InicioInfoIncierto futuro de Amado Boudou


Amado Boudou es vicepresidente de la Nación por un capricho de Cristina Fernández, que lo sobrevaluó porque lo encontró dócil. Su marido Néstor solo lo había imaginado como un contricante forzado para complicarle la vida a Daniel Scioli en elecciones primarias bonaerenses. Cristina, entonces, tiene un problema y necesita sostener a su Nº2 para no reconocer su error. Pero él la arrastra en su derrumbe, y ella tiene difíciles decisiones por delante.


Cristina Fernández intenta rescatar a su vicepresidente, Amado Boudou, pero el llamado 'caso Ciccone' es 1 de los 2 temas que le está provocando un grave deterioro en su imagen pública.

El otro tema es algo que podría explicarse como una fatalidad pero que la opinión pública considera que el Ejecutivo Nacional podría haberlo evitado: el tren que no frenó en Plaza Miserere o Estación Once.

En ambos casos, Cristina intenta simular que no ocurre nada. Cristina es voluntarista: si se niega que existe, por ahí no realmente desaparece.

A los hermanos Cirigliano (bah, en verdad a Claudio porque su hermano Mario quedó 'tocado' desde la escandalosa caída de la aseguradora LUA y se encarga de la 'cabecera de playa' en el autotransporte de pasajeros en USA) intenta mantenerle sus muchos negocios con el Estado. Ella ni siquiera les quitó la concesión de la línea Sarmiento sino que prorroga una intervención de corto alcance que ha mantenido en funciones a todos los ejecutivos de Trenes de Buenos Aires/Grupo Plaza.

A Boudou, Cristina ahora envió de gira oficial por Corea del Sur y Emiratos Árabes Unidos pero antes pactó con el auditor general Javier Fernández que, vía Darío Richarte, intente un 'blindaje judicial' del vicepresidente de la Nación.

No será fácil porque la conducta comercial de Boudou parece haber sido desprolija, hombre de dejar 'cabos sueltos' por aquí y allá aun cuando intenten 'borrar las huellas', dicen quienes lo investigan. Luego, los periodistas que husmean en Mar del Plata parece que se harán un festín con el pasado del hombre de confianza de Cristina, el presidente del Senado de la Nación. Y faltan las investigaciones en el exterior acerca de The Old Fund y los otros 'sellos de goma' vinculados a la adquisición del taller de la ex Ciccone Calcográfica.

En definitiva, hay Boudou en los medios de comunicación y la Justicia federal para rato. La pregunta cuál será el límite de tolerancia de Cristina Fernández. ¿A cuántos puntos de imagen positiva más se encuentra ella dispuesta a renunciar, en nombre de Boudou?

Y eso que todavía la lupa no llegó a la triangulación que protagonizó la ex Ciccone con la impresión de boletas para el comicio nacional 2011, un negocio complicado: quien gana la licitación para la impresión, solamente intermedia, no imprime.

Ni hablar de un contrato con la Casa de Moneda de Brasil para imprimir papel moneda durante varios años, y que se interrumpe para que Ciccone pueda ser contratado por la Casa de Moneda argentina, que no puede cumplir con las necesidades del Estado.

En verdad, los antecedentes condenan a Ciccone: desde el salvataje financiero solicitado a Alfredo Yabrán en los años '90 hasta las denuncias por supuestas irregularidades en la impresión de patacones y otras monedas provinciales, y en papel moneda de países tercermundistas. Todo siempre negado por Nicolás, uno de los hermanos Ciccone.

Volviendo a Boudou, hay antecedentes en la Administración Kirchner que le inspiran confianza.

> A Felisa Miceli le encontraron un paquete con dinero en su baño privado del Palacio de Hacienda, que ella aceptó que era suyo, y sigue en libertad. Inclusive prestó servicios a Hebe de Bonafini en la Fundación Madres de Plaza de Mayo aunque no pudo impedir el descalabro que explotó con la disputa entre la anciana díscola y su ex protegido, Sergio Schoklender.

> A Ricardo Jaime le han encontrado activos que no puede explicar, abundan las sospechas por el origen del financiamiento de su calidad de vida que parece la de un millonario, pero habita con calma en Puerto Madero, con nueva vida sentimental, sostienen.

Es más: el jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Juan Manuel Abal Medina (h), vaticinó para Boudou una exculpación como la de los funcionarios involucrados en el escándalo de obra pública llamado Skanska.

Es cierto pero hay un denominador comun entre Jaime, Miceli y Skansa: todos tuvieron que renunciar. No hubo condena judicial aún pero el precio fue dar un paso al costado. No es un dato menor.
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