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El corredor de Ulraf [cuento propio]

El ancho e impresionante corredor de la entrada al castillo de Ulraf se estremeció con su llegada, los exquisitos pisos de mármol reflejaban su andar, los imponentes guerreros del rey bajaban su mirada cuando él pasaba frente a ellos, se trataba de Zennop, aquel que desterró solo a los 12 demonios de Arnfham. Sus hazañas eran incontables y el filo de su espada habría danzado en la garganta de cientos de enemigos. Su mirada potente y desafiante, su espada y armadura negras, su voz ronca como un trueno en una tormenta en alta mar, parecían reflejar la veracidad de los cantos de los poetas Zennop no era un emisario, no era un negociador, era un guerrero, dedicó su vida a la espada y era lo único que sabía hacer, combinando brutalidad con exquisitez en cada uno de sus movimientos a la hora de matar. Esto no era un dato menor para el rey Eckhart "cabellos negros", señor de Ulraf y sus alrededores, temido por sus enemigos por su inmisericorde comportamiento. -¡Los dioses te bendicen, oh gran Zennop, los poetas relatan tus hazañas desde las tierras del norte hasta el mar del fuego! proclamó con falsa humildad el rey. - Poderoso rey Eckhart, tus historias no tienen nada que envidiarle a las mías replicó el guerrero con la voz de trueno. -Desde " la caza del jabalí" tu fama no ha parado de crecer, pero dinos, ¿qué te trae a mi reino? - Es verdad gran rey, veo que conoces mi historia, ya ha pasado mucho tiempo desde aquel trágico incidente. Más no siempre fui un guerrero , afirmó Zennop, casi con un rugido, mientras miraba directamente a los ojos a cada uno de los guardias reales. La mirada de Eckhart cabellos negros cambió; los grandes ventanales del castillo se ensombrecieron y un escalofrío colectivo recorría la espalda de cada uno de los guerreros del rey, mientras estos sujetaban inconscientemente sus lanzas con más fuerza. - Poderoso rey, déjame contarte otra historia; de niño mis padres vivían de lo que sembraban, en una villa llamada Vanderplaei; la vida era dura, los inviernos se cobraban las vidas de los más débiles, pero nuestras familias nos daban la fuerza y el calor para sobrevivir.... - ¿Qué esperan? Sírvanle a Zennop de nuestra aguamiel, ¡brindemos por los dioses! Dijo el rey, levantando su copa en alto. -Yo no me apresuraría a brindar ,volvió a replicar aquel que llegó al corredor del castillo de Ulraf... -Tal vez hoy sería un granjero, si los dioses lo hubieran querido, pero no fue así. Una noche, un poderoso señor de la guerra vino con su ejército, nos invadió incendiando toda la villa, matando hombres, mujeres y niños por igual, pocos fueron los que pudieron escapar. Un niño asustado se escondió entre el heno mientras este poderoso guerrero atravesaba con su espada a su madre, para violarla luego de muerta. Ese niño era yo y ese señor de la guerra eras tú, poderoso rey; ahora vengo a cobrar mi deuda de sangre, arremetió Zennop, mientras tomaba carrera hacía Eckhart cabellos negros, desenvainando su temible espada negra. Al mismo tiempo un gran estruendo sorprendió a los presentes, se trataba de "la manada del ocaso”, los lobos de Zennop, guerreros de élite curtidos en cientos de batallas; no le temían a la muerte, ésta les temía a ellos. Tal vez la guardia real pudo retrasar su avance, tal vez, si no estuvieran paralizados de miedo. Y es que estos pocos lobos, aterrorizaban a cualquier ejército, sólo con su presencia, aunque ésta vez, su propósito parece otro que arrasar con las tropas enemigas. Zennop clava su espada negra en el hombro del rey Eckhart, dejándolo anclado a su trono: -Ahora que te conté mi historia, poderoso rey, quiero que sientas el hervor que sentí en mi sangre durante todo este tiempo dijo aquél que derrotó solo a los 12 demonios de Arnfham, mientras sus lobos se acercaban con un paso solemne hacia él, cargando una especie de olla gigante de bronce. La manada del ocaso encendió una enorme fogata en medio del corredor de la entrada del castillo de Ulraf, colocando este enorme artilugio sobre ella y litros y litros de aceite en dicha olla. Cuando este hirvió, Zennop tomó al rey Eckhart como si fuese un muñeco de trapo, arrojándolo a su infernal destino. Luego de minutos de presenciar una aterradora agonía y desgarradores gritos, ante sus hombres de confianza, Zennop toma del cuello a quién destruyó su familia; los fieros guerreros del rey, ahora convertidos en niños asustados, no podían hacer más nada que observar como su señor era torturado hasta morir e implorar que su propia muerte sea más rápida. -Bien, has experimentado una pequeña sensación del dolor que me has provocado, más no creo que puedas soportar más, oh poderoso rey- dijo Zennop, apretando el cuello de cabellos negros cada vez más, hasta que este reventó, salpicando de sangre al vengador y silenciando los gritos de desesperación. En ese momento se oyó un clamor por parte de toda la corte real: "¡Larga vida al rey Zennop!". Hasta el día de hoy se conoce ese hecho como el incidente del corredor del castillo de Ulraf. Gracias por pasar.
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