InicioApuntes Y MonografiasEl extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde

El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde

El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde



escrito por Carme Puche




¿Cuál es nuestra parte buena y cuál la mala? ¿Existen realmente dos partes? ¿Cuál controla a la otra? Estas son algunas de las preguntas que se hizo el Dr. Jekyll y que lo condujeron a los extraños sucesos que aquí se narran.




La historia de la puerta
El abogado Utterson era una persona de pocas palabras, más bien severo en sus comentarios, y de físico delgado, como chupado. Pero la fría apariencia que lo caracterizaba, y que nunca se iluminaba con una sonrisa, contrastaba con el trato amable y respetuoso o la vitalidad que desprendían sus ojos cuando estaba rodeado de amigos. Una de sus costumbres preferidas eran las caminatas dominicales con su amigo Richard Enfield. Uno de esos domingos, el paseo los condujo hasta un barrio muy populoso de Londres. Enfield se detuvo frente a una vieja puerta, para comentarle a Utterson que ese lugar lo sobrecogía desde hacía meses, cuando el azar lo había llevado hasta allí por circunstancias nada agradabe.
—Eran las tres de la madrugada —empezó a contar Enfield—, hacía frío y las farolas parecían la única compañía que quedaba en un Londres totalmente aletargado. Comenzaba a desear la presencia de algún policía cuando vi aparecer a un hombre bajito, que caminaba con energía por un lado de la calle, y por el otro una niña que corría. Se encontraron en la esquina y el hombre en cuestión la arrolló sin motivo y la dejó chillando en el suelo. Corrí tras el hombre hasta atraparlo y, cuando lo conduje de nuevo al lugar donde habían ocurrido los hechos, junto a la niña se hallaban ya sus familiares y un médico. Debo decir que el individuo no opuso resistencia, aunque quedé petrificado por la mirada que me dirigió. Creo que todos los que estábamos allí tuvimos la misma sensación. Nos dijo que no quería verse implicado en ningún escándalo, así que le podíamos pedir una cantidad como compensación. Finalmente se comprometió a abonar cien libras y nos hizo acompañarlo hasta la puerta que tenemos enfrente. Entró y al cabo de pocos minutos salió con un cheque. Lo más impresionante fue ver la firma que aparecía en el cheque. No me atrevo a repetir el nombre que se leía, porque es el de una persona que nada tiene que ver con el abominable hombre de aquella noche. Por el contrario, es el nombre de una persona muy respetada, proclive siempre al bien y no al mal, tal como había demostrado Mr. Hyde, porque así se hace llamar ese hombre. Durante semanas estuve investigándolo, siguiéndolo por las noches, y descubrí que tenía una casa en el Soho. Pero no pude sacar nada en claro. Si quieres que diga lo que pienso, la única explicación a esta relación debe ser un chantaje. La historia afectó mucho a Utterson, porque el nombre de Hyde no era desconocido para él, como no lo era la puerta por la que había entrado aquel, ni el nombre del propietario del cheque que el bueno de Enfield había querido encubrir, pero a quien ya conocía el abogado.


puerta

En busca de Mr. Hyde
Al llegar a casa, el señor Utterson no halló la tranquilidad, ni durante la cena que ya le esperaba ni frente a la copa que tomó junto al hogar. Se sentía desganado y poco predispuesto a los placeres domésticos. Nada más entrar en su domicilio se dirigió al cajón donde guardaba los documentos más importantes, lo abrió y extrajo de su interior un sobre. Era el testamento de su amigo Henry Jekyll, donde se podía leer que “en caso de muerte, desaparición o ausencia inexplicable por un período de tiempo superior a los tres meses”, Edward Hyde ocuparía su lugar y heredaría todos sus bienes.
Sin saber quién era aquel Edward Hyde, Utterson ya pensaba que el testamento era un error. Pero ahora que conocía aquella historia ignominiosa, estaba seguro de que era una aberración. Se encaminó hacia la casa del doctor Lanyon para preguntarle si sabía alguna cosa más al respecto, pero el mejor amigo de Jekyll (junto con Utterson) no sabía nada. Hacia ya diez años que no se hablaban, pues se habían distanciado a causa de las ideas que Jekyll se había forjado desde que estudiaron juntos medicina, “demasiado extravangantes para mi gusto”, había dicho Lanyon. Es todo lo que Utterson sacó en claro de aquella visita, así que decidió vigilar aquella puerta hasta que, una noche, por fin se encontró con Mr. Hyde.

Era comprensible el escalofrío que había provocado en su amigo aquel personaje. Su cara parecía deforme, aunque carente de deformidad, y su mirada era desafiante. Pese a todo, su aspecto no retrajo a Utterson, que le preguntó si podía entrar a ver al doctor Jekyll. Mr. Hyde le respondió que no estaba en aquel momento y le cerró la puerta, la misma que Enfield le había indicado desde el primer momento. Utterson sabía que era la entrada al laboratorio de su amigo Jekyll. Rodeó la manzana y se presentó ante la puerta principal de la casa (el laboratorio estaba en la parte posterior de la misma), pero cuando llamó a la puerta, Poole, el fiel mayordomo de Jekyll, le dijo que el doctor no estaba y le confirmó que Mr. Hyde entraba y salía de la casa a voluntad y con su propia llave. Esta situación le parecía demasiado extraña a Utterson, así que tomó la decisión de ayudar a su amigo, eso sí, siempre que éste se lo permitiera. Los términos del testamento de Jekyll continuaban martilleando en su cabeza.

Dos semanas después del encuentro con Mr. Hyde, la casualidad hizo que el doctor Jekyll organizase una de sus fantásticas cenas. Utterson se las apañó para quedarse a solas con el anfitrión, después de que todo el mundo se hubiera marchado. Sin demasiados preámbulos le contó cuanto le habían explicado de Mr. Hyde y le repitió una vez más que el testamento era un error. Jekyll le pidió que no se preocupara y aseguró que podía deshacerse de Hyde cuando quisiera. Además, dijo que hacía valer su propia voluntad. Utterson insistió en el error que cometía, pero Jekyll tenía claras sus intenciones.
—Sólo te pido justicia —dijo el doctor mientras ponía la mano sobre el hombro de su amigo—. Quiero que le ayudes por mí, cuando yo no esté presente. Y Utterson, pese a su contrariedad, prometió que así haría.




El caso del asesino de Carew
Casi había pasado un año desde la conversación entre Jekyll y Utterson cuando un asesinato sobresaltó Londres, dada la importancia de la víctima. Los detalles del suceso podía explicarlos una sirvienta que desde una ventana había contemplado como se cometía el crimen. Pudo ver a un hombre alto y elegante que iniciaba una conversación con otro hombre, joven, más bajo y con bastón.
Parecía una charla informal, pero de repente el más bajo empezó a golpear al otro con el bastón, tirándolo al suelo y pateándolo hasta dejarlo muerto. La criada se desmayó en aquel momento y el asesino se fugó antes de que pudiera llamar a la policía. Aunque la luz de la luna y de los fanales no era suficiente para ver con total claridad el rostro del agresor, la criada reconoció en él a un hombre que alguna vez había visitado la casa de su señor y que se hacía llamar Mr. Hyde. La víctima llevaba consigo una cartera, un reloj de oro y un sobre con la dirección del señor Utterson. Llevaron el sobre a casa del abogado, quien, después de leer su contenido, dijo que quería ver el cadáver. Cuando llegó a comisaría reconoció en el muerto a sir Danvers Carew y también el trozo de bastón que el asesino había dejado sobre su víctima, porque él mismo se lo había regalado años atrás al doctor Jekyll. Utterson indicó a la policía que sabía dónde encontrar al asesino y acompañó a los agentes hasta la casa que Mr. Hyde tenía en el barrio de Soho. Allí encontraron el trozo restante del bastón roto y un talonario a medio consumir. La policía creyó tener resuelto el caso: le esperarían en el banco, empapelarían Londres con carteles con su cara... Pero el rostro de Hyde era un misterio sin solución. Quienes lo habían visto lo describían de maneras diferentes, con una sola caraterística en común: la obsesiva sensación de deformidad que les encogía el alma al recordarlo.

El incidente de la carta
Ya sin la policía, Utterson se fue directamente a casa de Jekyll. Allí le recibió Poole, que lo acompañó por primera vez al laboratorio de su amigo. Era un espacio íntimo, con las ventanas clausuradas, donde el doctor se sentaba abatido, como si se encontrara enfermo. Utterson le preguntó qué pensaba hacer con Hyde después del asesinato de sir Carew. Jeckyll respondió que el vínculo se había roto para siempre, que ya no tenía nada que ver con Hyde y que éste no volvería a aparecer. Parecía muy seguro de sus palabras y para demostrarlo dio a Utterson una carta, para que hiciera con ella lo que mejor considerase. Era un escrito dirigido a Jekyll por Hyde, donde le decía que se iba para no volver jamás. Utterson se la quedó sin saber a ciencia cierta qué hacer con ella.
Por la noche, mientras estaba sentado junto a la chimenea con el señor Guest, el pasante principal de su despacho de abogado, Utterson confesó a su acompañante la existencia de la carta. El señor Guest, como gran estudioso de la escritura manuscrita, podría hacerle alguna observación interesante sobre la misiva.
Al darle la carta, el señor Guest la examinó con atención y pronto se percató de que ocultaba algo extraño. Entre tanto, el mayordomo trajo un recado del doctor Jekyll para Utterson, a quien invitaba a cenar. El señor Guest preguntó si podía examinar la nota recién llegada, y al comparar las dos escrituras se dio cuenta de que estaban hechas por la misma persona. Utterson le pidió que no hablase con nadie de aquel descubrimiento tan extraño. Comprendió entonces que Jekyll estaba protegiendo
al asesino. El corazón se le heló...




El extraordinario incidente del doctor Lanyon
A pesar de todo lo que había ocurrido, el doctor Jekyll parecía haber recuperado su vida. Mr. Hyde había desaparecido sin dejar rastro y el doctor volvía a organizar cenas. Coincidieron incluso los tres amigos (Utterson, Jekyll y Lanyon) en una agradable velada y se trataron como cuando eran inseparables. Pero todo cambió en una semana. La casa de Jekyll volvió a ser una fortaleza donde Utterson ya no era bienvenido.
Poole le abría la puerta, pero la respuesta siempre era la misma: el doctor no quería ver a nadie. Utterson decidió visitar a Lanyon, pero no esperaba encontrar a su amigo en el deplorable estado en que lo halló. Parecía atormentado, enfermo y en el umbral de la muerte. Lanyon le dijo que no quería saber nada más de Henry Jekyll y que había tenido una experiencia tan traumática (de hecho, no podía ni explicarla) que le estaba abocando al mundo de los muertos. Y así fue. Al cabo de dos semanas, Utterson enterró a su amigo Lanyon y, por la noche, abrió el sobre que el difunto había dejado a su nombre. Dentro, otro sobre sellado advertía: “No abrir hasta la muerte o desaparición del doctor Henry Jekyll”. Otra vez la palabra “desaparición”, como en el testamento del doctor, pero ahora escrita por la mano de Lanyon. La tristeza de Utterson era grande y con el tiempo dejó de intentar ver a su amigo Jekyll, cansado de escuchar siempre la misma excusa en boca de Poole.




El incidente de la ventana
En uno de los paseos dominicales que Utterson seguía haciendo con su amigo Enfield, volvieron a pasar por delante de la puerta del laboratorio de Jekyll. Les sorprendió verlo en la ventana, mirando al exterior plácidamente. Se acercaron y comenzaron a charlar. De nuevo parecía cansado, aunque tranquilo... hasta que el rostro se le llenó de terror. Jekyll interrumpió la conversación cerrando la ventana. Poole volvió a decirles que el doctor no quería recibir visitas.

La última noche
Una noche, después de cenar, el señor Utterson recibió la visita de Poole, que estaba aterrorizado y no conseguía explicar con claridad qué había pasado. Utterson tomó su sombrero y se encaminó junto al mayordomo hacia la casa de Jekyll. Hacía frío y viento, y los árboles y el polvo de las calles parecían moverse a causa de impulsos acompasados y bruscos. Al llegar a la casa del doctor, todo el servicio estaba reunido junto a la chimenea, muerto de miedo. Poole consiguió explicarle que hacía ocho días que tenían la sensación de que el doctor Jekyll había desaparecido y que otra persona vivía dentro del laboratorio. Explicó que un día pudo verla, pero que se tapó la cara con una máscara, además de chillar como una rata. Hacía una semana que sólo se comunicaba con su señor mediante notas, en las que le pedía insistentemente que buscara por todo Londres una medicina. Poole no creía que el autor de las notas fuese Jekyll, sino que alguien lo había asesinado y suplantado su persona. Sin embargo, aquello no tenía sentido para Utterson. El abogado creía más probable que alguna enfermedad se hubiera apoderado del doctor, deformándole el rostro, obligándolo a apartarse de sus amigos y llevándolo a la desesperación mientras buscaba un remedio. Poole no lo creía así, pero Utterson estaba dispuesto a entrar por la fuerza en el laboratorio, para ver qué estaba pasando allí.
Se proveyeron de armas caseras, muy asustados porque no se habían visto nunca ante un trance de peligro. Utterson pidió a Jekyll que los dejara entrar. La voz que contestó no era la de su amigo... ¡Era la de Hyde! Poole tiró la puerta al suelo y el grupo entró amedrentado en el laboratorio, donde hallaron el cuerpo de un hombre tendido en el suelo. Al darle la vuelta vieron el rostro muerto de Edward Hyde. Por los restos de fármacos que había alrededor del cadáver, Utterson supo que estaba ante un suicida. En el laboratorio no había rastro de su amigo. Sólo tres documentos: un testamento, escrito en los mismos términos que el primero, sólo que ahora el destinatario de todos los bienes de Jekyll era él, Gabriel John Utterson; una carta en la que el doctor afirmaba que si era abierta, seguro que ya habría muerto, y en la que le invitaba a leer el relato que Lanyon había escrito antes de morir; y finalmente, un fajo de notas selladas por distintos sitios.




El relato del doctor Lanyon
“Recibí una carta de mi amigo y colega de estudios, Henry Jekyll. En nombre de nuestra vieja amistad me pedía que fuera esa noche a su casa, donde me esperaba Poole, y con la ayuda de un cerrajero forzase la puerta de su gabinete. Una vez dentro, me indicaba el cajón que debía tomar, entero, para llevármelo a casa, donde debía esperar a que diesen las doce de la noche, hora en que un hombre vendría por encargo suyo para que le entregara el cajón. Cuando leí la carta, tuve la certeza de que mi amigo se había vuelto loco, pero aun así seguí sus órdenes.
Cumplida la primera parte del encargo, esperé la visita de aquel hombre. Nunca me hubiera imaginado lo que vi. No se trataba sólo de la repugnancia que me despertaba ese individuo, sino que, una vez hubo mezclado las sustancias que se guardaban en el cajón, las ingirió ante mí, pidiéndome que tomara el desenlace de ese experimento como secreto profesional. Se convulsionó, su rostro se oscureció, parecía desaparecer y volvía a aparecer... ¡Dios del cielo! En aquel cuerpo que ya no era el que había entrado en mi casa veía a Henry Jekyll. No puedo transcribir todo lo que me explicó quien había sido mi amigo, durante la hora y media siguiente. Utterson, no sé si me podrás creer, pero entre las cosas abominables que hube de escuchar aquella noche, Jekyll me contó que quien había entrado en mi casa pidiendo el cajón, y después se había convertido en él, tenía por nombre Edward Hyde y era buscado por el asesinato de sir Carew.” Firmado: Hastie Lanyon.


Declaración completa de Henry Jekyll sobre el caso

“Desde pequeño noté que albergaba en mi interior una serie de inquietudes que debía reprimir. Sentía que no podía ser exactamente yo frente al resto de la gente, porque no era lo que se esperaba de mí. Así fui aprendiendo la diferencia entre el bien y el mal, entre lo que tenía que ser y aquella parte de mí que intentaba controlar. Los estudios de medicina me aportaron una nueva visión sobre este asunto. Si realmente había dos partes diferentes en mí, que yo mostraba sólo cuando me parecía conveniente (a pesar de que me obligaba a una lucha interna constante), ¿podría llegar a separarlas para no tener que reprimir ninguna de ellas, y así poder escoger cuál quería vivir plenamente según fuera el caso?


El descubrimiento era tan fascinante que quise probarlo en mi propia persona. No sólo podía dividir mis intenciones e inquietudes, sino que podía darle nueva forma a esta cara oculta y reprimida, con un rostro diferente al mío, para que pudiera moverse y actuar sin que afectase a mi reputación. Así nació Edward Hyde. En realidad, no era yo por completo y por ello no me sentía responsable de sus acciones. Al principio, el remordimiento no me afectaba demasiado. Sabía que no era decoroso, pero yo disfrutaba como nunca de la amabilidad del doctor Jekyll en una paz absoluta. Cuando quería, podía tomar la poción y convertirme en Mr. Hyde, dar libertad absoluta a aquella parte brutal que durante tanto tiempo había estado encarcelada. Pero lo que en un principio era indecoroso acabo convirtiéndose en monstruoso. Perdí el control sobre mi otro yo, vi como sentía rabia hacia aquella niña y la aplastaba, y después el pobre Carew... Y empecé a sentir terror de mi otro yo.

Así que me decidí a sacarlo de mi vida para siempre, pero no era tan fácil. Empezó a apoderarse de mí sin que me diera cuenta. Me iba a dormir a mi cama, en mi casa, y al día siguiente me despertaba en el Soho, en un piso que había alquilado para poder separar al máximo mis dos personalidades. Empecé a vivir una lucha diaria, intentando no dejarme vencer nunca por el sueño y tomando la medicación tantas veces como fuera necesario. Pero un día se acabaron los ingredientes y, cuando fui a hacer una nueva comanda, vi que no surtía efecto. Busqué por todo Londres, pero ninguna pócima hizo el efecto deseado. Seguramente la primera poción tenía alguna impureza que nunca llegué a descubrir.

Sé que Hyde volverá en menos de media hora, pero yo habré desaparecido para siempre. Esta es mi muerte. No sé que hará él, no sé si se desesperará en esta habitación, no sé si llorará. Quizá halle fuerzas para acabar con todo para siempre. Acabo aquí la confesión con que pongo fin a la vida del desgraciado Henry Jekyll.”

Dr. Henry Jekyll


Datos archivados del Taringa! original
23puntos
3,515visitas
27comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
0visitas
0comentarios
Dar puntos:

Posts Relacionados

Dejá tu comentario

0/2000
27 Comentarios archivados
Del Taringa! original
A@Anónimo1/14/2014+1-0
Buen post.
A@Anónimo1/14/2014+1-0
Buen post.
A@Anónimo1/14/2014+1-0
Buen post.
A@Anónimo6/6/2011+0-0

gracias por comentar
A@Anónimo6/6/2011+0-0

gracias por comentar
A@Anónimo6/6/2011+0-0

gracias por comentar
A@Anónimo6/6/2011+0-0
La verdad me aburrió mucho el libro, me gustó la temática, pero no como lo expresó en el libro...
Al principio lo leí en la escuela, no me gustó. Intente leerlo otra vez argumentando que no me gustó porque lo lei en el colegio, pero al final, no me gustó.
Pero igual, por si alguien no lo conocía (que lo dudo, pero nunca se descarta la posibilidad) y le guste!
A@Anónimo6/6/2011+0-0
La verdad me aburrió mucho el libro, me gustó la temática, pero no como lo expresó en el libro...
Al principio lo leí en la escuela, no me gustó. Intente leerlo otra vez argumentando que no me gustó porque lo lei en el colegio, pero al final, no me gustó.
Pero igual, por si alguien no lo conocía (que lo dudo, pero nunca se descarta la posibilidad) y le guste!
A@Anónimo6/6/2011+0-0
La verdad me aburrió mucho el libro, me gustó la temática, pero no como lo expresó en el libro...
Al principio lo leí en la escuela, no me gustó. Intente leerlo otra vez argumentando que no me gustó porque lo lei en el colegio, pero al final, no me gustó.
Pero igual, por si alguien no lo conocía (que lo dudo, pero nunca se descarta la posibilidad) y le guste!
A@Anónimo6/6/2011+1-0

podes leerlo ahora,gracias por comentar
A@Anónimo6/6/2011+1-0

podes leerlo ahora,gracias por comentar
A@Anónimo6/6/2011+1-0

podes leerlo ahora,gracias por comentar
A@Anónimo6/6/2011+0-0
Siempre me intereso este caso... Muy interesante
A@Anónimo6/6/2011+0-0
Siempre me intereso este caso... Muy interesante
A@Anónimo6/6/2011+0-0
Siempre me intereso este caso... Muy interesante
A@Anónimo6/6/2011+0-0
me acuerdo q lo lei en la secundaria re loco
A@Anónimo6/6/2011+0-0
me acuerdo q lo lei en la secundaria re loco
A@Anónimo6/6/2011+0-0
me acuerdo q lo lei en la secundaria re loco
A@Anónimo6/6/2011+0-2
A@Anónimo6/6/2011+0-2
A@Anónimo6/6/2011+0-2
A@Anónimo6/6/2011+0-0

gracias,podes volverlo a leer
A@Anónimo6/6/2011+0-0

gracias,podes volverlo a leer
A@Anónimo6/6/2011+0-0

gracias,podes volverlo a leer
A@Anónimo6/6/2011+0-0
Como odie tanto est libro cuando leo tenia que dar en dicembre, despues me lei la version completa y me encanto
A@Anónimo6/6/2011+0-0
Como odie tanto est libro cuando leo tenia que dar en dicembre, despues me lei la version completa y me encanto
A@Anónimo6/6/2011+0-0
Como odie tanto est libro cuando leo tenia que dar en dicembre, despues me lei la version completa y me encanto

Autor del Post

s
spereyra93🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts306
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.