El "periodismo militante" no es periodismo; sólo es mera propaganda, un producto originado en las batallas por ganar las mentes en las guerras de los comienzos del siglo pasado y que suponía que las masas podían ser manipuladas mediante la creación de un mensaje unificado, repetitivo y único, tal como lo hicieron el nazismo, el fascismo y el stalinismo.
Es el mismo concepto -anticuado y superado por la ciencia y la tecnología- en el que se sustentó CFK para montar un anacrónico complejo de medios de comunicación adictos hasta la obediencia canina, el que hoy se descompone dejando un tendal de desocupados.
Uno de los representantes argentinos es Roberto Daniel Navarro (C5N), un vociferante kirchnerista fanático (entre 2009 y 2015 recibió $ 14.749.814,49 sólo por "difusión de actos de gobierno", una de las varias cajas de pauta oficial en los días K), quien cuestionó el odio que le atribuyó repartir hoy en día a Mauricio Macri. En ese degradante Olimpo lo acompañan los Víctor Hugo Morales, los Brancatelli, los Mengolini que se aferran a la mística fraudulenta de una "revolución del enriquecimiento ilícito", a la que eximen desesperadamente de cualquier culpa, en particular si afecta a la histriónica líder CFK.
Si el portavoz del kirchnerismo en caída libre hubiese sido periodista realmente, antes tendría que haber cuestionado, para ser equilibrado, al gobierno anterior con los mismos argumentos.
Eso no sucedió y así dejó plenamente al descubierto su patético rol de propagandista de un régimen disuelto. Pero ¿cómo habría sido su "relato" si hubiese antes criticado al gobierno de CFK tal como lo hizo ahora con el de MM?
Es el mismo concepto -anticuado y superado por la ciencia y la tecnología- en el que se sustentó CFK para montar un anacrónico complejo de medios de comunicación adictos hasta la obediencia canina, el que hoy se descompone dejando un tendal de desocupados.
Uno de los representantes argentinos es Roberto Daniel Navarro (C5N), un vociferante kirchnerista fanático (entre 2009 y 2015 recibió $ 14.749.814,49 sólo por "difusión de actos de gobierno", una de las varias cajas de pauta oficial en los días K), quien cuestionó el odio que le atribuyó repartir hoy en día a Mauricio Macri. En ese degradante Olimpo lo acompañan los Víctor Hugo Morales, los Brancatelli, los Mengolini que se aferran a la mística fraudulenta de una "revolución del enriquecimiento ilícito", a la que eximen desesperadamente de cualquier culpa, en particular si afecta a la histriónica líder CFK.
Si el portavoz del kirchnerismo en caída libre hubiese sido periodista realmente, antes tendría que haber cuestionado, para ser equilibrado, al gobierno anterior con los mismos argumentos.
Eso no sucedió y así dejó plenamente al descubierto su patético rol de propagandista de un régimen disuelto. Pero ¿cómo habría sido su "relato" si hubiese antes criticado al gobierno de CFK tal como lo hizo ahora con el de MM?