como fue su deseo. Me separé del suelo, estaba hecho un desastre. Traté de ordenarme un poco. Miré debajo de mi plumaje, la herida aún estaba fresca pero de a poco irá cicatrizando. Despegue de la tierra, la mejor forma de honrar a un pájaro, es surcando los cielos en busca de otros pares. De seguir aprendiendo hasta de las aves que recién dan sus primeros aires pero ya tienen dones innatos… La mejor forma de honrarlo es volando y no pareciendo un animal salvaje…
Para mi vieja amiga, la persona que protege mi alma….Jh4nv.s