Últimamente han empezado a aparecer noticias por todos lados que anuncian que, debido a la baja actividad solar; nuestro planeta pasará por una “mini edad de hielo” sobre el año 2030. Según muchos medios esto es lo que dice un artículo publicado por la Royal Astronomical Society. Según ellos.. Pero no es así la realidad es que no habra ninguna era de hielo en 2030.


Para variar, el artículo original no dice nada de eso. Lo único que demuestra es que el periodismo científico deja mucho que desear, incluso en medios grandes de los que cabría esperar cierta seriedad.
El sol pasa por periodos de máxima y mínima actividad que se alternan cada 11 años y que juntos forman los llamados ciclos solares. Cuando se habla de la actividad del sol no nos referimos a que produzca más o menos calor, sino a cómo de activo está su campo magnético.
Un campo magnético puede aparecer cuando existen cargas eléctricas en movimiento. A su vez, los campos magnéticos en movimiento también pueden provocar corrientes eléctricas en un material conductor. Y, claro, el sol es una bola de plasma de 1.400.000 kilómetros de diámetro… Y el plasma no es más que gas incandescente que tiene una carga eléctrica (un gas ionizado, que es la palabra técnica). O sea que el movimiento del plasma, al tener carga eléctrica, también genera campos magnéticos. De ahí viene el campo magnético solar.
Pero el sol no es un objeto sólido, así que el campo magnético que genera no es precisamente estable como el de un imán. El plasma tiene un comportamiento fluido, así que a lo largo y ancho del volumen del sol aparece el famoso efecto Coriolis (del que hablaba en esta otra entrada). Mientras el sol rota sobre su propio eje, el plasma que lo compone se mueve a velocidades distintas dependiendo de la distancia que lo separe del eje de rotación: el material que está más cerca del ecuador del sol se mueve a mayor velocidad que el que está cerca de los polos porque tiene que describir una circunferencia mucho mayor en el mismo periodo de tiempo.
Con el tiempo, este movimiento diferencial provoca que aparezcan distintas franjas en la superficie del sol en las que el plasma se mueve a distintas velocidades. Pero, claro, eso significa que los campos magnéticos que aparecerán a lo largo de la superficie del sol no tendrán la misma magnitud y, en las zonas donde distintos campos magnéticos interactúan, pueden pasar cosas raras.
Este es el caso de las manchas solares, zonas de la superficie solar donde existe un tinglado magnético tan complejo y con una intensidad tan alta que el material más caliente se ve desplazado del lugar y deja detrás un hueco donde el plasma está más frío y, por tanto, brilla con menor intensidad que el resto de su entorno. Explicaba su formación con más detalle en esta otra entrada.
Esto no quiere decir que las manchas solares sean realmente manchas oscuras: su temperatura ronda entre los 3.000 y los 4.000 K, así que si pudiéramos extirpar una mancha de la superficie del sol y ponerla en medio del espacio seguiría brillando con intensidad. Sólo son oscuras en comparación con el resto de la superficie solar, que se encuentra a casi 6.000 K de temperatura.
Total, que las manchas solares van apareciendo y desapareciendo a medida que el campo magnético del sol evoluciona debido al movimiento del plasma que lo compone, así que la presencia de estas manchas sobre la superficie del sol nos da mucha información sobre la actividad magnética que está teniendo lugar. Es por eso que cuando los astrónomos predicen “un descenso en la actividad solar” se refieren a un periodo en el que se habrá un recuento menor de manchas solares, lo que señalará que el campo magnético de nuestra estrella está menos activo.
¿Entonces una disminución en la actividad magnética no va a hacer que el sol desprenda menos calor y la Tierra se congele?
La respuesta es un rotundo no. Las estimaciones más recientes señalan que el descenso de actividad solar más extremo tan sólo haría bajar la temperatura global del planeta 0.16ºC, muy lejos de catapultarnos hacia una edad de hielo.
Poco puede hacer el campo magnético para afectar de manera perceptible el calor emitido por el sol. De hecho, la cantidad de energía emitida por el sol se puede considerar constante, ya que tan sólo presenta variaciones del 0,1% a lo largo del ciclo solar, encontrando su punto “bajo” cuando no hay manchas solares sobre su superficie.
Y entonces por qué dice la prensa que vamos a pasar por una edad de hielo durante el próximo mínimo de actividad solar?
En el artículo original se menciona que, a partir de 2030, la actividad del sol podría bajar hasta unos valores comparables al mínimo solar conocido como el mínimo de Maunder, un periodo de 50 años (entre 1645 y 1715) en el que no se observaron manchas solares en el disco solar (señal de una baja actividad magnética en en el sol) y durante el cual Europa y América del Norte sufrieron inviernos especialmente fríos. Y ahí está la clave del asunto: mucha gente se refiere a este periodo como “la pequeña edad de hielo“, así que la prensa ha aprovechado para especular sobre lo que pueda pasar en 2030 sin prueba alguna, sólo para escribir un titular sensacionalista y llamativo.
En este artículo, un científico llamado Mike Lockwood (que está harto de que algunos medios le lleven citando desde el año 2013 como si él mismo hubiera predicho una edad de hielo en los próximos años) explica cuánto sensacionalismo que hay tras estas noticias, empezando por cómo la expresión “pequeña edad de hielo” evoca una imagen de frío constante y duradero que no tiene nada que ver con lo que ocurrió.
Lockwood explica que lo que pasó realmente durante el mínimo de Maunder fue que se sucedieron varios inviernos inusualmente fríos y ni siquiera lo hicieron en años consecutivos. Señala, por ejemplo, que el invierno de 1683-1684 fue que uno de los más calurosos en 350 años, algo que no ocurre durante una “edad de hielo”, ni grande ni pequeña, porque… Bueno, ¡porque es que el fenómeno no le llega ni a la suela de los zapatos a una edad de hielo!
En Resumen: un evento que tuvo lugar hace 500 años (cuyo nombre ya de por sí es exagerado y no refleja lo que ocurrió de verdad) en el que estuvieron involucrados varios factores y quedarte con sólo uno de ellos para predecir una futura “pequeña edad de hielo” para que te queden bonitos los titulares es deshonesto. Una verdadera edad de hielo es un periodo en el que las temperaturas se desploman por todo el planeta y puede tener consecuencias muy graves para la vida, algo que nadie científico ha predicho en ningún momento. Es por eso que comparar el mínimo de Maunder con lo que pueda ocurrir a partir de 2030 no tiene ningún sentido porque no nos encontramos en la misma situación.
El sol pasa por periodos de máxima y mínima actividad que se alternan cada 11 años y que juntos forman los llamados ciclos solares. Cuando se habla de la actividad del sol no nos referimos a que produzca más o menos calor, sino a cómo de activo está su campo magnético.



Un campo magnético puede aparecer cuando existen cargas eléctricas en movimiento. A su vez, los campos magnéticos en movimiento también pueden provocar corrientes eléctricas en un material conductor. Y, claro, el sol es una bola de plasma de 1.400.000 kilómetros de diámetro… Y el plasma no es más que gas incandescente que tiene una carga eléctrica (un gas ionizado, que es la palabra técnica). O sea que el movimiento del plasma, al tener carga eléctrica, también genera campos magnéticos. De ahí viene el campo magnético solar.



Pero el sol no es un objeto sólido, así que el campo magnético que genera no es precisamente estable como el de un imán. El plasma tiene un comportamiento fluido, así que a lo largo y ancho del volumen del sol aparece el famoso efecto Coriolis (del que hablaba en esta otra entrada). Mientras el sol rota sobre su propio eje, el plasma que lo compone se mueve a velocidades distintas dependiendo de la distancia que lo separe del eje de rotación: el material que está más cerca del ecuador del sol se mueve a mayor velocidad que el que está cerca de los polos porque tiene que describir una circunferencia mucho mayor en el mismo periodo de tiempo.


Con el tiempo, este movimiento diferencial provoca que aparezcan distintas franjas en la superficie del sol en las que el plasma se mueve a distintas velocidades. Pero, claro, eso significa que los campos magnéticos que aparecerán a lo largo de la superficie del sol no tendrán la misma magnitud y, en las zonas donde distintos campos magnéticos interactúan, pueden pasar cosas raras.
Este es el caso de las manchas solares, zonas de la superficie solar donde existe un tinglado magnético tan complejo y con una intensidad tan alta que el material más caliente se ve desplazado del lugar y deja detrás un hueco donde el plasma está más frío y, por tanto, brilla con menor intensidad que el resto de su entorno. Explicaba su formación con más detalle en esta otra entrada.



Esto no quiere decir que las manchas solares sean realmente manchas oscuras: su temperatura ronda entre los 3.000 y los 4.000 K, así que si pudiéramos extirpar una mancha de la superficie del sol y ponerla en medio del espacio seguiría brillando con intensidad. Sólo son oscuras en comparación con el resto de la superficie solar, que se encuentra a casi 6.000 K de temperatura.
Total, que las manchas solares van apareciendo y desapareciendo a medida que el campo magnético del sol evoluciona debido al movimiento del plasma que lo compone, así que la presencia de estas manchas sobre la superficie del sol nos da mucha información sobre la actividad magnética que está teniendo lugar. Es por eso que cuando los astrónomos predicen “un descenso en la actividad solar” se refieren a un periodo en el que se habrá un recuento menor de manchas solares, lo que señalará que el campo magnético de nuestra estrella está menos activo.



¿Entonces una disminución en la actividad magnética no va a hacer que el sol desprenda menos calor y la Tierra se congele?
La respuesta es un rotundo no. Las estimaciones más recientes señalan que el descenso de actividad solar más extremo tan sólo haría bajar la temperatura global del planeta 0.16ºC, muy lejos de catapultarnos hacia una edad de hielo.
Poco puede hacer el campo magnético para afectar de manera perceptible el calor emitido por el sol. De hecho, la cantidad de energía emitida por el sol se puede considerar constante, ya que tan sólo presenta variaciones del 0,1% a lo largo del ciclo solar, encontrando su punto “bajo” cuando no hay manchas solares sobre su superficie.


Y entonces por qué dice la prensa que vamos a pasar por una edad de hielo durante el próximo mínimo de actividad solar?
En el artículo original se menciona que, a partir de 2030, la actividad del sol podría bajar hasta unos valores comparables al mínimo solar conocido como el mínimo de Maunder, un periodo de 50 años (entre 1645 y 1715) en el que no se observaron manchas solares en el disco solar (señal de una baja actividad magnética en en el sol) y durante el cual Europa y América del Norte sufrieron inviernos especialmente fríos. Y ahí está la clave del asunto: mucha gente se refiere a este periodo como “la pequeña edad de hielo“, así que la prensa ha aprovechado para especular sobre lo que pueda pasar en 2030 sin prueba alguna, sólo para escribir un titular sensacionalista y llamativo.


En este artículo, un científico llamado Mike Lockwood (que está harto de que algunos medios le lleven citando desde el año 2013 como si él mismo hubiera predicho una edad de hielo en los próximos años) explica cuánto sensacionalismo que hay tras estas noticias, empezando por cómo la expresión “pequeña edad de hielo” evoca una imagen de frío constante y duradero que no tiene nada que ver con lo que ocurrió.
Lockwood explica que lo que pasó realmente durante el mínimo de Maunder fue que se sucedieron varios inviernos inusualmente fríos y ni siquiera lo hicieron en años consecutivos. Señala, por ejemplo, que el invierno de 1683-1684 fue que uno de los más calurosos en 350 años, algo que no ocurre durante una “edad de hielo”, ni grande ni pequeña, porque… Bueno, ¡porque es que el fenómeno no le llega ni a la suela de los zapatos a una edad de hielo!


En Resumen: un evento que tuvo lugar hace 500 años (cuyo nombre ya de por sí es exagerado y no refleja lo que ocurrió de verdad) en el que estuvieron involucrados varios factores y quedarte con sólo uno de ellos para predecir una futura “pequeña edad de hielo” para que te queden bonitos los titulares es deshonesto. Una verdadera edad de hielo es un periodo en el que las temperaturas se desploman por todo el planeta y puede tener consecuencias muy graves para la vida, algo que nadie científico ha predicho en ningún momento. Es por eso que comparar el mínimo de Maunder con lo que pueda ocurrir a partir de 2030 no tiene ningún sentido porque no nos encontramos en la misma situación.
