Las caras de individuos de mierda tienen el color de la mierda.
Igual que una ciénaga, la piel de lagartos, el óxido amontonado por capas, el papel de diarios viejos y desteñidos, los expedientes archivados por años, la moquette gastada de una pensión remota o que un montón de soja estacionada para hacer filantropía.
Se da por establecido que se trata de un color estándar amarilloso o verdoso o cenagoso, según el inodoro que se mire. Arbitrario juicio óptico, por supuesto, ya que la mierda luce desigual como desiguales son las caras y los esfínteres de cada uno.
Cada pueblo y sociedad tienen su mierda y su color digestivo. La que nos concierne, en épocas como esta acentúa su hedor y su tinte viscoso.
Sé que es prejuicioso discriminar a la mierda en tonalidades. Depende mucho de la alimentación o del hambre, de la dieta gourmet o de la olla con un hueso. El color de la mierda depara sorpresas políticas.
Hay mierda plural; de coloración confusa. Y mierdas clara u oscura. Y está la cultural o de clase que responde a intestinos genéticamente creídos de que no expulsan mierda sino oro.
Los water, los retretes y los culos no son de derecha ni de izquierda. Ni de traidores o leales. Todos los culos son funcionales a la mierda sea esta de color o incolora.
Pero, cuidado con el engaño excremental. Los soretes hoy pueden simularse con camalotes; y la diarrea de excluìdos simularse con purificación laxante. La mierda, si se expande, profundiza su escatología; y trasciende a la mera función intestinal. Sería candor circunscribirla al ámbito de las letrinas.
Últimamente puede haber mierda en un perro idem, en una foto de una familia bucólica y hasta en unos ojos azules.
Autor anónimo
Igual que una ciénaga, la piel de lagartos, el óxido amontonado por capas, el papel de diarios viejos y desteñidos, los expedientes archivados por años, la moquette gastada de una pensión remota o que un montón de soja estacionada para hacer filantropía.
Se da por establecido que se trata de un color estándar amarilloso o verdoso o cenagoso, según el inodoro que se mire. Arbitrario juicio óptico, por supuesto, ya que la mierda luce desigual como desiguales son las caras y los esfínteres de cada uno.
Cada pueblo y sociedad tienen su mierda y su color digestivo. La que nos concierne, en épocas como esta acentúa su hedor y su tinte viscoso.
Sé que es prejuicioso discriminar a la mierda en tonalidades. Depende mucho de la alimentación o del hambre, de la dieta gourmet o de la olla con un hueso. El color de la mierda depara sorpresas políticas.
Hay mierda plural; de coloración confusa. Y mierdas clara u oscura. Y está la cultural o de clase que responde a intestinos genéticamente creídos de que no expulsan mierda sino oro.
Los water, los retretes y los culos no son de derecha ni de izquierda. Ni de traidores o leales. Todos los culos son funcionales a la mierda sea esta de color o incolora.
Pero, cuidado con el engaño excremental. Los soretes hoy pueden simularse con camalotes; y la diarrea de excluìdos simularse con purificación laxante. La mierda, si se expande, profundiza su escatología; y trasciende a la mera función intestinal. Sería candor circunscribirla al ámbito de las letrinas.
Últimamente puede haber mierda en un perro idem, en una foto de una familia bucólica y hasta en unos ojos azules.
Autor anónimo