En los años 70, el ginecólogo William Masters y la sexóloga Virginia Johnson fueron pioneros en demostrar la relación entre las respuestas cerebrales y los estímulos sexuales. Ya en la década de los 80, se hizo famosa en Nueva York Barbara Carrellas, debido a que desarrolló una técnica de auto estimulación que le permitía practicar sexo mental.
Su técnica se centra en lo que ella denomina respiración y energía orgásmica. Los ejercicios se realizan vestidos y carecen de estimulación genital directa, por lo que los usuarios que acuden a sus talleres no tienen que preocuparse por desnudarse ante los demás ni sentirse violentos por la idea de realizar tocamientos.
Para disfrutar de un clímax mental sólo tienes respirar lenta y profundamente, concéntrate e imagina las fantasías que te gustaría realizar. Puedes crear un ambiente óptimo para ello, por ejemplo, colocar algunas velas aromáticas y una iluminación tenue.
Recuerda que el control de la respiración es una de las técnicas más importante para generar el clímax. Incluso, puedes utilizar esta técnica con tu pareja y mejorar tu vida sexual.
Este caso ha sido investigado por un equipo de científicos de la Universidad de Rutgers dedicado a la comprensión de las conexiones entre cuerpo, mente y sexo en los seres humanos. Y al parecer han encontrado pruebas bioquímicas de lo que Bárbara afirma.
A través de un dispositivo que proyecta imágenes de resonancia magnética, los investigadores la examinaron mientras se generaba un auto orgasmo. Luego del estudio pudieron comprobar que aquellos indicadores cerebrales que se manifiestan en una persona durante un orgasmo aparecieron también en el cerebro de Bárbara.
Las mujeres que les resulta mucho más rápido llegar al orgasmo mental son aquellas que tenían una gran facilidad para tener pensamientos eróticos; mientras que las que les costaba experimentar el clímax, fantaseaban menos o utilizaban su mente en otras cosas como preocupaciones, tareas que debían hacer después, trabajo, etc.
Razones suficientes para olvidarse de los problemas y sucumbir antes tales pensamientos un tanto subidos de tonos, donde el placer, la lujuria y el goce se transforman en los ingredientes perfectos para disfrutar del neurosexo.