Un ruido familiar lo despierta de ese medio sueño que se alcanza en el subte cuando se regresa de un día largo.
Tiene aspecto de borrachito de calle, ese tipo de hombres que ha sido golpeado por la vida tantas veces que no espera nada a cambio por ella.
Una joven concentrada en su lectura alcanza a sacar unas llaves de la cartera. Todos están acostumbrados a su sonido y han perdido, de manera increíble, el significado y lo que implica tener unas llaves.
Hace mucho que él no guarda unas de esas, ya han perdido su significado. Allá a donde él va no las necesita, la calle está siempre abierta.
Tiene la “dicha” de pasearse sentado en el subte porque pasa por la puerta sin pagar una moneda. La sonrisa se le borró un día por la tarde cuando, después de un ventarrón, se quedó sin qué arroparse. No es sencilla la vida en la calle y menos cuando nadie lo entiende.
Llaves, qué sonido tan familiar y tan poco procesado en nuestros sistemas. Las llaves suenan como indicador de tener propiedad. Te entregan las llaves del departamento cuando firmas un documento que te acredita como propietario. Eres grande, en casa, cuando tus papás deciden que es hora de darte tus propias llaves.
Al comprar un coche y tener la llave sientes que ya nadie podrá detenerte. Una llave imaginaria es lo que le entregas a aquel ser a quién dejas entrar por tu mente, corazón y piernas.
Tan cotidianas como cepillarte los dientes, las llaves no solo abren puertas.
Ya esta noche será complicada en la calle.
Ha llovido en Buenos Aires y en las casas seguro muchos usarán frazada y hasta suéter. Todas las puertas estarán cerradas y nadie será capaz de regalarle algo que a su cuerpo pueda calentar. Un cigarrillo, un trago de vino.
Nada. Pero aquella noche, el sonido de las llaves le hizo recordar que era momento de salir de las calles.
Tiene aspecto de borrachito de calle, ese tipo de hombres que ha sido golpeado por la vida tantas veces que no espera nada a cambio por ella.
Una joven concentrada en su lectura alcanza a sacar unas llaves de la cartera. Todos están acostumbrados a su sonido y han perdido, de manera increíble, el significado y lo que implica tener unas llaves.
Hace mucho que él no guarda unas de esas, ya han perdido su significado. Allá a donde él va no las necesita, la calle está siempre abierta.
Tiene la “dicha” de pasearse sentado en el subte porque pasa por la puerta sin pagar una moneda. La sonrisa se le borró un día por la tarde cuando, después de un ventarrón, se quedó sin qué arroparse. No es sencilla la vida en la calle y menos cuando nadie lo entiende.
Llaves, qué sonido tan familiar y tan poco procesado en nuestros sistemas. Las llaves suenan como indicador de tener propiedad. Te entregan las llaves del departamento cuando firmas un documento que te acredita como propietario. Eres grande, en casa, cuando tus papás deciden que es hora de darte tus propias llaves.
Al comprar un coche y tener la llave sientes que ya nadie podrá detenerte. Una llave imaginaria es lo que le entregas a aquel ser a quién dejas entrar por tu mente, corazón y piernas.
Tan cotidianas como cepillarte los dientes, las llaves no solo abren puertas.
Ya esta noche será complicada en la calle.
Ha llovido en Buenos Aires y en las casas seguro muchos usarán frazada y hasta suéter. Todas las puertas estarán cerradas y nadie será capaz de regalarle algo que a su cuerpo pueda calentar. Un cigarrillo, un trago de vino.
Nada. Pero aquella noche, el sonido de las llaves le hizo recordar que era momento de salir de las calles.