Tal vez alguna vez te pasó de conocer una persona que te desagrada mucho, y preguntarle de qué equipo es hincha para escuchar que es del mismo equipo que vos. Entonces se produce algo muy llamativo; por un lado te sentís casi obligado por cierta tradición folclórica a sentirlo casi como tu hermano, pese al asco infinito que le tenés; por otro hay como cierta fingida inocencia que se rompe: la de pensar que todos los hinchas de tu equipo son de una determinada manera. Te das cuenta que estabas equivocado, que también hay soretes entre tus hinchas y ya no volvés a ser el mismo. Pero lo más importante quizá es que te hubiera gustado que fuera hincha de tu equipo rival, para odiarlo con todas las letras, como corresponde.
En efecto parece ser que el fútbol no es a esta altura de la historia más que eso, sólo otro pretexto para odiarnos. No sé realmente si alguna vez fue de otra manera, los viejos jurarán que si, así como juran tantas cosas. Pero por lo menos ahora, en este momento histórico, donde ya venimos bastante divididos de nacimiento, por cuestiones sociales y políticas, vemos en el fútbol el pretexto perfecto para seguir luchando y acumulando rencor y resentimiento en un ámbito en el que cierta postergada inteligencia nos dice que deberíamos disfrutar.
O por ahí es peor que eso, por ahí simplemente disfrutamos odiándonos. Por ahí no podemos llevarnos decentemente bien con una gran masa de personas, por eso establecemos divisiones para llevarnos bien con la menor cantidad de gente posible y las divisiones actúan por capas; Así por ejemplo la sociedad se divide entre zurdos y diestros y también se divide en un plano diferente, entre rubios y morochos. Pero ojo que no todos los rubios son diestros ni todos los morochos lo son; encontraremos entonces que hay rubios diestros, rubios zurdos, morochos diestros y morochos zurdos. Por lo que si vos particularmente odias a los rubios y a los zurdos vas a terminar odiando rubios que no son zurdos, y zurdos que no son rubios. En resumen, vas a odiar una cantidad enorme de gente.
De lo dicho también se desprende que el odio está por sobre la simpatía. Si a vos te caen simpáticos los uruguayos pero aborreces a los ateos, y te cruzas por la vida con un uruguayo ateo, lo más probable es que el odio pueda más que la simpatía y termines odiando a ese tipo, porque vas a ver el vaso medio vacío.
Que quede claro que pongo ejemplos abstractos como zurdo o rubio, para no nombrar las verdaderas divisiones que nos atormentan, porque pueden teñir el post se subjetividad e invalidar todo lo que estoy tratando de decir.
¿Es realmente necesario el fútbol? No lo pregunto desde un punto de vista social, o epistemológico. Pregunto si a la hora de ejercer el odio y el enfrentamiento entre hinchadas el fútbol en sí mismo es algo imprescindible o es anecdótico. ¿Es necesario que salgan los equipos a la cancha? A veces pareciera que no, que los argentinos somos hinchas de la hinchada y que un día los equipos simplemente no saldrán a la cancha y ni siquiera nos daremos cuenta porque estaremos muy ocupados insultando a la hinchada de enfrente.
O tal vez nos espera un futuro con los hinchas peleando en la cancha y los jugadores mirando desde las tribunas. Bueno, esto fue solo una licencia poética pero si en lugar de jugadores hubiera dicho empresarios ¿que pasa? quizá hubiera sido una perfecta alegoría del futuro. O tal vez deberíamos preguntarnos si el pueblo masacrándose no es el deporte que prefieren mirar por Tv algunos personajes con un poco más de poder que el que deberían tener.