Desde hace una semana me levanto asustado porque sueño que muero en la sala de espera de un hospital público.
Todas las noches me levanto aterrorizado por la peor pesadilla que tuve desde hace mucho tiempo.
Anoche soñé que me desgarraba de dolor en una sala de espera de un conocido sanatorio privado de mi ciudad.
El dolor parecía recorrer todo mi cuerpo transformando a mi tibia sangre en un mar de lava candente, mientras la encargada de la administración del sanatorio me decía que no podían atenderme por no tener obra social que cubriera los gastos de internación, como así también los medicamentos que vanamente tratan de calmar y mitigar las dolencias que produce cualquier maldita enfermedad.
Por mas que me retorcía de dolor en la puerta del sanatorio, los enfermeros hacían oídos sordos a mi clamor y los doctores, que olvidaron aquella promesa que hicieron al recibir sus prestigioso y lucrativos títulos, ni siquiera apuntaban sus miraba hacia mi persona.
Otra vez me sentí demasiado solo, en la supuesta era de la comunicaciones, en este mundo tan discriminador donde el apostolado del nuevo milenio se resume en la siguiente frase: “si tenés dinero vivís, de lo contrario podes esperar en soledad el ultimo suspiro”.
Así de fácil, o mejor dicho, así de doloroso.
Mientras la pesadilla continuaba, el dolor aumentaba.
Cuando el Febo empezaba a despertarse después de una larga noche, con mis ultimas fuerzas y con las últimas monedas encontradas en el fondo de mi bolsillo me tome el bondi que me llevaba al hospital municipal mas cercano.
En la desesperación no se puede elegir, no hay caminos alternativos, es por eso que mi única esperanza era probar suerte en aquel olvidado hospital público.
La pesadilla se hacia mas macabra cuando me entere que había gente desde las 1 de la madrugada esperando con la misma o quizás con mayor urgencia que el cadáver viviente que relata esta pesadilla.
Mientras esperaba postrado en uno de los sucios, frios y largos pasillos de dicho nosocomio estatal la filosa guadaña de Aquel hombre vestido de negro que no sabe esperar y aparece en el momento menos pensado, tuve la fortuna de despertar.
Cada vez que me despierto de este pesadilla me pregunto cuantos deben ser las personas que viven esta pesadilla diariamente en un “ sueño mas real “ ¿ tendrán las fortuna de despertar como yo?.
La pesadilla continua en la mente de aquellos que aun duermen despiertos, olvidados y eliminados de un sistema maquiavélico que solo los digiere cada 4 años para volverlos a cagar cada puto día de su vidas. Aunque me quedo con la molesta duda de saber cuándo despertarán.
Y pensar que en este país todavía existen fachos que piensan que no quieren trabajar y que deberían ser tratados como material descartarle y ser arrojados en las cloacas de cualquier ciudad. Son los mismos fachos que rezan todas las noches pidiendo a su Dios prosperidad y no comen carne los Viernes Santos por temor a pecar.
La burocracia, mientras tanto, te aniquila en cualquier lugar. Un carnet de obra social del tamaño de una billetera puede costarte la vida.
Toda una vida pagando impuestos, descuentos jubilatorios, acrecentando el patrimonio de un Estado ausente o de aquellos que lo dirigen y nos dominan a su antojo para morir en la calle como un perro, en un tiroteo por falta de seguridad, bajo un puente por falta de empleos o en un obsoleto hospital municipal donde ni siquiera hay una pastilla para sucumbir a tanto dolor…
escrito por mi asqueado Cerebro...