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Imagen vs Palabra. Fotos impactante.

Info6/30/2012


¿Por dónde empiezo? Ah si ya se, con una palabra: INDIFERENCIA. Esa maldita indiferencia por la vida es la que se muestra en la mayoría de las fotos que me impactaron y presentare a continuación. La primera de ella y sin duda alguna la más que me impacto: La agonía de Omayra.


Según la ciencia nosotros somos animales “razonables” que hemos evolucionado ante otros animales que hay en la Tierra. Todos los días veo decenas de pájaros volando que jamás mataran a otro por placer o por odio. Nunca van a fabricar una bomba para exterminar a los mismos de su especie. Siempre vivirán y dejaran vivir. No estoy muy seguro de que el ser humano halla sido el que evoluciono.

Ya había visto las fotos hace unos meses y debido al gran impacto que me causaron busque información de cada una de ellas (las fotos me mostraban parte de lo que paso pero necesitaba palabras que me confirmaran que lo que yo veía era lo que estaba sucediendo)

Mientras leía la historia de Omayra, (una niña colombiana de 13 años, víctima del volcán Nevado del Ruiz durante la erupción que arrasó con el pueblo de Armero) mas decepcionado delo que ya estaba me sentía de la humanidad. ¿Siempre fuimos tan insensibles? Es increíble ver como esa niña agonizaba y montones de personas solo se paraban a tomarle fotos y vídeos que luego comerciarían. Hicieron el “aguaje” de que la estaban ayudando pero luego nada.

link:


Según leí se estuvo suplicando al gobierno colombiano por una motobomba para succionar el agua pero se negaron porque "igualmente seria en vano" pero ¿que perdían con intentarlo? ¿que acaso todo es política? ¿Por qué seguían solo firmando y fotografiándola mientras agonizaba? ¿Que seguían mirando? ¿No les rompía el alma ver a esa niña muriendo? 60 HORAS DE AGONÍA. Es triste ver lo que queda de la humanidad. Ya ni siquiera somos capaces de preocuparnos por los mismos de nuestra especie.

Luego sigue la niña de Vietnam, un ejemplo de lo triste que es la guerra. Sufrimiento, desesperanza, dolor humano, son los más claros ejemplos de lo que representa una guerra. Por suerte para aquella niña de 9 años un hombre llamado Nick Ut (fue quien registró la famosa imagen) se apiado de ella, llevándola a un hospital donde permaneció durante 14 meses, y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel, pero no todos tienen esa suerte de poder vivir para contarlo.



La próxima es la ejecución en Saigon. “La imagen habla mas que mil palabras”. A simple vista se muestra la crueldad de la guerra, el bajo precio que llega a alcanzar una vida en determinados conflictos. Pero hay una historia escondida detrás de aquella impactante fotografía, una historia que luego Eddie Adams (autor de la foto) dejaría saber al mundo por medio de las palabras.


El hombre que tiene la pistola en la mano es el general Nguyen Ngoc Loan, de la policía survietnamita. Al que le apuntan es un prisionero del Vietcong, recién capturado por el general, a punto de ser ejecutado. Todo ocurrió durante el segundo día de lo que quedó para la Historia como ‘Ofensiva del Tet’.
El Vietcong acababa de matar a 34 personas, en su mayoría agentes de la policía nacional y sus familiares.

Esta imagen se convirtió en icono porque representaba todo lo que iba mal en Vietnam. El ejército de los EEUU no era capaz de controlar a sus aliados de Vietnam del Sur, tan sanguinarios como su enemigo, Vietnam del Norte. Una compleja situación política contenida en una foto. En dos personas: un ejecutor y una víctima.

Lo que quizás no es demasiado conocido acerca de esta foto es la historia que tiene detrás. Y es que Adams no estaba de acuerdo con la interpretación obvia de su foto y esto le hizo víctima de la fama de su obra más conocida el resto de su vida: "El general mató a un Vietcong con la pistola. Yo maté al general con mi cámara fotográfica. La fotografía es el arma más poderosa del mundo. La gente se las cree, pero las fotos mienten, incluso sin ser manipuladas. Sólo son medias verdades. Lo que la fotografía no preguntaba era: ¿Qué hubieras hecho tú de haber sido el general en aquel momento y de haber sido tú el que capturó al supuesto tipo malo después de que hubiera volado por los aires a uno, dos o tres soldados americanos?".


Tras la difusión mundial de la foto, AP (Prensa asociada) mandó a Adams que acompañase al general Loan, lo que le hizo cambiar de opinión acerca de él: "Este tipo es un héroe. Combatía en nuestra guerra, por su pueblo. Había ayudado a construir un hospital en Saigón. Acababa de asistir a la masacre de varios de sus compañeros."

Durante el resto de su vida, Adams pidió perdón al general Loan y a su familia por los daños causados. Loan acabó mudándose a los Estados Unidos, pero siempre fue víctima de aquella imagen y no tuvo mucho éxito en los negocios que emprendió, pues siempre era relacionado con el fatídico momento. Años después, Adams visitó a Loan y el ex general le dijo: “Usted estaba haciendo su trabajo y yo, el mío“. Cuando el general murió, en 1998, Adams envió flores a su familia y una nota: “Pido disculpas, mis ojos están llenos de lágrimas”. Sin duda alguna es impresionante el poder que tiene la fotografía pero es mucho más lo que no dice, que lo que muestra.

En la otra foto que me impacto (Acechando la muerte) se ve una niña moribunda en África y un buitre esperando a que muera para comérsela. Un hombre blanco perfectamente bien alimentado observa cómo una niña africana se muere de hambre ante la mirada expectante de un buitre. El hombre blanco hace fotos de la escena durante 20 minutos. No es que las primeras no fueran buenas, es que con un poco de colaboración del ave carroñera le salía una de premio, seguro. Niña famélica con nariz en el polvo y buitre al acecho: bien; no todos los días se conseguía una imagen así. Pero lo ideal sería que el buitre se acercara un poco más a la niña y extendiese las alas. El abrazo macabro de la muerte, el buitre Drácula como metáfora de la hambruna africana. ¡Ésa sí que sería una foto! Pero el hombre esperó y esperó, y no pasó nada. El buitre, tieso como si temiera hacer huir a su presa si agitara las alas. Pasados los 20 minutos, el hombre, rendido, se fue.


No se debería de haber desesperado. Una de las fotos se publicó en la portada de The New York Times y acabó ganando un premio Pulitzer. Pero incluso así se desesperó. Y mucho. El hombre blanco era un fotógrafo profesional llamado Kevin Carter. A los dos meses de recibir el premio en Nueva York se suicidó.

Hay dos preguntas. La primera, ¿por qué se suicidó? La segunda, ¿por qué no ayudó a la niña? La respuesta a la primera es relativamente fácil. La respuesta a la segunda es más interesante.

¿Es impactante la fotografía? Pues mas impactante es la carta que dejo el hombre antes de acabar con su vida.

"Estoy deprimido, sin teléfono, dinero para el alquiler, dinero para la manutención de los hijos, dinero para las deudas ¡¡¡dinero!!! Estoy atormentado por los recuerdos vividos de los asesinatos y los cadáveres y la ira y el dolor del morir del hambre ó los niños heridos, de los locos del gatillo fácil, a menudo de la policía, de los asesinos verdugos. Me ido a unirme con Ken, si soy yo el afortunado."

Luego de leer la carta mi duda sobre el porque Carter no ayudo a la niña se hizo mayor así que seguí buscando información sobre su historia porque la imagen no me dio esos datos. Luego de leer su historia y profundizar mas sobre su trabajo se me hizo relativamente fácil contestar a esa pregunta.

Para poder hacer ese trabajo es necesario blindarse, armarse de una coraza emocional. No se puede responder a lo que uno ve como un ser humano normal. La cámara funciona como una barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión. Carter dormía poco y consumía drogas de todo tipo. Pasaban sus días y sus noches en un acelere mental y en un estado de anestesia emocional casi permanentes. Si se hubiese detenido un instante a reflexionar sobre lo que hacía, si hubiese permitido que los sentimientos penetraran la epidermis, habría sido incapaz de hacer su trabajo.

El entorno era alocado, pero el trabajo era importante. Si se hubiera quedado en su casa o se hubiera expuesto a menos peligro, habría habido más muertos y menos presión política para acabar con la violencia. Ésta era la contribución de Carter a la causa de sus compatriotas negros (Si, Carter era blanco pero era africano). En marzo de 1993 se tomó unas vacaciones de Tokoza y Katlehong y se fue a Sudán. Ahí, al apenas aterrizar, es donde vio a la niña y el buitre. Respondió con el frío profesionalismo de siempre. No habría podido elegir otra manera de actuar. Estaba programado, anonadado. El único objetivo era hacer la mejor foto posible, la que tuviera más impacto. Ahí empezaba y terminaba su compromiso.

La lógica era muy sencilla: si hacía una foto potente, se beneficiaría a sí mismo, pero también ampliaría la sensibilidad de los seres humanos en lugares lejanos y tranquilos, despertando en ellos aquella compasión -precisamente- que en él estaba necesariamente adormecida. Por eso no hizo nada para ayudar a la niña. Porque si la hubiera ayudado, no habría podido hacer la foto. Porque había llegado al límite de sus posibilidades. El problema era que la gente normal, empezando por su propia familia, no lo entendía. Fuera donde fuera, le hacían la misma pregunta. “Y después, ¿ayudaste a la niña?”. Se convirtió en un agobio, una pesadilla.


En abril de 1994 le llamaron desde Nueva York para decirle que había ganado el Pulitzer. Seis días después, su mejor amigo, Ken Oosterbroek, murió en un tiroteo en Tokoza. Toda la emoción reprimida a lo largo de cuatro años salvajes explotó. Carter se quedó destruido. Lloró como nunca y lamentó amargamente que la bala no hubiera sido para él.

El mes siguiente voló a Nueva York, recibió el premio, se emborrachó, incluso más de lo habitual, y volvió a casa. La guerra se había terminado. Mandela era presidente. Suráfrica tuvo su final feliz, pero la vida de Carter dejó de tener mucho sentido. Quizá en parte porque el peligro de la guerra había sido su droga más potente, la que le había creado mayor adicción. Siguió trabajando, pero, perseguido por la muerte de su amigo y -ahora que se había quitado la coraza- la angustia moral retrospectiva de la escena con la niña sudanesa, se hundió en una profunda depresión. No podía trabajar, o si lo intentaba, caía en errores absurdos. Llegaba tarde a entrevistas, perdía rollos de fotos que ya había hecho. Y tenía problemas en casa: deudas, desamor...

El 27 de julio de 1994, exactamente tres meses después de las primeras elecciones democráticas de la historia de su país, Carter se fue a la orilla de un río donde había jugado cuando era niño, antes de que supiera lo que era el apartheid (sistema de segregación racial que existió en Sudáfrica), el sufrimiento, la injusticia. Y ahí, por fin, dentro de su coche, escuchando música mientras inhalaba monóxido de carbono por un tubo de goma, logró la paz, la anestesia final de la muerte.

La ultima fotografía y no menos impactante es la de Protesta Silenciosa. En esta Thich Quang Duc, nacido en 1897, se inmoló hasta morir en una calle muy transitada de Saigón el 11 de junio de 1963. Mientras su cuerpo ardía, el monje se mantuvo completamente inmóvil. No gritó, ni siquiera hizo un ruido. Thich Quang Duc estaba protestando contra la manera en la que la administración oprimía la religión budista en su país. Después de su muerte, su cuerpo fue cremado conforme a la tradición budista. Durante la cremación su corazón se mantuvo intacto, por lo que fue considerado como santo y su corazón fue trasladado al cuidado del Banco de Reserva de Vietnam como reliquia. Éste es el origen de la expresión “quemarse a lo bonzo”, que al revés de lo que la gente piensa no se refiere a la forma de quitarse la vida, sino al hecho de matarse como forma de protesta política.


Igual que Carter el monje antes de morir dejo una carta que decía lo siguiente: "Antes de cerrar los ojos y dirigirme hacia la figura de Buda, suplico respetuosamente al presidente Ngô Đình Diệm que tenga compasión de los habitantes de la nación y que desarrolle una igualdad religiosa que mantenga la fuerza de la patria para siempre. Llamo a los venerables, reverendos, miembros de la sangha y predicadores budistas para que se organicen y hagan sacrificios con el objetivo de proteger el budismo." Considero muy valiente lo que hizo, murió defendiendo sus derechos y en lo que creía pero sigo pensando que la vida vale demasiado como para perderla de esa manera.

Sí, es impresionante las verdades que esconden cada una de estas fotos, verdades que no pudieron ser descubiertas sin la palabra. La imagen es poderosa pero sigue siendo la palabra la fuente de comunicación mas eficaz que tenemos y creo que así seguirá siendo. Los libros normales no contienen imágenes ni dibujos; están dirigidos a mentes más entrenadas que usan palabras, es decir, abstracciones del pensamiento. Por mucho que se diga que una imagen vale mil palabras, la verdad es lo opuesto. ¿Cómo representar en un dibujo las palabras justicia, libertad, política, economía, belleza y muchas otras? Si, podrías dibujarlo pero cada individuo entendería algo diferente.


El mas claro ejemplo de lo mentirosa que pueden ser las imágenes es el de la imagen de la ejecución en Saigon. Al principio yo veía al coronel como un hombre cruel, sin corazón pero luego al leer su historia lo vi como un hombre diferente, como lo que verdaderamente era. Como dijo Eddie Adams: “La gente se las cree, pero las fotos mienten, incluso sin ser manipuladas. Sólo son medias verdades.” Es como un dibujo presentado sin mayores explicaciones, muy distinto a, por ejemplo, los comentarios de un editorialista que, sin imágenes y con palabras, ofrece una interpretación de lo acontecido.

Los humanos somos seres por naturaleza pensantes y para hacerlo, requerimos palabras más que imágenes. “Cuando se piensa en términos de imágenes y no de palabras, la razón decae.”
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